Capítulo 4

*Pereza*

Quiero a alguien menos ocupado—

—Tiene un maryoku muy extraño—siseó Murata, estando ambos chicos ocultos detrás de unos cuantos libreros de la enorme biblioteca mientras que escuchaban a Günter canturrear en busca del Rey en las salas aledañas—Ilusionista: Lo que ella crea son realidades alternas que, sin embargo, no afectan a la verdadera ¿Comprendes? Lo único que hace es "dormirte" y hacerte soñar.

—¿Es un fraude?

—Sí—sonrió Murata, escuchando a lo lejos los llamados de Günter, de quien se ocultaban para poder hablar a gusto.

Yuuri se había asegurado de que Hisae no anduviera cerca al momento de comenzar con la charla, por lo que no tenían que cuidarse demasiado de ella también. Tenía que admitir que, de cierto modo, era un poco deprimente que la chica hubiese resultado ser un fiasco pues comenzaba a emocionarle eso de ver a Wolfram con sus diversas variantes—le gustaba ponerles apodos a cada una de ellas—y a sí mismo con diversas profesiones aunque, a decir verdad, la ultima "ilusión", como les había llamado Murata, no había sido demasiado satisfactoria: después de todo, él en verdad era un Rey.

—Vaya, que pena—murmuró con un leve puchero—Pero bueno, tampoco me quedé muy conforme con Wolfram Lujurioso, Wolfram Puños de Acero y mucho menos con Wolfram Cordon bleu.

—Lo malo de esa clase de magia, Shibuya, como ya te diste cuenta, es que solamente ella la controla—advirtió Murata. A Yuuri no le gustó adivinar cierto brillito divertido en sus ojos—A ello que te diera un conjuro para que le hicieras saber en qué momento desvanecer su ilusión. Esto puede tornarse un poco complicado en caso de que algún "Wolfram" de tus sueños te haga daño y no puedas decir la bendita frase de salida ¿comprendes?

—O sea que, a fin de cuentas, si resulta ser peligrosa… digo, para mí, a pesar de practicar "el arte fantoche".

—Sep.

—¿Qué se puede hacer?—preguntó Yuuri un tanto asustado, recordando que Wolfram Lujurioso había sido un problema para su integridad física (por sus arranques emocionales y hormonales, ¿quién quitaba que no le hubiera dado alguna clase de paro cardiaco tratando de satisfacerlo?), que Wolfram kick ass había sido un peligro con puños envueltos en guantes de velcro y que el Wolfram cordon bleu había tenido cuchillos de acero demasiado cerca y sabiéndolos usar muy bien.

Por como habían terminado las cosas en sus últimos tres deseos… bien podría haber pasado algo que le impidiera gritar "¡Me arrepiento de mi deseo!". Afortunadamente, tenía demasiada fuerza de voluntad.

—Uhm… supongo que lo mejor sería cumplirle su capricho de la nueva casa y eso—asintió Murata, chupando sus labios. Günter, en ese momento, dio con ellos y echó a andar por el corredor para pillarlos. Los dos chicos suspiraron.

Yuuri encaró al Consejero y, sin perder tiempo, dijo:

—Günter, necesito pedirte un favor.

Nadie dejó pasar desapercibido el brillito triunfante en las mejillas y ojos de aquel atractivo hombre de cabellos lilas.

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Cuando Yuuri entró a la habitación, vio a Wolfram inclinado sobre la mesilla de noche, rebuscando en los cajones de forma vertiginosa. El Maou le escuchó chasquear la lengua varias veces y, al final, darse por vencido con una palmada sobre sus piernas.

—¿Has perdido algo?—se animó a preguntar.

Wolfram le observó con aire ceñudo.

—Olvidar en donde se dejan las cosas no es "perderlas"—rebatió—No sé si dejé mi esclava aquí o en mi recámara… o en algún otro lado.

Yuuri se sentó en la cama, al lado contrario de donde se encontraba Wolfram y se tiró sobre una almohada al tiempo que ponía los ojos en blanco.

—¿Cuál esclava?

—Una que me regaló mi tío hace años—respondió con ligera molestia—pequeña, plateada, mi nombre grabado en la placa, fácil de atorar en las riendas del caballo y provocar accidentes—describió, un tanto quejumbroso. Yuuri no tuvo ninguna leve impresión de recordar dicho objeto: Wolfram no era de usar demasiada parafernalia, así que, cuando lo hacía, era fácil olvidarlo—En fin, no sé ni porque me acordé de ella—dijo, encogiéndose de hombros y levantándose—Tengo hambre—cambió abruptamente de tema, llevándose una mano al estomago. Miró de reojo a Yuuri y se mordió los labios—Lástima que se terminaran los chocolates anoche.

