Realmente nunca esperé que este fic tuviera tanta aceptación… mi corazón no puede dejar de latir. Estoy feliz.
En respuesta a:
Quetzaly: Oh, no. Para nada. No me estoy sobre esforzando; es simplemente que cuando me siento frente al portátil a escribir mis edos y mente vuelan; sólo escriben y escriben. Al final, el capítulo esta terminado dentro de unas pocas horas si me dedico a ello. Me siento muy feliz de que te haya gustado y la verdad, bastante relajada d eque todo se haya sentido fluído, siempre tengo un miedo inminente a que las cosas estén confusas o las redactadas. Me da pavor; por favor, espero que disfrutes de este capítulo también. Espero más de tus hermosos comentarios
Any: ¿Un hijo de Hisoka e Illumi? Sin pensarlo demasiado; una niña. Fuerte. Especialista; cabello negro y ojos brillantemente dorados. Pálida; bella ~ Espero poder leerte más de seguido, y muchas gracias por los ánimos
Juliesh801: Muchisimas gracias por los animos… also, ponte a actualizar Agujas y arañas e-e pls. xD
Disfrutar del capítulo, bellezas.
Los hechos que suceden frente a Hisoka, para él valen más que mil palabras.
Capítulo IV
Hisoka sabía que seguir a Illumi era una muy mala idea, pero no pudo refutar ante una orden de Chrollo frente a todas las arañas. Si bien Illumi no parecía estar con todos sus sentidos prendidos; el mago sabía de sobra lo astuto, afilado y peligroso que era acercarse al asesino. Un pequeño paso en falso y el Zoldyck cortaría sus gargantas.
Iban saltando cuidadosamente de rama en rama a una distancia razonable dentro del frondoso bosque, Hisoka miró hacia sus costados analizando a sus compañeros; Machi se encontraba a su izquierda, tenía sus agujas en mano, una mirada demasiado dura se lucía en su rostro sombrío, si él usaba gyo, podía distinguir que su aura levemente salía para formar sus hilos de nen; de inmediato Hisoka supo que la beta estaba en extremo nerviosa, y quizás eso podría ser algo que los llevara a todos a la muerte. Pero no te culpo, pensó con una voz perezosa en su cabeza, Illu puede dar mucho miedo cuando quiere. Pasó de la beta nerviosa; y en cambio decidió observar a su líder, que se encontrabaa su derecha.
Lucilfer se encontraba saltando sigilosamente a una velocidad pausada, cada vez que Illumi se alejaba medio metro de ellos, él daba otro salto, aterrizando sin ruidos sobre los árboles, esperando, observando. Y volvía a expresión era pacífica, pero sus ojos eran muy diferentes; como si dentro de sus pupilas se batallara una guerra a muerte, como si el infierno se estuviera cayendo a pedazos delante de é le sacaba los ojos al cuerpo del asesino que se encontraba delante, y por un solo momento Hisoka se sintió molesto con eso. Fue entonces, cuando Machi tropezó.
La beta había calculado mal la distancia de su salto y su pie resbaló, enviándola al suelo para que cayera firmemente sobre sus pies. El único sonido que salió de ella fue uno ahogado en su garganta; pero el flaqueo en su Zetsu fue inevitable. Hisoka se arrepintió enormemente de sacarle los ojos de encima, y sintió una oleada de calor subir por su cuerpo cuando sintió a Illumi girarse sobre sus pies. Su corazón latió.
Esto es malo.
Sin embargo, la adrenalina golpeó su cuerpo y formó felicidad dentro de su interior. Una sonrisa se lució en su rostro al escuchar la voz del asesino, y verlo acercarse hacia donde se encontraban hizo a todo su cuerpo temblar en anticipación.
–Si no quieres revelarte, voy a suponer que eres un enemigo. Entonces… – Él aura de Illumi brotó de su cuerpo, y él, él se puso en blanco.
Los pulmones de Hisoka dejaron de respirar.
