Preguntas

Seguí el camino que me había indicado la recepcionista hasta que llege a las puertas del ascensor del hotel. Eran 2 grandes láminas de metal adornadas con diferentes gravados de color oro, lo que se esperaría de un hotel como este. Espere unos minutos hasta que por fin las puertas se abrieron y pude ingresar al interior del ascensor. La recepcionista no me había dicho cuál era el piso en el que estaba Pacifica, pero supuse que sería la suite V.I.P. del hotel, por lo que presione el botón y a los pocos segundos ya me encontraba ascendiendo a los más alto del edificio. Sentí una repentina intranquilidad por todo esto y las preguntas se volvían a formar una y otra vez dentro de mi cabeza. Estaba… nervioso, aunque no sabría decir el porqué.

-Tranquilo Dipper, todo está bien. Solo es una visita a una vieja amiga, nada más. – Me decía a mí mismo mientras intentaba controlar mis latidos que poco a poco se habían vuelto más violentos. No sabría decir por qué, pero la sola de encontrarme de nuevo con Pacifica me causaba una profunda inquietud. Creí haber dejado esa vida atrás, y ahora se aparece tocando mi puerta.

Me pare en medio del pasillo para intentar tranquilizarme, el ambiente era opresor y no hacía más que acentuar mi disgusto. Tras unos segundos logre calmarme un poco y reanude mi marcha. Sin embargo, ese sentimiento de intranquilidad no desapareció y me acompaño hasta la puerta de la habitació suavemente mientras esperaba en el largo pasillo que antecedía a la puerta. No me gustaba aquel lugar. Pese a la iluminación y el ostentoso decorado del lugar, había algo que me inquietaba. Era una especie de temor frio, ese temor que tienes cuando sabes que estas en peligro, pero no sabes que o quien te va a atacar. A medida que pasaban los minutos podía notar como ese temor se hacía más fuerte y poco a poco se iba extendiendo por todo mi cuerpo, helándome la sangre y los huesos hasta el punto en que se me dificultaba respirar, mientras sentía que lentamente unas miradas invisibles se clavaban en mí y me observaban fijamente. Empecé a sentir verdadero terror. Volví a tocar la puerta con insistencia, esta vez más fuerte que antes, e intente descubrir de dónde venían esas miradas. El pasillo estaba vacío, igual que cuando había salido del ascensor, pero podía sentirlo. Podía sentir como esos ojos invisibles se multiplicaban cada vez más y se mantenían mirándome fijamente, inspeccionándome, tratando de ver hacia mi interior. Volví a tocar una tercera vez.

-Ya voy – Sonó una voz desde el interior dela habitación, y en ese preciso momento las miradas parecieron haber desaparecido, dejándome a solas en el pasillo con ese sentimiento de intranquilidad en mi interior.

La puerta se abrió y del interior apareció una figura femenina que me miraba sonriente. Volví mi mirada hacia ella y pude ver que se trataba de Pacifica. Llevaba una camisa blanca con un grabado dorado encima del corazón, unas yeans azul marino y zapatos de marca. Su sonrisa pareció ensancharse en cuanto me vio.

-Dipper, me alegra que hayas podido venir. Anda pasa, tenemos mucho de qué hablar… -De repente su sonrisa desapareció y su mirada se clavó fijamente en mí, su expresión se había trasformado en una cara de preocupación –Dipper ¿Estas bien? Estas sudando y parece que te faltara el aire ¿No abras subido por las escaleras verdad? –Pese a tratar de parecer divertida, pude ver como la preocupación se manifestaba en sus ojos.

-Si… sí, estoy bien. No te preocupes – Trate de serenarme y parecer lo más calmado posible, han sido unos días muy largos y tal vez el cansancio ya me está cobrando factura.

Después de estudiar mi rostro por unos segundos su expresión volvió a relajarse y compuso de nuevo una sonrisa. –Muy bien, pasa adelante y ponte cómodo – Dijo mientras se ponía a un lado de la puerta para dejarme espacio. No parecía convencida por mi respuesta y aun podía vislumbrar un rastro de preocupación en su rostro, pero no dijo nada.

Entre en la habitación y volví a quedar impactado por segunda vez en esa noche. Sabía que a Pacifica le había ido bien estos años. Después de abandonar todo y empezar mi nueva vida escuche que se había interesado por diseñar ropa, y al poco tiempo ya se había en una de las diseñadoras más famosas del país, llegando a popularizar su marca a un punto en que ya había creado su propio estilo. Imagino que no ha de haber sido fácil y que habrá tenido sus problemas, pero pese a todo, en las entrevistas que le hacen por la tele se nota bastante complacida con su trabajo y parece feliz con el rumbo que ha elegido para su vida… aunque el incidente de esta mañana me hace pensar que eso no es del todo cierto.