Yuuri, rememorando una escena bastante peculiar de la noche pasada en la que sus ojos estuvieron vendados, estuvo boca abajo y con las manos atadas a los postes de la cama, puso los ojos en blanco una vez más. Ya se imaginaba a Wolfram a sus espaldas, degustando el licor que rellenaba los pequeños chocolates mientras que ideaba la sarta de perversiones que le hizo después. Para Yuuri había una combinación bastante efectiva en noches como aquellas que le gustaba demasiado: Sexo-dormir, por lo que, para cuando Wolfram se la cambiaba a una un tanto más sexo-palabrería-sexo-palabrería-sexo-adormecimiento de extremidades por bondage-dormir, se sentía como si un rinoceronte lo hubiera arrastrado por el suelo con las patas.

Viendo las cosas ahora—su relación tan "bien parada"— se preguntaba si debería de contarle lo que pasaba con Hisae a Wolfram, eso muy probablemente significaría algo así como "muerte segura por achicharramiento" pero, ya que Murata lo sabía, ¿por qué no Wolfram también?

De inmediato, la voz cotilla hizo su dramatización dentro de su atribulada cabeza:

"Oye, Wolf, hace tiempo me topé con una chica cumple deseos: terminé pidiéndole que fueras más inocente, menos explosivo y, por error, menos insaciable en la cama…"

"¿Y por qué demonios pides deseos en mi nombre?"

"Soy tu pareja, tengo derechos sobre ti"

*Inserte el golpe por desacuerdo aquí*

—¿Me acompañas por algo de comer?

—Claro—sonrió Yuuri, sintiendo una juguetona gotita de sudor resbalando por su sien izquierda.

En esos momentos, Greta debía de estar en las habitaciones de Cecile o pasando el rato con Anissina y el trío dinámico del servicio quizás, Günter había desistido en sus intentos de hacer que Yuuri repasara la historia de Shin Makoku y Gwendal, estaba seguro el Maou, prolongaba el momento de llamarle para trabajar por no querer más accidentes "de oficina"—como aquella vez en la que Yuuri había tirado el tintero encima de un tratado de paz importantísimo porque Wolfram le había acorralado contra la mesa—por lo que, podría decirse, tenía la tarde libre. Los pasillos del Pacto se encontraban en esos momentos completamente desiertos por lo que, portarse un poco cursis en ese instante no les costaba demasiado: en Shin Makoku, incluso tomar de la mano a tu pareja en público podía llegar a considerarse osado, besarla aun más. Nobles como Wolfram se cuidaban de proyectar malas imágenes ante la sociedad, cuantimás él como Rey, además de que el exhibicionismo comenzaba a pasar un tanto de moda.

Fue Yuuri quien se alcanzó la mano de Wolfram y entrelazó sus dedos con los del guaperas rubio, apretando con fuerza, quizás más de la necesaria.

—Enclenque ¡Asustas!—se rió el rubio, mirándole de pies a cabeza—Cualquiera diría que estas enamorándote de verdad.

—¡Pe-pero si sí lo estoy!—tartamudeó Yuuri, enrojeciendo hasta las raíces del cabello cual termómetro que ha sido colocado al lado de una caliente olla de presión—Wolfram, te a-a…—Y, dato curioso, esa frasecita nunca les había salido a ninguno de los dos. Wolfram pareció contenerse para no soltar una carcajada burlesca—Te a-a…

—Vamos, Yuuri, te daré un premio si lo logras—echó a reír el rubio, soltándole la mano y metiendo ambas en los bolsillos de su pantalón. Incluso Yuuri comenzó a reír.

—De acuerdo, veamos quien lo logra primero—retó el Maou, dándole un empujón en el hombro, el rubor continuaba en sus mejillas—No es algo fácil.

—See—asintió Wolfram—cuesta.

—Ajá. ¿Alguna vez se lo has dicho a alguien?—y el rubor se acentuó en la inocente cara del Rey.

Wolfram, a su lado, negó lentamente con la cabeza.

—Nunca nadie ha valido la pena para hacerlo—confesó.

—Ya veo—asintió Yuuri, pasando saliva.

Repentinamente, Wolfram detuvo su andar aferrando su brazo y le arrinconó contra la pared a su costado. Sus labios suaves como la seda chocaron contra los de Yuuri y la respiración de ambos se acompasó a un ritmo único. Yuuri sentía su corazón latiendo a mil por hora y casi podía escuchar el de Wolfram a la misma velocidad.

—¿Y que si lo digo ahora?—susurró el mazoku.

—Oh, no tienes porq…—pero un largo dedo del tercer hijo de la ex-Maou sobre su boca le frenó las palabras. Wolfram se alzó de puntillas ligeramente para quedar más alto que él y pegó su boca al oído del Rey—Te amo, Yuuri—susurró, de la forma más jodidamente sexy que el Maou pudiese haber llegado a escuchar en toda su enclenque vida. Sintió los dientes de Wolfram haciéndose con su lóbulo y las piernas se le hicieron de mantequilla. De no haber sido porque Wolfram le arrinconaba contra la pared, hubiera terminado de rodillas en el suelo.

