Hola! siento haber tardado un poco mas en actualizar, no lo tenía muy claro jejeje, pero estos dos ya van dando señales de vida.
Espero que os guste y no se os haga demasiado corto ya que son drabbles (y ademas bastante cortitos según mi punto de vista)
Muchas gracias a Irene, Lalapotter y BiAnK rAdClIfFe por vuestros comentarios - me hacen mucha ilusión y me animan a continuar! Espero que os guste... La Codicia!!
No Codiaciarás...
Y fue entonces cuando se dió cuenta de que la quería para sí. Quería que se sentara en sus rodillas, poder acariciar sin pudor su cintura, colando sus manos por debajo de su jersey sin que ella dijese nada, quería que el olor de su pelo castaño saturara su nariz para recordarlo siempre...
Apretó los puños de nuevo, no era justo que no pudiera tener todo eso... Él quería todo eso. Y lo peor de todo es que no tenía ni idea de como hacer para conseguirlo.
Se asomó a la ventana de la habitación, pensando en la reacción que tendría ella si le encontraba ahí, husmeando como un perro en su ropa interior. Sonrió de lado y acarició distraidamente con el dedo índice el osito de peluche que tenía encerrado en su mano. El mismo que momentos antes había retirado de la almohada de la cama de Hermione.
Fuera, en la calle que miraba a través de la ventana, reinaba una quietud a la que tanto estaba acostumbrado. Porque sí, Sirius se sentía solo y pequeño en esa mansión enorme. Quietud solo rota en ocasiones como aquella en que se llenaba de gente, esas ocasiones en las que ella aparecía franqueada por Harry y Ron y le hacía su soledad un poco mas llevadera.
Cómo le gustaría que ella se quedara para siempre.
Apretó en su mano el osito, sintiendo que no estaba bien nada de lo que estaba pensando. Él no podía pensar eso de ella ¡solo era una cría! No podía tener esa envidia que sentía, no podía codiciarla como lo hacía en esos momentos. Y sin embargo, ahí seguía, en esa habitación iluminada apenas por la luz que entraba por la ventana, y pensando en ella, como un adolescente enamorado y con las hormonas revueltas.
No escuchó el pomo de la puerta girar, aunque tampoco quería, pues estaba seguro que tarde o temprano ella regresaría a su habitación y le encontraría ahí husmeando, como un perro, revolviendo en su ropa interior. Fue por eso que no se giró cuando, ahora sí, escuchó la sorprendida exclamación de Hermione al encontrarle a él allí, en su habitación, en su mundo privado.
Ella se quedó ahí plantada, debajo del marco de la puerta que aun no había cerrado, estupefacta y sorprendida de que él, Sirius, estuviera ahí, en su habitación y con su osito de peluche en la mano.
Sirius se giró lo suficiente como para poder mirarla a la cara, grabando a fuego en su memoria cada pequeño detalle de sus facciones, sus formas, los efectos de luces y sombras que hacían cambiante su mirada, pendiente de cada insignificante reacción de su pequeño cuerpo.
-¡Sirius¿Qué haces...?
-Perdona, no quería asustarte -Sirius se apartó de la ventana y se dirigió a la puerta, de la que en seguida se apartaba Hermione, como repelida por un imán, para dejarle paso. -Es que me encanta mirar desde esta ventana, la vista es preciosa...
-Ah...-Ella seguía estupefacta, mirándole con los ojos como platos como si no fuera posible lo que veían. -N-no no te preocupes...
Él se fue y en cuanto se cerró la puerta Hermione solo tuvo que dar un par de pasos para dejarse caer con pesadez encima de su cama. No era suficiente que llevara todo el día pensando en él, no, además tenía que encontrarsele nada menos que en su habitación. Buscó a tientas con la mano, algo que echaba de menos entre sus brazos.
Caminando por el pasillo a oscuras a paso rápido pero firme, Sirius se alejaba del cuarto de Hermione, apretando con fuerza en su mano derecha lo que la chica buscaba hasta por debajo de la cama. Ese oso de peluche era lo máximo que de ella podría obtener. Por mas que codiciara tenerla por entero.
