Los personajes de Candy Candy pertenecen únicamente a Kyoko Mizuki y Yumiko Igarashi, esta versión del final ha sido hecha sin fines de lucro y por motivos de entretenimiento.
Al salir del trabajo, Pupe y yo llegamos al departamento y nos arrojamos a uno de los sillones, desde ayer yo había comenzado a leer un libro y moría por continuar en donde me había quedado. Lo tomé y me sumí por completo en la lectura, hasta que el reloj de pared marco las 8 de la noche…
Voltee a ver la hora, todavía ajeno a lo que estaba pasando y entonces recordé la invitación de Adelaida; me levante del sillón y corrí en dirección al baño, ya ni siquiera tenía tiempo para ducharme con agua tibia y al llegar el momento de vestirme me vi en un completo debate ¿Cómo debía hacerlo? Si utilizaba uno de mis esmóquines seguramente se daría cuenta que no era quien decía ser y si llevaba algo más sencillo probablemente luciría como un vago…
Al final opte por algo muy casual, gracias a George ya tenía un poco de ropa menos costosa que el resto.
Y salí del departamento casi a las 8:30 de la noche, ¡qué falta de respeto el mío!
Tome el primer coche con el que me tope y le extendí la dirección para que me llevara, aunque amara el frio y afuera nevara, por esta vez debía llegar cuanto antes y sin contratiempos.
Por suerte el cochero no tuvo problema en ubicar la casa y llegue en unos nada despreciables 10 minutos. Luego de llamar tres veces a la puerta ella salió a recibirme.
—Disculpa el retraso…
No contesto y solo sonrió —pasa, que bueno que llegaste.
Al entrar me presento con toda su familia como el hombre que había salvado al elefante favorito de su difunto padre, ahora entendía porque tanto alboroto respecto a eso.
La cena trascurrió con toda normalidad y al finalizar brindamos con unas copas el inicio del nuevo año.
—Espero la hayas pasado bien… —me dijo ella detrás de la puerta.
—Gracias por invitarme —le respondí.
—¡Hasta luego! —grito cuando me encontraba a unos metros de distancia de su casa.
—Hasta luego.
Todo esto me había recordado mucho los buenos tiempos, cuando mi padre vivía y Rosemary estaba conmigo, desde la muerte de ambos y ahora con la de Anthony celebrar simplemente era algo que ya no tenía cabida en mi vida, solo me entristecía. Comencé a caminar sin rumbo con las manos metidas en los bolsillos y pateando los terrones de nieve que se atravesaban a mi paso… ¿Cómo estaría Candy ahora?
En verdad esperaba que George hubiera logrado convencerla de traerla a Londres, hacia tanto que no la veía, que tenía la esperanza de que verla de nuevo, me ayudaría a sentirme mejor.
o-o-O-o-O-o-o
Ya habían pasado cuatro días desde año nuevo y debía prepararme antes de la hora acostumbrada pues tenía que verme con uno de los socios y debía estar con él antes de las 8 de la mañana, con suerte llegaría a tiempo para presentarme en el zoo.
Por ahora que no está George, he estado aprovechando para ponerme a prueba justo como él dijo, y de echo todo ha resultado muy fácil, aunque hay momentos en los que siempre intentan jugar conmigo y probarme, he logrado demostrarles que ya estoy preparado para asumir mi cargo, dejándolos absortos con mis innatas habilidades.
Total, llegue a tiempo a mi entrevista y también a mi trabajo, todo estaba bien, Pupe estaba conmigo. Cuando regresamos de nuevo al departamento vi la puerta entre abierta y temí lo peor, quizás había un ladrón dentro… o peor aún, alguien me había descubierto.
Me metí con sumo sigilo, pero solo confirmé que estaba solo, el único allí era yo, cerré la puerta y me metí a la cocina, moría de hambre.
Entonces alguien abrió la puerta… seguramente no había revisado bien.
—¿Quién anda ahí? —grite tratando de sonar amenazador.
—¿William? ¿eres tú? —respondió la voz de George caminando a mi encuentro.