Era un infeliz por sentirse de aquella forma ante ese sujeto, estaba seguro, y Wolfram era un desgraciado por hacerlo sentir así: ¿Qué demonios habían tenido Cecile y el padre del ex-Príncipe en los genes para haber traído al mundo a semejante derroche de perfección y belleza? Narciso [2] se sentiría opacado ante él y se vería indiscutiblemente obligado a suicidarse lanzándose a las aguas… de nuevo. Wolfram von Bielefeld era el espécimen que se había fugado de las manos de los antiguos griegos y que estos se habían quedado con ganas de estudiar por su perfección y belleza.

…O quizás veía a Wolfram de esa manera porque estaba muy enamorado, realmente, la mayoría de las personas—Günter—pensaban que Wolfram era un chiquillo mimado y apocalíptico.

—No me hagas esto—suplicó Yuuri, sujetándose a los hombros de un complacido-por-el-efecto-de-sus-palabras-Mazoku—Haces que me sienta ridículo y torpe.

—Ese es el punto.

—Bueno, ya, me siento acosado, quítate—pidió el Rey, posando sus manos sobre los hombros de Wolfram con más fuerza y alejándolo—Iuuuffff, tu sí que sabes hacer que me tiemblen las piernas.

—Creí haberte demostrado ya eso anoche—se encogió de hombros el rubio, echando a andar en dirección a las cocinas de nuevo.

En ese momento, uno de los miembros de la guardia real apareció por un extremo del pasillo, haciendo un gesto de agrado al ver a Wolfram y andando en su dirección.

—Su Majestad—saludó a Yuuri—Su Excelencia—se giró hacia Wolfram—von Voltaire-kyo pide verlo en sus oficinas, es un asunto urgente—informó.

—¿Ah?—y Yuuri pudo escuchar claramente la protesta dada por el estómago del rubio—Ya que—y se encogió de hombros. El soldado reverenció ante ambos y se dio la vuelta. Wolfram estampó sus sedosos labios una vez más contra la boca de Yuuri (para no perder el efecto antes conseguido) y con un gesto de la mano echó a andar resueltamente hacia donde su hermano.

Yuuri no sabía si decir "rábanos" o "coles": ¿Qué no se suponía que iban a por algo de comer?

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—Conrad ¿Cómo ves a Wolfram?—preguntó Yuuri aquella tarde mientras que le hacia un pase largo a su padrino.

—Comúnmente, su Majestad: rubio y de ojos verdes—Ja, ja, ja pensó Yuuri, sintiendo que no podría atrapar la siguiente bola por el repentino chiste de mal gusto del castaño. Conrart pareció notar su poco tino y soltó una de sus sonrisas conquistadoras—¿A qué se debe la pregunta, su Alteza, y como debo responderla?

—Pues… es decir, si tuvieras que definirlo en pocas palabras ¿Cuáles serian? Es que… ¿Soy muy quejumbroso? ¿Hacemos buena mancuerna o no?—quiso saber, recordando los resultados de sus malos deseos con Hisae y la pésima sensación que estos le dejaban.

Y Conrart soltó la sonrisa más reluciente que tenía en su arsenal, ocultando detrás del destello de sus blancos dientes la frase "No quiero hablar de eso" por la simple ecuación "Rey/ahijado + ex-Príncipe/Hermano menor = PA-RE-JA/Relaciones intimas". En su memoria se encontraban aun todas las veces que le había dado el biberón a Wolfram como para aceptar que ya era un niño mayor que hacia esa clase de cosas… ¿A quien quería engañar? La verdad era que le daba ñañaras el hecho de que su imaginación fuera desgraciadamente productiva y fuera capaz de ponerle una "imagen" a cada "palabra" que escuchaba, como si su cerebro fuese alguna clase de memorama. See, era más miedo al memorama que otra cosa.

—Ustedes han formado un vínculo demasiado valioso y fuerte, su Majestad—respondió, deseando poder salirse por la tangente pronto.

—Sí, pero… Conrad… ¿Cómo nos ves… como pareja?

Yuuri casi pudo escuchar la saliva pasando por el gaznate del León de Rutenberg y ver su manzana de Adán subir y bajar.

—Estables—siseó el castaño mientras que comenzaba a divagar automáticamente, mirando al cielo y pensando en... muffins de nuez.

—¿Estables?

—Que no cambian mucho…

—¡Sé lo que significa estable!—se rió el Maou—Pero, ya sabes ¿Algún consejo?

—Ah…

—…De…

—Eh…—La cara de Conrart era una oda al "quedarse en blanco"—Co… ¿coma frutas y verduras?

Y Yuuri, echando a reír alocadamente, se preguntó qué tan enserio lo habría dicho. Esos eran los "consejos" que más valía la pena tener de su padrino.

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Cuando al fin cayó la tarde, con la mano un poco adolorida por firmar tantos papeles en la oficina—luego de que Gwendal no pudiera seguir prolongando eso por más deseos anti-desastres que tuviera—Yuuri pudo volver a su habitación y tumbarse en la cama.

