Hola [: tengo un anunci importante que hacer *inserte carraspeo aquí y arreglo de corbata* por motivos de semana de exámenes, y que la próxima tengo mi examen para la universidad, no podré subir capítulo pronto (ñem ñem) tal vez hasta la próxima de la próxima. A lo mientras, disfruten de comer galletitas viendo The avenger o Dr. House. Se les quiere.


Capítulo 3.

Tornarse.

Los ojos nerviosos del rubio se movían a gran velocidad mientras el cuerpo del mayor se sujetaba del suyo, manteniendo a Gerard de pie y andando sigilosos como gatos. Los ojitos grizosos se mantenían al tanto de no toparse con ciertos ojos de color muy parecido a los suyos y ciertas pecas inundando por completo el cuerpo de este mismo. Gerard mantenía una mano sujetándose a la pared con las uñas, y la otra la tenía sujetándose directamente a la cintura de Dougie para no caer; Cada paso que daba era una bienvenida a un punzante dolor en el vientre, ya consiente de que se trataban de costillas rotas. La mano herida cicatrizaba con la arena rellenando los huequitos que dejaba el tejido abierto, y eso solo hacía que el de ojos oliva rogase más porque no se le infectara.

Llegando entre un par de arbustos secos, Dougie se dejó caer exhalando aliviado mientras Gerard se arrodillaba para ver y no ser visto entre el pasto. Allá donde el sol marcaba los cuerpos en el horizonte, se encontró con más ruinas pero estas más deshechas y con más espacio de pradera seca. Dougie colocó sus manos sobre su pecho, mientras sentía subir y bajar sus costillas por la respiración irregular que había adquirido. El mayor de los Way alza la cabeza en busca de una mejor vista mientras Dougie exhala desde su posición.

-La verdad que a veces no entiendo ni una mierda. –Dice por fin. Way le mira, y se encuentra con el chiquillo y su mirada perdida en el cielo, pero Gerard tampoco entiende y mucho menos sabe a qué se refiere este. –No sé porque seguimos aquí… Intentado salir, no vamos a salir. –exhala, la desesperanza perdida por los años es captada por Gerard, que frunce el ceño.

-Escucha –Habla el mayor, harto de ese sentimiento de un hoyo negro tragándolo todo en su pecho: desesperanza. – No me importa nada tuyo, solo te he pedido que me digas el paradero de mi hermano, eso es todo.

Dougie le mira con los ojos entristecidos y asiente, para volver la vista al suelo ahí donde se ha podrido lo último que le quedaba y se levanta con los ojos del mayor sobre él. Sin formular otra palabra comienza a caminar hacía las figurillas resaltadas por el sol que se apuntan entre ellas. Algunas de estas se detienen para ver al recién llegado que se encamina hacia ellos con los hombros caídos. Se detiene frente a un grupo de 3 y su estatura baja se vuelve notoria. El corazón de Gerard se acelera en cuanto nota como Doug le está señalando a él y descubre el contorno de una figura familiar que asoma la cabeza en su dirección, seguida de otras dos. Después, unos brazos rodean por la cintura al pequeño mientras él y otro llegan a donde estaban anteriormente los primeros 4 mirándole. Una mirada furtiva y Dougie niega apresuradamente con la cabeza, rechazando a la pregunta que le ha hecho uno de los recién llegados. Gerard puede asegurar de que se trata de alguno de aquellos chicos del otro día.

Después de un corto intercambio de palabras, los 3 primeros chicos se dispersan, uno de ellos no sin antes echar una mirada nerviosa hacía los pastizales altos donde se encuentra el lastimado personaje. Un suspiro de resignación y alivio sale de los labios de Way, mientras siente un peso caérsele de encima y uno más subiendo a él. El dolor en los costados le hace apretar fuertemente los labios y cerrar los ojos.

-Hey, ¿De quién nos escondemos?

El corazón de Gerard da un vuelco por el susto, y por instinto, haciendo caso omiso al dolor en su cuerpo por unos segundos, en menos de un segundo se encuentra sobre el cuerpo de algo, más bien alguien tomándolo del cuello mientras una piedra que vaya tú a saber de dónde ha aparecido amenaza la tersa piel del cuello del nuevo personaje. Los ojos de Gerard se encuentran por vez primera con un par de ojos avellana, que le miran sorprendidos mientras una ligera sonrisa nerviosa se instala en su cara.

-He… he perdona, ¿po-podrías dejar de amenazarme con eso? –Habla el menor, mientras siente el filoso instrumento haciendo presión en su garganta cuando traga saliva. -¿Porfavor? –insiste después de unos segundos, un poco asustado de su situación.

