Hola todos ¿cómo están? Espero que muy bien.

Les traigo aquí el siguiente capítulo. Por el título supongo que adivinaran de que se trata.

Hetalia no me pertenece.

Disfruten su lectura.

P.D.: Este fic no tiene una época clara, pero yo pienso que podría estar ubicada en los años 80 o 90.


Martina observaba sin prestar mayor atención a su jefe que hablaba por teléfono. Una secretaria se supone que no escucha más de lo necesario. Sin embargo, en esta ocasión tal vez podría hacer una pequeña excepción. A las 15h00 en punto, mientras ella y él organizaban los preparativos para una reunión importante con los ministros, sonó el teléfono. Ella, contestó el teléfono, se llenó de emoción al oír la voz de la dulce señorita con la que había hablado el día anterior.

En cuanto le indicó a su jefe quien era, el teléfono fue arrebatado de su mano. Y ahora había pasado casi media hora, y su jefe parecía un adolescente hablando con la chica que le gustaba. Nunca lo había visto tan feliz en todo el tiempo que trabajaba para él, y eso le llenó de mucha ilusión.

Colgó después de unos minutos más, y como si nada hubiera pasado volvió a lo que tenía pendiente. Sin embargo Martina empezó a reír suavemente.

— ¿qué te parece gracioso? — preguntó Veneziano algo extrañado

Martina, que nunca lo había visto molesto, se puso seria de inmediato para evitar meterse en problemas, y viendo que todavía se esperaba una respuesta por su parte respondió.

— Signore Veneziano nunca lo había visto así, ni siquiera cuando llama el signore Germania o el signore Japón—

— Bueno, Liechtenstein es muy especial, y me alegra hablar con ella—

— Se le nota, signore—

— ¿a qué te refieres? —

— Bueno, si me permite decirlo, cuando habla con ella se le ilumina la mirada, sus mejillas adquieren un tono sonrosado y sonríe de oreja a oreja—

— ¿en serio hago eso? —

— Así es, y desde que empezó su amistad se encuentra de un muy buen humor— dijo ella guiñándole un ojo que Veneziano pretendió no captar la indirecta.

— Es una nueva amistad Martina, es obvio que me sienta un poco emocionado por eso; aunque le haya fallado en nuestro primer encuentro—

— ¿y qué va hacer? — preguntó ella algo curiosa

— ¿hacer de qué? —

— de su encuentro, ¿lo va a dejar así de inconcluso? —

— Aunque quisiera hacer algo: el concierto en el coliseo, las galerías abiertas, la danza callejera y los demás festivales de la semana de las artes terminaron ayer. Tendré que esperar un poco para invitarla a otra cosa—

Martina hizo un puchero y resonó un pequeño quejido que obligó a Veneziano a regresarla a ver.

—Signore, pero usted puede reorganizarlo todo, es el representante del país—

— Sí, pero eso sería abuso de autoridad, y debo dar el ejemplo para olvidar esas prácticas preferentistas, además solo soy la parte norte—

— le aseguro que si lo hiciera, y les explicara a todo a los organizadores lo entenderían—

— No lo sé Martina. Se nos vienen varias cosas encima, no quisiera retrasarme con eso— dijo mientras regresaba a ver las hojas en el escritorio.

— véalo de esta forma, la signorina Liechtenstein es una nación, tal vez no poderosa pero elegible para futuros negocios, ¿y qué otra forma de darle a conocer nuestros productos que invitándola a una noche cultural exclusiva? —

— No piensas rendirte ¿no es verdad Martina? —

— No signore; no pienso dar marcha atrás—

— Si yo me encargo de la reunión de ministros, ¿te encargarías de la noche cultural? —

— Sí— dijo ella animada — le prometo que saldrá perfecto—

*suspiro* no sé en qué me metí— dijo para sí, Veneziano.

