Disclaimer: La Saga Crepúsculo (The Twilight Saga) y todas sus escenas, personajes, etc., así como las películas basadas en ellos, incluyendo la banda sonora, etc., pertenecen a sus respectivos dueños (Stephenie Meyer, etc.). Todas las canciones así como sus letras pertenecen también a sus respectivos dueños (Within Tempation, etc.) Escribiendo este fic no pretendo otra cosa que entretener, sin ánimo de lucro alguno.


All I Need

4

"Amor"

You've opened the door now,

don't let it close

(Ahora has abierto la puerta,

no dejes que se cierre)

"All I Need", de Within Temptation

Los meses pasaron volando para Esme, que estaba más feliz que nunca en su nuevo hogar, que cada día lucía más hermoso con los nuevos toques decorativos de la joven. Muriel la trataba como a una hija y le contaba cosas de Carlisle y Edward muy graciosas, que a veces hacían que el médico no supiera dónde meterse de la vergüenza.

—Una vez, aquí nuestro doctor Cullen puso agua a hervir en una jarrita de metal para hacerse una infusión—contó Muriel con ojos risueños y traviesos—. La dejó al fuego y se fue a leer a Edward su cuento como cada noche. Pero a Edward le costó más de lo esperado dormirse, porque tenía una pequeña prueba de matemáticas al día siguiente, la primera del curso, y estaba nervioso. Así que Carlisle le leyó un cuento tras otro hasta que se durmió. Y entonces se acordó del agua que había puesto a hervir y corrió a la cocina, pero ya era tarde —Muriel rio—. El agua se había evaporado completamente, no quedaba ni una gota en la jarrita, que estaba negra por debajo y el tapón de plástico de la tapa se había derretido.

Esme rió mirando cariñosamente a Carlisle, que se había puesto rojo como un tomate.

—Y es que cuando se trata de su niño, el doctor se olvida de todo excepto de él. Es un padrazo, ¿verdad, Edward?—preguntó la buena señora al niño, que asintió sonriendo—. Pero más le vale no quemar la casa, le tenemos mucho cariño.

—Muriel, eso no ha vuelto a pasar…—añadió Carlisle, un poco nervioso.

—Ya lo sé, hijo. ¿Por qué crees que lo cuento tan tranquila? Un descuido lo tiene cualquiera—sonrió la señora.

—Es cierto. A mí también me ha pasado—añadió Esme con una sonrisa que tranquilizó al doctor—. Estas cosas ocurren.

Carlisle le devolvió la sonrisa, más animado.

—Sí, pero procuraré que no ocurran a menudo, o me quedaré sin jarritas de metal.

Todos rieron menos Edward, que dijo muy serio: "No pasa nada, puedes comprar otra, papá".

Esme disfrutaba inmensamente esos momentos. Su vida había mejorado de una forma que nunca creyó posible.

Le encantaba jugar y leer cuentos al pequeño Edward. Y le encantaba que Carlisle les acompañara cuando no estaba trabajando.

Carlisle… Aquel joven cada día la fascinaba más. Tenían muchas cosas en común: a ambos les encantaba leer, podían pasarse toda la tarde hablando de libros. También les gustaba pasear, y a veces salían por la tarde y llevaban a Edward al parque, conversando mientras disfrutaban del paisaje. Tenían muchos gustos sobre películas, música o comida en común. Pero también hablaban de sus trabajos, que eran diferentes, Carlisle le hablaba a Esme de medicina, y ella a él de arte y arquitectura, asignaturas que le encantaba enseñar. Él adoraba la historia y ella la historia del arte. Se complementaban perfectamente. Era su mejor amigo, el mejor amigo que había tenido jamás.