Ya había estudiado con Günter durante la mañana—ya había tenido su tercer deseo fallido también antes de eso—ya había comido lo que tenía que comer—incluso lo que Wolfram no había podido comer por causa del llamado de Gwendal: era bueno ser acomedido con tu pareja y pensar en él al llevar a cabo algunas acciones… algunas solamente, tampoco quería convertirse en alguna clase de pervertido mental—ya se había divertido con Conrart—en varios aspectos, sobre todo gracias a que Conrart le había entretenido con una charla sobre los tipos de muffins que comía en la Tierra cuando residía allá—ya había trabajado con Gwendal lo que tenía que trabajar—see, eso sí lo había hecho en todo el sentido de la oración y sin escalas—y ahora podía prepararse para esperar a Wolfram y pedirle, a lo mejor, que repitieran un poco del jugueteo de la noche anterior.

Sin embargo, grande fue su decepción cuando, pasadas las horas, Wolfram no apareció.

Esa clase de cosas eran las que, de cierto modo, le hacían pensar que Wolfram si era alguien desconsiderado, tal y como decía Günter a veces. Muy seguramente, Gwendal lo había enviado a alguna clase de misión… y se había largado… sin decirle nada…

Yuuri se levantó de la cama y salió a preguntar a uno de sus pajes si sabía algo de Wolfram. El hombre, siempre apostado a las afueras de la habitación del Maou ante cualquier necesidad que este pudiera tener, dijo creer haber escuchado que "von Bielefeld-kyo saldría a una pequeña expedición a las afueras de la capital puesto que se habían presentado ahí unos cuantos disturbios y se le había solicitado". Yuuri, torciendo el gesto, dio las gracias y se coló de nuevo en su habitación, tumbándose una vez más sobre el lecho ahora con expresión aburrida.

No le gustaba pasar las noches solo, tal y como se lo había dicho a Hisae. Le gustaba rodar por el colchón y chocar con Wolfram y algunas veces hasta acomodarse contra su clavícula y dormir ahí, calentito, mientras que los respiros profundos de Wolfram le removían el cabello de la coronilla. Eran más las noches que pasaba con Wolfram que las que pasaba sin él por lo que era fácil sentir incomodidad ante su ausencia, simplemente, esta no le gustaba.

Fastidiado, se arrastró hasta la cabecera de la cama y se quedó un rato sentado contra ella, con la vista clavada en el vacío, casi con la misma expresión del niño consentido que ha sido privado de su mayor fuente de entretenimiento.

En ese instante, Hisae apareció en medio de una nube cargada de volutas grises platinadas, su cabello estaba curiosamente blanquecino y vestía lo que parecía ser un camisón, afortunadamente, muchísimo más largo y opaco que los que Wolfram acostumbraba a usar. Yuuri la miró sin mucho interés.

Maou heika, lo noto aburrido—sonrió, andando hacia él y sentándose al final de la cama, viendo como los ojos de Yuuri la recorrían de arriba hacia debajo de la misma forma en la que se haría con un poste.

—Lo estoy—se limitó Yuuri a murmurar.

Hisae pareció animarse con esas palabras y, alejando su cabello de sus hombros con un movimiento de la mano, ensanchó su sonrisa con ganas. Yuuri no pudo evitar recordar que Murata la había llamado "farsante" y eso le creó una especie de desilusión en el pecho. Se sentía embaucado por la mujer que tenía delante y eso no era algo que le gustara en lo más mínimo.

Suspiró y se propuso hablar, sin embargo, ella le interrumpió antes de que consiguiera hacerlo.

—Si desea entretenerse un poco, Maou, sabe que puede contar conmigo plenamente. Solo diga yo deseo y lo tendrá—canturreó, siempre con esa voz que pretendía ser amable y que, en el fondo, sonaba igual que una chicharra taladrando los tímpanos de alguien por el simple gusto de hacerlo.

Yuuri negó lentamente con la cabeza, aun sin alejar la vista del punto ciego en la alfombra delante de la cama. Hisae ladeó la cabeza para encontrarse dentro de su campo de visión.

—No me satisfaces—murmuró el Maou.

—¡Eso no es algo que deba decírsele a una mujer!—exclamó la genio, un tanto divertida otro tanto molesta—¡No se comporte grosero después de todo lo que he hecho por usted! ¡"No me satisfaces"!—arremedó, frunciendo el ceño y haciendo aspavientos con las manos—Ya quisiera ver la cara que pondría usted al saber que fui yo quien le concedió al ahora Dios de esta nación uno de sus deseos más grandes: un potro cuádruple —y rió complacida, aunque poco después, su sonrisa se escurrió por su boca hasta borrarse—Y luego el maldito pilló que era una ilusión y me encerró en esa lámpara durante siglos...—contó, posando sus manos en su sobresaliente cadera para después mirar al techo.

