Hola, people! Ya estoy de vuelta, antes de lo que esperaba! :3 Tenía pensado publicar el lunes que viene por culpa de los exámenes, luego vi que iba bien de tiempo y pensé en publicarlo el viernes. Y aquí me tenéis el miércoles con esta (espero) delicia de cap 7w7 Alpacas para todos!
Espero que se me de bien y que os guste el drama, os haré sufrir con todo mi cariño.
Por cierto... Gris y orochimari-senpai15 son la misma persona?! Porque lo parece :O Bueno, no os entretengo más.
Disc.: Estos futuros ninis no son míos, por desgracia. Si lo fueran, Totty sería mucho más exagerado xD
Advertencias:
-Edades de los niños en este cap, al igual que en anterior: Todo-19; Jyushi-17; Ichi-9; Choro-8; Kara-6; Oso-4
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Capítulo 4
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Todomatsu el niñero (parte 2)
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Consejo n.º 1: Sé amable, positivo y no te enojes por cualquier cosa.
Esa mañana Todomatsu se despertó como todos los días poco después de que amaneciera. Sólo que ese día, en lugar de la dulce canción de la alarma de su móvil, la causa de su despertar no fue otra que una fuerte patada de un dormido Osomatsu en el estómago.
–Ugh… Este maldito niño…
Sobándose la zona afectada, el mayor sacó una cuerda de debajo de su almohada dispuesto a atar al menor, pero entonces Karamatsu se despertó y lo vio.
–Todomatsu-nii-san, recuerda los consejos de Chibita… – dijo con voz adormilada y cara de enojado. Realmente, siempre que se despertaba tenía cara de estar enojado.
–Tienes que ser amable, buena persona, positivo… – se dijo a sí mismo poniendo su sonrisa más adorable y falsa, repitiendo las palabras del pequeño amante del oden – Por lo menos no se ha despertado por una pesadilla, ¿eso es lo que quieres que diga?
El menor asintió y bostezó.
En muchas ocasiones desde que era un bebé, Osomatsu se despertaba en mitad de la noche atemorizado, llorando y gritando. Cuando aprendió a hablar, empezó a añadir tembloroso algo sobre un hombre malvado que reía, que quería llevárselo y hacerle daño. La única forma con la que conseguía consolarse era aferrándose a su madre o en su defecto a Totty o a Choro, tal vez porque eran los que más se parecían a su madre. Una vez que despertaba al día siguiente, no volvía a mencionar nada sobre sus sueños o sobre ese hombre extraño. Todomatsu sospechaba en ocasiones.
Sabiendo que no volvería a dormirse, decidió levantarse de una vez e ir a comprar algo para desayunar, ya que seguramente ni eso quedaría en la nevera.
–¿Puedo acompañarte? – preguntó Karamatsu levantándose también.
–¿Llevarás ropa dolorosa de nuevo? – preguntó de vuelta poniendo mala cara al recordar la chaqueta de cuero, las gafas de sol y los pantalones brillantes que le había conseguido Haru creyendo que le quedaría genial a su pequeñín de seis años. Por cosas como esas sabía que su sentido del gusto y la estética no lo había heredado de su madre.
–¡Claro, es una ropa genial!
–De acuerdo… – suspiró tomando ropa de un cajón. Si así era, tendría que ir de incógnito.
Después de vestirse el mismo y ayudar a su hermanito a ponerse la ropa, arreglarse y a abrigarse, ambos bajaron dispuestos a irse. Se aseguraron de que los demás seguían durmiendo, así no tendrían tantos problemas al regresar. Al llegar a la entrada, se encontraron con la alpaca sentada en la entrada mirándoles con un collar naranja en la boca.
–¿Acaso eres un perro? – dijo Todomatsu alzando una ceja.
La alpaca alzó las patas delanteras y empezó a mover la cola esperando emocionado.
–¿Nos la podemos quedar? – preguntó Karamatsu abrazando con sus ojos brillosos al animal, que trató de imitarlo – ¡Por favor! Prometo que la cuidaremos, le daremos de comer y la sacaremos a pasear todos los días. ¡Podemos hasta enseñarle trucos!
–No es un perro.
