Esta historia es una adaptación del libro It ends with us de Colleen Hoover.
Asi que ni la Historia ni los personajes me pertenecen
Capítulo 3
Seis meses después
—Oh.
Eso es todo lo que dice.
Mi madre se vuelve y evalúa el edificio, pasando un dedo sobre el alféizar de la ventana al lado de ella. Toma una capa de polvo y la limpia entre los dedos.
—Es…
—Necesita mucho trabajo, lo sé —interrumpo. Señalo las ventanas detrás de ella—. Pero mira el frente. Tiene potencial.
Repasa las ventanas, asintiendo. Emite ese sonido que hace a veces con la parte posterior de la garganta, cuando está de acuerdo con un pequeño "aj", pero sus labios permanecen tensos. Eso significa que en realidad no está de acuerdo. Y hace ese sonido. Dos veces.
Dejo caer los brazos en derrota. — ¿Crees que esto fue estúpido?
Niega ligeramente con la cabeza. —Todo eso depende de cómo resulte, Hina—dice. El edificio solía albergar un restaurante y aún se encontraba lleno de mesas y sillas antiguas. Mi madre se acerca a una mesa cercana y saca una de las sillas para tomar asiento—. Si las cosas funcionan, y tu tienda de flores es exitosa, entonces la gente dirá que fue una decisión de negocios valiente, audaz, inteligente. Pero si falla y pierdes toda tu herencia…
—Entonces la gente dirá que fue una decisión de negocios estúpida.
Se encoge de hombros. —Así es como funciona. Te especializaste en negocios, lo sabes. —Mira lentamente alrededor de la habitación, como si viera la forma en que se verá dentro de un mes—. Solo asegúrate de que sea valiente y audaz, Hina.
Sonrío. Puedo aceptar eso. —No puedo creer que lo compré sin preguntarte primero —digo, tomando asiento en la mesa.
—Eres adulta. Es tu derecho —dice, pero puedo escuchar un rastro de decepción.
Creo que se siente incluso más sola ahora que la necesito cada vez menos. Han pasado seis meses desde que murió mi padre, y aunque él no era buena compañía, ha de ser extraño para ella, estar sola. Consiguió trabajo en una de las escuelas primarias, por lo que terminó mudándose aquí. Eligió un pequeño suburbio en las afueras de Boston. Compró una casa linda de dos dormitorios en un tope de calle, con un enorme patio. Sueño con plantar un jardín allí, pero eso requeriría cuidado diario. Mi límite es una visita a la semana. A veces dos.
— ¿Qué harás con toda esta basura? —pregunta.
Tiene razón. Hay mucha basura. Tomará una eternidad limpiar este lugar.
—No tengo idea. Creo que estaré rompiéndome la espalda por un tiempo antes de poder pensar en decorar.
— ¿Cuándo fue tu último día en la empresa de mercadotecnia?
Sonrío. —Ayer.
Lanza un suspiro, y luego niega con la cabeza. —Oh, Hina. Desde luego, espero que esto funcione a tu favor.
Las dos empezamos a ponernos de pie cuando la puerta se abre. Hay estantes en el camino a la puerta, así que inclino la cabeza hacia un lado y veo a una mujer entrar. Sus ojos exploran brevemente la habitación hasta que me ve.
—Hola —dice, ondeando la mano. Es linda. Viste bien, pero lleva puestos capris blancos. Un desastre en espera de suceder en este depósito de polvo.
— ¿Puedo ayudarte?
Mete su bolso bajo el brazo y camina hacia mí, extendiendo la mano. —Soy Ino —dice. Sacudo su mano.
—Hinata.
Señala con un pulgar por encima del hombro. — ¿Hay un cartel de se necesita ayuda en el frente?
Miro por encima de su hombro y elevo una ceja. — ¿Lo hay? — No puse un cartel de se necesita ayuda.