Claro que siempre hay algo que oscurece la felicidad. Y esa simple "amistad" no dejaba de oscurecerla, cosa que se hacía evidente cuando alguna señora mayor los tomaba por un matrimonio que llevaba a su hijo al parque y comentaba lo tiernos que se veían los tres, y cómo ella deseaba que aquello fuera real, que fueran una familia de verdad. Cada día Esme se preguntaba qué sentiría Carlisle por ella. Porque para ella estaba claro que estaba cada vez más enamorada de él, y eso la alegraba, y la entristecía y aterrorizaba al mismo tiempo. Porque ¿cómo iba ella a ser jamás lo bastante buena para él?

A pesar de ello, los días pasaban llenos de Sol, luz y calidez para Esme, en compañía de Carlisle, Muriel y Edward. Un día el pequeño de siete años se acercó a la joven, que estaba sentada en el sofá cosiendo.

—Esme…

—¿Sí, Edward?

—Estaba pensando en mamás… ¿Tú tienes mamá?

La joven suspiró con tristeza.

—No, Edward. Aquí no. Murió y está en el Cielo con mi papá.

—Mi mamá también está en el Cielo con mi papá—dijo él acercándose más a ella. Pero me gustaría que estuvieran aquí conmigo.

—A mí también me gustaría que estuvieran aquí. Todos ellos… y mi bebé.

—¿Tú eres una mamá, Esme?—preguntó el pequeño.

Ella sollozó.

—No, ya no, Edward. Mi bebé murió.

—¿Está en el Cielo con tus papás y mis papás?

—Sí, cariño.

—Ellos le cuidarán—afirmó el niño, muy seguro—. No llores, Esme, ellos le cuidarán—Edward se acercó a la llorosa joven y la abrazó. Ella le devolvió el abrazo. Era un niño tan maravilloso Edward… Igual de maravilloso que su tío-papá.

—¿Esme, tú quieres ser una mamá?—preguntó el pequeño de pronto, separándose un poco para mirarla.

Ella le devolvió la mirada con los ojos húmedos.

—Sí, Edward. Siempre quise ser una mamá.

—Muriel dice que Carlisle es mi papá ahora, y yo le llamo "papá" porque me cuida mucho. Tú también me cuidas mucho. ¿Quieres tú ser mi mamá?

Esme volvió a sollozar y apretó al niño contra su pecho.

—Claro que quiero ser tu mamá, Edward. Te quiero mucho. Muchísimo.

—Yo también te quiero, mamá—respondió el pequeño, con los brazos alrededor del cuello de la joven. Ella besó su cabello mientras murmuraba "mi niño, mi Edward". Se sentía inmensamente feliz. Dios le había dado otro hijo al que amar y cuidar.

—Mamá…—empezó Edward cuando se separaron—. Quiero hacerte una pregunta, ¿puedo?

—Claro que sí, cariño, lo que tú quieras.

—¿No te gusta mi papá, mamá?

Esme se quedó paralizada un momento, mirándole con los ojos un poco más abiertos de lo normal. Dios Santo, ¿tan evidente era?

—Sí, mi niño, claro que me gusta, él es muy bueno conmigo siempre...

—Y también es muy guapo, ¿verdad? Muriel siempre dice que parece un príncipe y que debería ir a buscar a su princesa en vez de quedarse todo el día encerrado en su castillo. Tú también eres muy guapa y muy buena, pareces una princesa, mami. ¿No podría mi papi ser tu príncipe? ¿No te gustaría?

Esme sonrió sin poderlo evitar.

—Sí, cariño… Me gustaría mucho…—dijo casi sin pensar.

—¡Pues ya está!

—Pero Edward, yo... yo no sé si le gusto a él...

—¡Claro que le gustas! Muri dice que se le iluminan los ojos cada vez que te ve y que pone una sonrisa tonta. ¡Tenéis que deciros que os queréis y casaros, como en las pelis Disney!

Esme no pudo evitar reír ante el entusiasmo del pequeño.

—Pero, cariño, eso no es tan fácil... Lleva tiempo...

—Es verdad, Muri también dijo eso... Bueno, espero que no sea mucho tiempo, ¡quiero que mis papis se casen y todos juntos seamos muy felices!