-Toma asiento, iré a preparar algo de beber – Dijo señalando uno de los sofás de las sala mientras se dirigía a una habitación contigua que parecía ser la cocina.

Pasaron unos pocos minutos en los que no tuve más entretenimiento que el quedarme sentado viendo al vacío. Por suerte ya me había calmado un poco y ese terror repentino que sentí desapareció tan pronto como había llegado -¿Qué habrá sido todo eso? – Pregunte para mis adentros –No había sentido nada parecido desde…

-Perdón por la espera – La voz de Pacifica interrumpió mis cavilaciones y me saco de mi ensimismamiento. Se acercó a mí con 2 tazas de café en la mano y me tendió una al tiempo en que se sentaba en el mueble que estaba frente a mí y daba un sorbo de su taza. Tras dar un pequeño soplo yo también di un pequeño sorbo a mi bebida, el sabor invadió toda mi boca y pareció extenderse por todo mi cuerpo mientras lo tragaba, causando una sensación de satisfacción que resulta muy reconfortante.

-¡Esto está muy bueno! –Exclame mientras daba otro sorbo, esta vez más profundo.

-Me alegra que te guste, es una marca de café un poco difícil de conseguir, y muy cara, pero el sabor hace que valga la pena el esfuerzo –Respondió ella mientras dejaba su taza a un lado y me miraba con una sonrisa.

-Ya lo creo que sí. Hace bastante tiempo que no pruebo algo tan delicioso. Mis felicitaciones al chef –Dije mientras terminaba de dar el último sorbo a mi taza, estaba tan bueno que no pude resistir y me lo termine antes de lo que hubiera deseado. Deje mi taza en una mesa que estaba frente a mí junto a la de Pacifica.

-Eres un exagerado, solamente calenté un poco de agua y poco más, no es como si hubiera hecho la gran cosa –Dijo mientras soltaba una pequeña carcajada, yo le correspondí.

-Aun así, no creo que yo hubiera podido hacer algo tan delicioso como esto ni con todos los ingredientes del mundo –Me relaje un poco y estire mis piernas para acomodarme mejor en el sofá.

-Me lo imagino, lo tuyo siempre ha sido andar de un lugar para otro resolviendo misterios y metiéndote donde no te llaman. Todavía recuerdo ese verano en que te pasaste 2 semanas acampando a la intemperie acechando a esa criatura extraña que creías que era pie grande. Aunque al final no resulto ser más que ese empleado que tenía tu tío que estaba… ¿Qué estaba haciendo? –Pregunto mientras se tocaba la barbilla e intentaba recordar la respuesta. Al parecer ella también se había relajado, y ya no se veía el rastro de preocupación que tenía en el rostro hasta hace unos segundos.

-Estaba persiguiendo un pedazo de pizza flotante que supuestamente vio mientras trabajaba. Soos creyó ver un pedazo de pizza pasar volando frente a sus ojos con dirección al bosque. Dejo la escoba y fue corriendo a toda prisa tras ella, persiguiéndola por 2 semanas seguidas y haciéndome participe de su aventura –Respondí mientras me salía una risa involuntaria. Hacía tiempo que no pensaba en eso.

-Sí, ya me acorde. Aun no puedo creer que hayas confundido su pelo con el de pie grande.

-¡Oye!, no es mi culpa que ambos cabellos sean tan parecidos… - Dije mientras desviaba la mirada intentando ocultar el rubor que aparecía en mis mejillas. Ella pareció percatarse de eso porque enseguida se quedó mirándome fijamente y su sonrisa pareció ensancharse aún más.

-¡Lo que digas genio!...-Dijo en una exhalación mientras se recostaba contra el respaldo del sofá y dirigía su mirada al techo -Ha sido mucho tiempo desde eso –En ese momento me pareció notar como una pequeña sombra de melancolía se cernía sobre ella, mientras que en su voz se podía notar un resquicio de dolor que se arraigaba en su interior. Supongo que ella también las ha de haber tenido difíciles.