–Eso es un sí, ¿verdad?
–¡No pongas en mi boca palabras que no he dicho! – exclamó Todomatsu – Lo siento, Kara-chan, pero eso deberá decirlo mamá. Tú disfruta de ella mientras puedas. – dijo queriendo librarse del problema.
–Pero, ¿podemos sacarla a pasear al menos? – pidió haciendo un puchero que sólo podía calificarse de adorable.
Y así, pocos minutos después estaba en la calle con una gabardina un gorro de lana, unas gafas de sol y una bufanda rosa cubriéndole gran parte de la cara, junto a Karamatsu a un lado hablándole y hablándole sin parar sobre cosas que él creía que eran cool e inventándose palabras en inglés, provocando cierto dolor de costillas en el mayor; y la alpaca con el collar de perro al otro lado saltando alegremente. Una familia muy peculiar sin lugar a dudas.
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Consejo n.º 2: No toleres las trastadas, castígalos.
–¡¿Seguís todos vivos?! – preguntó Haru al otro lado del teléfono.
–Claro que sí, mamá. – respondió Choromatsu, que en sus manos tenía un delicioso flan que había encontrado por casualidad en lo más profundo de la nevera. No tenía ninguna nota avisando de quien era, así que ahora era todo suyo – Ummmh, ¡delicioso~!
–¿Estás seguro? ¡Puedo volver en cualquier momento y dejar aquí a la abuela! – sugirió, y se notaba desesperada y muy preocupada.
–Mami, si tanto te preocupaba nuestra vida, ¿por qué nos has dejado a cargo de Todomatsu-nii-san? – quiso saber el menor – Sabes bien que, si se le hubiera antojado, nos habría vendido a la mafia por cien yenes.
–¡¿Os ha vendido a la mafia?! – chilló al borde del llanto – ¡Tomaré el próximo tren y espero que esteis todos cuando vuelva o prometo que Todomatsu Matsuno jamás será padre, de eso me encargaré yo! Total, a la abuela sólo está un poco resfriada e igualmente le quedan dos telediarios, ¡pero vosotros tenéis toda una vida por delante!
–¡Tranquila, estamos todos aquí vivos y coleando! ¡Y no digas esas cosas, es cruel! – aseguró intentando calmar a su madre. De repente, un fuerte estruendo y unos gritos llamaron la atención del de verde, que se apresuró a decir: – Mamá, ahora estamos algo ocupados como para hablar por teléfono. No te apresures en regresar, llámanos más tarde, ¿vale? Te echamos de menos.
–¡Choromatsu, espera! ¡Pásame con Osom-!
Y Choro colgó antes de que la mujer pudiera seguir hablando.
Sin perder un solo segundo, se tomó lo que quedaba de su flan y se dirigió hacia la cocina ocultando las evidencias de su crimen dejando lo trastes en una maceta. "De todas maneras, la casa está hecha un basurero. Una cosa más fuera de su sitio no cambiaría nada" pensó antes de alejarse disimuladamente del lugar de los hechos. Luego, siguió el ruido que se escuchaba por todos lados hasta llegar al sitio de origen: la cocina.
–¡Oso-chan, vuelve aquí! – pedía Jyushimatsu persiguiendo al menor.
–¡No! Soy libre como una mariposa. – rió bailando como si estuviera en un espectaculo de ballet. Luego se detuvo y volvió sobre su eje, haciendo que el otro frenara de golpe para no chocarse con el niño – ¡Una mariposa explosiva!
–¡Wow, no me mates! – suplicó cubriéndose la cabeza y su cara con las mangas.
Osomatsu había sacado de entre sus ropas un par de peligrosas armas que había conseguido en su carrera por el desastrado lugar: un bote de ketchup y otro de mostaza. Su cara mostraba la maldad que crecía en el interior de ese pequeño cuerpo desde que aún llevaba pañales cuando apuntó con el bote de mostaza al mayor y apretó.
Nada.
–¿Ah? – dijo Jyushi mostrando un ojo curioso.
–¿Eh? – musitó al ver que todo seguía como antes – ¿No se puede? – se preguntó girando el bote para poder ver si había algo que impedía que la mostaza saliera volando y causara el terror.