—George pensé que era un ladrón…
—William ¿Dónde habías estado? llevo buscándote toda la tarde, llegué al medio día y me supuse que estarías aquí, pero ni siquiera tu mascota estaba… temí que hubieras escapado como cuando niño…
—George yo… yo estaba en el zoológico, esperaba decírtelo de otra manera, pero me queda mucho tiempo libre y entre a trabajar allí —me justifique, en verdad entendía su reacción, la vez que había conocido a Candy incluso lloro al encontrarme.
—¿Trabajas en el zoológico?
—Hem... sí, como cuidador y veterinario…
—Vaya, no esperaba eso.
Yo lo mire esperando que dijera algo más al respecto, pero no lo hizo.
—¿No dices nada?
—Bueno ¿Qué quieres que te diga? Eres un hombre y puedes tomar las decisiones que mejor consideres, sabes que yo te apoyo igual.
—Gracias George —le respondí dándole un fuerte apretón de manos —ahora dime, ¿la has traído contigo?
—Debo decir que me costó mucho trabajo convencerla, en verdad adora a sus madres, que es como llama a las encargadas del orfanato y al final gracias a ellas logre hacerla entender —hizo una pausa para sentarse — cuando veníamos en el barco intento saber sobre el tío abuelo William…
—¿Le dijiste algo? —pregunte alarmado.
—Por supuesto que no, aunque debo confesarte que es muy difícil no decirle la verdad, por el contrario, le dije que esperabas que se convirtiera en una gran dama y eso la lleno de ilusión.
—Lo sé George… supongo que debe tener muchas preguntas, a pesar de que la he adoptado no me ha visto ni una sola vez… o por lo menos eso piensa —hable en tono pensativo… en verdad que mi situación es bastante enredosa.
—Así es, por suerte entendió y no hizo más preguntas, pero como dijiste este cambio de vida le servirá.
—¿Por qué lo dices? ¿Acaso todavía piensa en Anthony?
George solo afirmo con la cabeza, sin decir nada. Luego continuo.
—Después cuando llegamos Alistar y Archivald le dieron la bienvenida, y por supuesto la lleve inmediatamente al colegio.
—George… ¿no la llevaste a dar un paseo por Londres? Sabes que no tendrá oportunidad de salir nuevamente.
—Me disculpas William, pero me urgía venir aquí para cerciorarme de que tú te encontrabas bien y lógicamente no podía traerla conmigo, lo que hice fue darle un breve paseo en coche.
—En realidad esperaba verla de alguna forma… —le respondí notablemente desilusionado.
—En alguna nueva oportunidad podrás hacerlo, ahora dime ¿Cómo te fue con los pendientes?
—Pues como puedes ver muy bien, no fueron ningún problema.
—Perfecto, me siento muy orgulloso de ti —me dijo posando una mano en mi hombro dispuesto a marcharse a su habitación, pero luego se detuvo —olvidaba decirte… los Legan también vinieron a Londres.
—¿Qué has dicho? ¿Elisa y Daniel aquí? —George asintió.
—La señora Elroy le comento a Sara tu decisión y en cuanto Elisa y Daniel se enteraron fue imposible evitar que vinieran…
—Espero que esto no le traiga problemas a Candy…
—Yo también lo espero.
Luego de la larga platica entre George y yo, cada quien se retiró a su habitación a descansar, él del viaje y yo de mi día de trabajo.
Me arroje a mi cama y acomode mis brazos en mi nuca, en serio esperaba saludar a Candy antes de que entrara al colegio, ya que en cuanto cruzara la puerta no saldría hasta nuevo aviso y siendo un lugar tan estricto mucho menos podía ir yo a visitarla. Ojalá que Elisa y su hermano no le causen ningún problema, esperaba que ella estuviera tranquila y se dedicara enteramente a sus estudios sin distracciones para que pronto sanara…
…Candy, todavía piensas en mi sobrino, incluso yo aún lo hago, aunque debo confesar que me obligo a no hacerlo… su recuerdo todavía duele…
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Tal y como esperaba todo continuo igual, George no se opuso a que yo trabajara en el zoológico, por el contrario, esperaba que mis vivencias allí me ayudaran a ganar experiencia para mis otras responsabilidades.
No cruzaba la puerta de entrada al zoológico cuando miré que Adelaida venía caminando, decidí esperarla para saludarla. Ella apresuro el paso y pronto llego hasta donde estaba.