Asiente, y luego se encoge de hombros. —Aunque, es un poco viejo — dice—. Probablemente ha estado ahí desde hace tiempo. Acabo de salir a dar un paseo y vi el cartel. Soy curiosa, es todo.
Ella me gusta casi de inmediato. Su voz es agradable y su sonrisa parece genuina.
La mano de mi madre se apoya en mi hombro, se inclina y me besa en la mejilla. —Me tengo que ir —dice—. Casa abierta esta noche. —Le digo adiós y la observo salir, a continuación, giro mi atención a Ino.
—Realmente aún no estoy contratando —digo. Agito la mano alrededor de la habitación—. Abriré una florería, pero será en un par de meses, por lo menos. —Debería intentar controlar mis juicios preconcebidos, pero ella no parece ser del tipo que estaría satisfecha con un trabajo de salario mínimo. Su bolso cuesta más que este edificio.
Sus ojos se iluminan. — ¿De verdad? ¡Me encantan las flores! —Da una vuelta en un círculo y dice—: Este lugar tiene bastante potencial. ¿De qué color lo pintarás?
Cruzo el brazo sobre el pecho y me agarro el codo. Balanceándome sobre los talones, digo—: No estoy segura. Acabo de recibir las llaves del edificio hace una hora, así que en verdad no tengo un plan de diseño aún.
—Hinata, ¿verdad?
Asiento.
—No pretenderé que tengo un título en diseño, pero es absolutamente mi cosa favorita. Si necesitas alguna ayuda, lo haría de forma gratuita.
Inclino la cabeza. — ¿Trabajarías gratis?
Asiente. —En realidad no necesito trabajo, justo vi el cartel y pensé, "¿Qué diablos?" Pero me aburro algunas veces. Me sentiría encantada de ayudarte en lo que necesites. Limpieza, decoración, eligiendo colores de pintura. Soy una loca de Pinterest. —Algo detrás de mí capta su atención y señala—. Podría tomar esa puerta rota y hacerla magnífica. Todas estas cosas, la verdad. Hay un uso para casi todo, ya sabes.
Miro alrededor de la habitación, sabiendo muy bien que no seré capaz de hacer frente a esto yo sola. Es probable que no pueda ni levantar la mitad de estas cosas sola. Eventualmente tendré que contratar a alguien de todos modos. —No dejaré que trabajes gratis. Pero puedo pagar diez dólares por hora si lo dices en serio.
Empieza a aplaudir, y si no llevara tacones, podría haber saltado arriba y abajo. — ¿Cuándo puedo empezar?
Miro hacia sus capris blancos. — ¿Podrías trabajar mañana? Es probable que desees venir en ropa descartable.
Descarta lo que dije y suelta de su bolso de marca en una mesa polvorienta junto a ella. —Tonterías —dice—. Mi esposo está viendo un partido en un bar más abajo en la calle. Si estás de acuerdo, pasaré el rato contigo y empezaré ahora.
Dos horas más tarde, estoy convencida de que conocí a mi nueva mejor amiga. Y realmente es una loca de Pinterest.
Escribimos "Conservar"y"Tirar"en notas adhesivas, y las pegamos en todo lo que había en la habitación. Es una creyente del supra-reciclaje, así que tuvimos ideas para al menos el setenta y cinco por ciento del material que quedó en el edificio. El resto dice que su marido lo puede tirar cuando tenga tiempo libre. Una vez que sabemos lo que haremos con todas las cosas, tomo cuaderno y pluma y nos sentamos en una de las mesas para anotar las ideas de diseño.
—Está bien —dice, inclinándose hacia atrás en la silla. Me dan ganas de reír, porque sus capris blancos ahora están cubiertos de polvo, pero no parece importarle—. ¿Tienes un objetivo para este lugar? —pregunta, mirando alrededor.
—Tengo uno —digo—. Éxito.
Se ríe. —No tengo ninguna duda de que tendrás éxito. Pero necesitas un concepto.