Yuuri, mientras tanto, había comenzado a prestar un poquito más de atención a la conversación. Miró a Hisae y la recorrió una vez más de pies a cabeza.

—¿Hablas de Shin-Ou? ¿El te encerró en esa lámpara que Murata rompió?—preguntó, aunque con aire ido aun.

Hisae asintió con la cabeza, aunque de la misma forma en la que lo hubiera hecho alguien que sigue el movimiento de alguien más por mero reflejo, o sea, lento.

—Ese era su nombre—dijo, con cara de nausea.

Yuuri no supo que decir por un largo momento. Sus ojos oscuros estaban clavados en los brillantes de la chica y en un momento le resultó demasiado simple perderse en ellos, dejando de pensar en cualquiera que fuera la cosa que tenía en la cabeza en ese momento. El Rey encogió las piernas contra su pecho y las abrazó, apoyando la barbilla en sus rodillas.

—O sea que no es la primera vez que sales—Murmuró por fin.

—¡Por supuesto que no!

—¿Y cómo fue aquella vez? ¿También rompieron tu lámpara? ¿También le concediste deseos a algún otro tonto que se dejó embaucar?—y se dio una patada mental al notar que se acababa de decir "tonto" a sí mismo.

Hisae sonrió.

—En aquel entonces yo aún era… "normal"—y sonrió aun más al encomillar la última palabra dicha con sus largos dedos de uñas oscuras—Aunque tenía un majutsu demasiado particular: ilusorio, así se le llamaba en ese tiempo (ahora le llaman "el arte fantoche")—Yuuri se ruborizó: quizás Hisae si había escuchado un poco de su conversación con Murata en la biblioteca—Uhm… no era algo común, sabe, y precisamente por eso, tampoco era muy apreciado.

—Oh… Bueno, creo que eso pasa en todas partes y con muchas cosas…

—Eso creo también—asintió Hisae. Su rostro se tornó levemente sombrío por un momento, luego volvió completamente a la normalidad, tan fresca y fastidiosa como siempre—Dígame ¿querrá un deseo más para entretenerse?

—No.

—Aguafiestas. Los hombres siempre son aguafiestas—se quejó.

Yuuri, sentándose ahora en la posición del loto, respiró, inflando sus mejillas y soltando el aire contenido en ellas de manera muy lenta. La ausencia de Wolfram ya no le resultaba tan pesada si Hisae estaba ahí para entretenerle un poco, charlando.

—Habías mencionado que no tenias demasiada experiencia con los hombres—recordó Yuuri, mirando el enorme techo decorado de la habitación real. Hisae corroboró sus palabras con un seco asentimiento de cabeza.

—¿Y eso qué?

—Pues ¿Cómo puedes decir que todos los hombres somos unos aguafiestas si no has conocido a muchos?—preguntó el Maou, viendo con cierto gusto como las mejillas de la genio comenzaban a arrebolarse. La mujer se levantó y anduvo en dirección del balcón más cercano a la cama, apartando de su camino la cortina con un empujón de la mano y pegando la frente al cristalino vidrio.

—No es necesario conocer a "muchos" para darse cuenta—murmuró por lo bajo.

—Nos estás metiendo a todos en un mismo saco por malas experiencias pasadas ¿no es así?—apedreó Yuuri sin darse cuenta.

Hisae sonrió por lo bajo, de forma un tanto psicópata, demostrando tener un tic nervioso en su mano derecha.

—Quizás—admitió.

—Eso es injusto—rebatió Yuuri.

—Probablemente.

Y un silencio mortuorio se cernió sobre ambos por varios minutos.

Desde afuera de la habitación podía escucharse el paso constante de los guardias, el cambio de personal dispuesto para atender al Maou con el transcurso de las horas y el tic-tac continuo de un reloj de pie que Yuuri sabia al fondo del corredor, justo delante de la escalinata que conducía al piso del castillo dispuesto para él.

Hisae parecía haberse pegado al cristal del balcón por medio de la frente: sus brazos colgaban a los lados de su cuerpo y se balanceaban ligeramente mientras que ella murmuraba cosas como "no se puede creer en los hombres, te usan, se topan con una cara más bonita y ¡zan-se-acabó!". Yuuri se preguntó si sería bueno sacarla de su aturdimiento pues la mujer parecía haber caído en una repentina burbuja de depresión.

Fue hasta que la escuchó decir "¡Esa rubia no era más guapa que yo!" que decidió sacarla de sus cinco-minutos-Hisae.

Se levantó y anduvo en su dirección, pensando que pegarle un sobresalto llamándola desde lejos significaría provocar también que se diera un santo golpe contra el cristal en donde mantenía apoyada la cabeza. Una vez estuvo a sus espaldas, posó una mano en su hombro y, en efecto, la sintió saltar.

—Hey, estás empañando la ventana con tanto vaho—trató de reír.

Hisae se giró y le vio con cara de malas pulgas.