Plug.
El pequeño y pobre Osomatsu, a quien no se le había ocurrido que apuntarse a sí mismo con un bote y disparar podía ser una mala idea, acabó con toda la cara y parte de la ropa cubiertas de mostaza.
Se quedó un instante en silencio apenas abriendo los ojos para mirar a sus hermanos con los ojos aguados, al borde del llanto. No sabían si realmente el pequeño tenía algún sentido del orgullo o el ridículo, pero no le había gustado pringarse de mostaza. Choro y Jyushi no pudieron soportar ver aquella tierna cara llena de salsa y explotaron en carcajadas.
–¡No os riais! – sollozó Osomatsu pataleando molesto.
Pero las risas sólo aumentaron hasta el punto de que el de verde acabó por los suelos intentando recurperar el aire.
De repente, una veloz ráfaga de ketchup y otra de mostaza volaron por la cocina hasta aterrizar en la cara de Choro y otra más en la boca del mayor. Las risas se detuvieron de golpe. El mayor cerró la boca afilando su mirada y el cuarto hermano empezó a quejarse.
–¡Dije que no os rieseis, idiotas, hijos de puta, Chorizo de mierda! – exclamó el menor usando todas las palabrotas que había aprendido… de Ichimatsu – Eso os pasa por sudestimarme.
–Está caducado… – comentó Jyushi sacando la lengua para escupir toda la salsa que casi se traga.
–¡Te arrepentirás de haberme atacado! – gritó Choromatsu tomando un bote de mayonesa que había sobre la mesa.
–¡Eso si no acabo contigo primero! – añadió Osomatsu apuntándolo con sus "armas".
–Hustle, hustle! Muscle, muscle! – dijo el segundo alegremente en mitad de la guerra, como si nada fuera con él.
Una guerra campal de comida se desató entre el de rojo y el de verde. Salsas, un saco de azucar y toda la comida que había en la nevera empezaron a volar sin dirección de un lado a otro de la cocina, igual que los insultos. Oso acabó rebozado en azucar y Choro con el pelo lleno de apestosos trozos de algo que parecía pescado y que nadie sabía cuanto tiempo llevaría en la nevera, pero no tenía pinta de ser comestible. Por supuesto, la comida en seguida se acabó y, a falta de otras armas, se lanzaron el uno contra el otro tirándose de los pelos y golpeándose sin cuidado alguno.
Y entonces, la puerta se abrió y todo se detuvo.
–… y por eso mamá me dijo que el Hada de los Dientes… Wow, ¿qué ha pasado aquí? – preguntó Karamatsu al entrar en la cocina junto a la alpaca.
Pero el problema para los menores no era él, sino el chico de incognito que había entrado justo detrás de él y que, pálido y con la expresión más neutra que podía poner, había dejado caer la comida que había comprado al suelo tras ver todo aquel desastre.
Hasta ese momento no se habían dado cuenta de las consecuencias de ensuciar la casa con un maníaco de la limpieza al cargo…
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Consejo n.º 3: Juega con ellos para que no se aburran.
–Ichi-chan, Kara-chan, ¡vamos a hacer un concurso! – anunció Todomatsu haciendo una pose que esperaba que fuera elegante.
Los dos niños, que estaban sentados frente a la mesa del salón terminando de tomarse los fideos instantaneos que habían comprado para el almuerzo, se quedaron mirando al mayor como si le hubiera salido otra cabeza. Sinceramente esperaban que no fuera esa temida aduelescencia (como la llamaba Osomatsu) lo que volvía a los dos mayores tan idiotas y locos o de aquí a unos años ellos estarían peor que sus hermanos.
–Nii-san, deja de ser tan divo. – dijo Ichimatsu deteniéndose un momento a bostezar – Por cierto, ¿sólo estaremos nosotros tres? ¿Dónde están Jyushimatsu-nii-san, Choromatsu y Oso-chan?
–¡No preguntes, Tima-nii-san! – exclamó Karamatsu tapándole la boca pálido – Tu cuerpo y tu alma podrían pudrirse al escuchar los atraces sucesos de esta mañana. A mí mismo me roe la conciencia por no haber sido capaz de ayudar a las víctimas de la ira de nii-san. Mejor que no sepas nada, podrás seguir difrutando de la flor de la infancia.
