Reto día 4: Oneshot basado en una canción triste.


Érase una vez…


Un final feliz


Si pudiera volver a nacer
te vería cada día amanecer
sonriendo como cada vez,
como aquella vez.

La playa- La oreja de Van Gogh


Observó el paisaje por última vez, la Tierra, el único lugar que podía denominar hogar.

—Es hora. —Escuchó las palabras del que en el pasado fue su más grande rival. Mostraba una sonrisa torcida y el ceño fruncido, expresión que demostraba solo ante la expectativa de una buena pelea.

Dio un paso hacia él y tomó su mano sin remilgos como los que en el pasado hubiera tenido ante tal acción, y asintió correspondiendo su misma expresión.

Goku posó dos dedos en su frente y desaparecieron de aquel planeta que los había acogido a ambos por tanto tiempo.

Tiempo después, en algún lugar lejano de la inmensidad del universo se registraron gigantescas explosiones de tipo súper nova.


Vegeta caminaba por un camino difuso por la neblina, vestido con su antigua y gloriosa armadura, mientras avanzaba hacia su destino múltiples recuerdos se amontonaban en su mente. Sucesos importantes que de algún modo lo marcaron para siempre y en la mayoría de estos aparecía un común denominador: Ella.

La primera vez que la vio llamó su atención de inmediato. ¿Qué hacia un ser humano débil, sin ningún poder en un planeta tan lejano al suyo y lleno de enemigos? Definitivamente algo no estaba bien en esa cabeza azul o realmente tenía agallas. Esa fue la única vez que demostró temerle. Lo recordaba como si lo acabara de vivir, él amenazó con matarla; si hubiera llevado acabo tal acción ¿qué habría sido de él? Sin duda hubiera sido condenado a una existencia vacía y a morir en el olvido.

Después de eso hizo la cosa más impensable, lo invitó a vivir a su casa. ¿Qué ser con una pizca de sentido común invitaría a su hogar a un asesino intergaláctico? Solo ella. ¿Por qué había hecho tal cosa tan insensata? Sus amigos la acusaron de loca, pero nunca le importó.

Sonrió de lado ante la astucia de esa mujer y sus maquinaciones, siempre lo sospechó pero no fue hasta muchos años después cuando ella se lo confesó realmente:


Fue imprudente lo que hiciste —le reprendió mientras la observaba sacar los últimos paquetes de ramen instantáneo de la alacena—. No debiste estarte viendo con Wiss sin consultármelo.

Vegeta, ¿desde cuándo tengo que consultarte mis cosas? Como si tú me pidieras permiso para hacer lo que se te viene en gana. Además ya te lo dije tenía un plan que casi arruinas.

¿Tu plan de hacerte su amiga y hacer que te proteja? Dime una cosa Bulma.—Cruzó los brazos y se dirigió hacia ella—. ¿Por eso me invitaste a tu casa hace años, cierto? ¡Querías que te protegiera de los androides!

Bulma tosió disimuladamente mientras seguía acomodando el ramen.

Eso fue hace mucho tiempo, Vegeta, ni siquiera recuerdo por qué te invité. —Cambió su postura y apuntó hacia el pecho de Vegeta—. ¡Además, en vez de reclamarme algo así, deberías estar agradecido de que lo hiciera!

Déjate de tonterías, te conozco demasiado como para saber que si fue así, solo falta que lo admitas.

Está bien. Si, tal vez lo hice, pero también lo hice por ser buena persona. Admitámoslo: en ese tiempo no podía estar segura de que de verdad lo harías. Eran tiempos peligrosos, Vegeta, a una pobre y delicada chica como yo no le venía mal un as bajo la manga y más con el panorama que nos esperaba según lo que dijo Trunks. ¿No estarás molesto por eso, verdad? Parpadeó con coquetería —. Después de todo te estaba ofreciendo bastante a cambio de algo incierto.

No voy a molestarme por algo que siempre supe, solo hacía falta que lo confesaras. Después de todo no eres buena o desinteresada como para hacer algo sin sacar ventaja.

¡Por supuesto que soy buena y desinteresada! —Se puso la mano en la frente fingiendo pesar—. Soy un alma bondadosa incomprendida incluso por su propio esposo. Es más. —Lo pasó de lado—. Para que veas lo buena y desinteresada que puedo llegar a ser, te espero en nuestra habitación para mostrarte unas ventajas extra de ese magnífico traje que diseñé y lo hago aun cuando piensas marcharte con Wiss quien por cierto puede esperar un poco más.