—¡Si a usted le hubieran enamorado, usado, después dejado por alguien más guapa y atractiva que usted y seguido usando para al final terminar encerrándolo en una caja de cristal por cientos de siglos, créame que también tendría ganas de empañar cristales con vaho!—chilló, con sendos lagrimones corriendo por sus mejillas.

Una gotita de sudor resbaló por las sienes de Yuuri. Algunas veces había visto a su madre llorar enserio y, cuando esto pasaba, sabía que debía procurar ser gentil… mientras emprendía la retirada. Tratar con una mujer llorosa y con sentimientos a flor de piel era como pisar un campo minado para un chico que nunca ha tenido mucha suerte con las mujeres: estaba seguro de que, si intentaba darle ánimos, terminaría haciendo que las cosas tomaran un rumbo malo… para él.

Levantó ambas manos en actitud conciliadora y soltó un suavecito "Je Je" que hizo que Hisae le mirara con turbación.

—Nunca he tenido suerte con los hombres—se quejó ella, con el mismo tono de voz de un ATM.

—Ni yo con las chicas—acotó él, encogiéndose de hombros.

—Pero usted ya tiene pareja—le recordó ella.

Yuuri, pasando saliva, asintió: una pareja… que no le avisaba cuando se marchaba por asuntos "laborales" y que lo dejaba pendiendo de las lianas de la necesidad tras haberle susurrado de manera súper sexy "te amo" al oído.

Repentinamente, una idea tonta le surcó la mente y, viendo el rostro alicaído de Hisae, recordando las palabras de Murata sobre las ilusiones que ella creaba, se encogió de hombros y dijo:

—Hisae, yo deseo que Wolfram sea una persona menos ocupada, que no tenga que hacer demasiado traba…

Pero, antes de que pudiera terminar con la oración, la genio ya había sonreído encantada y había chasqueado los dedos, volviendo "realidad" el deseo del Maou.

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Aquello ya se estaba volviendo una costumbre. Apenas abrir los ojos, Yuuri ya sabía que se encontraba en uno de esos universos alternos de Hisae, claro, y ya comenzaba a saber cómo apostar las piernas firmemente en ese terreno para no caer de espaldas al toparse con las varias sorpresas que esos mundillos siempre le destinaban. El saber ahora que se trataba de meras ilusiones le hacía casi sentir que se encontraba dentro de un juego de video sin embargo, mantenía constante en su mente el detalle malo de la cosa: si no podía pronunciar "¡Me arrepiento de mi deseo!" probablemente estaría perdido… pero hasta el momento, las cosas habían ido la mar de bien así que no tenia porque preocuparse.

Miró en todas direcciones para intentar ubicarse y se sorprendió al descubrir que se encontraba en el pasillo que conducía a la enorme biblioteca del Pacto de sangre. Un reloj de pie, colocado al final de este, marcaba la media noche con apenas veinte minutos.

Yuuri arqueó las cejas: a decir verdad, a esa hora él ya hubiera estado dormido.

Se rascó la nuca con cierta duda y echó a andar en dirección de la grandísima biblioteca, descubriendo la puerta de doble hoja ya abierta. En ese momento, se sintió sumergido en alguna especie de película de terror en la cual, luego de entrar a una habitación oscura, salía alguna clase de bestia sobrenatural con el propósito de comerse al protagonista. Con un escalofrío, posó la mano en una de las hojas del portón y se decidió a empujar. Era tonto que se sugestionara de esa forma… pero, en eso, un fuerte "rugido" le sobresaltó.

Terminó de abrir la puerta y entró de una buena vez a la enorme habitación, descubriendo que el sonido que había confundido con un rugido, había sido simplemente un ronquido proveniente de una mesa larga ubicada al fondo de la recámara sobre la cual se encontraban colocados montones y montones de libros iluminados por grandes quinqués de cristales tintados en suave amarillo.

Yuuri respiró profundamente, sonriendo ante la tontera que le había pasado por la cabeza momentos atrás y, con paso resuelto, anduvo en dirección de la enorme mesa que tenía delante mientras que echaba un vistazo a su alrededor. Tal y como había pasado con el deseo anterior, las cosas parecían ser exactamente las mismas que en Shin Makoku: los estantes que él reconocía estaban en su sitio, el enorme mapa del Reino también, los ventanales mantenían sus cortinajes abiertos permitiendo el paso de la luz de la luna llena a la sala… Ahora, comenzaba a preguntarse con qué clase de Wolfram se toparía.

Y la respuesta a esto le llegó en cuanto se encontró delante de la mesa.

Un siempre atractivo Wolfram estaba tumbado sobre la mesa, con el rostro hundido entre los brazos y murmurando cosas ininteligibles por lo bajo. Yuuri sonrió casi con ternura al creerlo demasiado cansado por haber estado repasando temas hasta tarde pero ¡Oh, bendita sorpresa que siempre caes cuando la gente menos se lo espera! Se llevó cierta impresión al ver que el libro aun se encontraba colocado en la primera página del prologo, como si lo hubieran abierto solamente para aparentar. Viendo a su alrededor, todos los demás libros parecían colocados sobre la mesa como parte de un montaje y nada más.