Pienso en lo que dijo mi madre. "Solo asegúrate de que sea valiente y audaz,". Sonrío y me siento más erguida en la silla. —Valiente y audaz —digo—. Quiero que este lugar sea diferente. Quiero tomar riesgos.
Entrecierra los ojos mientras mordisquea la punta de la pluma. —Pero vendes flores —dice—. ¿Cómo puedes ser valiente y audaz con flores?
Miro alrededor de la habitación y trato de imaginar lo que pienso. No estoy segura de lo que pienso. Siento la inquietud, como si estuviera a punto de tener una idea brillante. — ¿Cuáles son algunas de las palabras que te vienen a la mente cuando piensas en las flores? —le pregunto.
Se encoge de hombros. —No lo sé. Son dulces, ¿supongo? Están vivas, por lo que me hacen pensar en vida. Y tal vez el color rosa. Y la primavera.
—Dulce, vida, rosa, primavera —repito. Y luego—: ¡Ino, eres brillante! —Me pongo de pie y comienzo a caminar por el piso—. Tomaremos todo lo que todos aman sobre las flores, ¡y haremos todo lo contrario!
Hace una cara para hacerme saber que no me sigue.
—Está bien —digo—. ¿Qué si, en lugar de mostrar el lado dulce de las flores, mostramos el lado malvado? En lugar de acentos rosa, usamos colores más oscuros, como un color morado oscuro o incluso negro. Y en lugar de solo primavera y vida, también celebramos el invierno y la muerte.
Los ojos de Ino se encuentran muy amplios. —Pero... ¿y si, sin embargo, alguien quiere flores de color rosa?
—Bueno, les seguiremos dando lo que quieren, por supuesto. Pero también les daremos lo que no saben que quieren.
Se rasca la mejilla. — ¿Así que piensas en flores negras? —Luce preocupada, y no la culpo. Ella solo ve el lado más oscuro de mi visión. Tomo asiento en la mesa de nuevo y trato de subirla a bordo.
—Alguien me dijo una vez que no hay tal cosa como una mala persona. Todos somos personas que a veces hacen cosas malas. Eso se me quedó, porque están ciertos. Todos tenemos un poco de bien y mal en nosotros. Quiero hacer ese nuestro tema. En lugar de pintar las paredes de un color dulce pútrido, lo pintamos de un color púrpura oscuro con acentos en negro. Y en vez de solamente exhibir las habituales flores pastel en aburridos jarrones de cristal que hacen que la gente piense en vida, iremos por lo atrevido. Valiente y audaz. Colocamos exhibiciones de flores más oscuras envueltas en cosas como cuero o cadenas plateadas. Y en lugar de ponerlas en jarrones de cristal, las ponemos en ónix negro o… No sé… Jarrones de terciopelo púrpura forrados con clavos plateados. Las ideas son infinitas. —Me pongo de pie de nuevo—. Hay florerías en cada esquina para personas que aman las flores. Pero, ¿qué florería abastece a todas las personas que odian las flores?
Ino niega con la cabeza. —Ninguna —susurra.
—Exactamente. Ninguna.
Nos miramos por un momento, y entonces no puedo contenerme un segundo más. Me encuentro llena de emoción y empiezo a reír como una niña atolondrada. Ino también empieza a reír, salta hacia arriba y me abraza. —Hina, es tan retorcido, ¡es brillante!
— ¡Lo sé! —Estoy llena de energía renovada—. Necesito un escritorio para poder sentarme y ¡hacer un plan de negocios! ¡Pero mi futura oficina se encuentra colmada de viejas cajas de vegetales!
Camina hacia la parte trasera de la tienda. — ¡Bueno, saquémoslas de ahí y vayamos a comprar un escritorio!
Entramos como podemos a la oficina y comenzamos a sacar cajas una por una hacia un cuarto trasero. Me paro en una silla para hacer las pilas más altas por lo que tendremos más espacio para movernos.
