Capítulo 4: "La Magia de una Tonada"

Deslizó sus dedos con suavidad por las teclas, pero sin ejercer presión en ellas, evocó aquellos días en que cuando tocaba su padre comenzaba a tararear la canción, mientras la miraba sonriente desde su sillón favorito. Se mordió el labio y dejó de mover los dedos. Cómo lo extrañaba... lo extrañaba tanto... su mundo de alguna forma había cambiado drásticamente desde su muerte. Pero ya no se podía volver atrás, el futuro podría ser prometedor, además... había que debía seguir adelante... eso hubiera querido su amado padre...

Ladeó el rostro y acercó sus dedos a los cuadernillos casi polvorientos por la falta de uso que descansaban sobre una pequeña mesa de arrimo. Hojeó con lentitud hasta que finalmente encontró una alegre tonada que podría disfrutar. Acomodó la pauta en frente y estiró sus dedos. Tocó una tecla de su pianoforte y entonces el sonido vibró en todo el lugar, como si de pronto despertara a todos sus habitantes, vivos e inanimados, de un largo sueño invernal.

Siguió la línea de teclas, lento y a veces rápidamente, la alegre tonada era hermosa, siempre le había gustado "Para Elisa", era como si a veces se viera corriendo entre prados verdes y bajo la sombra de árboles añosos de troncos gruesos y encorvados, se rió ante el pensamiento que tenía desde chiquilla, quizás soñaba despierta demasiado.

Su madre apareció vestida con una gruesa bata en el cuartito de música y la observó sonriente desde el umbral de la puerta. Hacía tanto tiempo que no escuchaba música en la casa, escuchar el sonido del pianoforte ahora también traía recuerdos felices de antaño, estuvo a punto de llorar de nostalgia, pero lo soportó estoicamente. Se turbó cuando Kagome equivocó una tonada, luego otra, al final la joven dejó de tocar.

- ¿Qué pasó?

Kagome se sorprendió de verla ahí. Cerró rápidamente el libro de partituras y luego suspiró.

- Creo que... me he olvidado ya de tocar, sólo es eso.

La señora Higurashi se acercó lentamente y se posó a su lado, desde donde estaban, suaves rayos de sol atravesaban el vidrio de la ventana brindando confortable calor que entibió su piel.

- Me gusta tanto que toques querida, a tu padre también le agradaba demasiado, nunca dejes de hacerlo.

La muchacha se rio por lo bajo, desvió la mirada hasta un cuadro pequeño que tenía en frente y que siempre le había parecido mágico. Era una pintura de un bosque de árboles con hojas amarillas, rojas, naranjas y verdes con un espléndido y hermoso atardecer. A veces deseaba haber nacido en el campo.

- Me gustaría mejorar... quizás aprender a tocar el arpa también, siempre me ha parecido un instrumento mágico.

La señora Higurashi sonrió, se acercó a ella y le besó inesperadamente la frente.

- Tu papá decía que siempre debes hacer lo que quieres pero poniendo en ello todo tu corazón, si quieres aprender a tocar más instrumentos, quizás debamos pedir ayuda a un profesor de música como cuando eras niña ¿te gustaría?- Le acarició el cabello como solía hacerlo cuando era pequeñita, Kagome sonrió emocionada.

- No es necesario, mamá.

La señora Higurashi se sentó lentamente en el pequeño taburete junto a la ventana, su porte distinguido se hizo notorio ahora que se encontraba mejor de salud.

- Quiero que vuelvas a tocar aquella música que tanto le gustaba a tu padre... y quiero que vuelvas a ser la niña feliz que eras antes... – La joven la miró con atención, quería decirle que no, que ella era feliz ahora, pero sabía que su mirada la delataba, ella misma se miraba en el espejo y veía el sufrimiento y la melancolía reflejado en ellos, además sabía que sufría, cada noche despertaba agitada y llorosa por las pesadillas, seguro la escuchaba llorar-... debes quitarte el luto, eso es para mi, no para ti... además quiero que hagas las cosas de tu edad, que salgas de paseo, visites a tus amigas, que te cortejen...- La vio sonrojarse y bajar el rostro-... es necesario que te cases pronto, si me llegara a pasar algo quedarías desprotegida y...