Posó su mano sobre el hombro de Wolfram y lo removió con cierta fuerza pues sabía que el mazoku era de sueño pesado. Después de unos cuantos empujoncitos, Wolfram se encontró plenamente despierto aunque con los ojos un tanto apagados aun por el sueño, mirándole con aire ido.

—Wolfram, si tanto sueño tienes ¿Por qué no vas a la habitación?—preguntó Yuuri.

Los ojos verdes como lagos profundos del tercer hijo de la ex-Maou le analizaron de pies a cabeza durante un segundo antes de responder.

—Porque es aburrido estar ahí—respondió con un encogimiento de hombros.

Yuuri le vio levantar la mano para comenzar a rascarse con aire pasivo el lóbulo de la oreja izquierda y mirar hacia la puerta con ojos vacios. Torció el gesto al percatarse de que este nuevo Wolfram era casi como el Cordon bleu solo con la diferencia de que este parecía ser desapasionado al mismo extremo que el otro obsesivo con su trabajo.

Wolfram se llevó una mano a la boca para contener un bostezo y, tras eso, tomó el libro que tenía delante para comenzar a hojearlo con ritmo pausado, deslizando su dedo por el borde de las páginas casi como quien busca una palabra en el diccionario y muda la hoja velozmente al no encontrarla. Yuuri sabía que ni de broma estaba leyendo. Era solamente como si quisiera aparentar.

—Estoy aburrido—murmuró Wolfram tras un momento de silencio, sin dar la impresión de querer alguna clase de respuesta o comentario ante sus palabras.

—¡Pero si acabas de despertar!—exclamó Yuuri, frunciendo el entrecejo.

—Incluso dormir me parece aburrido, sabes—comentó el rubio, apoyando el codo en la mesa y posando el libro que fisgoneaba más cerca de su rostro, como si le incomodara tenerlo demasiado lejos.

Yuuri enarcó las cejas enormemente mientras que veía a Wolfram hojear el libro hasta sus páginas finales, tomar otro y comenzar a hacer lo mismo que con el anterior. Le costaba un poquito de trabajo visualizar a un Wolfram así, tan apagado y de aire aburrido, siendo que era Wolfram el delicioso sazón del platillo que componían todos en el Pacto de Sangre. Como Yuuri veía a su pareja, este era una flama danzante imposible de ignorar por alguien debido a la enorme fuerza de su personalidad, sin embargo, ese Wolfram que se le presentaba ahora era la llamita de una cerilla a punto de extinguirse.

Soltó un suspiro profundo, dispuesto a exclamar "¡Me arrepiento de mi deseo!" para poder marcharse de esa ilusión tan extrañamente apagada cuando, de golpe, la puerta de la biblioteca se abrió, dándole paso a un iracundo Gwendal que anduvo hacia ellos con el rostro ceñudo, recordándole al joven Rey el andar pesado de un rinoceronte enojado.

—Wolfram, te pedí un reporte sobre el estado de las tropas apostadas en las fronteras de la capital para esta tarde y no entregaste absolutamente nada ¡¿Qué demonios es lo que pasa contigo?!—bramó el General, ignorando completamente la presencia de Yuuri en la habitación.

Wolfram respiró profundo.

—Gwendal, mi querido hermano mayor—comenzó, pintando en sus labios una sonrisilla traviesa que pretendía suavizar las sienes de venas palpitantes del General—Quiero que sepas que comencé la elaboración de ese reporte—y señaló con el dedo un rollo de pergamino colocado a su lado, un tanto manchado de tinta y mal enrollado—sin embargo, no me gustó del todo la redacción que estaba empleando en él (con decirte que cometí el error de poner "rojo esmeralda" en vez de "rojo escarlata" por mi poca concentración, fallas como esas no son dignas de mostrarse ante tus sagaces ojos), por lo que me di a la tarea de analizar viejos reportes archivados en expedientes de la biblioteca—y palmeó con su blanca mano uno de los montones de libros que tenía a su lado derecho, Yuuri, mientras tanto, rodó los ojos: Wolfram estaba ornamentando una excusa muy bien pensada con anterioridad para apaciguar la ira de Gwendal, eso seguro—sin embargo, tienes que admitir que ha habido sucesos bastante interesantes en Shin Makoku las últimas décadas que valen muy bien la pena rememorar o conocer.

»Lamento confesar que me sentí tan intrigado al respecto de algunos de ellos que, leyéndolos, se me fue completamente el tiempo y olvidé de lleno el reporte—y negó con la cabeza de forma teatral, como diciendo "No tengo remedio"—. Lo lamento, hermano mayor, es solo que quedé demasiado impresionado con todos los reportes que hablan sobre ti. Ahora recuerdo porque yo deseaba fervientemente que fueras tú el sucesor de madre cuando ella bajara del trono—Y miró a Yuuri—Sin ofender.