En cambio, un hormigueo recorrió su espina dorsal; sus ojos se abrieron de par en par y su sonrisa se ensanchó.
La primera vez que Hisoka sintió el aura de Illumi fue en un breve destello; casi efímero, durante el examen de cazador. Al sacar sus agujas y transformarse, al parecer los poros del asesino se abrían involuntariamente y liberaban su aura de una forma ligera, como si destaparas el recipiente de algún perfume ocasionando que su aroma llegara ligeramente al lugar. Ésa vez, el mago sintió que sus piernas le temblaban, y su ritmo cardiaco aumentaba. La sensación que el aura de Illumi daba, era la de un completo vacío; un frío intenso que cubría tu cuerpo a tal grado que resultaba cálido, como dos brazos bien envueltos a su alrededor; pero eran los brazos de un verdugo. Vacío, impotente ante lo que estaba a punto de suceder, como si no pudiera hacer nada para cambiarlo, como si lo destruyeran, pero con su propio consentimiento; como si él mismo lo hiciera.
Las emociones que llegaban hacia su ser al estar en presencia del aura de Illumi eran devastadoras.
Y a él le encantaba.
Le encantaba, porque podía imaginar en su mente miles de formas y escenarios donde hacer caer a la persona tan orgullosa que estaba detrás de esa poderosa aura. Imaginaba todas las posibles formas de romperlo, hacerle sentir toda la impotencia que se creía capaz de producir.
–… asumiré que estoy siento amenazado y te mataré.
Hisoka hubiera gemido.
Hubiera gemido en ese mismo maldito momento; pero el movimiento que vino de su derecha captó su atención mientras sentía la presión poderosa del aura de Illumi sobre su cuerpo. La expresión de Chrollo había cambiado a una línea recta, pero sus ojos se encontraban más alborotados que antes, como si aquella guerra que se daba en ellos hubiera llegado a la culmine. Cuando Lucilfer abrió su libro haciendo que las páginas volaran, sólo para detenerse cuando su dedo índice impactaba fuertemente sobre una de ellas; él supo que tenía que tomar una decisión. Y rápido.
Él quería pelear contra Chrollo; y también quería pelear contra Illumi. No quería perder la confianza de Illumi, más sin embargo, tampoco podía traicionar a Chrollo atacándolo ahora para que él no le hiciese lo mismo al asesino, porque todo el Gen'ei Ryodan estaba presente y costaría deshacerse de todos ellos. Y al ver a todas las arañas en su territorio, quizás el Zoldyck no reaccionaría muy bien. Pero tampoco podía permitir que Illumi y Chrollo se batieran a duelo; porque él sabía que sería a muerte. Y él no quería que ninguno de los dos muriera, al menos, no por el momento y sin que fuera él el que los asesinara.
Antes de que Lucilfer pudiera atacar y machi reaccionar; Hisoka ya había tomado su decisión.
Es la decisión que menos perdidas conlleva… pensó, y rápidamente saltó al suelo, y salió del escondite.
El mago sintió la mirada sorprendida de Chrollo sobre su espalda; Lucilfer se encontró consternado al observar cómo Hisoka delataba su ubicación, saliendo de los arbustos con las manos en alto. El líder del Ryodan inmediatamente pensó en traición, y Machi ya estaba lista para enredar sus hilos sobre el cuello de Hisoka para arrancarle la cabeza por su idiotez. Entonces, antes de que si quiera pudieran hacer un pequeño movimiento, la voz de Hisoka resonó por el lugar con un tono que demostraba diversión y, quizás, excitación. Aunque eso es algo en lo que prefiero no pensar, se dijo mentalmente el líder de las arañas.
–Hola, Illu ~ A pasado tiempo, ¿Verdad?
¿Illu?
Inmediatamente freno a la beta con su brazo; escuchando atentamente la situación. Machi también se sorprendió al escuchar el sobrenombre con el cual el mago se dirigió al asesino.
– ¿Hisoka?