Martina pasó todo el resto de la tarde ayudando a su jefe con la reunión de los ministros, pero al día siguiente se pegó al teléfono y habló con los organizadores de la anterior semana de las artes. Todos ellos estaban reacios a volver a organizar todo para una sola noche. Pero cuando ella les habló de la amiga especial del representante norte del país, su actitud cambió drásticamente. La mayoría conocía personalmente a ambas representaciones, pero ninguno de ellos pensó en que, como los humanos, tuvieran intereses amorosos, más allá de una simple relación comercial. Así que curiosos y entusiasmados aceptaron reorganizar todo.

La noche cultural exclusiva sería programada para dentro de dos semanas, el viernes por la noche fue el día escogido. Como era dedicada a una sola persona, se limitó la zona de cobertura de dicho espectáculo. Aunque estaba abierta al público, así las personas que no fueron a la semana cultural podrían ingresar a dicho espectáculo. Decidieron hacerlo pequeño, unas tres a cuatro manzanas a la redonda del centro turístico de Roma. Se cerraría la noche con un concierto de los tres tenores.

Cuando todo estuvo coordinado y listo, Martina dio el siguiente paso que era comunicarse con la invitada principal. Así que en la oficina de Veneziano, ella tenía el teléfono en las manos.

— ¿está listo? — preguntó ella

— No— dijo él muy nervioso— ¿y si tiene otro compromiso? —

— Bueno, lo pospondremos lo que sea necesario—

— De acuerdo, marca—

Martina, sostuvo su oreja contra el auricular del teléfono hasta que escuchó la voz de la signorina en cuestión.

— Signorina Liechtenstein, hablo de parte del signor Veneziano, para comunicarle que... — Martina miró a su jefe y cambió drásticamente los planes —... desea hablar con usted, manténgase en la línea—

— ¿QUÉ? — Gritó Veneziano — No, Martina... —

Martina, quien había tapado el teléfono para que no se escucharan ruidos, le extendió el aparato, comunicándole de manera silenciosa que debía hacerlo él. Después de varios minutos en los cuales Martina tuvo que visualmente obligar a su jefe a hablar, Veneziano tomó el teléfono.

— Erika... perdón la demora, estaba en una reunión—

— ¿todo bien, Feli? —

— Bueno, sí. Es que te llamaba porque... — Martina con las manos le indicaba que continuara —... ¿recuerdas que mencioné que te compensaría? —

— te refieres a ese día que te enfermaste, te dije que no sería necesario—

— Bueno, pues... resulta que hubo demasiada demanda y se volverá a repetir todo lo que te mencioné, pero únicamente por una noche. — Dijo tragando saliva y respirando hondo— así que me preguntaba si ¿quisieras asistir? —

Liechtenstein pensó detenidamente y justamente Suiza estaba en un viaje, así que no habría ningún problema en asistir; además era una nación grande, no necesariamente le tenía que pedir permiso — Me encantaría—

— Grandioso... — dijo casi gritando — es decir, me alegra, ¿te recojo el viernes a las 17h00? —

— Mmmhhh, sí está bien. Hasta entonces—

— sí, nos vemos. Pronto—

— ¿Y? — preguntó Martina ansiosa

— Dijo que sí—

— Perfecto, y no se preocupe por el atuendo ya hablé con la casa de modas de Milano, le tendrán un traje listo para ese día—

— Martina creo que has llevado esto demasiado lejos— dijo el entre risas.

— todo es por su bien, signore—

Finalmente llegó el gran día. Veneziano llegó puntual, cómo nunca. Con el ramo de las flores de Lis que Martina había comprado. Tocó el timbre, y al hacerlo se le vino la imagen de Suiza abriendo la puerta y matándolo a balazos. Antes de huir, la puerta se abrió mostrando a una muy linda jovencita, con un vestido verde agua sobre las rodillas, y un escote sencillo. Se veía tan hermosa.