—Ah, descuida ¿Ya qué?—se encogió de hombros Yuuri, después de todo, aquello era cierto.

Gwendal, delante de ambos, respiraba de la misma forma en que hubiera hecho un toro que está dispuesto a cornear.

—Gwendal, lamento mi distracción—sonrió Wolfram levemente, fingiendo estar apenado, poniendo una expresión afligida en su rostro de ángel. Yuuri casi rió al ver a Gwendal suavizar su expresión severa: por algo, las cosas lindas eran su punto débil—Si me das tiempo, puedo entregarte el reporte.

El General meditó la propuesta por un tiempo y terminó aceptando mientras se sobaba la sien derecha con un par de dedos.

—Mañana al medio día.

—¡¿Ah?! ¡¿No puede ser para la siguiente semana?!

—¡Wolfram!

Y Yuuri casi se fue de espaldas. No sabía si reírse de ese Wolfram cínico o si llorar precisamente por su descaro.

Tenía en claro que había deseado que Wolfram fuera alguien con menos trabajo, sin embargo, Hisae le había regalado a un fresco que lo tomaba y lo lanzaba por la ventana sin vergüenza alguna para irlo a buscar de nuevo cuando se le diera la gana, claro, en caso de que esto ocurriera alguna vez.

No, no, prefería al Wolfram que saltaba al lomo de su caballo incluso antes de que Gwendal terminara de dictarle su misión.

Con una risilla dada por medio de su nariz, murmuró "Me arrepiento de mi deseo" y se vio envuelto por la nube gris que le regresaría a su realidad.

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Cuando despertó, tumbado en el suelo de su habitación, Hisae había desaparecido y el ruido de agua cayendo en el cuarto de baño era latente. Se desperezó y se incorporó con cierto dolor en la espalda y el cuello.

¿Wolfram había llegado y lo había dejado tumbado en el suelo?

¡Qué considerado!

Se incorporó y, en cuanto terminó de sacudirse las partes bajas y traseras de su pantalón, vio a Wolfram salir del cuarto de baño con una toalla blanca envolviendo su cintura. Yuuri agradecía que, cuando Wolfram tomaba duchas en el gran baño real, ni Cecile ni los criados que se ofrecían a lavarle la espalda se encontraran ahí, la verdad era que, desde que se habían convertido en amantes en todo el sentido de la palabra, el hecho de que alguien más viera al príncipe malcriado le ponía en guardia—y de malas—. Era un chico celoso y desconfiado, sí, pero Wolfram lo era también, así que su balanza estaba equilibrada en niveles iguales.

—Al fin despertaste—saludó el rubio, secándose el cabello sin mucho cuidado.

Yuuri torció el gesto.

—O sea que llegas, me ves tirado en el suelo y te pasas al servicio como si nada ¡Eres un dulce, honey-chan!

Wolfram puso los ojos en blanco.

—¿Y quién soy yo para evitar que duermas en el suelo si ese es tu deseo?—preguntó el tercer hijo de la ex-Maou con un encogimiento de hombros—Si te consuela, me aseguré de que no estuvieras muerto antes de pasar al aseo—contó, sacando su pijama de debajo de la enorme almohada que le correspondía y poniéndosela velozmente para poder meterse bajo las mantas.

—¡¿Y qué demonios hubieras hecho si sí lo estaba?!

—Pues llamar a Gwendal ¿Qué más?—y volvió a encogerse de hombros al tiempo que, ya con su pijama, tomaba sitio en su lado de la cama. Yuuri se fijó en que parecía verdaderamente cansado por lo que no insistió en sus reproches. Se sacudió una vez más la ropa y fue a su lado.

—¿Fue una misión dura?—preguntó, acomodándose de tal forma que sus ojos tenían la vista del agradable perfil del mazoku delante.

—Un tanto, pero mi guardia ya es experta en motines, son buenos chicos, trabajan rápido y eficientemente, así que esta vez no se complicó demasiado la cosa—y bostezó—Lo más pesado es fichar a los que participan en el altercado, revisar si ya tienen antecedentes, elegirles un castigo para evitar la reincidencia…

—Trabajas mucho, Wolfram—comentó, sonriendo ante el recuerdo del Wolfram de su deseo.

—¿Y tengo de otra? Soy un soldado apostado al servicio de su Majestad. Estoy dispuesto a dar mi vida por el Rey aunque… sea un… enclen…que—Pero Yuuri apenas y pudo escuchar sus últimas palabras pues Wolfram bajó el tono de su voz conforme fue quedándose dormido.

Yuuri se mordió los labios y se arropó con el edredón.

Con cada deseo que le pedía a Hisae, se daba cuenta de que, en verdad, Wolfram era perfecto tal y como lo tenía enfrente, no deseaba ya cambiar algo más de él.