—Hola gafas oscuras —me dijo en tono burlón, mientras me daba un beso en la mejilla como saludo.
—Hola Adelaida ¿Cómo has estado? —pregunte al momento en que le cedía el paso para que entrara.
Ella pareció sonrojarse, pero se me hizo algo normal bajo el sol —gracias… la verdad todo ha ido bastante bien, de hecho, en casa me han preguntado por ti…
—Pues que bueno y… ¿por qué? —pregunte continuado la plática, aún quedaban cinco minutos antes de comenzar el horario de trabajo.
—Quieren saber si pronto iras a visitarnos —contesto sonriendo extrañamente.
—La verdad dudo mucho en poder hacerlo —respondí, aquella vez no me había negado porque me sentía comprometido, esta vez, prefería no hacerlo —tengo muchas cosas que hacer, sabes…
—Bueno… igual en alguna ocasión que tengas tiempo avísame —dijo ella al instante.
—Está bien —le sonreí —ahora si me permites debo de empezar a trabajar.
Ahora a comparación de los meses anteriores ella estaba más presente en el zoológico, incluso nos ayudaba a mí y a Joseph a hacer las labores necesarias. Pero la mayoría de las veces ella me seguía a mí, preguntándome el porqué de casi todo lo que hacíamos, seguramente se sentía más en confianza por haber salvado a Buba.
Debido a la temporada de cría los horarios de trabajo se habían extendido y por lógica las labores también, este día en especial esperábamos la llegada de un nuevo borrego cimarrón, nunca me había tocado asistir en el parto de ninguno, así que esta ocasión era especial.
Estábamos Joseph y yo cuidando de la hembra, cuando Adelaida llego.
—Hola chicos, ¿Cómo está todo?
Joseph me miro y entonces respondí —pues no falta mucho, presiento que comenzara la labor de parto dentro de un par de horas.
Joseph me volvió a ver un poco preocupado —¿dentro de un par de horas?
—Así es, ¿Por qué?
—Bueno, me gustaría quedarme, pero debo estar en casa antes de las 10 de la noche, sino mi hijo se quedará solo…
Adelaida al instante hablo —puedes irte de una vez si quieres, de todas formas, el horario formal de trabajo ya paso, yo le ayudare, no te preocupes —dijo guiñándole un ojo.
—En ese caso muchas gracias señorita —se levantó y tomándole la palabra, fue por sus cosas.
Así pasaron las dos horas que calculé y justo como predije la hembra comenzó a dar a luz; al final todo resulto bien, la cría había nacido en perfectas condiciones y no hubo ninguna especie de complicación.
—Bueno, por ahora hemos terminado —dije mientras me secaba las manos.
—He… sí —respondió ella en tono extraño.
—Dime, Adelaida ¿vendrá algún familiar tuyo por ti?
Ella me miro dudosa.
—No… de echo te iba a pedir que me acompañaras…
—Bueno… —respondí dubitativo —si quieres puedo pedirte un coche… —le sugerí.
—Por favor —insistió ella.
—Bueno, ve por tus cosas, te espero afuera —en cuanto acepte ella salió disparada a la oficina, debía cerrar bien antes de irse.
Durante todo el camino ella no dijo nada, caminaba con la cabeza inclinada, pero no estaba triste, tenía algo más.
Opte por no hacerle preguntas indiscretas, quien era yo para interrogarla, además me pareció mejor así, yo iba muy emocionado viendo al cielo estrellado.
Al llegar a su casa lo único que hizo fue darme un beso en la mejilla y meterse a toda prisa a su casa, de nuevo actuaba extraño.
Sin entender nada me regrese al departamento, esperaba que esta situación no se volviera a repetir.
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Los siguientes días no volví a verla y por ahora cuando salí de trabajar Joseph me alcanzo apresurando el paso.
—Oye Albert ¿Qué harás esta noche? —me pregunto muy interesado.
—Pues… en realidad creo que nada ¿por qué?
—Bueno, me gustaría invitarte un trago hoy es mi cumpleaños y no tengo con quien festejar.
—Porque no —le respondí —solo deja paso a mi departamento por un saco y nos vamos.
—Bien, te espero.
