Naruto todos sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto; este fanfic está hecho sin fines de lucro y con mucho amor veraniego.
Lullaby of Birdland
Una canción de cuna de la tierra de las aves.
Eso es lo que siempre escucho, cuando tú suspiras.
Bésame dulcemente, volemos alto sobre la tierra de las aves;
todo porque estamos enamorados.
4.
Despiertas dulcemente agitado, la reminiscencia de un sueño profundo y cálido disipándose lentamente conforme reconoces el sonido tenue de su voz cantando una canción.
La luz del sol, tan luminosa, se filtra a través de tus parpados cerrados. Tanto brillo, tanta dulzura, tanto bienestar… no puedes estar despierto.
Hasta ayer, esta no era tu vida.
Sin embargo, como un mar desbordante e inquieto, la noción fragante del amor te asesina sin piedad.
Saboreas con delicia el olor tenue de su cuerpo impregnado en tu piel desnuda, el gusto terso de su saliva, de su lengua lamiendo tus labios insaciables. Tus manos, en vez protegerte de la inmensa claridad que lastiman por un momento a tus negras pupilas, se dedican a una tarea que te parece mil veces más esencial.
Buscarlo.
Todo tú le reclama, pero al hacerlo sólo encuentras la forma de su cuerpo en el futon, en tus manos el calor reciente que él ha transmitido al blando lecho. Tu ceño se frunce y te deslizas torpemente hacia su lado, hundiendo la nariz en los almohadones para percibirlo, para añorarlo con más fuerza.
Te levantas ansiosamente y buscas tu ropa en el suelo; no están, pero a cambio hay un ligero pantalón de pijama color azul que él ha puesto a tu alcance. Lo tomas y te vistes de mala gana mientras miras un reloj en la pared y te sorprendes de lo temprano que es, de que ni siquiera un día haya pasado desde que le conociste cuando para ti parece haber pasado toda la vida.
La madera contra tus pies desnudos se siente agradable y te hace sonreír suavemente mientras recorres lentamente su habitación, acariciando con gentileza las pálidas paredes llenas de coloridas fotografías de sus amigos, los lomos de sus viejos libros y sus amados mangas colocados con mimo en unas rusticas repisas de madera que parece él mismo ha fabricado.
En su escritorio, no muy alto y de forma alargada, hay un gran jarrón de barro lleno de flores cuyos pétalos se desprenden y caen sobre un pequeña pila de revistas de moda con marcadores de colores, algunos DVD´s con películas de países lejanos y cuadernos donde lo mismo resuelve ejercicios de cálculo como escribe con su descuidada caligrafía las letras de las canciones que le gustan.
Su reproductor esta tirado al lado de la ventana y, muy cerca del futon, hay una delgada pantalla de plasma que ha comprado el verano pasado con los ahorros de su trabajo a tiempo parcial. No tiene teléfono móvil, tampoco de casa: sólo hay dos vasos de unicel unidos por un cordón y que, colgados sobre el pequeño balcón de su ventana junto a unos simpáticos Teru teru bouzu hechos de alegres estampados, se columpian sonrientes con el viento.
No obstante, lo más bonito de su nostálgica habitación, es aquel pequeño incensario de cerámica azul, el elegante altar de laca negra donde reposa en el centro la foto, algo maltratada por los años, de una feliz pareja. El hombre, rubio y de mirada azulina es idéntico a él; la mujer, de largo cabello rojo y violetas ojos le ha heredado aquella sonrisa tan sincera y la vitalidad de sus ojos marinos. Ambos están sentados en un verde campo y están tomados de las manos, dos anillos idénticos brillan en sus dedos bajo la luz de ese caluroso día. Ella esta embarazada y mira directamente hacía el frente; él, que sólo la mira, parece un hombre feliz.
Antes de salir a su encuentro, te arrodillas frente a ellos y dejas que tu frente toque brevemente los tatamis del suelo en una respetuosa reverencia. De tus labios no sale ni una palabra, pero les haces una promesa.
Para siempre…, susurras antes de ponerte de pie y salir de la habitación, tu corazón desbordándose sin contención ante el encuentro de su mundo, un mundo que él te ha regalado y ahora es tuyo.
Completamente mío.
El sonido de su voz te conduce al primer piso, hacia una puerta corrediza en la que a través del papel de arroz se filtra la luz del sol de forma casi irreal. La abres despacio, para no hacer ruido, una intensa oleada de fragancia frutal saturando tus anhelantes sentidos.
