Luces del anochecer
Capítulo 4: Frío
Sé que la profesora está diciendo algo importante, veo sus labios delgados formar cada palabra mientras camina lentamente de un lado a otro frente a nosotros, su larga túnica púrpura arrastrándose por el piso frío, pero no la escucho. Su voz suena lejana, y no logro concentrarme, a pesar de mis esfuerzos.
No es fácil poner atención cuando mentalmente no dejo de repasar datos y números en mi cabeza. Hoy es martes. Trece de Octubre de 1998. Hace más de cuatro meses terminó la guerra. Hace un poco más de un mes se iniciaron las clases y retomé mi último año en Hogwarts, ¿Por qué?, seguro me lo preguntarán en el juicio.
Porque es el único lugar en el que estoy seguro.
Mi cuerpo se tensa involuntariamente, trato de acomodarme en mi asiento, pero sólo consigo sentir la rigidez de mis hombros contracturados.
Tal vez debería ir a mi habitación y comenzar a escribir las posibles respuestas al interrogatorio que me espera en un par de semanas. Volver a recordar los detalles importantes. El regreso del Señor Oscuro, las reuniones de mortífagos en la Mansión Malfoy, las amenazas de muerte. Él, viviendo en mi hogar, invadiendo cada centímetro y llenándolo de miedo y sangre. El día en que recibí la marca y cómo no pude dormir tranquilo desde ese día.
Una gota de sudor frío baja por mi espalda. Creo que voy a vomitar.
"Sr. Malfoy", la voz de la Profesora Sterling interrumpe mi tren de pensamientos. Olvidé que estaba allí, y creo que ella lo nota en la expresión de mi cara. "¿Se siente bien, Sr. Malfoy?", me pregunta hablando muy lentamente y con sus ojos negros fijos en mí.
No.
"Si", respondo automáticamente y casi sin voz.
Estoy seguro de que ella no lo cree, pero sólo me mira en silencio unos segundos y luego retoma su andar. Es una mujer alta y delgada, de expresión siempre seria y distante. Por lo que sé, no es una favorita entre los alumnos, pero a mi me agrada. Además de su claro manejo en la Alquimia, es una de las pocas personas en todo el castillo que no me trata como si tuviera la peste. Incluso McGonagall, a pesar de sus claros esfuerzos, no puede evitar hacer una pequeña mueca de desagrado cada vez que me ve.
"Como decía, deberán redactar un informe acerca del proceso, los ingredientes utilizados y sus propiedades, la elaboración, y también una justificación de su elección." Se detiene en medio de la clase y junta sus manos a la altura de su pecho, "Y deberán hacerlo en parejas."
Genial. Malditamente genial.
Trago con dificultad. Justo lo que necesito en este momento. La profesora da la lección por terminada y un murmullo se extiende por la clase, mientras todos comienzan a guardar sus libros y se acercan a sus compañeros para coordinar el nuevo trabajo asignado.
Mis ojos escanean la habitación incómodamente. No somos muchos alumnos, en su mayoría Ravenclaws, y Nott y Zabini, los únicos Slytherin que actualmente me dirigen la palabra, no están inscritos en esta asignatura.
Resignado, hundo mi cabeza entre mis manos. Supongo que será otro trabajo que tenga que hacer solo. Aunque el año escolar recién comienza, ya he pasado por esto unas cuantas veces. Supongo que ser un ex mortífago no es la mejor receta de popularidad. Mantengo los ojos cerrados mientras escucho cómo la sala se vacía de la ruidosa presencia de los alumnos.
Cuando ya no escucho nada, decido quedarme un poco más, fantaseando con la idea de no tener que salir jamás, y quedarme por siempre aislado y en silencio, sin tener que enfrentar las miradas de reproche y miedo. Si me esfuerzo, incluso puedo imaginar que mi propio cuerpo desaparece y dejo de sentir el peso en mis hombros y el sonido de mi respiración. Como si nada pudiera tocarme, como si estuviera...