La respiración de Gerard es agitada, su mano está fuertemente cerrada en torno al trozo de piedra a pesar de que se hunde en la herida abierta en la palma de la mano de esta. Sus nudillos están blanquecinos, al igual que la zona en la que es hundida en el cuello del chico. Los ojos están inyectados en agresividad como respuesta física de la amígdala al miedo, y tarda unos segundos más en darse cuenta de su situación. Su otra mano esta contra el suelo, impidiendo que su cuerpo caiga sobre el del más pequeño, que ahora se nota más nervioso que al principio y se maldice internamente por no pensar.

Y ese es el problema: él no piensa antes de actuar y solo actúa. Y aún no logra entender cómo es que ha llegado vivo hasta donde está.

-Yo… lo siento… po-por favor no me hagas daño. –Suplica debajo del cuerpo que probablemente le dobla en peso.

La respiración de Gerard empieza a retomar su curso normal mientras poco a poco deja de ejercer presión sobre el cuello ya enrojecido y lastimado del pequeño, no sin dejar de amenazar hasta que se cerciora de que este no trae algún arma o sea un señuelo.

-Dime una razón para no matarte. –La vos helada como el hielo atraviesa los tímpanos del ojos avellana y un temblor le recorre el cuerpo que es captado por el sensible cuerpo de su verdugo.

-Yo… yo…

-Dímela –Su mano vuelve a ejercer presión contra la sensible piel y un jadeo se escapa de los labios pequeños del chico bajo su cuerpo.

-Por favor no lo hagas. –Suplica con los latidos del corazón a 100 por hora golpeando a su pecho. Las lágrimas amenazan por escurrirse fuera de la seguridad de sus ojos, violando así los deseos de lucir fuerte frente al enemigo que posee el más pequeño. La mirada de Gerard se suaviza, al igual que la fuerza que aplica sobre la roca que ha vuelto a hacer sangrar la herida en su palma. El mayor aleja un poco la mano de sobre su cuello desnudo.

-Oh Dios… -atina a decir el chiquillo mientras lleva su brazo a cubrir su rostro. –mierda…

-¡Frank! –Una vos saca del estado de estupefacción a Gerard y lo trae de regreso fuera de esos ojos húmedos y llenos de miedo, para volver hacía el frente a encontrarse con la mirada sorprendida del rubio que hasta hace lo que pareciera ser una eternidad había estado con él. Gerard deja de poner la mayor parte de su cuerpo sobre quien ahora sabe se llama Frank, y observa la mueca que adorna como un poema la cara de su pequeño nuevo conocido Dougie. Frank, por su parte, se maldice por el llanto mientras rápidamente borra todo rastro de él en su cara y voltea la mirada donde el rubio, tratando de que este no se dé cuenta de su actual estado tembloroso y agitado. –¿Gerard… qué haces? –Pregunta mientras observa el pequeño hilo de sangre que se ha formado en la blanca piel de su amigo, y solo hasta ese momento el mayor se da cuenta de lo que ha hecho en el momento de sobresalto que tuvo con la llegada de Dougie.

Deja caer la piedra a un lado mientras con cuidado quita su cuerpo de sobre de Frank y se incorpora, olvidándose de esconderse de los chicos que siguen practicando con armas no muy lejos de allí. Dougie aún lo mira sin entender nada.

Doug no recibe respuesta más que una de odio dedicada por los ojos de Gerard, mientras Frank mira al cielo tratando de controlar su respiración al mismo tiempo que su corazón.

-No ha sido nada. –Dougie dirige su mirada hacía la perdida de Frank y la regresa a los ojos verdosos frente de él y asiente no muy convencido.

–No he podido traer a tu hermano. -Las palabras se clavan en la piel de Way mientras se incorpora, dejando en el suelo a un aún muy afectado Frank recostado y mirando a lo azul que es el cielo. Cierra los ojos evitando así ver los punzantes orbes verdes del mayor. –No he podido decirle, no nos han dejado solos…

La furia he impotencia vuelve a fluir por las venas y las arterias de Way mientras hace su mayor esfuerzo por no arrancarle la vida al ojigriz que tiene en frente. Aprieta sus manos y en ese momento Doug advierte que la herida ha vuelto a sangrar.

-Necesito conseguirte algunas vendas. –Observa la sangre y la postura dolorosa en la que se encuentra el mayor. Su mirada regresa a la perdida de Frank y continua. –Y a él también, antes de alguien lo note. –sin especificar a qué se refiere con aquello último.