Esme rio de nuevo. ¿Casarse ella con Carlisle? ¡Imposible! Ni siquiera estaba divorciada de su marido... ¿Qué iba a hacer? Al final tendría que superar su miedo y denunciarle y tratar de conseguir el divorcio de algún modo... Y aún así… ¿Casarse con Carlisle? Eso le parecía… un sueño, un sueño maravilloso pero muy lejano, como cuando de niña soñaba con casarse con un príncipe y tener muchos hijos… Bueno, Carlisle era más maravilloso que cualquier príncipe, y los hijos… Bueno, tenían a Edward y ella aún podía tener muchos más en el futuro…

La idea no era tan descabellada después de todo, ¿verdad?

o)O(o

Tras meses y meses viviendo juntos y compartiendo gustos y experiencias, Esme descubrió pronto que uno de hobbies favoritos de Carlisle era escuchar canciones antiguas. Una noche, después de cenar y acostar a Ed, puso una titulada "Only You."

—Es preciosa—comentó Esme—. ¿Quién la canta?

—The Platters. Un grupo de los años 50.

—Me encanta. Es tan romántica...—se puso algo colorada al decir esto y bajó la vista.

Él sonrió y se acercó a ella.

—A mí también. La he escuchado muchas veces pero nunca le he bailado… Quizás… Esme... ¿Me harías el honor de bailarla conmigo?

Ella se ruborizó aún más.

—Ya sabes que no sé bailar...

—¿Te gustaría que te enseñara? —Ella dudó, pero luego asintió con la cabeza. Él sonrió de nuevo y la tomó suavemente de la mano.

—Es como aquél baile que hicimos con Muriel y Ed, pero más lento—le dijo. Ella rió recordando la escena. Puso su mano izquierda en el hombro derecho de Carlisle mientras este la tomaba suavemente de la cintura, sujetándola con delicadeza. Empezaron a bailar suavemente al ritmo de la bella canción.

—Un, dos, tres, un, dos, tres... Muy bien, Esme, déjate llevar.

Ella sonrió, siguiéndole en los pasos.

—¿Quién te enseñó a bailar, Carlisle?

—Pues entre mi madre y mi hermana, a las dos les encantaba, y también he aprendido algunos pasos de Muriel. Esme soltó una risita y él rio con ella. No podía evitarlo, la risa de Esme era de lo más contagiosa para él, era un hecho.

Sin darse casi cuenta, se fueron acercando más y más el uno al otro, hasta que Esme quedó apoyada contra el pecho de Carlisle, quien, sin saber cómo, se encontró susurrándole la canción. Ella le escuchó embelesada, cerrando los ojos, dejándose llevar.

Only you can make the darkness bright,

only you and you alone

can thrill me like you do

and fill my heart with love for only you

(Sólo tú puedes hacer la oscuridad brillante,

tú y solo tú puedes emocionarme como lo haces

y llenar mi corazón de amor solo para ti)

Ella le miró y él se ruborizó y procedió a confesarle lo que sentía:

—Verás, Esme, quería… quería que escucharas una canción que representara mis sentimientos hacia ti… Y esta lo hace bastante bien. Tú… tú iluminas mi vida. Has traído más color, más alegría a ella. Antes de conocerte, yo… bueno, estaba bien, pero siempre me faltó… algo. Ahora sé que eres tú. Me has cambiado, para mejor, ahora sonrío más, me río más, todo me parece mejor. Y Muriel y mi hijo también parecen más felices. Has traído algo maravilloso a esta casa Esme, no sabría definirlo muy bien, pero quiero que se quede. Quiero que te quedes con nosotros. Quiero que te quedes conmigo. Tú siempre me haces sentir bien. Muy bien. Y cada vez que te miro, cada vez que te toco es… como una descarga eléctrica. Suena algo raro, ya lo sé, pero… es la verdad. Quiero que estemos juntos y quiero que seas feliz. Quiero hacerte feliz como ese… desgraciado nunca te hizo. Quiero que lo olvides, que olvides el dolor y puedas empezar una nueva vida, con nosotros. Conmigo. Porque te quiero. Te quiero muchísimo, Esme.

