Advertencia: este capítulo contiene lemon.
«Yo sé que no importarme el pasado que antes me mataba solo es crecer;
que nunca hemos sido dos ya que contando el miedo éramos tres;
porque somos tan iguales que si tú te vas yo me voy también.
El fallo es tener un problema y nunca aprender.»
Lo siento, Beret.
-Miedo-
4.
El cielo en la montaña Paoz siempre había sido mucho más especial que en cualquier sitio de la Tierra. En la ciudad, con el tumulto de coches, gases, contaminación y edificios de longitud interminable, parecía que el cielo era algo lejano, casi inalcanzable. Sin embargo, en su hogar, Gohan sentía que podía tocarlo si estiraba un poco sus dedos. Era como si el cielo estuviera mucho más cerca y como si fuera mucho más azul.
Tumbado en el pasto y con los rayos del sol acariciando su cara, Gohan divisó a lo lejos, en el lago, como una figura femenina emergía de las aguas completamente desnuda. Su pelo negro goteaba, sus ojos competían en belleza con el paisaje y su sonrisa resplandecía.
El chico se puso de pie y comenzó a caminar hacia ella, que le extendía la mano para adentrarse juntos en el lago, pero cuanto más avanzaba, más se alejaba la idílica figura. Gohan comenzó a angustiarse y, en un impulso, a correr. A pesar de correr con toda la resistencia que su cuerpo tenía –y esta era mucha–, nunca lograba alcanzar su objetivo.
Comenzó a despertar ligeramente sobresaltado. Sí, se encontraba en la hierba, al lado del lago que estaba a un par de kilómetros de su casa, pero nadie esperaba por él junto al agua. Suspiró resignado y cansado. Poco era lo que había dormido en las últimas semanas y, cuando lo conseguía hacer, todo tipo de sueños relacionados con Videl lo atosigaban.
No podía olvidarla. Era algo superior a sus fuerzas. Todo el día pensaba en ella, en qué estaría haciendo, en si ella también lo estaría echando de menos. No llegaba, sin embargo, a ninguna conclusión. ¿Qué podía hacer? ¿Ir a buscarla? Pero, ¿cómo, con qué cara? La había tratado tan mal en su último encuentro que no le extrañaría nada que no quisiera volver a verlo en lo que le restaba de vida. No la culpaba, de hecho, pensaba que se lo merecía encarecidamente, pero no podía volver al pasado, aunque lo deseara con todas sus fuerzas. Pensaba que debía aceptar sus errores y dejarlo estar. El dolor que sentía pasaría con el tiempo –al menos, eso quería creer, sobre todo por su salud mental–. Además, estaba seguro de que Videl no quería saber nada de él o eso demostraba su falta de mensajes en los últimos días. Aunque él no contestase ninguno de todos los anteriores que había recibido, le tranquilizaba saber que seguían siendo enviados. Era muy consciente de que era egoísta en exceso y que lo esperable era lo que había sucedido, es decir, que la chica de ojos cerúleos se cansara de él.
Se irguió y se sentó en el pasto, sintiendo la presencia de su maestro llegar. Piccolo se sentó a su lado y miró al horizonte, justo como él estaba haciendo. No se dirigieron la palabra en unos minutos, pero fue el namekiano quien rompió el silencio primero.
–Otra vez aquí, ¿no? –casi escupió las palabras en lugar de preguntar, con un tono de reproche.
No recibió respuesta. La complicidad que tenían le permitía a Gohan hacerle esa clase de desplantes, aunque fuese muy esporádicamente. Piccolo había notado hace semanas que algo andaba realmente mal con su discípulo. No quería preguntarle directamente porque, simplemente, sabía que no le iba a contar nada, pero se acostumbró a buscarlo todos los días, más o menos a la misma hora. Siempre estaba en el mismo sitio, con la mirada perdida y el gesto ausente, como si realmente no se encontrase allí. No le había costado mucho resolver el enigma del extraño comportamiento del chico, puesto que lo conocía en demasía: algo había sucedido entre él y la hija de Mr. Satán.