Me dirigí al departamento, en realidad lo del saco era un pretexto, lo que quería hacer era avisarle a George a donde iría, con lo de la otra vez seguro se preocupaba de nuevo.
Cuando llegue encontré a George sentado detrás del escritorio revisando unos papeles.
—George…
—Dime, William —respondió sin quitar la vista de las hojas.
—Saldré con un compañero de trabajo ¿hay algún problema si voy? —estaba de más preguntarle si podía ir, pero prefería hacerlo.
—Puedes ir tranquilo, yo me quedare a revisar esto, solo cuando llegues procura revisarlos tú también —me dijo ahora sí viéndome a los ojos.
—Perfecto, nos vemos —y salí a toda velocidad.
Caminamos hasta que llegamos al bar que ya había mencionado Joseph, no era tan tarde, quizás la de la noche, pero entre tanta platica y un par de cervezas el tiempo paso rapidísimo.
—Joseph me disculpas, me tengo que ir —le dije al momento en que me levantaba de la silla.
—Está bien Albert, de todas formas, yo también debo marcharme —respondió entre risas y ligeramente alcoholizado.
Iba caminando de regreso al departamento cuando un gran alboroto se formó en plena calle, justo por donde debía pasar. Me detuve esperando que pararan, ya que unos sujetos peleaban contra otro, al prestar más atención me di cuenta que eran 3 tipos contra un muchacho mucho menor que yo… ¡vaya abuso!
Y sin pensarlo dos veces me metí al lío, pobre muchacho, ya le habían dado una golpiza y al parecer estaba herido de una pierna. Recordando viejos tiempos lancé golpes a diestra y siniestra, ayudándole al chico a ganar la pelea, cuando lo vi estaba tirado en el piso a punto de quedarse inconsciente.
—Soy Terry, mucho gus…. —no termino de decir porque se desplomo en el piso.
Por su atuendo supe de inmediato que era un alumno del colegio San Pablo, usé ese uniforme por 5 años de mi vida, como no reconocerlo.
Me lo cargue y con un poco de dificultad lo lleve al colegio, si mal no recordaba esta era el área de caballeros y el otro de las damas… o quizás no… en realidad no estaba seguro, nunca llegue a escaparme por este lado del colegio.
Con fuerza lo hice cruzar la barda y entonces reacciono.
—¿Dónde estamos?
—Te he traído al colegio.
—¿Cómo lo supiste?
—Tu uniforme…
—Bueno… mi habitación es la de por allá —dijo indicando con el dedo.
—¿Puedes ir solo o te ayudo?
—No, yo puedo —se negó al momento en que literalmente se iba de lado. Me puse su brazo en el hombro y lo ayudé a caminar el tramo que quedaba.
—¿Gracias...?
—Albert —le respondí.
—Te debo una Albert —y antes de que se metiera a su habitación pregunto —¿Dónde trabajas amigo?
—En el zoológico Blue River.
—Bien, iré a buscarte.
—Espero y sea sobrio —respondí burlón, Terry solo asintió y se metió a su habitación, yo me dirigí a la salida y me quede parado solo un instante… Candy también estaba en este colegio.
Volteé sopesando la idea de ir a buscarla, pero luego lo pensé mejor y supe que no era lo más apropiado, además ¿Albert cómo iba a saber que ella estaba allí?
Metí las manos en los bolsillos del pantalón y caminé de regreso a la barda, tenía que irme antes de que alguien me descubriera.
Salí y ya estando del otro lado comencé a reírme… vaya que había valido la pena aprender boxeo en aquellas vacaciones de verano, al parecer seguía sin perder el toque. Continúe caminando tranquilamente, de hecho, más bien analizando el camino por el que iba, ya que de alguna forma nunca me había dado por caminar por allí. Por error giré en una calle incorrecta y me vi en la necesidad de hacer memoria para saber por dónde era exactamente.
Iba girando la esquina cuando mire a alguien… a unos metros de mí…
Continuara...
Notas de la autora:
Locadeamor es un ALBERTFIC solo que eso se notara más adelante, aunque no nos guste Albert debió de haber tenido otros amores o amoríos. Tu lee tranquila.
Saludos y gracias por sus reviews, hasta el jueves.