Ella soltó un sonido extraño, entre una risita y un sollozo, y le miró con los ojos húmedos, pero sonriendo.

—Yo también te amo—replicó ella—. Debí decírtelo antes, pero estaba preocupada. Muriel... Y no sabía si tú...

—Oh, Esme, no te preocupes por nada. Ed y Muriel ya lo saben.

—¿Lo... saben?

—Desde hace tiempo. Me oyeron... Practicando ante el espejo del baño... Cómo confesarte lo que sentía por ti.

Rieron con nerviosismo.

—Y... ¿qué piensan de ello?

—Creen que soy un gallina por no haberme declarado antes. Muriel se estaba volviendo loca, pero le hice prometer que no te diría nada. Y el pequeño Ed...

—Me dijo que yo te gustaba y que quería que nos casáramos—Esme rio de nuevo.

—¿Qué?

—Lo que oyes. Me lo dijo hace pocos días, pero me parecía demasiado maravilloso para ser verdad...

Carlisle rio y la besó de nuevo.

—Es real—le dijo—. Completamente real, Esme. Has iluminado mi vida y la de los míos y ya no podría estar sin ti.

—Y tú me lo has devuelto todo, mi alegría, mi vida, y sobre todo, mis ganas de vivir. Y nunca me has pedido nada a cambio, eres… eres increíble. Me has curado.

—No me lo habría perdonado si no hubiera curado a mi paciente favorita.

Esme no pudo dejar de sonreír tímidamente, ruborizada. Él le devolvió la sonrisa.

—No tienes ni idea de lo bien que combinan tu sonrisa, tu timidez y tu rubor en tu rostro, Esme. Eres tan preciosa...

Sin pensar, cogió la cara de la joven con sus manos y la besó suavemente. Ella le abrazó por la cintura, sonriendo contra sus labios.

Esme lo besó apasionadamente, como si le necesitara más que a nada. Le rodeó el cuello con los brazos, hundiendo las manos en su sedoso cabello dorado, cumpliendo su deseo de acariciarlo. Carlisle le devolvió el beso, con una mano en su nuca y la otra en su espalda, atrayéndola hacia sí todo lo que podía, sintiendo que nunca estaba lo suficientemente cerca. Aquello era mejor que cualquier sueño, sin duda. Pero cuando ella bajó lentamente las manos hasta su camisa y empezó a desabrochar los botones, él se separó con suavidad de ella, rompiendo su beso. Esme bajo la cabeza con las mejillas encendidas, avergonzada.

—Lo siento mucho, no pensé que te molestaría.

—No, Esme, no has hecho nada malo—respondió Carlisle—. Es solo que... Soy virgen. Nunca he hecho el amor con nadie—confesó, también ruborizado.

—Yo tampoco—respondió ella—. Con Charles solo sufrí abusos. Nunca hicimos el amor. Y me alegro, así tú serás el primero a quien ame de verdad...—le sonrió, acariciándole la mejilla.

Él le cogió la mano y la besó, antes de confesar:

—Hay algo más...

Carlisle sacó del bolsillo el anillo de compromiso que su madre le había dejado al morir, un precioso anillo de oro puro, con un diamante engastado, el más hermoso que Esme había visto jamás. La joven abrió los ojos como platos.

Oh, Dios santo...

—Esme, no te estoy pidiendo que nos casemos enseguida, pero espero que lo hagamos pronto, porque creo... En realidad, estoy convencido de que eres la mujer de mi vida. Y de que quiero pasar el resto de ella contigo. Y ya sé que esta declaración es lo más cliché que existe, pero no he sabido expresarme de otro modo. Yo...

No pudo continuar, porque Esme se le echó encima besándole con toda su pasión. Sí, esa respuesta también es de lo más cliché que existe, pero a los dos les importaba un carajo. Cuando se separaron para respirar, Esme le susurró:

—Sí quiero. Por si aún no te ha quedado claro.