Feliciano enseguida le mostró las flores. Ella sonrió, y entró de inmediato a ponerlas en un jarrón, salió al instante con su bolso y abrigo en el brazo. La escoltó hacia el auto, y condujo lento hacia el festival. Se estacionó cerca y empezó a dirigir a su compañera a través de las calles llenas de espectáculos, bailarines, arte.

— ¡esto es maravilloso! — dijo Erika de improvisto.

— ve~ estoy contento que hayas podido venir—

— Gracias por invitarme—

Feliciano se estaba sonrojando, y de pronto vio unos bocadillos — iré por unos dulces, espérame aquí—

Erika hizo caso, pero al ver un pequeño espectáculo se alejó unos cuantos pasos hacia dicho evento, en el cual dos hombres disfrazados de arlequines hacían malabares con estacas con fuego. Los actores, bailaban y saltaban al ritmo de una canción, en cuanto terminó la coreografía, Erika aplaudió con gusto y procuró regresar a donde la había dejado Feliciano. Pero al hacerlo se tropezó con dos hombres con cara de pocos amigos.

Buonna notte, bella ragazza (Buenas noches, hermosa) —dijo uno de ellos viéndola por encima, ya que era muy alto.

Erika no respondió y pretendió seguir con su camino. Pero el otro sujeto le cerró el camino.

Non dovresti essere sola, bella (No deberías estar sola, hermosa) —

Erika no respondió y regresó a ver para determinar una forma de zafárselos de encima. Como esperaban una respuesta, ella dijó en un italiano fluido.

Non sono sola, lasciami da sola (No estoy sola, déjenme en paz) —

Los hombres no le creyeron y la fueron conduciendo hacia un callejón oscuro, Erika no sabía qué hacer, así que únicamente decidió pretender que tenía un novio que era muy fuerte, funcionaba en los libros y el cine.

Non fare confusione con me o il mio ragazzo ti farà pagare (No se metan conmigo o mi novio los hará pagar) —

Los hombres empezaron a reír a carcajadas, obviamente no le creían nada.

Chi è il tuo ragazzo (¿quién es tu novio?) —

— ahem— se escuchó una voz detrás de dichos hombres.

Ellos molestos regresaron a ver a punto de romperle la cara a cualquiera, cuando al ver de quien se trataba su rostro se llenó de terror. Erika no pudo entender el hilo de los quejidos de esos hombres por el rápido de su lenguaje, pero si logro entender ciertas palabras como: Discúlpenos. Daño. Novia. Linda. No. Acercarse. Jamás. Y como si hubieran visto al mismísimo diablo, salieron huyendo del lugar.

Erika no entendió exactamente de qué tenían miedo, Feliciano era un pan de Dios. Hasta que se percató de la expresión seria y enojada que llevaba su acompañante en el rostro. Una nueva faceta que al parecer nadie más había visto y otra vez era la guardiana de dicho descubrimiento.

— Lamento eso Lily— dijo él regresándola a ver con la expresión más calmada

— No te preocupes, suele pasar—

Feliciano le extendió el dulce que había ido a comprar, Sfrappole. Erika lo había visto pero nunca tuvo la oportunidad de probarlo, le supo delicioso. Mientras continuaron con su recorrido a Lily se le ocurrió la brillante idea de enlazar su brazo con la de Feliciano. Él le regresó ver sorprendido. Hasta ahora se había comportado respetuosamente hacia Liechtenstein evitando el contacto, totalmente contrario a lo que normalmente haría. Sin embargo no objetó, y condujo a Erika al final del recorrido, el Gran Coliseo Romano, dónde se llevaría a cabo un concierto privado.

Los tres tenores: Luciano Pavarotti, Plácido Domingo y José Carreras, salieron al escenario, y el trío no pudo dejar de admirar a la acompañante del representante norte del país. Fueron las dos horas más mágicas para Erika. La música emanada por esos tres hombres fue como entrar al paraíso. Y al final del concierto hubo una lluvia de fuegos artificiales. Erika estaba maravillada, mas Feliciano hacia mucho que dejó de ver el arte, la danza, ni siquiera escuchó la música de los cantantes en frente, porque Erika se llevaba toda la atención.