Se conocen. Lucilfer intercambió miradas con su compañera; la peli rosa simplemente se encogió de hombros. El líder del Ryodan decidió escuchar atentamente y observar; sus ojos oscuros se posaron en Hisoka, que se encontraba haciendo ademanes exagerados como respuesta a la voz del asesino.
–El mismo que vive y habla, querido.
Al escuchar la respuesta de Hisoka, el Zoldyck frunció su nariz en una señal de disgusto terrible. Chrollo alzó una ceja ante lo que estaba observando. Si bien habían investigado a todos los miembros de la gran familia Zoldyck para este trabajo, él jamás vio al hijo mayor – en las pocas fotos clandestinas que pudo conseguir – demostrando algún tipo de emoción. Él pensó que simplemente se trataba de un robot programado para matar. Al parecer, se equivocó.
–Si estás aquí para molestar a mi familia… – Illumi se pasó una mano por el cabello mientras achicaba sus ojos mirando al mago – Es más que claro que no te dejaré dar un paso más. Y no me llames así.
– ¡Oh! Illu, hieres mis sentimientos ~ ¿Y si sólo he venido a molestarte a ti ❤?
Era realmente ridícula la forma en la que el payaso se movía al hablar, Machi tuvo que contener una arcada; odiaba a ese alfa grotesco, era como una burla andante y fastidiosa. Fue entonces cuando Hisoka alzó sus brazos al cielo y los colocó detrás de su espalda, haciendo una seña. Una señal para ellos.
Váyanse de aquí mientras puedan. Chrollo descifró lo que su araña quiso decirles mediante el idioma de las señas, y en menos de un segundo había desaparecido lejos, llevándose a Machi con él. Volvería, reuniría a todos sus miembros y se retirarían por el momento.
Contaba con que Hisoka manejaría al hijo mayor de Silva el tiempo suficiente.
…
Respira.
Uno, dos. Una ligera brisa salió de sus labios al exhalar, relajó su expresión, y se sintió mucho más impenetrable al sentir cómo sus fracciones volvían a ser las mismas de siempre, sus ojos dejaban el brillo infantil de las emociones para volver a ser los mismos pozos vacíos de siempre. Su aura se apagó.
Hisoka hizo una mueca.
–No estoy de humor para seguirte el juego Hisoka. – Su voz salió plana, sin vida.
El alfa puso los ojos en blanco.
–Eso se puede ver desde lejos, – sonrió más ampliamente – y eso es justamente lo que hace súper divertido el molestarte.
Illumi sintió el impulso repentino de cortarle la garganta, en cambio, se obligó a permanecer impasible. No se encontraba de ánimos como para aguantar o tener cerca al Alfa en ese momento; recordaba las palabras de su madre, el calabozo, el interrogatorio… su estómago se revolvió al recordar que había pasado un celo entero pensando en Hisoka. Quiera vomitar. Su mente comenzó a divagar; desconectándose del mudo real. Se encontraba observando el rostro de Hisoka, recordando la sensación de las mantas del hotel acariciando su piel en medio de la sensibilidad, recordó la comodidad, el sudor, el calor.
Recordó el olor de Hisoka, que se encontraba frente a él justo en ese momento.
Si Illumi tuviera que describir el aroma que desprendía el Alfa con una sola palabra, él elegiría empalagoso como primera opción. Nuevamente el aire entró en sus pulmones y como si fuera víctima de un hechizo, no pudo evitar analizarlo más fuertemente; era un aroma que nunca antes había sentido. Olía a fresas y azúcar. Olía a tuti-fruti. Olía a Bunge Gum. A Illumi le recordó a eses tiempos cuando solía entrar a las dulcerías atestadas de niños años atrás para conseguirle chocobots a Killua. Era una fragancia que lo hacía sentir nostálgico; hipnotizado. A Illumi le gustó.
Le gustó el olor a pasado y nostalgia que Hisoka desprendía.
Le hizo desear aferrarse fuertemente a la playera del mago, enterrar sus uñas en su pecho para que no pudiera escapar de él y hundir su rostro en el hueco que se formaba entre su cuello y hombro, justo sobre las glándulas del olor del Alfa, sólo para deleitarse con ese aroma que desprendía.