–¿Sabes? Yo no sé mucho de humanos –dijo, intentando captar la atención de Gohan–, pero si quieres algo tendrás que ir a por ello, ¿no?
El semisaiyajin giró su rostro para encontrase con el gesto sereno de su maestro. ¿Lo sabía? ¿Sabía que estaba así por Videl? En todo caso, no sabía el verdadero motivo, por lo que no podría llegar a comprenderlo.
–Creo que debes dejar de esconderte de una vez por todas –prosiguió. –Sigues siendo un cobarde, igual que cuando eras un crío. ¿Crees que huyendo se van a solucionar todos tus problemas de niño malcriado? Madura de una vez. No todo gira alrededor de ti. De hecho, tus problemas son una mierda. –Gohan comenzó a enfurecerse ante esas palabras llenas de (según él) incomprensión. –Si te estoy diciendo esto es porque te tengo algo de estima. Ve a buscar a la chica o te morirás en pocos meses y tu padre tendrá que aguantar a tu madre llorando y gritando como una loca. ¿Sabes lo que es eso? –por fin, Piccolo volteó a verlo con una sonrisa. Gohan, confundido al principio, relajó sus facciones.
–Gracias. Lo pensaré.
El namekiano se levantó y alzó el vuelo sin siquiera despedirse.
Gohan comenzó a pensar. Se agobiaba un poco más cada día que pasaba. Las charlas –que en realidad eran monólogos de Piccolo– con su maestro, los constantes reproches de su madre, la insistencia por ver a Videl de su hermano, todo, absolutamente todo lo estaba sobrecargando y sentía que, de un momento a otro, iba a explotar.
Y lo haría si no tomaba la decisión correcta.
Aquella noche la tormenta azotaba con furia la ciudad. Videl observaba la lluvia torrencial desde el ventanal de su habitación. Estaba sola, puesto que su padre se encontraba en uno de esos viajes de persona que salva el mundo y esos asuntos que a ella no le interesaban.
Habían pasado unos dos meses desde la última vez que había visto al que ya consideraba como su exnovio. Durante un tiempo había seguido insistiendo pero llegó a la conclusión de que no serviría para nada. Gohan podía ser la persona más dulce pero también la más terca si se lo proponía. Y parece que el objetivo de apartarse de ella lo iba a cumplir.
No podía negarlo; no lo estaba pasando nada bien. De hecho, la depresión amenazó con volver en ocasiones y le trajo remembranzas de sus más oscuros tiempos. Sin embargo, no se dejó arrastrar por el mar de sentimientos negativos que inundaba su corazón. Debía seguir adelante, sin importar todo lo que estuviera hecho un desastre en su vida.
Dejó de mirar por la ventana el agua cayendo del cielo para ir a la cocina a beber algo. Estaba sumamente aburrida, así que pensaba que sería una buena idea ver una película o llamar a Erasa para hablar aunque fuese, porque el tiempo no acompañaba demasiado para salir de casa.
Al volver a su habitación, encendió la luz. Se le cayó el vaso por la sorpresa al ver a Gohan completamente empapado y agitado al lado de la ventana. Intentaba controlar su respiración sin éxito. En el suelo había un charco justo debajo de sus pies y la miraba intensamente, casi deseando abalanzarse sobre ella, pero se contuvo.
Videl solo podía escuchar el ruido del cristal rompiéndose y su propia respiración, que comenzaba a acelerarse. Esos sonidos se repetían en bucle dentro de su cabeza. Las lágrimas amenazaron con caer de sus ojos pero no permitiría que la viese siendo débil, no otra vez.
–¿Qué haces aquí? –espetó con furia, mientras recogía los cristales y los depositaba en una papelera que tenía al lado del escritorio.