— Feli, esto es hermoso — dijo ella mirando fijamente los fuegos artificiales.

— Sí, lo es— respondió él con la mirada fija en la sonrisa de la mujer a su lado.

Era las 2h00 cuando los cantantes salieron de sus camerinos para saludar a la representante del pequeño país de Liechtenstein.

— Signorina Liechtenstein es un honor haber cantado para usted— comentó Pavarotti besándola en el dorso de la mano.

Erika respondió muy alegre — muchas gracias, espero algún momento tenerlos en mi casa—

— Oh será el más grande placer— respondió Plácido Domingo.

— Estoy seguro que el concierto será un gran éxito — dijo Feliciano — pero Erika, debo regresarte a casa, ya es tarde—

— ¡es verdad! Fue un placer conocerlos— dijo Erika mientras se despedía de cada uno. — Feli, perdón, debo ir al tocador primero, ¿me esperas? — le susurró al oído

— Te espero aquí— respondió él sonriendo.

Erika se apartó hacia los sanitarios, y los cuatro hombres no la perdían de Vista. En cuanto entró, Pavarotti rodeo con su brazo a la nación por los hombros, y lo miró de manera pícara.

— Así que Signore, ¿cómo van las cosas? —

— ¿cosas de qué? —

— Con su novia, obviamente— respondió José

— Liechtenstein no es mi novia, es solo mi amiga—

— Le va a crecer la nariz— dijo Plácido sonriendo

— Vamos, uno no programa un concierto privado de tres hombres que cantan canciones de amor, no para una amiga. Además vimos como no le despegaba la mirada en toda la velada—

— Pues no es cierto, no saquen conclusiones apresuradas— dijo Veneziano intentando no sonrojarse.

— Va benne, signore, usted lo sabrá— dijeron ellos, despidiéndose y retirándose a sus hogares.

Erika salió de los sanitarios, y con el brazo entrelazado con el de Feliciano, se dirigieron al auto. Veneziano condujo despacio hacia la casa de Liechtenstein. La dejó en la puerta de la casa, y esperó a que entrara. Mas él no se movió, no hasta ver la ventana de la habitación encenderse, era fácil reconocerla, era la única que tenía balcón que daba al jardín. Al ver la luz amarilla, encendió el auto y condujo de regreso a su casa, sin percatarse de que alguien vigilaba que saliera del vecindario sano y salvo.

Erika al momento de ver que él se alejaba, sin siquiera cambiarse de ropa, saltó sobre su cama, y tomando una almohada entre sus brazos ocultó su cara roja de la felicidad que esa noche le había causado. Estaba muy feliz. Esperaba que nadie en el mundo le quitara esa felicidad.

Si tan solo podría perpetuar ese momento para toda la eternidad... hasta que de pronto se le ocurrió. Hace unos años, Gilbert le había dado un hermoso cuaderno para que lo usara como diario, en ese entonces no le vio la importancia, pero en ese momento no pudo más que agradecerle a su hermano. Buscó el cuaderno y escribió en él todo lo que ocurrió. Al final de todo concluyó que su primera cita fue maravillosa.


¿Les gustó?

Espero que sí. ¿Habrá cupido acertado? ¿Se verán otra vez? ¿Habrá concierto de los tres tenores en Liechtenstein? ¿Suiza se enterará de esta reunión? Todas estas preguntas hallarán su respuesta en el siguiente capítulo, en dos semanas, a la misma hora y por el mismo canal.

No se olviden de dejarme sus comentarios y sugerencias. El italiano llegó a ustedes gracias al google traductor. Pero si alguien nota que está mal traducido no duden en corregirme.

¡Felices pascuas!