—Estas son perfectas para los escaparates que tengo en mente. —Me entrega dos cajas más y se aleja, y cuando me inclino de puntillas para apilarlas en la parte superior, la pila empieza a caer. Trato de encontrar algo en dónde sostenerme para mantener el equilibrio, pero las cajas me golpean y caigo de la silla. Cuando aterrizo en el suelo, puedo sentir mi pie yendo en la dirección equivocada. Seguido por una oleada de dolor subiendo por la pierna y bajando hacia los dedos del pie.
Ino viene corriendo a la habitación y tiene que mover dos de las cajas de encima de mí. — ¡Hina! —dice—. Oh, Dios mío, ¿estás bien?
Me coloco en una posición sentada, pero ni siquiera trato de poner peso sobre el tobillo. Niego con la cabeza. —Mi tobillo.
De inmediato me quita el zapato y después saca el teléfono del bolsillo. Comienza a marcar un número y luego me mira. —Sé que esto es una pregunta estúpida, pero, ¿de casualidad tienes aquí un refrigerador con hielo en él?
Niego con la cabeza.
—Lo imaginé —dice. Pone el teléfono en altavoz y lo coloca en el suelo mientras empieza a enrollar la pierna del pantalón. Me estremezco, pero no tanto por el dolor. No puedo creer que haya hecho algo tan estúpido. Si lo rompí, estoy jodida. Acabo de gastar toda mi herencia en un edificio que ni siquiera seré capaz de renovar hasta dentro de meses.
— Hoolaaa, Ino. —Una voz canta a través de su teléfono—. ¿Dónde estás? El juego terminó.
Ino toma el teléfono y lo acerca a la boca. —En el trabajo. Escucha, necesito…
El tipo la interrumpe y le dice—: ¿En el trabajo? Nena, ni siquiera tienes trabajo.
Ino niega con la cabeza y dice—: Kiba, escucha. Es una emergencia. Creo que mi jefa se rompió el tobillo. Necesito que traigas un poco de hielo para…
La interrumpe con una risa. — ¿Tu jefa? Nena, ni siquiera tienes trabajo —repite.
Ino rueda los ojos. —Kiba, ¿estás borracho?
—Es día de enterizo —dice hablando con dificultad en el teléfono—. Lo sabías cuando nos dejaste, Ino. Cerveza gratis hasta…
Ella gime. —Pon a mi hermano al teléfono.
—Bien, bien —murmura Kiba. Hay un sonido en el teléfono, y luego—.Sí?
Ino suelta nuestra ubicación en el teléfono. —Ven para acá en este momento. Por favor. Y trae una bolsa de hielo.
—Sí, señora —dice. El hermano suena como que también pudiera estar un poco borracho. Hay risas, y luego uno de los chicos dice—:Ella está de mal humor.—Y entonces la línea se corta.
Ino pone su teléfono en el bolsillo. —Esperaré afuera por ellos, se encuentran justo calle abajo. ¿Estarás bien aquí?
Asiento y alcanzo la silla. —Tal vez debería tratar de caminar sobre él.
Ino empuja mis hombros hacia atrás hasta que estoy apoyada en la pared de nuevo. —No, no lo muevas. Espera hasta que lleguen aquí, ¿de acuerdo?
No tengo idea de lo que dos tipos borrachos serán capaces de hacer por mí, pero asiento. Mi nueva empleada se siente más como mi jefe justo ahora y siento un poco de miedo de ella en este momento.
Espero en la parte trasera durante unos diez minutos cuando por fin escucho la puerta de entrada al edificio abrirse. — ¿Qué demonios? —Dice una voz de hombre—. ¿Por qué te encuentras sola en este edificio espeluznante?
Escucho a Ino decir—: Ella está aquí atrás. —Entra seguida de un tipo con un mameluco. Es alto, un poco en lo delgado, pero guapo aniñado con ojos grandes, honestos y una cabeza llena de cabello café, desordenado, necesitado de un corte de cabello. Él sostiene una bolsa de hielo.
¿Mencioné que llevaba un mameluco?
Hablo de un auténtico hombre ya maduro con un mameluco de Bob Esponja.