- Oh, mamá ¡no hable esas cosas!- Se puso abruptamente de pie y comenzó a caminar por la habitación- No diga eso, ahora esta mejor, no es necesario pensar en esas cosas aun.

La señora Higurashi sonrió y luego suspiró, dirigió sus ojos hacia la ventana en donde observó algunas abejas revolotear sobre un gran rosal que apenas florecía.

- Ya es hora de pensar en eso, querida, lo quieras o no.

Kagome hizo una mueca y frunció el ceño. No, no deseaba pensar en eso ¿casarse? ¿casarse? Jamás, no dejaría a su madre sola, además ¿Quién podría casarse con ella? Comenzó a respirar fuertemente, pero en cuanto osó pensar en aquel caballero que desde pequeña llamaba su atención y al cual él jamás había mirado, salvo ahora, se reprochó de inmediato el pensamiento.

- No quiero hablar de eso, mamá, por favor- Se fue inmediatamente de la habitación, como si estuviera arrancando del mismo demonio. La señora Higurashi sólo sonrió.

.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

Arrancó suavemente los brazos que ella había enredado en su cuello pues sentía que se asfixiaba, Kikyou hizo una mueca reprobatoria, se apartó enseguida orgullosa y lo miró con recelo.

- ¿Qué te sucede?

- Nada- Refunfuñó de mal talante.

Inuyasha se dejó caer en el sofá que estaba frente a la chimenea. Como era un poco tarde, el frío comenzaba a apoderarse del gran castillo por lo tanto era indispensable mantener el hogar tibio aunque fuera para satisfacer a un solo habitante de la casa.

- ¿Cómo que nada? Estas agrio.

Los ojos dorados del hombre se posaron con rencor en los de la mujer.

- Me quedan tres semanas de plazo para pagarle al maldito Naraku...- Gruñó-.. es obvio que este agrio.

- Sólo es culpa tuya el que aun no consigas nada de Kagome.- Le respondió ella de mala manera, tomando la capa y poniéndosela sobre los hombros.- Yo te he ayudado demasiado.

La mirada de Inuyasha se hizo más aguda en su amante.

- Como si fuera tan fácil poderle sacar una mísera palabra... siempre que le hablo me contesta con monosílabos y con suerte osa mirarme... ¿por qué es así? ¿tiene algún trauma con un hombre o qué?

Kikyou alzó una ceja.

- No que yo sepa. La verdad es que es bastante sociable... he estudiado su comportamiento y...

- Tú siempre estudias a los demás...- Se burló el hombre, haciendo una mueca y desviando la mirada hacia el fuego.

A la mujer pareció no importarle el sarcasmo.

- Es interesante observar las conductas de las personas, se aprende mucho de ello... por ejemplo... sé que no le eres tan indiferente a la insulsa de Kagome...

Alzó el rostro y la miró sorprendido, los ojos dorados brillaron extrañamente, como nunca, Kikyou no se dio cuenta de eso porque se había puesto el sombrero y comenzaba a atar la cinta de seda al cuello.

- Eso es... mentira...- Musitó ronco.

La mujer parecía cansada, quizás se daba algo por vencida, las cosas no salían como las había planeado, Kagome evitaba a Inuyasha y éste parecía no saber cómo cortejar a una mujer como esa, sentía rabia por los dos, eran unos estúpidos. Dudó en algún instante en que el plan funcionara.

- De todas formas no importa ¿vas a enamorarla o no? Si no lo haces estoy segura que vendrán otros, su madre ha comenzado a inquietarse, quiere casarla pronto... pensé que te sería muy fácil conquistarla, querido...

Él se reclinó sobre el sofá con desgano, sus ojos se perdieron en el fuego rojo y danzante de la hoguera.

- Dije que lo haría... no me presiones más de lo que ya estoy... juro que me casaré con ella...- Hizo una mueca de desagrado y finalmente murmuró, derrotado-... es mi única salvación...

Kikyou sonrió satisfecha, sabía que hiriendo su orgullo lograría resultados... y pronto.