Apenas das un paso fuera de la casa y sientes la frescura del césped hacer cosquillas en las plantas de tus pies, caes totalmente rendido y tu corazón comienza a latir sin prisas, pero con una intensidad casi dolorosa.
Ahí esta él, dándote la espalda, parado en la punta de sus pies desnudos que se hunden en la rica tierra mientras con un brazo estirado y unos dedos juguetones intenta conseguir unas manzanas de su árbol favorito de la huerta. Apenas lleva encima su ajustada ropa interior y la arrugada camisa del uniforme que, mal colocada y apenas abotonada, te permite observar la tersura de su piel que bajo el diáfano cielo refleja las marcas de tus besos.
Quieres decir algo, llamarlo; pero todo queda en un impulso y apenas puedes extender tu mano hacia él cuando tus piernas flaquean y te tienes que sentar, resistiendo apenas la extraña presión en tu estomago, aquel cosquilleo misterioso que se extiende por todo tu cuerpo y hace a tu sangre fluir desbocada, haciéndote arder.
No puedes sonreír, porque tus labios se estremecen, cada inhalación de aire un placer sólo por el mero hecho de estar vivo.
- Soy feliz…. – lo recitas al aire con los ojos cerrados, como en los viejos tiempo, transparente música formándose dentro de ti a partir de esa simple frase.
Las lagrimas ruedan por tus mejillas sin remedio cuando te das cuenta que nunca, nunca más, volverás a sentirte vacío; le tienes adentro, lo que cantas es él.
Ese día es interminable, infinito como el cielo azul sobre sus cabezas, eterno como el recuerdo del trigo en su cabello. Los sigues por la vieja huerta en silencio, los pies desnudos de ambos ensuciándose de húmeda y fértil negra tierra en la que nacen libres pequeñas flores del té.
Te gusta el movimiento suave de sus caderas, la forma en que los músculos de su esbelta espalda se marcan bajo la ligera camisa y el brillo maravilloso que se cuela entre el espeso follaje y que le da a su dorado cabello el color de la miel quemada. Lleva bajo su brazo una enorme croquera azul y algunos lápices gastados pero de buena calidad.
Sólo cuando blancos pétalos caen sobre tu azabache cabeza y la visión de la ciudad desde lo alto de aquella colina escondida te muestra la impactante visión de la apacible y llena de vida Konoha, con sus techos de todas las formas y colores, sabes que han llegado.
Naruto comienza a cantar en voz alta y se sienta bajo la fresca y protectora sombre de uno de los miles de naranjos que parecen extenderse por todos lados, sofocando el ambiente con su aroma de azahares, con el verde primaveral de su follaje y el alegre de las incontables naranjas que penden de sus ramas como joyas.
Naturalmente, te sientas a su lado, lo más cerca, tu piel desnuda y cálida disfrutando de las caricias del viento y las flores. Lo miras sonreír contento mientras abraza con sus manos sus rodillas y deja que su cabeza descanse en tu hombro, sus labios haciéndote cosquillas con sus pequeños besitos.
Tiene mucho que decirte, pero incluso para él es complicado expresar el tifón salvaje y maravilloso de sus sentimientos. Sin embargo por algo tiene que empezar, pero apenas abre los labios le silencias con un inesperado beso que los hace rodar por el suelo.
Hoy no hay palabras.
Mañana sí, muchas.
O quizás tampoco.
Siento que este capítulo es emocionalmente intenso, pero espero que haya hecho latir sus corazones como a mí. Muchas gracias a todas por sus comentarios, por su paciencia. Con mucha razón, algunas de ustedes me han reclamado el encontronazo intenso en el que se han metido Sasuke y Naruto, debido a que hay poca justificación. Sin embargo, yo sólo quise que fueran libres, deje que mis sentimientos llenaras este fanfic, que mis deseos lo escribieran. Tienen toda la razón en señalar que fue abrupto, sobre todo porque me falta bastante talento para expresar en este fic todo lo que quiero. Prometo tratar de dejar en claro y profundizar más seriamente en su relación más adelante, en este capítulo sólo quería que sintieran y no pensaran, cuando a mí me paso fue de lo más bello de mi vida y quería reflejarlo. Espero que lo disfruten mucho y gracias por leer.