— ¿Él es tu esposo? —pregunto, levantando una ceja.
Ino rueda los ojos. —Desafortunadamente —dice, mirando hacia él. Otro tipo (también en un mameluco) entra detrás de ellos, pero mi atención se encuentra en Ino mientras explica por qué visten pijamas un miércoles por la tarde cualquiera—. Hay un bar calle abajo que da cerveza gratis a cualquier persona que aparece en un mameluco durante un juego. —Se dirige hacia mí y les indica a los chicos que la sigan—. Se cayó de la silla y se lastimó el tobillo —le dice al otro chico. Da un paso alrededor de Kiba y lo primero que noto son sus brazos.
Mierda. Conozco esos brazos.
Esos son los brazos de un neurocirujano.
¿Ino es su hermana? ¿La hermana que es propietaria de todo el piso superior, con el marido que trabaja en pijamas y trae siete cifras al año?
Tan pronto como mis ojos quedan fijos con los de Sasuke, toda su cara se transforma con una sonrisa. No lo he visto en — Dios, cuánto tiempo ha pasado— ¿seis meses? No puedo decir que no he pensado en él durante los últimos seis meses, porque lo he hecho unas cuantas veces. Pero nunca creí que volvería a verlo.
—Sasuke, esta es Hinata. Hina, mi hermano, Sasuke —dice ella, haciendo un gesto hacia él—. Y ese es mi marido, Kiba.
Sasuke se acerca a mí y se arrodilla. —Hinata—dice hacia mí con una sonrisa—. Gusto en conocerte.
Es obvio que me recuerda; puedo verlo en su sonrisa astuta. Pero al igual que yo, pretende que esta es la primera vez que nos vemos. No estoy segura de estar de ánimo para explicar cómo nos conocimos.
Sasuke toca mi tobillo y lo inspecciona. — ¿Puedes moverlo?
Trato de moverlo, pero un dolor agudo se dispara por toda mi pierna.
Inhalo aire y niego con la cabeza. —Todavía no. Duele.
Sasuke le hace un gesto a Kiba. —Encuentra algo donde poner el hielo.
Ino sigue a Kiba fuera de la habitación. Cuando ya se han ido, Sasuke me mira y su boca se curva en una sonrisa. —No te cobraré por esto, pero solo porque estoy un poco borracho —dice con un guiño.
Inclino la cabeza. —La primera vez que te vi, estabas drogado. Ahora estás borracho. Empieza a preocuparme que no vayas a ser un neurocirujano muy cualificado.
Se ríe. —Puede parecerlo —dice—. Pero te prometo, que rara vez me drogo, y este es mi primer día libre en más o menos un mes, así que necesitaba una cerveza. O cinco.
Kiba regresa con un paño viejo envuelto alrededor de un poco de hielo.
Se lo tiende a Sasuke, que lo presiona contra mi tobillo. —Necesitaré ese botiquín de tu maletero —dice Sasuke a Ino. Ella asiente y agarra la mano de Kiba, sacándolo de la habitación de nuevo.
Sasuke presiona la palma contra la planta de mi pie. —Empuja contra mi mano —dice él.
Empujo con mi tobillo. Duele, pero soy capaz de mover su mano. — ¿Está quebrado?
Mueve mi pie de un lado a otro, y luego dice—: No lo creo. Vamos a darle un par de minutos y veré si puedes ponerle algo de peso.
Asiento y miro mientras él se acomoda en frente de mí. Se sienta con las piernas cruzadas y lleva mi pie hacia su regazo. Mira alrededor de la habitación y luego dirige su atención a mí. — ¿Y qué es este lugar?
Sonrío un poco demasiado amplío. — Sunny Place. Sera una tienda de flores en unos dos meses.
Lo juro, su rostro se ilumina con orgullo. —Imposible —dice—. ¿Lo hiciste? ¿Vas a abrir tu propio negocio?