Gohan, por un momento, se quedó en silencio. No cabía en sí de la felicidad que sentía porque estaba escuchando su voz de nuevo. Él sí se permitió llorar. Se acercó lentamente y su boca comenzó a temblar. Las palabras se quedaron estancadas en su garganta y no sabía qué hacer para arrancarlas de allí y materializar todo lo que estaba sintiendo.
–Yo también te necesito para ser feliz –dijo con voz temblorosa cuando por fin se atrevió a hablar –. Te necesito tanto o más que tú a mí, Videl.
Videl sintió como una falta de aire extraña. Era como si sus pulmones no quisieran trabajar. Cuando por fin el oxígeno entró en su cuerpo, el orgullo ganó y habló por ella.
–Pues yo ya no te necesito para nada –soltó con desprecio.
–Mentirosa –contestó Gohan y ella no pudo hacer otra cosa que abrir la boca de la sorpresa. ¿Ese era Gohan? ¿El Gohan tímido y dulce que ella había conocido? Nunca había visto esa faceta tan segura.
Sin más, avanzó hacia ella y comenzó a besar sus labios casi con desesperación, con reproche pero no contra ella, sino contra sí mismo, con la furia que le suponía haber sido tan idiota. Videl perdió el juicio por unas milésimas de segundo y, cuando estaba a punto de abrir la boca para dejar que la lengua ajena se adentrase en la propia, recordó lo insultada que se había sentido durante todo ese tiempo. Y esta vez el orgullo no habló, sino que actuó. La chica se separó bruscamente de él y le propinó una fuerte bofetada que el hijo de Goku ni notó. Entendía que era lo que necesitaba y dejaría que lo abofeteara todas las veces que quisiera. Se quedó mirándola fijamente a los ojos muy serio, sintiendo como empapaba a Videl a causa de sus ropas mojadas por la lluvia y de la proximidad de sus cuerpos.
La chica se apartó de él y sus manos comenzaron a temblar. Los nervios no impidieron que escupiera más palabras de reproche.
–Como tú me pediste la última vez que nos vimos, vete. No somos nada y yo ya te he olvidado por fin. Así que adiós. Puedes usar la puerta como las personas normales o, si prefieres, la ventana está justo atrás, ya lo sabes.
Videl se dio la vuelta intentando controlar sus nervios y rogando que Gohan no se fuera y volviera a insistirle. Qué contradictorios somos a veces los seres humanos, que decimos justo lo contrario de lo que deseamos y pretendemos que el otro nos interprete, nos descifre.
Por suerte, él sabía descifrarla completamente y sabía que había volteado porque no soportaba ni un segundo más mirarlo sin besarlo. Se aproximó hacia ella a un paso que a Videl le pareció lento, tortuoso, eterno. Nada más lejos de la realidad porque solo se movió tres pasos hacia adelante. Le acarició el brazo pausadamente y sintió cómo su vello se erizaba de forma instantánea. Sus palabras decían una cosa pero su cuerpo reaccionaba totalmente al contrario, revelándole la verdad de sus sentimientos.
–Lo siento tanto, Videl. No sé por qué he dejado que esto pase. Te he echado tanto de menos… tanto. No te lo puedes imaginar –y, sin embargo, sí lo hacía pues ella había experimentado exactamente lo mismo. –Estoy preparado para todo lo que siga. Estoy dispuesto a todo por ti. No voy a separarme de ti nunca más, te lo prometo –finalizó, musitando.
La chica sintió su aliento acariciando su oreja y parte de su cuello. Se volvió a dar la vuelta, enfrentándolo directamente, mientras las lágrimas caían sutilmente de sus ojos, ya sin poderlas contener. Quería decirle muchas cosas, más bien reprochárselas. Quería que supiese todo el dolor que había sentido, el miedo de perderlo, la incertidumbre de no compartir más tiempo a su lado. No obstante, no lo hizo; no pudo hacerlo, más bien. En cambio, alzó su mano hasta tocar su masculino rostro y, luego, la deslizó, pasándola suavemente por sus labios. Se acercaron simultáneamente y se besaron. Fue lento, tanto, que a ambos les dio la sensación de que el tiempo se había detenido.