.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

Se miró en el espejo otra vez, recién en ese momento se dio cuenta lo tétrica que lucía vistiendo de tan riguroso negro. Quizás su madre tenía razón, ya era hora de dejar el luto... oh pero si tan solo... se sentó pesadamente sobre la cama y ocultó los ojos bajo su mano, evitando llorar. Si su padre no apareciera en sus sueños cada noche, con la boca y los ojos abiertos, bañado en sangre, quizás podría seguir y aceptar la muerte que tanto dolía... pero no, le costaba arrancar de su memoria aquel horrible recuerdo. Suspiró derrotada. Quizás necesitaba cambiar, pensar en otras cosas...

Kaede estaba feliz de que su pequeña señorita decidiera cambiar de ropa esta vez. Tarareó todo el rato en que se dedicó a buscar, planchar y luego vestir a Kagome. Cuando estuvo vestida, se dedicó a peinar con cuidado sus largos y brillantes cabellos negros.

- Ahora mi señorita, baje que el profesor espera enseñarle la primera lección.

Kagome la miró sorprendida e iba a protestar, pero se vio forzada a bajar las escaleras para asistir a su lección de piano y ya no pudo decir nada, salvo hacer una mueca y fastidiarse por que su mamá ni siquiera la había escuchado. En cuanto bajó ya se le había pasado el disgusto. ¿Qué tenía de malo las clases de piano? Siempre le habían gustado, su padre amaba la música y eso pondría muy contenta a su mamá, quizás sería bueno recordarlo de esa forma.

.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

El hombre caminaba de forma arrogante por la calle, esquivando al cruzar ésta los coches y sus locos caballos, masculló algún improperio cuando un niño le vociferó casi en su oído la venta de un periódico y deseó terminar pronto lo que se había propuesto ese día para marcharse pronto a su castillo, ubicado bien lejos de la ciudad.

Se detuvo en frente de la mansión de fachada blanca inmaculada, tres pisos, un basto jardín, aunque éste era lo bastante grande denotando así la opulencia de sus moradores. Sus ojos dorados se fijaron en los árboles grandes del jardín, en el gato regordete que se paseaba por la cornisa de una ventana del segundo piso, en el jardinero que removía cuidadosamente la tierra húmeda y dura alrededor de las rosas que estaban junto a un ventanal. Una vida apacible, un hogar, pensó. Y entonces sintió remordimientos.

¿Quién era él para entrometerse en la vida tranquila y ya dolorosa de aquella familia? ¿Quién era él para arruinar la felicidad de alguien que ni siquiera conocía, que no le había hecho nada malo? ¿quién era él para hacer todo eso? ¿quién?

- ¿Qué esperas querido? ¿vas a quedarte aquí afuera para siempre?

Casi hecha otra maldición del puro susto. Miró a Kikyou que le sonreía sutilmente y luego adoptaba una actitud seria, mientras abría la entrada de hierro forjado permitiéndole la entrada. Él se quedó de pie, sin atreverse siquiera a avanzar un techo, sentía que si lo hacía, ya no podría volver atrás.

La mujer intuyó que Inuyasha dudaba e hizo una mueca. Siempre había sabido que aquella pizca de "moralidad" que él tenía saldría a flote. Aunque a situaciones desesperadas, Inuyasha tomaría medidas desesperadas, pero aun así ahora él dudaba. Estaba segura que quizás hasta tenía remordimientos. Era tan samaritano a veces, se burló de mala gana... aunque no se diera cuenta de ello.

- Las flores se van a marchitar...- Instigó, tomándolo rápidamente del brazo y obligándolo a entrar. – Sígueme, esta ahora perdiendo el tiempo, llegaste en buen momento.

Caminó tras ella atravesando el gran jardín apenas florecido y siguiendo un caminito de piedras blancas muy pequeñas que terminaba justo a los pies de cinco escalones que daban al pórtico principal. Subió lentamente las escaleras y siguió a Kikyou esta vez con el corazón latiendo a mil, debido a la ansiedad.

En cuanto entró en la mansión, algo le sorprendió. No, no era la exclusiva y rica decoración del vestíbulo que llamaba su atención, ni la luminosidad casi mágica que rodeaba toda la habitación, sino los claros, sonoros, melodiosos acordes de un pianoforte. Se quedó estático, la melodía le evocaba deseos de volver a casa y pasearse por los bosques de Taisho Park, quizás en busca de duendes, hadas o ninfas del lago cercano. Qué locura.