Illumi quiso fusionarse con él.
No fue hasta que movió inconscientemente su mano hacia adelante, en dirección hacia Hisoka, que cayó en la cuenta de lo que pasaba por su cabeza.
Y la magia se cortó.
¿Pero qué demonios?
Hundió sus propias uñas en la carne de su brazo para evitar que su cuerpo siguiera moviéndose y observó a Hisoka, intentó entender su reacción a lo que había sucedido para saber si había sido un estúpido y ahora el alfa se hubiera dado cuenta de qué era le estaba sucediendo. De lo que había estado ocultando. Como si aquellos afilados y brillantes ojos dorados del transmutador pudieran leer los pensamientos que habían pasado por su mente, como si él mismo se hubiese delatado delante de todo el mundo.
Pero permaneció inmutable, quizás, con suerte; Hisoka ni si quiera habría reparado en él y su transe, en el movimiento de su mano que se extendió hacia él como si quisiera alcanzarlo. Al menos eso era lo que Illumi esperaba, pero la sonrisa que se formó en el rostro del mago, le dijo todo lo contrario.
Su estómago se hundió.
…
Cuando Hisoka no obtuvo respuesta a sus palabras supo que había molestado al asesino.
Cuando Illumi levantó su mano hacia él, supo que lo había molestado lo suficiente como para querer atacarlo. Hisoka se puso en guardia, sacando su baraja de cartas y preparándose para tener un duelo de tira y afloja con un pequeño gatito callejero. Más quedó estupefacto al ver la expresión en el rostro del asesino.
Todos los movimientos que salían de Illumi eran elegantes, casi como si siempre se encontrara bailando un vals; desde unos simples pasos al caminar, hasta en los movimientos que su cuerpo realizaba al matar. Ahora, su mano se había alzado sutilmente extendiéndose hacia él; y le recordó a cuando Killua se enfrentó a Illumi en el examen de cazador, justo como en ese momento, Illumi movía su mano contra él, casi con dulzura; en un movimiento lento y suave. Lo que le gritó a Hisoka que no se encontraba en peligro, sin embargo, fue la expresión en el rostro pálido de Illumi. Sus labios estaban ligeramente separados, por los cuales salía su aliento producto de una leve respiración. Sus labios, por alguna razón, se veían brillantes bajo la luz de la luna. Hisoka se preguntó si aquello sólo era una ilusión. Lo que más le impacto, fueron los ojos del mismo Illumi. Aquellos pozos negros, sin vida, y sin fondo; se encontraron por un breve momento desenfocados. Perdidos. Deseosos. Brillantes.
Por un pequeño momento, la mirada en los ojos del asesino le recordó como lo miraban los omegas con los que él se había acostado.
La idea no le desagrado en absoluto.
Fue entonces cuando pareció que Illumi había hecho corto circuito y su cuerpo volvió a la vida; clavó sus uñas en su brazo y sus ojos se abrieron más de lo debido por un milisegundo demostrando desconcierto; para luego volver a sumirse en la oscuridad.
Él sonrió.
Pensó que había visto algo que nadie debía haber visto nunca en su vida.
O al menos, eso fue lo que le transmitió la mirada que Illumi le estaba lanzando.
…
–Es imposible. – Dijo Shalnark. Cerró el portátil con fuerza, y se levantó de su lugar para mirar fijamente a los ojos de su líder. – A este paso, me tomará cerca de una semana lograr hackear el software que se encarga de alimentar la mansión de los Zoldyck.
Lucilfer se encontraba parado junto a Machi, la sostenía fuertemente del brazo; al parecer, la había arrastrado hacia el punto de reunión. El omega rubio lanzó una mirada a los alrededores, y se dio cuenta de que Hisoka no se encontraba por ningún lado. Alzó una ceja preguntándose qué había pasado, más no dijo nada.