A esa altura la ropa de ambos, sobre todo la de Gohan, estaba empapada. Videl, aventurándose y arriesgándose a volver a ser rechazada, comenzó a quitarle la camiseta. Él no puso resistencia. Se separaron para apartar la prenda y continuaron con el roce de labios. Cuando Gohan se dio cuenta de lo que estaba por suceder se volvió a separar un poco, asustado. Recordó unas inocentes palabras de su padre, ajenas a ese contexto, pero que le servirían de gran ayuda.
–Si en alguna situación piensas que puedes llegar a dañar a alguien con tu fuerza, simplemente baja tu ki a cero. Así no tendrás ningún problema –sugirió su padre mientras rascaba su cabeza en la parte de atrás y sonreía genuinamente.
–Si no estás preparado podemos parar –el susurro de Videl lo llevó de vuelta al presente.
–Estoy más que preparado –sostuvo con convicción.
–Está bien. En ese caso, déjate llevar. Déjamelo todo a mí.
Gohan redujo su ki por completo y devoró los labios que tenía enfrente de nuevo. Metió las manos por debajo de la camisa de Videl y ella se estremeció por el frío contacto en la piel de su espalda. Con mirada valiente, se separó un instante y se quitó la prenda, dejando a la vista un sujetador deportivo sencillo. El semisaiyajin la miró con devoción, como observando la obra de arte más perfecta que existía.
Se acercaron a la cama y cayeron sobre ella. Al poco rato, ambos, sin saber realmente cómo, se encontraban solo con la ropa interior. La ropa mojada se encontraba en el suelo y ellos ya estaban secos completamente por la calefacción.
Videl, atrevida como nunca pensaba que sería, comenzó a quitarse lo que le quedaba cubriendo su piel e instó al chico a que hiciera lo mismo.
Desnudos, piel contra piel, Gohan alzó un poco la vista y la observó. El cuerpo desnudo que tenía delante era lo más perfecto que había visto, mucho más hermoso que la luz del ki o el paisaje que rodeaba su pequeña casa en la montaña Paoz.
Besó su cuello tímidamente y se trasladó hasta la clavícula femenina, mientras ella agarraba su cuello por la parte de la nuca, haciendo que ambos aceleraran sus respiraciones. Volvió a separarse de ella. Observó el mar de sus ojos que lo hipnotizaban y las rosas que eran sus mejillas y sus labios. Bajó la vista y pudo ver las cumbres rosáceas que se alzaban ante él.
–Puedes besarlas… –comenzó a guiarlo.
Lo hizo. Comenzó depositando un suave beso que arrancó un suspiro de la joven. Embelesado por el armonioso sonido que había escapado de lo más profundo de su garganta, abrió la boca y atrapó su pecho izquierdo, besándolo como si de su misma boca se tratara. Los gemidos comenzaron a brotar repentinamente. Videl le tomó la cara, alzándola para volver a besarlo. Luego, prosiguió tomando la mano masculina con la suya, que se veía microscópica en comparación. Muy nerviosa y completamente sonrojada, guio la mano hacia el centro de su cuerpo, ahí donde sabía que nacía el placer y donde el cosquilleo le indicaba que debía tocar. Adentró los dedos de Gohan y los dos se estremecieron al sentir el contacto. Al principio, solo era un títere pero cuando aprendió lo que tenía que hacer, ella retiró su mano y dejó que siguiese solo.
Quería sentir esa calidez en la yema de sus dedos para siempre y que los gemidos le acariciasen el conducto auditivo constantemente. Los movimientos ondulantes siguieron hasta que Videl no pudo más con el placer que sentía y casi chilló cuando el calor se apoderó de su bajo vientre. Retiró lentamente la mano del chico y lo instó a que se sentara en la cama, de espaldas a ella.