Ambos rieron, con las frentes pegadas. Entonces Carlisle cogió la mano de Esme y le puso el anillo en el dedo anular. Después le besó la mano. Esme lo miró con lágrimas en los ojos. Todavía le costaba creer que aquello fuera real. Vio que Carlisle también tenía húmedos los suyos.

—Me acabas de hacer el hombre más feliz del mundo, Esme Anne Platt. Ella solo pudo sonreír (aún más porque él había utilizado su nombre de soltera) y decirle:

—Te quiero.

—Y yo a ti.

Se besaron de nuevo. Esme le acarició el cuello suavemente, subiendo hasta el cabello, cosa que llevaba tiempo deseando. Él le devolvió el beso abrazándola, un brazo rodeando su cintura y el otro con la mano en su cabeza, acariciando su hermoso pelo de tan bello color.

Pronto se encontraron en el sofá, uno encima del otro, abrazados, pero entonces Carlisle paró y la miró con nerviosismo.

—Esme… Yo… Tengo miedo de decepcionarte, mi amor. No sé...

—Escúchame bien, Carlisle Cullen, tú nunca podrías decepcionarme. No tengas miedo. Solo déjate llevar. Déjate llevar por lo que sientes por mí. Es lo que hago yo. Te amo. Nos amamos—. Le acarició el rostro otra vez, bajando las manos acariciando su cuello, hasta los botones de su camisa, que siguió desabrochando. Volvió a besarle, con el mismo amor y pasión ardiente de antes, que aumentaba por momentos.

—Hazme el amor, Carlisle...—susurró ella entre beso y beso—No sabes cuánto te deseo...

—Lo haré, cielo mío, lo haré si es lo que deseas... Pero avísame si hago algo mal, por favor...

—Lo haré, cariño... Pero no lo harás.

Volvió a besarle, y él le correspondió, con pasión renovada. La cogió en brazos como a una novia y se la llevó por las escaleras arriba a su dormitorio, en el que habían dormido juntos tantas veces, pero sin nunca hacer lo que se disponían a hacer ahora. Carlisle depositó a Esme sobre la cama con delicadeza. Ella tiró de él suavemente para que se colocara sobre ella y le ayudó a terminar de quitarse la camisa. Entonces le tumbó de espaldas y le besó todas y cada una de las largas cicatrices que le cruzaban el pecho, mientras Carlisle suspiraba. Esme le besó los pezones y subió por su cuello hasta su mandíbula. Allí él atrapó su boca y la besó y entreabrió, pidiendo permiso para que entrara su lengua. Esme se lo concedió y sus lenguas se encontraron.

Carlisle le acarició las mejillas, la mandíbula, el cuello. Bajó hasta su blusa, que empezó a desabotonar lentamente, descubriendo su sujetador de encaje lila. Le deslizó la blusa por los hombros para que cayera, y separó sus labios de los de ella para posarlos sobre su garganta, de piel tan suave como la seda. Dejó un rastro de besos húmedos y ardientes por ella mientras deslizaba ambas manos por su espalda para desabrocharle el sujetador. Cuando se lo quitó, descubriendo sus senos, Esme se ruborizó y bajó la vista, mostrando su pudor. Carlisle, que la contemplaba ruborizado pero maravillado, tomó delicadamente su barbilla para que le mirara.

—Esme—le dijo, mirándola a los ojos—. Eres preciosa.

Ella se ruborizó más, pero sonrió.

—Tú también eres hermoso—dijo—. Tan hermoso por fuera como por dentro.

Acarició las cicatrices de su pecho con delicadeza, como si fueran algo precioso y delicado, como pétalos de una flor. Él hizo lo mismo con su espalda, pasando los dedos por la "C" grabada a fuego. Besó su cuello y se colocó detrás de ella para besar también esa cicatriz.

—Nunca fue la "C" de "Charles"—susurró ella—. Nunca lo fue, pero aún no lo sabía. Siempre será la "C" de "Carlisle, porque te pertenezco a ti, solo a ti, mi ángel de la guarda. Te tengo grabado a fuego en mi piel… y es una marca imborrable, como mi amor por ti…

—Pero tú sabes que yo jamás te haría algo así, ¿verdad?