–Sea quien sea el encargado de mantener a los piratas fuera del software de esa mansión, sabe lo que hace.
Agregó, como para zanjar el tema, y se encogió de hombros.
–No importa, no hay prisa alguna. – Chrollo caminó unos pasos hacia él, soltando finalmente el brazo de la beta y le palmó la cabeza al omega. – El Gen'ei Ryodan nunca se rinde o retrocede; éste no es el caso tampoco.
Shal observó como Chrollo metía su mano en el bolsillo de su característico abrigo, sólo para agarrar el comunicador; presiono un par de botones, y luego habló con voz fuerte.
–Desde un principio sabíamos que esta misión sería demasiado peligrosa y complicada. No tenemos que apresurarnos. Nos retiraremos por hoy a descansar y planear mejor la infiltración. Los quiero a todos en el punto de reunión acordado, dentro de quince minutos.
– ¡Sí, Danchou!
Fue una respuesta colectiva, luego el aparato quedó en absoluto silencio. Chrollo lo apagó y volvió a guardarlo dentro de su bolsillo. Lanzó una última mirada hacía las puertas de la mansión Zoldyck; una pequeña sonrisa se formó en sus labios. Sin dudas, era una misión demasiado entretenida, con un precio bastante alto. Shalnark también lo sabía, pero no le agradaba del todo lo que los había traído a intentar entrar en la mansión. Sin quererlo, la mente del omega divagó tres días en el pasado, el día en que Danchou les había comunicado de su nueva misión.
Los disparos de Pakunoda resonaron dentro de las paredes del hospital abandonado, y Shalnark sintió como un montón de información y recuerdos intentaba entrar de golpe en su cerebro. Fue como imaginar una puerta donde muchas personas intentaban pasar al mismo tiempo, quedando atascada. Se llevó una mano a la cabeza cerrando sus ojos, y se concentró en todos los datos nuevos que tenía frente a él, lo que vio, le disgustó.
Omegas. Una droga que controla omegas; los hacía permanecer en un estado de celo eterno, siempre calientes, siempre listos para un alfa; siempre deseosos. El omega drogado no podía hacer nada en contra de eso, ni del Alfa que se lo había inyectado. Su palabra era la ley. Y aunque ellos no quisieran, su cuerpo y mente les traicionaban. Un laboratorio había dado con ella tratando de crear una alternativa a los inhibidores de celo; Shalnark no sabía que tan mal debían haber hecho su trabajo para dar con algo completamente diferente. Se habían hecho cinco píldoras, y tres versiones inyectables; se probó en cuatro omegas: tres píldoras y una inyectable. Los cuatro de habían vuelto locos, y murieron al poco tiempo ante el estrés y la necesidad. Los datos del experimento no debían haber salido a la luz, pero de alguna forma, lo hicieron.
El laboratorio fue a atacado por una pandilla de narcotraficantes bastante grande, robando una muestra inyectable y dos píldoras. El resto de la droga fue destruida durante el ataque. El Danchou reunió información de que una muestra inyectable y una píldora se mantenía cautiva dentro de las instalaciones de la pandilla; y la otra píldora fue vendida y suministraba a un omega por parte de un magnate. No sabían si el omega había sobrevivido o no; también, sabían que el director del laboratorio atacado había contratado a los Zoldyck para recuperar la droga robada, o lo que quedaba de ella.
Como primera parte de la tarea habían asesinado al director del laboratorio, para así romper con el contrato que se había llevado a cabo. La segunda parte, era conseguir de alguna manera de droga almacenada ahora en la mansión Zoldyck.
El Danchou quería la droga para poder venderla; muy pocos sabían de su creación, pero los que lo sabían estaban ofreciendo hasta de jenis por ella. Era una locura. Una locura que solo el Gen'ei Ryodan haría.
Shalnark suspiró, miró por última vez la mansión y decidió terminar el control mental sobre el portero ahora, para que no fueran descubiertos. Presionó un botón de su aparato, luego, despareció entre las sombras.