Una media sonrisa se dibujó en sus labios ante los recuerdos, definitivamente eran el uno para el otro. Siempre evitó pensar en lo que pudo ser si su planeta no hubiera sido destruido, pero en momentos había sido imposible no pensar en ello, él siendo el rey de todos los saiyajin, gobernando su planeta con mano firme, conquistando planetas a diestra y siniestra, construyendo su propio imperio con su gente, pero en esencia, totalmente solo, siempre solo. Porque no habría una reina tan digna como la que había elegido como compañera o más bien la que lo eligió a él, con un carácter tan fuerte capaz de rivalizar y superar al de cualquier mujer saiyajin.

No se imaginaba teniendo lo que tuvo con ella con alguna otra mujer aunque fuera de su misma raza. Cualquiera le pudo haber dado hijos que continuaran su linaje, pero ninguna le hubiera dado a sus dos orgullos: Trunks, un guerrero en toda la extensión de la palabra, tan letal y a la vez leal, y una princesa indomable capaz de poner a cualquiera en su lugar. No, porque ninguna mujer sería su Bulma. Si pudiera volver a nacer, no cambiaría su vida en la Tierra por un imperio.

Pensó en cuanto significó para él, recordó su risa escandalosa cuando se burlaba de alguien o las sonrisas de lado que dejaban claras sus intenciones y aquellas risas que solo le entregaba a él en momentos íntimos, momentos que habían marcado su vida.

Recordó su inteligencia e ingenio, como a pesar de parecer tan frágil demostraba tales agallas y tal valor para enfrentarse a los retos que se le presentaran, porque para ella no había enemigo que no pudiera ser superado, porque a pesar de no tener los grandes poderes de ellos poseía algo que iba más allá, aquello que la hacía tan especial unido a su gran belleza: un cerebro que superaba el de cualquiera.

Sin siquiera imaginárselo y a base de su terquedad se convirtió en algo vital para él, su compañera. La única digna de ser llamada así, la única capaz de llegar a él como lo había hecho, la única mujer capaz de despertar en el esos sentimientos que en un principio menospreció.

Muchos se preguntaban cómo habían terminado juntos, qué había pasado en esos tres años antes de la llegada de los androides y lo cierto es que ni él mismo lo sabía.


¿Sabes que muchos morirían por saber cómo fue que nació Trunks?

En ese caso yo podría hacerles el favor de matarlos por idiotas. —Le besó el cuello y pasó sus manos por su cintura listo para otro round—. Tal vez deberías contarles esa estúpida historia que le contaste a Trunks, la de los pájaros —puntualizo mordiéndole el lóbulo de la oreja.

Hablo en serio, Vegeta, no te imaginas las historias descabelladas que pasan por su mente, incluso suponen que me la pasaba llorando por los rincones por tu amor. —Se rio con algo de picardía—. Si supieran que lo único que deseaba era tu cuerpo —dijo bajando la mano por su abdomen hasta que Vegeta colocó sus piernas en su cintura en un rápido movimiento para dejarla bajo él.

¿Qué más suponen? —preguntó rozando sus caderas.

Que eres un Dios en la cama —le dijo y lo besó.

No todo lo que se dice es mentira, después de todo. —Le sonrió de lado.


Desafortunadamente no todo había sido pasión y buenos momentos, tuvieron muchos momentos difíciles, tuvieron que pasar por muchas dificultades y pruebas para poder llegar a ser en lo que se convirtieron.

Cada momento estaba grabado a fuego en su mente, cada acción y cada situación, cada palabra dicha con el fin de herir y desarmar, pues hasta ella, era lo único que sabía hacer, para lo único que había sido creado. Cada maldita lágrima que la había hecho derramar por su egoísmo, por su ceguera, porque tenía miedo a lo que estaba sintiendo. Pero ella siempre estuvo ahí, plantándole cara, la única con el carácter suficiente para soportarlo y enfrentarlo.

Ella siempre fue la raíz de todo, el comienzo y el final, su todo, y el día que la perdió una parte de él mismo se fue con ella, ese día parecía tan lejano y a la vez lo sentía tan próximo, recordaba cada palabra, cada latido de su corazón hasta que se detuvo.


Teniendo tanto poder, siendo uno de los seres más poderosos en todo el universo, se sentía completamente impotente, sin poder hacer nada por más que quisiera, porque el momento de decir adiós estaba cerca y ambos lo sabían, esta vez no habría Shenlong que le regresara la parte de su alma que estaba a punto de perder.

Por una vez no debía ser egoísta, dejar de pensar en él. Ella aunque radiante como siempre tenía un aire de cansancio, lo notaba en su andar pausado tan distinto al paso seguro y coqueto de siempre. Sus ojos se notaban nublados y cansados pero aún tan expresivos como siempre. Muchas mujeres perdieron su carácter y su esencia con los años, marchitándose, quedando solo el cascarón de lo que fueron, pero ella jamás. La abrazó con cuidado tratando de no lastimar sus frágiles huesos, tratando de unir su esencia a la suya, deseando poder pasarle su energía.