"Malfoy"
Abro los ojos de golpe. Frente a mí, un rostro demasiado familiar me devuelve la mirada.
"Maldición, Granger, ¿Cuánto tiempo llevas allí?", noto el sobresalto en mi voz y trato de recuperar la compostura. Con simulada indiferencia tomo mi bolso de cuero negro y comienzo a guardar libros y pergaminos.
"¿Escuchaste algo de lo que dijo la profesora Sterling?" Si no fuera ridículo, diría que suena casi preocupada.
"¿Necesitas completar tus apuntes, Granger?", lo que alguna vez habría sido un comentario lleno de burla y superioridad, ahora apenas suena como una observación hecha de mala gana.
"Habló acerca del real propósito de la alquimia." continúa sin prestarme mucha atención, "Sobre cómo el sueño de convertir la plata en oro es un absurdo cuando se pueden hacer cosas que realmente mejoren la vida de las personas."
"Fascinante", comento sin ni una pizca de interés. Granger no responde.
Aprovechando el momento de pausa me pongo de pie y me echo el bolso al hombro, esperando que el gesto ponga fin a la conversación, pero ella no me quita los ojos de encima ¿Qué es lo que quiere?
"Tenemos que elegir una preparación que tenga esa cualidad" habla nuevamente, "La de mejorar la vida de una persona", frunce el ceño y mira hacia abajo, como si estuviera pensando en otra cosa.
No entiendo lo que está haciendo, pero tampoco quiero quedarme a investigar. No ha pasado tiempo suficiente desde nuestro último encuentro en la biblioteca como para no sentirme increíblemente avergonzado en su presencia. Al principio pensé que en cualquier momento procesaría mejor lo ocurrido y la indignación la haría querer arrancarme la cabeza, o al menos gritarme y decir que jamás sería capaz de perdonarme, pero los días pasaron y nada ocurrió. Una semana después, asumí que simplemente nos ignoraríamos hasta el final de los tiempos.
Claramente estaba equivocado.
"Genial", digo mientras me volteo hacia la puerta, confundido y, debo admitir, un poco asustado.
"¡Malfoy!"
Por alguna razón, su voz me provoca escalofríos. ¿Será este el momento?, ¿Habrá la bruja más brillante de Hogwarts por fin decidido que no merezco vivir sin recibir su juicio? Cierro los ojos y me preparo mentalmente para su discurso. Casi lo escucho dentro de mi cabeza.
Eres patético, Malfoy. Una cucaracha vale más que tú. Me das asco, y nunca, nunca te perdo-
"Lo haré contigo."
"¿Qué?", por segunda vez en el día, no puedo esconder mi sorpresa. Escucho sus pasos acercarse.
"La preparación", continúa, "Trabajaré contigo."
Dejo pasar unos segundos antes de voltearme a mirarla, sin esforzarme en ocultar mi desconcierto.
"No estoy para bromas, Granger", digo amargamente.
"No es una broma, Malfoy"
Frunzo el ceño y la observo fijamente, tratando de adivinar sus intenciones. Ella me devuelve la mirada desafiante.
"¿Por qué?" pregunto finalmente, luego de varios segundos.
"Tengo mis razones."
"Esa no es una respuesta, Granger."
"Si no quieres hacerlo, puedes trabajar solo de nuevo, Malfoy." No alcanzo a descifrar si pretende ser hiriente o sólo parecer indiferente. "Pero si te interesa, podemos comenzar mañana temprano. Estaré en el lago a las seis."
Abro la boca para responder, pero Granger se apresura a la puerta antes de que pueda decir cualquier cosa. Justo antes de cruzar el umbral, se gira hacia mí una vez más.
"No llegues tarde" Dice rápidamente y continúa su camino.
Sin entender, veo las grandes ondas de su cabello castaño revolotear sobre su espalda mientras se aleja hasta finalmente desaparecer en una esquina.
Por un momento, sólo pienso en sus palabras y en cómo se acercó a mí y no me maldijo.