—Claro que lo sé, cielo. Tú me haces tuya con amor, no con violencia. Siempre seré tuya.

—Mía... Como yo soy tuyo—susurró contra sus labios. La miró a los ojos—. Mi amor…—dijo mientras se ponía de pie y la besaba—. Mi Esme… En mi piel también está escrito tu nombre—cogió su mano y la puso sobre su pecho, sobre su corazón, donde estaba la cicatriz que le hizo el puma, la cicatriz con cuatro arañazos que podía pasar por una "E" mayúscula…

—Yo también te pertenezco… Te amo, Esme.

Ella le sonrió.

—Yo también te amo, Carlisle. Te amo.

La besó. Le besó. Se besaron en una unión irrompible, una muestra del amor más puro, más verdadero, ese que nunca acaba, ese que nunca se apaga, ese del que todos hablan, ese que pocos encuentran, ese que todos desean.

Sus labios se entregaron ansiosos junto con su lengua. Carlisle tumbó delicadamente a Esme en la cama y acarició dulcemente sus senos, que se le antojaban los más hermosos que había visto en su vida. La joven suspiró y tembló un poco, no acostumbrada a tan amorosas caricias, descubriendo que le encantaban. Carlisle besó su pecho, justo en medio de sus senos, pasando luego de uno a otro, besándolos y chupándolos, jugando con sus pezones endurecidos. Esme le acariciaba el cabello y jadeaba. Se le escapó un gemido que acalló rápidamente para no despertar a nadie.

—Tranquila. No te reprimas. Esta habitación está insonorizada, ¿recuerdas?—dijo Carlisle contra su pezón derecho. Esme asintió al tiempo que otro gemido escapaba de sus labios. Sin descuidar esos senos que le enloquecían, Carlisle bajó las manos hasta la falda de Esme y empezó a bajar su cremallera. Se la quitó despacio, aprovechando para acariciarle las piernas en el proceso. Se separó un poco para contemplarlas con admiración, y, deseoso de ver a aquella hermosa mujer completamente desnuda, ruborizado, la ayudó a desprenderse también de las braguitas de encaje lila a juego con el sujetador.

—Eres tan bella por fuera como por dentro, ¿sabes?

Esme se sonrojó ante estas palabras, y solo pudo sonreír.

Tras admirar su belleza, que a él le parecía cegadora, la besó de nuevo, largamente, sin dejar de murmurar entre beso y beso:

—Mi Esme, mi dulce y preciosa Esme…

Ella le devolvió el beso, sonriendo contra su boca.

Carlisle deslizó la mano por su ombligo, pasando por su pubis, entre sus rizos, hasta su abertura. El joven doctor nunca había hecho esto antes, pero gracias a sus estudios, sabía qué buscar y qué hacer. No obstante, estaba atento a cualquier señal de temor o disgusto por parte de Esme. Buscó en su húmeda cavidad y encontró lo que buscaba, su suave clítoris, ya caliente y endurecido. Lo acarició y masajeó suavemente, arrancando leves gemidos de placer a la joven, que se aferraba a sus hombros con pasión mientras él continuaba besando y lamiendo su cuello como si del más exquisito manjar se tratara.

—Esme, ¿te gusta?—susurraba contra su piel, y ella solo podía asentir y responder con gemidos, transformados pronto en jadeos y gritos ahogados cuando él aumentó la rapidez e intensidad de las caricias de su mano derecha, mientras con la izquierda jugaba con uno de sus senos. Perdida en las olas de placer que él le daba, Esme le acariciaba el cabello, la nuca, los hombros y la espalda, gimiendo y jadeando, mientras se humedecía y excitaba más y más. Notando esto, Carlisle notaba el bulto en sus pantalones más duro y dolorido que nunca, así que se deshizo de la ropa que le quedaba con rapidez y rozó su intimidad con la de ella, a la vez que lamía sus pezones.