Asiento. —Síp. Supuse que bien podría intentarlo mientras soy lo bastante joven para recuperarme del fracaso.
Una de sus manos sostiene el hielo contra mi tobillo, pero la otra rodea mi pie desnudo. Me acaricia con el pulgar de un lado a otro, como si no fuera gran cosa que él estuviera tocándome. Pero su mano en mi pie es más notable que el dolor en mi tobillo.
—Parezco ridículo, ¿no? —pregunta, mirando hacia abajo, a su mameluco rojo.
Me encojo de hombros. —Al menos no elegiste a un personaje. Eso da un poco más de madurez que la elección de Bob Esponja.
Se ríe, y luego su sonrisa desaparece mientras inclina la cabeza hacia la puerta a su lado. Me observa con admiración. —Eres incluso más guapa de día.
Por momentos como estos es que odio tener la piel clara. La vergüenza no se muestra solo en mis mejillas; todo mi rostro, brazos, y cuello se sonrojan.
Apoyo la cabeza contra la pared detrás de mí y lo miro tal como él me está mirando a mí. —¿Quieres escuchar una verdad cruda?
Asiente.
—He querido volver a tu azotea en más de una ocasión desde esa noche. Pero me asustaba mucho que estuvieras allí. Me ponía un poco nerviosa.
Sus dedos detienen sus caricias sobre mi pie. —¿Mi turno?
Asiento.
Sus ojos se estrechan mientras su mano se mueve por debajo de mi pie. Él acaricia lentamente las puntas de los dedos de mis pies, hasta el talón. —Aún tengo muchas ganas de follarte.
Alguien jadea, y no soy yo.
Sasuke y yo miramos hacia la entrada, y Ino se encuentra parada allí, con los ojos bien abiertos. Su boca permanece abierta mientras señala a Sasuke. —¿Acaso tú…? —Ella me mira y dice—: Lo siento mucho respecto a él, Hina. —Y luego vuelve a observar a Sasuke con malicia en los ojos—. ¿Acabas de decirle a mi jefa que quieres follarla?
Oh, Dios.
Sasuke se muerde el labio inferior por un segundo. Kiba viene detrás de Ino y dice—: ¿Qué sucede?
Ino mira a Kiba y señala Sasuke otra vez. —¡Él acaba de decirle a Hina que quiere follarla!
Kiba observa de Sasuke a mí. No sé si reírme o arrastrarme debajo de la mesa y esconderme. —¿Es cierto? —dice, mirando a Sasuke.
Sasuke se encoje de hombros. —Eso parece —dice.
Ino pone la cabeza en sus manos. —Dios mío —dice, echándome un vistazo—. Está borracho. Ambos lo están. Por favor no me juzgues porque mi hermano sea un imbécil.
Le sonrío y sacudo la mano. —No pasa nada, Ino. Un montón de personas quieren follarme. —Observo a Sasuke, que continúa acariciando mi pie—. Al menos tu hermano dice lo que le pasa por la cabeza. No mucha gente tiene el coraje para decir lo que piensa.
Sasuke me guiña un ojo y luego mueve con cuidado mi tobillo de su regazo. — Vamos a ver si puedes apoyarlo —dice.
Él y Kiba me ayudan a ponerme de pie. Sasuke apunta a la mesa que se halla presionada contra una pared. —Vamos a tratar de llegar hasta la mesa para que pueda envolverlo.
Su brazo rodea con seguridad mi cintura, y agarra mi brazo con firmeza para asegurarse de que no me caiga. Marshall se encuentra simplemente parado a mi lado como soporte. Apoyo un poco de peso sobre mi tobillo y es doloroso, pero no es insoportable. Logro llegar hasta la mesa con bastante ayuda de Sasuke. Él me ayuda a mantenerme erguida hasta que me encuentro sentada encima de la mesa, inclinada contra la pared con la pierna estirada frente a mí.
—Bueno, la buena noticia es que no está quebrado.
—¿Y la mala? —le pregunto.