- Espera un momento, por favor- Dijo la mujer, casi agriando su momento de ensueño.

Kikyou desapareció rápidamente en el vestíbulo, Inuyasha dejó de pensar en ella para volver a caer en aquel estado de relajo y ensueño que le producía la música. Reconoció la canción, claro que sí "Para Elisa" era su tonada favorita de Beethoven.

Quería saber quien tocaba, no supo muy bien como osó avanzar sin el consentimiento de los dueños de casa, se adentró siguiendo la estela de melodías alegres y nostálgicas que dejaba el pianoforte en el aire, mientras más avanzaba más fuerte escuchaba las teclas de aquel instrumento, jamás había escuchado a nadie tocar de esa forma tan delicadamente sutil y encantadora. La tonada era mágica.

Cruzó un gran salón blanco, avanzó por un pasillo largo, casi eterno hasta llegar al claro de una habitación iluminada, se detuvo en el umbral de la puerta, casi pestañeó por el resplandor de los rayos de sol que chocaban en las blancas paredes, en el lustroso piso de madera, en la muchacha que se encontraba sentada en un taburete frente a un pianoforte, vestida completamente de blanco. Casi se le desencajó la mandíbula cuando la reconoció. Y segundos más tarde, como si hubiera adivinado su presencia, ella erró dos tonadas y dejó de tocar, ladeó el rostro y lo miró, asustada.

- ¿Qué pasó? Iba tan bien...

La voz de un joven hombre lo obligó a apartar la mirada de la asustada de la joven Higurashi. El que estaba ahí era un caballero bien vestido, ojos azules y fríos, mirada autoritaria, piel morena y cabello negro.

- Mil... disculpas...- Balbuceó Inuyasha apenas. Entonces desvió la mirada hasta otra figura. Vaya, entonces sí habían más personas en aquel cuarto. Una mujer alta y delgada de rostro distinguido aunque pálido se puso de pie sosteniendo un bordado entre sus manos. Llevaba un chal sobre sus hombros y bajo sus ojos oscuras manchas delataban un leve cansancio o quizás debilitamiento. Supo quien era.- Señora Higurashi...- Pronunció, haciendo una reverencia a modo de saludo.

- ¿Qué hace aquí?- Preguntó la mujer, alarmada pero también algo severa, arrugaba el ceño con represión.

Él volvió sus ojos hacia la joven Higurashi, esta se había puesto lentamente de pie y afirmaba una mano en su pianoforte, no vestía luto ahora y llevaba el cabello tomado en un complicado peinado sujeto con una bella peineta de perlas blancas, la joven lo miraba reticente, fijo, pero en cuanto el hombre fijó sus ojos en ella, Kagome ladeó rápidamente el rostro casi en un desprecio, pero se ruborizó.

- Vine... traje esto, para la señorita Higurashi.- Respondió al fin, estirando su mano y ofreciéndole el ramo de rosas en capullo blancas, iguales a las anteriores.

La joven ni siquiera lo miró, al contrario, él notó que ella hacía una mueca con sus labios. Los colores del orgullo comenzaron a subirle a él por el cuello. Malcriada...

- Pero qué osado, ni siquiera fue anunciado- Dijo el otro caballero, el que se encontraba cerca de la muchacha. Inuyasha lo miró con rencor.

- ¿Perdón?

- Ni siquiera esperó a ser anunciado, señor- repitió el otro, altivo.

Antes de decir algo, Kikyou se apareció de pronto y se sorprendió, frunció el ceño inmediatamente para intentar arreglar la situación ¿qué diablos había hecho Inuyasha? Ni siquiera esperaba a ser anunciado... qué estúpido, cómo se atrevía a cometer semejante barbaridad...

- Oh... señor... no, el señor Taisho me anunció su llegada pero fui primero a hacer otro asunto... quizás él se impacientó ¿no es así?- Miró a Inuyasha con severidad, apretando con fuerza los labios.

- Sí... sí... escuché la música... perdón por entrar así... – Entonces sonrió-... sólo quise saber, quién era el ángel que tocaba tan maravillosamente... me pareció una tonada mágica...