Deja de hacer esa cara o pensaré que estás enojado conmigo —le dijo medio en broma sacándolo de sus cavilaciones—. Aunque bueno, no es como si tuvieras otra. —Le sonrió.

Bulma… sabes por qué.

Tranquilo, no es tan malo, ya he estado muerta en otra ocasión ¿recuerdas? —Le sonrió mirándolo a la cara.

Lo recordaba, claro que lo hacía, esa vez a pesar de estar muerto él, cuando escuchó a Kakaroto decirle lo que había pasado sintió como si se abriera un agujero negro en su pecho que lo consumió por dentro, cómo olvidar el dolor, la angustia, ese sentimiento de pérdida. No, jamás lo superó y fue este un detonante, una luz en su mente que lo hizo comprender cuán importante era para él y lo que estaba dispuesto a hacer por ella. Él, un guerrero sumamente orgulloso había aceptado fusionarse con su más grande rival, aceptar que solo jamás hubiera podido hacer nada. A partir de ese día su actitud hacia ella había cambiado, se volvió más protector e incluso más cercano.

Sintió sus débiles brazos abrazar los suyos.

Bulma, hay algo que nunca te he dicho. —No terminó sus palabras pues ella puso sus dedos en sus labios.

Me amas, lo sé, no te preocupes, Vegeta, siempre lo supe. Era imposible que no te enamoraras de alguien tan hermosa e inteligente como yo.

Hablo enserio.

Yo también, nunca he necesitado que me digas nada, siempre supe quién eras y lo que me ofrecías, ¿y sabes? Superaste mis expectativas con creces. Y ya deja de preocuparte, nos volveremos a ver, te lo prometo. —Pasó el dorso de la mano por el rostro—. Te amo. —Y le sonrió—. Ahora deja pasar a nuestros hijos, quiero que estemos todos juntos.

Vegeta, con pesar, se levantó de su lado, al momento sintió su falta entre sus brazos.

Y Vegeta… —Llamó su atención una vez más—. Cuídalos.


Y ese día fue el último que la vio, murió con una sonrisa en los labios, rodeada de las personas que más había amado en la vida, su familia. Y desde ese día la había extrañado, su sonrisa, sus peleas, sus gritos, su manera de amar. La había extrañado como a una parte de él mismo: cada mañana, cada día, cada anochecer, cada vez que veía a sus hijos, a sus nietos, cada vez que respiraba.

¿Qué diría ella si supiera en lo que lo había convertido? En un ser vomitivamente sensible. Sonrió para sus adentros nuevamente, seguramente ella lo sabía y no tardaría en alardear sobre eso.

La neblina del camino disminuyó más y más dejó ver al final del camino el majestuoso palacio del gran Enma Daio Sama, y en la puerta de entrada tan bella como en su juventud, tan bella como siempre, se encontraba ella, vestida con un diminuto y ajustado vestido blanco, con una sonrisa radiante que le daba la bienvenida.

Él se detuvo frente a ella, le sonrió de lado, un brillo cálido en su mirada traicionó su postura indiferente, el mismo brillo que tenía ella.

—¡Ya era hora de que llegaras! —Le regañó imitando su falsa indiferencia—. Seguramente te entretuviste peleando con Goku, que desconsiderado ¿Sabes cuánto tiempo he estado esperando desde que me enteré que venías?

—Una eternidad —respondió él rememorando lo que a él le había parecido el estar sin ella. No le dio tiempo de responder pues la atrajo hacia él y se fundieron en un añorado beso, lleno de ternura, añoranza, pasión, pero sobre todo amor.


Fin


Bonus


—Convencí a Enma Daio Sama dejarme ir al cielo de los peleadores, imaginé que ese sería el lugar en que desearías ir, tengo pase libre a cualquier lugar del otro mundo.—Le guiño el ojo—. Así que… ¿vienes conmigo?

No le respondió pero tomó su mano y la besó de nuevo agradeciendo que les hubieran permitido conservar sus cuerpos a ambos, después de todo, algún beneficio debía tener el haber salvado el universo en más de una ocasión.


Muchas gracias por llegar hasta aquí y por sus rw, este OS va dedicado a mis amigas por estar siempre conmigo.

Al principio tenia duda de la canción pero la letra sumado a que hace días un one shot de Dev me hizo pensar en que sentiría vegeta después de. Y pues esto fue lo que me salió nuevamente gracias por los rw =)