Le besó los duros músculos de la espalda y se dio cuenta de lo tenso que se encontraba. Estaba realmente nervioso y su cuerpo le indicaba cien mil señales de alerta. Se sentó posando sus pechos en la espalda masculina. Gohan pudo sentir los acelerados latidos de su corazón y eso, contradictoriamente, le dio calma. Lo que lo sobresaltó fue que sintió una mano colándose justo entre sus piernas, donde su dureza y excitación se manifestaban; una mano que no le pertenecía. Un movimiento que le resultaba familiar –porque obviamente la búsqueda de la autosatisfacción era algo inevitable y que había experimentado– comenzó. Hacia arriba. Hacia abajo. Muy despacio, al principio, para volverse luego intenso y aumentar de velocidad. Sentía que se iba y no quería hacerlo, no así, no todavía. Sostuvo la mano que lo había invadido y paró sus movimientos. Ella lo miró extrañada.
–N-no quiero acabar así –justificó su actuar sonrojándose.
Videl comprendió. Depositó besos tranquilos en sus hombros y espalda. Se separó brevemente y se volvió a tumbar en la cama. Gohan, justo cuando se iba a depositar encima de ella, se acordó de algo que lo aterrorizó. Se maldijo internamente, de nuevo, por ser tan idiota.
–Videl, yo… no traigo… bueno, ya sabes…
–¿Protección? –preguntó con una sonrisa pícara. Él asintió. –No te preocupes, te dije que lo dejases todo en mis manos, ¿no? –dijo mientras sacaba un preservativo del cajón de su mesita.
Gohan no pudo hacer otra cosa que sonreír. Debía haber confiado en ella mucho antes, haberse dejado arrastrar por el mar de sensaciones tan placenteras que ahora descubría y haber evitado todo el sufrimiento que había causado en ambos. Y que él sufriese le daba igual porque ya estaba acostumbrado, lo había hecho muchas veces a lo largo de su vida por todas las batallas que había librado, pero haberle hecho daño a ella… eso era algo que jamás se perdonaría. Se había dado cuenta que el dolor del alma que experimentó Videl era mucho más intenso que el que pudo haberle hecho al dejarle las marcas en las muñecas con su fuerza sobrehumana.
Entre los dos, nerviosos, torpes, inexpertos, abrieron el plástico. Miró el círculo y la cara de desconcierto le mostró a la chica que no tenía ni idea de cómo colocarlo. No es que fuera una experta pero había leído algo, eso sí, y, juntos también, lo pusieron correctamente.
Se tumbaron, uno sobre el otro y Videl guio la masculinidad del chico a su centro, adentrándolo con sumo cuidado. Sabía que iba a ser molesto pero era algo por lo que tenía que pasar. Gohan comenzó a empujar, tal y como su instinto le pedía. Cuando entró completamente, Videl le habló:
–Muévete muy despacio, por favor…
Sintió dolor, pero mucho menos del que se imaginaba. Le faltaba el aire. A pesar de todo era una sensación maravillosa. Gohan, en cambio, sintió un placer indescriptible que le recorrió todo el cuerpo: desde el comienzo de la espina dorsal hasta los pies. Sentía que se iría en un segundo. Observó la mirada de Videl y recordó que tenía que controlarse para no lastimarla. Siguiendo sus palabras, comenzó a moverse muy despacio, a pesar de que su cuerpo le pedía movimientos a una velocidad mayor.
Las manos aferradas a las sábanas y la forma en que se mordía los labios y cerraba los ojos le dio al chico la pauta para comenzar a moverse con más agilidad y fuerza. En ese momento, ambos se movían de forma descompasada, con caderas torpes e inexpertas, buscando el placer propio y el de su pareja. A los pocos minutos, Gohan, aunque no quería, sintió que no podía más y llegó su liberación.