-Si… Mucho tiempo –Baje mi vista y me concentre en las manos apoyadas sobre mi regazo. La verdad es que no me había parado a pensar sobre ello. Desde que deje Gravity Falls aquella tarde mis pensamientos se habían concentrado únicamente en hallar una forma de seguir adelante junto con Mabel. Hacia bastante que no me paraba a pensar en mis veranos en aquel lugar, en mi antigua vida. ¿Cómo estarán todos? Pese a que me había propuesto dejar todo atrás, empezar de nuevo, no podía dejar de pensar en aquellas personas que en otro tiempo fueron lo más importante para mí. ¿Cómo estará el tío Stan?, Durante mucho tiempo no podía sentir nada más que rencor hacia él por abandonarnos, por abandonar a su familia, pero después de un tiempo comencé a creer que eso tampoco debió de ser fácil para él. El ver como sus 2 sobrinos comenzaba una relación prohibida, castigada por la sociedad, y lo que es más, frente a toda su familia, debió de ser muy difícil de aguantar. Ahora pienso que él nos quería, nos quería de verdad… y tal vez fue por eso por lo que le dolió tanto lo que hicimos. Varias veces me he preguntado si lo que hice estuvo bien, si este era realmente el mejor camino para los 2. Solía creer que sí, que pese a todos los problemas y todo lo que tuviera que aguantar, todo eso, valía la pena solo con poder estar con ella, con poder estar con Mabel. Ahora… ahora ya no estoy tan seguro de ello.

-Dipper ¿Eres feliz? –La voz de Pacifica sonaba apagada, melancólica.

-¿Disculpa? – La pregunta me había sorprendido y me había devuelto a la realidad.

-¿Eres feliz? –Volvió a preguntar, esta vez de manera más clara y clavando sus ojos fijamente sobre los míos.

-Yo… no sé a qué te refieres – Respondí al tiempo que intentaba apartar la mirada. Su mirada inquisidora me causaba incomodidad.

¿Eres feliz? –Volvío a preguntar Pacifica por tercera vez –¿Estas conforme con tu vida?, ¿Estas feliz viviendo de este modo?

Por unos minutos no supe cómo responder a eso. Sus preguntas rebotaban por toda mi cabeza y me provocaban una gran confusión. ¿Era feliz?, de todas las preguntas que me había hecho a lo largo de los años, esa nunca había cruzado por mi mente. Claro que era feliz… ¿Cierto?. Es decir, si, no ha sido fácil seguir adelante y algunas veces siento ganas de abandonarlo todo. Pero es normal, sabía que esto iba a ser difícil desde el inicio, sabía todo lo que tendría que hacer, que tendría que renunciar a algunas cosas y entregarme completamente a ella, al igual que tantas otras veces. Pero estaba listo, y lograría salir adelante junto con Mabel al igual que lo habíamos hecho en tantas otras ocasiones.

Mientras me intentaba convencer de ello podía sentir como lentamente ese sentimiento de vacío volvía a aflorar dentro de mí. -¿Realmente es verdad? o solo son escusas que te pones para no admitir que te equivocaste –Dijo una voz en mi interior. -Que tomaste una mala decisión y que desde ese momento tu vida se había acabado. Habías renunciado a todo y dejado todo lo que conocías atrás con la única esperanza de poder ser feliz junto a tu amada, y ahora te arrepentías de siquiera haber pensado alguna vez que eso era posible. Sabias la verdad, la supiste todo el tiempo. Sabías que el mundo jamás iba a aceptar una relación como la de ustedes 2. Sabías que era una causa perdida y aun así continuaste. Te creías un adulto en ese momento, te creías muy listo pensando que le podrías dar la vuelta a las cosas y que podrías tener un final feliz. Pero la verdad es que no eras más que un niño, un mocoso que tiro toda su vida y su futuro a la basura por creer en cuentos de hadas. Me das pena Pines, pese a todo lo que te hice, nunca creí que el que terminaría por destruirte completamente serias tú mismo. Tú y tu tonta estupidez, me resulta tan gracioso que apenas y puedo contener la risa.

-Yo… Yo… -Las palabras se me atragantaban en la garganta, incapaces de salir, incapaces de expresar, incapaces de negar que aquella odiosa voz tenía razón. Todavía puedo escucharla, a ella y a su odiosa risa que no me ha abandonado desde aquella vez, desde aquel maldito día. –Yo… -De repente sentí como unos brazos me rodeaban y me llenaban con un calor reconfortante.

-Dipper, lo siento. No quería hacer esto. No te preocupes, ahora ya todo está bien… ahora yo estoy aquí –Podía escuchar como la voz de Pacifica intentaba reconfortarme mientras me acariciaba delicadamente la cabeza. No sé en qué momento ella se paró y se puso a mi lado en el sillón, tampoco sé en qué momento las lágrimas se empezaron a desbordar por toda mi cara ni cuando empecé a sentir tanto frío. Intente contestar, intente decir algo, pero las palabras no me salían. Al final, lo único que pude hacer fue apretujarme más contra Pacifica y llorar, intentando apartar todos los pensamientos que me torturaban en ese momento.