No tuvo que moverse por mucho tiempo para alejarse varios kilómetros de la mansión; ahora se encontraba al borde de un acantilado que daba al mar. El acantilado era alto, seguramente tendría una caída de 35 metros o más, debajo de él, las olas del mar golpeaban fuertemente contra las rocas de la costa. Todos los miembros giraron sus cabezas hacia él, y Shalnark sonrió, sentándose junto a Uvogin en una gran roca que le permitía ver a todos los del Ryodan, pero también observar el horizonte. Miles de estrellas decoraran el cielo apagado. La luna se veía realmente grande esa noche; pero las nubes lentamente la ocultaban. El viento estaba algo fuerte, y Shal se preguntó si llovería.
Sintió un ligero movimiento a su lado, y luego, la gran mano de Uvogin se encontraba sobre la suya. Ninguno de los dos se miró, y Shal no hizo nada para apartarse. No sabía por qué, pero últimamente el gran Alfa había estado intentando cortejarlo.
–Tienes una expresión desagradable en el rostro. – murmuró el alfa, tan bajo que ningún de los presentes pareció escucharlo; solo él.
–Pues no la mires.
El omega se encogió de hombros mirando las estrellas, Uvo suspiró.
– ¿Es tan desagradable que lo intente? – preguntó al aire, no esperaba que Shal respondiera, y eso se notó por la relajación de su cuerpo al decirlo; como si esas palabras hubieran sido una bolsa llena de piedras que hubiera estado cargando sobre su espalda. Por un momento, los ojos azules del omega se posaron sobre el alfa moreno.
Esto había estado sucediendo hacía ya un par de semanas, desde que Shal permitió que durante un celo Uvogin lo tomara. Sin marcar, había dejado eso muy en claro, y sin compromisos. El Alfa había estado de acuerdo, y no había armado escándalos cuando él, de vez en cuando, se acostaba con otros alfas durante su celo para aplacarlo. Pero si intentaba cortejarlo; lo traba diferente de antes, con más delicadeza y atención. Él no lo encontraba desagradable, pero no le gustaba la idea de encariñarse con las personas debido a lo que era, una araña, un delincuente. Siempre se encontraba al borde del peligro, y en ocasiones, de la muerte. Él, como omega, sabía que sería malo encariñarse con alguien y luego tener que matarlo o que este desapareciera.
Lanzó una mirada al Alfa, miró sus piernas, sus brazos, pecho, y luego, lo miró a los ojos. Uvogin era el más fuerte de todos ellos. Él no podría morir tan fácil… ¿Verdad?
Volvió a mirar las estrellas.
–No, realmente; no es que me moleste.
Susurró, pensando que el alfa no le escucharía. Pero lo hizo. Apretó su mano, y él pudo sentir como sonreía. Shalnark puso los ojos en blanco. Es realmente un idiota.
–Maldición, ¿Hisoka no piensa aparecer?
Todos los miembros se giraron hacia Feitan al decir aquellas palabras, en ese momento, apareció Chrollo.
–No, no lo hará. – Dijo, y todos los miembros lo miraron sorprendidos. – Se quedó atrás distrayendo a Illumi Zoldyck para que nosotros pudiéramos retirarnos sin problemas.
– ¿Él realmente hizo eso? – mencionó Franklin con una mueca de disgusto; el mago jamás había servido de ayuda en ninguna de la misiones que habían tenido, es más, las volvía mucho más difíciles de lo que tendrían que ser.
– ¡Jah! – Esta vez, fue Phinks el que habló. – El bastardo nunca le ganaría a un Zoldyck en una batalla. Seguro ya está muerto.
Feitan sonrió ante el comentario.
–Oh, en realidad; parecían conocidos. Se han quedado hablando.
Nuevamente la atención fue dirigida hacia Chrollo; todos estaban con unas muecas ilegibles en sus rostros. ¿Hisoka Morrow e Illumi Zoldyck amigos?
Imposible.