Abre el botiquín y dice—: Tendrás que hacer reposo por unos días. Quizás incluso una semana o más, dependiendo de cómo sane.
Cierro los ojos y apoyo la cabeza contra la pared detrás de mí. —Pero tengo tanto que hacer —me quejo.
Comienza a vendar con cuidado mi tobillo. Ino permanece de pie detrás de él, mirándolo trabajar.
—Tengo sed —dice Kiba—. ¿Alguien quiere algo de beber? Hay un local cruzando la calle.
—Estoy bien —dice Sasuke.
—Voy a tomar agua —digo.
—Sprite —dice Ino.
Kiba agarra su mano. —Tú vienes conmigo.
Ino aparta la mano y cruza los brazos sobre el pecho. —No voy a ninguna parte —dice—. Mi hermano no puede ser confiable.
—Ino, no pasa nada —le digo—. Él hacía una broma.
Ella me observa en silencio por un momento, y luego dice—: De acuerdo. Pero no puedes despedirme si él dice más cosas estúpidas.
—Te prometo que no te despediré.
Con eso, agarra la mano de Kiba otra vez y dejan la habitación. Sasuke continúa vendando mi pie al tiempo que dice—: ¿Mi hermana trabaja para ti?
—Síp. La contraté hace un par de horas.
Mete la mano en el botiquín y saca la cinta. —¿Te has dado cuenta de que nunca ha tenido un trabajo en toda su vida?
—Ella ya me advirtió —digo. Su mandíbula está tensa, y no parece tan relajado como antes. Entonces me doy cuenta de que tal vez cree que la contraté para estar más cerca de él—. No tenía ni idea de que era tu hermana hasta que apareciste aquí. Lo juro.
Me mira, y luego de nuevo a mis pies. —No sugerí que lo supieras. — Comienza a poner cinta sobre la venda elástica.
—Lo sé. Simplemente no quería que creyeras que estaba tratando de tenderte una trampa. Queremos dos cosas diferentes de la vida, ¿recuerdas?
Asiente, y con suavidad coloca mi pie sobre la mesa. —Así es —dice—. Yo me especializo en aventuras de una noche y tú estás en la búsqueda de una relación.
Me río. —Tienes buena memoria.
—Así es —dice. Una sonrisa lánguida aparece en su rostro—. Pero tú eres difícil de olvidar.
Jesús. Tiene que parar de decir cosas como esas. Presiono las palmas en la mesa y bajo la pierna. —Se acerca otra verdad cruda.
Se inclina contra la mesa junto a mí y dice—: Soy todo oídos.
No reprimo nada. —Me siento muy atraída hacia ti —le digo—. No hay mucho sobre ti que no me guste. Y a pesar de que tú y yo queremos cosas diferentes, si alguna vez estamos cerca del otro de nuevo, agradecería si pudieras dejar de decir cosas que me dejan mareada. Eso no es justo para mí.
Asiente una vez, y luego dice—: Mi turno. —Coloca una mano en la mesa junto a mí y se inclina un poco—. Yo también me siento muy atraído hacia ti. No hay mucho sobre ti que no me guste. Pero tengo la esperanza de que nunca vayamos a estar cerca del otro otra vez, porque no me gusta lo mucho que pienso en ti. Lo cual no es demasiado; pero es más de lo que me gustaría. Si todavía no estás de acuerdo con una aventura de una noche, entonces creo que es mejor si hacemos todo lo posible para evitarnos. Porque eso no nos hará ningún favor a nosotros.
No sé cómo terminó tan cerca de mí, pero se encuentra a solo unos treinta centímetros de distancia. Su proximidad hace que me cueste prestar atención a las palabras que salen de su boca. Su mirada baja brevemente a mi boca, pero tan pronto como escuchamos que se abre la puerta principal, él ya está cruzando al otro lado de la habitación. Para el momento en que Ino y Sasuke se nos unen, Sasuke se encuentra ocupado re apilando las cajas que han caído. Ino echa un vistazo a mi tobillo.