—¡Oh, Carlisle!—, gimió Esme. Él la miró a los ojos y le acarició la mejilla, preguntándole sin palabras. Ella le devolvió la mirada, sonriéndole dulcemente y le acarició el cabello.

—Tranquilo, mi amor. Lo estás haciendo maravillosamente, me encanta. Sigue, por favor—suplicó. Él la respondió con un beso, tomando su boca y su lengua, a la vez que se introducía suavemente dentro de ella, convirtiéndose los dos en uno, encajando perfectamente como dos piezas de un puzle, hechas para unirse.

—¿Estás bien, cariño?—le susurró Carlisle bajito. No podía evitar preocuparse, en parte por su inexperiencia, en parte por el miedo de que Esme recordara los tormentos a manos de Charles. La joven le acarició el rostro para tranquilizarle.

—Estoy mejor que nunca, amor mío. Deja de preocuparte. Solo ámame, ámame...

A modo de respuesta él volvió a besarla con pasión renovada. Esme gimió contra su boca, abrazándole muy fuerte, como si quisiera que se fundiera con ella para siempre. Carlisle reanudó las caricias a sus pechos y a su clítoris mientras aumentaba la profundidad y fuerza de sus penetraciones, entrando y saliendo de ella, una y otra vez, una y otra vez, con más fuerza y rapidez, sin dejar de estimular su clítoris y sus senos, hasta que Esme estalló en un grito de placer que jamás creyó experimentar, mientras Carlisle estallaba poco después, jadeando su nombre y dejando su cálida semilla en lo más profundo de ella. Aún dentro de Esme, depositó la cabeza entre su cuello y su hombro, mientras ella le acariciaba el cabello. La miró con adoración, como si ella fuera todo lo que siempre había soñado.

Yacieron juntos por un momento, abrazados, recuperando el aliento. Tras un rato, Carlisle salió de Esme con cuidado, haciéndola suspirar, y levantó la cabeza para mirar a su amada.

—Esme, ¿te he hecho daño?—le preguntó, algo preocupado. Ella le sonrío con el mismo amor y besó su nariz.

—No, Carlisle. Estoy muy bien. De hecho, estoy mejor que bien, cariño. Nunca he estado mejor.

Él le sonrió también, toda su preocupación desvanecida.

—Aunque me siento un poco como Eva, induciéndote a pecar antes del matrimonio...

—No, Esme. No fue todo culpa de Eva. Adán pudo rechazar la manzana y no lo hizo. Ella no lo obligó. Fue tan culpable como Eva, porque quería estar con ella. Y si somos culpables, yo lo soy tanto como tú. No te sientas mal. Yo no me arrepiento de lo que hemos hecho. ¿Cómo podría? Ha sido la noche más feliz de mi vida...

Esme se ruborizó y sonrió.

—La mía también.

Él le devolvió la sonrisa.

—Sabes... no hay nada comparable a estar dentro de ti, mi amor—susurró—. Nada.

—Yo puedo decir lo mismo, cariño. Jamás soñé que podría sentir lo que siento teniéndote dentro de mí. Me siento plena. Completa.

Carlisle sonrió de felicidad pura y se acercó a sus labios, que Esme le entregó gustosa.

—Te amo—susurró el joven contra sus carnosos labios. Ella sonrió.

—Yo también te amo.

Se besaron y abrazaron estrechamente, quedándose profundamente dormidos, completamente felices.


Cuarto capítulo de All I Need. Este es de los que más me costó escribir y llegué a pensar que nunca lo terminaría. XD Si os fijáis aquí ya no escribo "Carlisle POV" o "Esme POV" porque sentí que ahora es como si sus POVs se hubieran convertido en uno solo ahora que ya están juntos y complementados. ;) Por cierto que este es el primer "lemmon" que publico. XD X3 Espero que os haya gustado y me dejéis un review diciéndome qué os ha parecido, aunque sea pequeñito. n.n ¡Besotes!