«Qué desastre» pensaron ambos. Sin embargo, había sido el desastre más hermoso que habían experimentado alguna vez.
No sabía si se había quedado mirándola segundos o siglos, pero cuando despertó de su maravillosa ensoñación, se desenterró de ella. Retiró el plástico que lo cubría. Lo envolvió y tiró a la papelera donde se encontraban los cristales del vaso roto. Volvió a la cama, donde Videl se había dado la vuelta, mostrándole su espalda y su nuca, que quedaba expuesta por su corte de cabello. Los tapó a ambos con la sábana. La rodeó con sus brazos y ella llevó la mano de su novio entre sus pechos para que sintiera cómo su corazón latía por él. Volvió a sonreír. Había sido un día cargado de sensaciones y emociones, algunas nuevas y las mejores que había sentido en toda su vida.
–Gracias –musitó en su oído mientras ella se quedaba dormida.
El miedo había estado a punto de arrebatarle a Gohan a la persona que le importaba más en el mundo. Había aprendido mucho en el tiempo que habían estado separados y experimentó un nuevo miedo: el de perderla para siempre. Menos mal que había sabido reaccionar a tiempo, sino es probable que hubiese vivido odiándose a sí mismo el resto de sus días.
El miedo es un sentimiento del que los seres humanos no podemos escapar, pero hay ocasiones en las que, si no lo enfrentamos, nos arrebatará experiencias maravillosas y de eso se había dado cuenta Gohan mientras besaba el níveo cuello que tenía justo delante.
FIN.
Nota de la autora:
Bueno hasta aquí llega este fic. Creo que subiré un epílogo pero, grosso modo, esto era lo que quería hacer. No pretendo que esto se considere como algo nuevo o innovador porque evidentemente no lo es, pero quería plasmar cómo pensaba que había sucedido todo entre esta pareja.
Para mí, Gohan es uno de los personajes más difíciles y de psicología más compleja de Dragon Ball y todos los sentimientos encontrados que tiene es algo que he intentado que aparezca aquí. No sé si habrá quedado bien.
No sé si habrá resultado demasiado cursi, que creo que sí, pero quería, no, más bien necesitaba hacerlo así y esto se debe a que el mes pasado en la manifestación del Día de la Mujer leí un cartel que realmente me dolió. Decía: "la primera vez que lo hice con mi novio me dolió mucho; le dije que parara pero no lo hizo". En un momento en el que en mi país (España) están en peligro los derechos de las mujeres, debido al ascenso de un partido nuevo de ultraderecha, necesitaba plasmar al Gohan más dulce y comprensivo que pudiese y, también, demostrar que las mujeres podemos llevar la iniciativa en estos temas tan naturales, pero que siguen siendo tabúes, por desgracia.
Respecto al fragmento de la canción del principio, es una canción preciosa de Beret (no sé si será muy famoso en vuestros países, pero aquí en España lo es desde hace poquito tiempo) que recoge toda la amalgama de sentimientos que pueden experimentar Gohan y Videl en este fic. Os la recomiendo encarecidamente porque es MARAVILLOSA.
Por último, solo me queda decir GRACIAS a todos los que han dedicado su tiempo a leer esto, a ponerlo en favoritos, seguirlo o dejar un review. En serio que lo valoro muchísimo y me anima a seguir. Gracias también a la página de Fanfics de Gohan y Videl en español de Facebook, ya que me dijeron que este fic apareció ahí o algo así. No tengo Facebook, de hecho, soy un poco anti redes sociales, pero muchas gracias de nuevo.
No acostumbro a dejar notas demasiado largas porque es algo que no me gusta, así que, como creo que ya me estoy pasando, solo me queda repetir:
¡GRACIAS!
Espero que os haya gustado y nos vemos en la próxima.
eme-ele.