—¿Cuál es el veredicto? —pregunta.
Hago un mohín. —Tu hermano médico dice que tengo que hacer reposo por unos días.
Ella me entrega la botella de agua. —Es algo bueno que me tengas a mí. Puedo trabajar y hacer lo que haga falta para limpiar mientras tú descansas. Tomo un trago del agua y luego me limpio la boca. —Ino, voy a declararte la empleada del mes.
Sonríe y se da la vuelta hacia Kiba. —¿Escuchaste eso? ¡Soy la mejor empleada que ha tenido!
Él pone su brazo alrededor de ella y le da un beso en la cima de la cabeza. — Estoy orgulloso de ti, Ino-chi.
Me agrada que la llame Ino-chi, lo que asumo es un apodo cariñoso para ella.
Pienso en mi propio nombre y si alguna vez encontraré a un chico que pueda ponerme un apodo repugnantemente lindo. Hime.
Nop. No es lo mismo.
—¿Necesitas ayuda para llegar a casa? —pregunta.
Me bajo de un salto y pruebo mi pie. —Tal vez solo hasta mi auto. Es mi pie izquierdo, así que es probable que pueda conducir bien.
Ella se acerca y pone su brazo alrededor de mí. —Si quieres déjame las llaves a mí, yo cerraré todo y volveré mañana para comenzar a limpiar.
Los tres me acompañan hasta mi auto, pero Sasuke le permite a Ino hacer casi todo el trabajo. Parece casi asustado de tocarme por alguna razón. Cuando me hallo en el asiento del conductor, Ino pone mi cartera y otras cosas en el piso y se sienta en el asiento del pasajero. Ella agarra mi teléfono y comienza a registrar su número.
Sasuke se acerca a la ventana. —Asegúrate de seguir poniéndole tanto hielo como puedas estos próximos días. Darse un baño también ayuda.
Asiento. —Gracias por la ayuda.
Ino se inclina cerca y dice—: ¿Sasuke? Quizá deberías llevarla a casa y luego tomar un taxi hasta el apartamento, solo para estar seguros.
Sasuke me mira y luego sacude la cabeza. —No creo que sea una buena idea — dice—. Estará bien. He tomado unas cervezas, no debería estar conduciendo.
—Puedes al menos ayudarla a llegar a casa —sugiere Ino.
Sasuke sacude la cabeza y luego le da una palmadita al techo del coche antes de darse la vuelta y alejarse.
Continúo mirándolo mientras Ino me devuelve mi teléfono y dice—: En serio. Lo siento mucho por él. Primero coquetea contigo, luego es un imbécil egoísta. —Sale del coche y cierra la puerta, luego se inclina a través de la ventana— . Por eso es que permanecerá soltero el resto de su vida. —Señala hacia mi teléfono—. Envíame un mensaje cuando llegues a casa. Y llámame si necesitas algo. No contaré los favores como horas de trabajo.
—Gracias, Ino.
Sonríe. —No, gracias a ti. No he estado tan emocionada en mi vida desde un concierto al que fui el año pasado. —Se despide con la mano y
camina hacia donde se encuentran parados Kiba y Sasuke.
Comienzan a alejarse por la calle y los observo por mi espejo retrovisor.
Cuando doblan por la esquina, veo a Sasuke echar un vistazo sobre su hombro y mirar hacia mi dirección.
Cierro los ojos y exhalo.
Los dos momentos que he pasado con Sasuke ocurrieron en días que preferiría olvidar. El funeral de mi padre y la torcedura de tobillo. Pero de alguna manera, su presencia hizo que esos días se sintieran menos desastrosos de lo que fueron.
Detesto que sea el hermano de Ino. Tengo el presentimiento de que esta no es la última vez que voy a verlo.
Hasta aqui el capitulo
Diganme que les parecio y si tienen alguna duda
Gracias a las 3 personitas que me comentaron me hacen feliz
Dejen comentarios
un Abrazo virtual :)