Kagome estaba completamente avergonzada, pero no lo miró, al contrario, ella frunció la frente en señal de fastidio. Y en verdad lo estaba ¿Quién se creía en entrar así y decir esas cosas? Era un mentiroso.

Inuyasha tuvo que bajar la mano con las flores que habían sido claramente rechazadas, miró a la señora Higurashi, intentando no sentirse estúpido.

- También vine para saber como se encontraba de salud, señora Higurashi.

La mujer, educada como era, se acercó a él y tomó el ramo de rosas, hizo una pequeña inclinación de cabeza a modo de agradecimiento.

- Me encuentro ahora bastante mejor, gracias por su interés, es usted muy amable.

Aunque ella era educada, Inuyasha supo que su presencia también no era bienvenida por la mujer. Apretó los puños de pura rabia ¡Qué diablos! Pero el rencor contra aquellas que lo rechazaban dolorosamente no era nada comparado con el odio a muerte que sentía por el estúpido que lo observaba como si estuviera pisando Tierra Santa.

- Lamento... haber interrumpido de esta forma...- Musitó, desviando la mirada hacia Kagome. La joven se atrevió a mirarlo de reojo nuevamente pero en cuanto vio que él la observaba volvió a apartar la mirada con rapidez-... me gustó mucho como tocaba, señorita. "Para Elisa" me trae recuerdos de la primavera y un paseo por el bosque.

La muchacha se sorprendió, porque era el mismo pensamiento que tenía ella cuando tocaba precisamente esa canción. Volvió a posar sus ojos en él.

- Gracias- Respondió al fin.

Él sonrió y cuando lo hizo, Kagome sintió algo cálido en el corazón. Dejó de respirar por algunos segundos.

- Bueno... sólo quise saludarlas... – Hizo una inclinación con la cabeza a modo de despedida, las mujeres le respondieron de la misma forma- Que estén bien, señoras.

Se puso el sombrero y salió con la frente en alto de ahí. Se olvidó del otro hombre, el cual hizo una mueca de fastidio y no pudo evitar decir un comentario sarcástico contra el inesperado invitado.

- Prosiga con la lección, joven Kouga...- Dijo la madre de la joven al profesor de música.

Kagome dejó de escuchar, por segundos parecía estática ahí, sin saber qué pensar, cuando quiso moverse notó que las manos le temblaban. Se sentó en el taburete frente al pianoforte aun contrariada y a la vez impresionada por la presencia de ese hombre en su casa. No podía ser... pero tampoco se atrevió a pensar más allá. Sabía que esto era una jugarreta y que ese caballero no tenía intenciones muy sinceras con nadie. Debía cuidarse... aunque su corazón comenzara a volverse loco cada vez que Inuyasha Taisho posaba su mirada dorada en la suya. Debía tener cuidado.

Continuará...


N/A: Hola a todos, muchísimas gracias por tantos mensajes, los leí todos y me alegraron mucho, significa que el esfuerzo de escribir vale la pena jeje (sorry, es que vengo llegando y estoy muy cansaaada)

Bueno, como ven, puff... hay muchas emociones reprimidas por ahí... ah sí, nuestro lobo también esta en escena, recuerden que Kagome esta en edad de casarse y pues... bien podría ser él mejor "prospecto" a los ojos de la madre de Kagome, que el mismo Inuyasha... ¿cómo logrará este sacar ventaja y ser el dueño del corazón de Kagome?? ya lo sabrán... jeje.

Tengo una fijación con la música, obviamente lo han notado, esta vez puse una tonada de música clásica pues va más acorde a la época, me gustaba "Claro de Luna" de Debussy (sí, para las que leyeron "Crepúsculo" saben cual es ) pero investigué y esta es de principios de 1900, por lo tanto, no me servía porque este fic esta ambientado en los 1800. Por eso elegí "Para Elisa", de Beethoven (sí, era él no Mozart, imperdonable error, maldito Ares que la descargó con ese nombre ¬¬), la encuentro muy linda, pues es la típica canción de una cajita musical. Sí, ahora esta de fondo en mi space.

Gracias por leer hasta aqui, por el apoyo, sus comentarios y por seguirme siempre en mis fics. Besos y se cuidan mucho.

Lady Sakura Lee