Luego, recuerdo el juicio y vuelven las ganas de vomitar.
Mientras cruzo los brazos sobre mi pecho intentando soportar el frío, mi mente aún adormecida se despierta súbitamente. Muy posiblemente por la inminente posibilidad de congelación.
"¿Qué estoy haciendo aquí?"
No tengo un reloj, pero aún no amanece, y considerando que Granger todavía no da señales de vida, imagino que, no sólo vine sin tener ninguna buena razón para hacerlo, sino que además llegué antes de la hora acordada.
Miro nervioso hacia el castillo y luego de vuelta al inmóvil espejo de agua frente a mí. Todo se ve en tonalidades de gris, y una neblina espesa cubre el lago. ¿Por qué no nos reunimos en la biblioteca?,
Me maldigo en silencio por no habermelo preguntado antes. Mi cabeza no está funcionando bien. Mi vida no está funcionando bien.
Doy un resoplido y comienzo a dar ansiosos paseos de un lugar a otro. Acabo de pensar en la posibilidad de que Granger simplemente no aparezca. En realidad, tendría más sentido que si lo hiciera. El frío comienza a subir por mis piernas y brazos y siento una brisa fría en la nuca. Me detengo y aprieto el cruce de brazos sobre mi pecho. Debí haber salido con más abrigo.
No, debí no haber salido en absoluto.
"Malfoy", dice una voz detrás de mí.
No la escuché llegar, y por un momento creo que es producto de mi imaginación, pero da unos pasos más hacia mi y confirmo que es real. Como si la situación no fuera ya lo suficientemente absurda, Granger se ve como si acabara de tomar un baño de sol. Su largo cabello castaño alborotado alrededor de su rostro. Sus grandes ojos marrones sin una pizca de sueño, y las mejillas sonrosadas. Si no fuera por la gruesa bufanda alrededor de su cuello, y el vaho que sale de sus labios entreabiertos, pensaría que el verano aún no se ha ido. De pronto soy muy consciente de mi propia apariencia y me siento algo avergonzado, a pesar de nunca haber dudado de mi buen aspecto, estoy bastante seguro de que hoy debo verme especialmente… cadavérico.
"¿Estas bien?", pregunta frunciendo el ceño y confirmando mis preocupaciones.
"Si.", mi voz suena más débil de lo que hubiera querido, "Sólo hace un poco de frío."
"Lamento el retraso", dice en tono culposo, "En realidad estoy aquí desde hace un rato, pero… todavía era muy temprano, y fui a tomar una taza de té con Hagrid mientras esperaba."
Bueno, al menos eso explica su aspecto. No explica, sin embargo, que esté siendo casi... amable, ni sus intenciones de trabajar conmigo, ni que no me haya asesinado todavía.
"Está bien." digo en voz baja.
Varios segundos pasan en que ninguno dice nada. Tras las montañas se asoman los primeros rayos de sol. Los colores lentamente comienzan a ganar saturación y junto con las tonalidades grises, también desaparece la expresión suave de la bruja frente a mí. Cuando vuelvo a mirarla, me observa con indiferencia y determinación. Quizás el sol tuvo en ella el efecto que en mí tuvo el frío, y la hizo recordar que, a pesar de que la guerra haya terminado, seguimos estando en bandos opuestos.
"Hay algo que quiero preguntarte."
Mi pulso se acelera levemente al escucharla.
"Imagino que no estamos aquí para hablar de alquimia, ¿no?"
Sostengo su mirada tratando de no hacer ni un sólo gesto que pueda denotar mi nerviosismo.
"No realmente", responde.
Bien, si vamos a tener esa conversación, más vale que lo haga dignamente. No puedo dejar que mi episodio de parálisis de la biblioteca se repita. Respiro profundo y descruzo los brazos, intentando relajarme. Quién sabe, tal vez es una buena práctica para el interrogatorio del juicio.
"Te escucho, Granger"