–Yo también pensé lo mismo cuando lo vi. – Lucilfer quería reír al ver la reacción de sus arañas, se limitó a sonreír. – De cualquier manera, esto podría servir en nuestro beneficio.
–Oh, podríamos hacer que ese Zoldyck nos trajera la droga. – Dijo Shizuku con un tono plano, golpeando su puño contra su palma.
– O seguir sus movimientos mediante Hisoka para entrar en la mansión. – Machi se acomodó el cabello.
–O sacarle información sobre la mansión, también. – Feitan estuvo de acuerdo con sus compañeros.
Esta vez, Chrollo soltó una suave risilla.
–Me gusta ver que todos pensamos lo mismo.
…
–… Como sea.
Soltó el Zoldyck, dando dos pasos hacia atrás. Hisoka agrandó la sonrisa que se lucía en su rostro, analizando la situación.
–No tengo tiempo para tus juegos; pero si llegas a interferir con mi familia de alguna forma, estas muerto, Hisoka.
La voz de Illumi salía uniforme, llena de enfado. El mago no supo distinguir si estaba enojado con él por aparecer o consigo mismo por lo que acababa de hacer. Si tan sólo supieras nuestros planes, querido Illumi ~ Entonces, ¿Me matarías? ¿Realmente lo harías? Cuando Illumi se dio la vuelta, Hisoka supo que debía hablar. Se preguntó si Chrollo y Machi ya se habrían ido.
– ¿Ya te vas, luego de sólo soltar una advertencia?
–Te estoy amenazando.
Hisoka rió; notó como los hombros de Illumi se crisparon, más no volteó para mirarle. La curiosidad lo llenó de los pies a la cabeza, el comportamiento del asesino era inusualmente extraño; y él quería saber.
¿Qué pasaba? ¿Qué piensas? ¿Qué fue lo que pasó? ¿Por qué?
El realmente quería preguntar, pero sabía que ninguna de sus preguntas serían respondidas; eso era lo que hacía de este juego divertido. De alguna forma él lo descubría, vería toda la información que el pequeño Illumi le estaba guardando. Aquello que no quería que nadie supiera. Y cuando él lo tuviera en sus manos… bueno, eso sería lo realmente divertido. Separó sus labios para hablar; pero ningún sonido salió de ellos. Una ráfaga de viento lo golpeó en el rostro e hizo que el cabello de Illumi volara; el asesino se llevó una mano a las hebras rebeldes mientras un par de nubes grises se asomaban por el cielo; al parecer se acercaba una tormenta.
Entonces; fue cuando lo sintió.
Las ramas de los árboles crujían y las hojas caían de las copas mientras que el fuerte viento seguía fluyendo; Illumi, por sólo un momento, se giró levemente para mirar al mago. Fue entones, en ese momento, el momento justo cuando los ojos oscuros del asesino chocaron con los orbes dorados de Hisoka.
Fue en ese momento que un pequeño aroma le llegó.
Suave, ligero… ácido.
El contacto visual sólo había durado unos segundos. Luego; Illumi le había dado la espalda, y había desaparecido entre la noche, como si nunca hubiera estado frente a él en primer lugar. Como si todo hubiera sido una ilusión.
Hisoka se quedó con los pies sobre la tierra, inerte.
El recordaba esa sensación.
Ese aroma; él… lo recordaba de la ciudad. Todo estaba vívido en su mente aún.
El omega en celo.
Es casi como si… hubieras estado con tu pareja elegida.
No, no podía ser.
Pero… No. ¿Quizás?
Fue en Zaban, horas luego de terminar su misión; Illumi se encontraba en la misma ciudad. No podría haberse ido tan rápidamente. Pero tampoco había forma de que estuvieran conectados; ¿O tal vez sí?
¿Por qué?
¿Por qué Illumi olía como el omega que había sentido tres días atrás?
¿¡Por qué!?
Entonces… Illumi, ¿Es un omega?
… oh.
Sonrió, justo en el mismo momento un rayo cruzó por el cielo e iluminó todo el bosque.