–¡Ay, duele, duele, duele! – exclamó Totty sentándose en el suelo sobándose las costillas – ¡Karamatsu, cállate! No pasa nada, sólo están… demasiado ocupados.
Un ruido sonó en la cocina seguido de las palabras: "¡Osomatsu, sigue limpiando o nii-san nos dejará durmiendo bajo un puente!" y una risa contenida, como si estuvieran corroborando las palabras del mayor de ellos. Ichimatsu puso una mueca de confusión, preguntándose qué demonios habría sucedido mientras él dormía.
–¡Bueno, mejor no hablemos de los que ya no están con nosotros y juguemos! – dijo Todomatsu dando una palmada para llamar la atención de los pequeños – El ganador del concurso tendrá el derecho a elegir el nombre de la alpaca. – Karamatsu en seguida puso cara de ilusión y estaba a punto de preguntar, pero él se adelantó – No quiere decir que nos vayamos a quedar al bicho, sólo es que necesita un nombre para no llamarlo "alpaca" de aquí a que lo dejemos en un zoológico.
–Jo… – se quejó el de azul.
–¿Y a qué jugaremos? – preguntó Ichi sin darle mucha importancia.
–Bueno, no estaba muy seguro de si esto os gustaría… – dijo sacando un par de consolas del bolsillo de su sudadera, una rosa y otra amarilla – Jyushimatsu y yo jugábamos con estas Game Boys cuando eramos pequeños, principalmente a Bokémon. Teníamos todos los Bokémones habidos y por haber y siempre estábamos luchando para ver cual de los dos era mejor.
–¡Yo he visto una de esas! – dijo Ichimatsu impresionado – Un compañero de clase me enseñó una que le había dado su hermano mayor, son unas reliquias. ¡No sabía que vosotros también teníais una!
Todomatsu rió rascándose la mejilla. ¿Reliquias? Diciendo eso, pensó que mejor debería vender esos viejos cacharros que ya no usaban en lugar de darselos a los niños para que jugasen.
–Bueno, ahora seréis vosotros los que lucheis para ver quien es el mejor. – añadió poniendo ambas cosolas sobre la mesa – Ahora elegid una de las dos y enfrentaros.
–Yo me quedo con la de Jyushimatsu-nii-san. – dijo fingiendo desinterés. "Seguramente los Bokemones de él sean más fuertes que los adorables de Todomatsu-nii-san" pensó sonriendo por dentro. Tenía que ganar como fuera, no permitiría que la alpaca tuviera un nombre doloroso.
–¡Empecemos! – exclamó Karamatsu cogiendo la otra consola.
Una vez que ambos estuvieron jugando, Todomatsu se permitió echarse en el suelo y descansar un momento. Sí, todos estaban entretenidos, nada podía salir mal…
–¿Quién… se ha tomado… mi flan? – se escuchó la (extrañamente) siniestra voz de Jyushimatsu, y cualquiera podía imaginarselo con una fría expresión sin sonrisa y un bate en sus manos.
–A-ah, ¿e-era tu flan? – preguntó Choromatsu tembloroso.
Y después de eso se escucharon los gritos del de verde huyendo por toda la casa mientras el segundo lo perseguía para golpearlo y Osomatsu reía al imaginarse las torturas que recibiría su hermano. ¿Es que sus hermanos no podían solucionar las cosas como personas normales y educadas, sin recurir a la violencia a la mínima de cambio? ¿Por qué todo en esa casa tenía que acabar en guerras más trágicas y sangrientas que la de Troya? Se preguntó Totty. La respuesta parecía ser como siempre no y así no terminarían limpiando la casa como dictaba su castigo.
Bueno, tal vez tendría que levantarse para detener una nueva guerra.
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Consejo n.º 4: No importa que te humilles, si se ríen está bien.
–¡Ya terminamos de limpiar! – anunció Jyushimatsu entrando en el salón junto a Osomatsu y un golpeado Choromatsu.
Un fuerte y agudo llanto casi rompe los tímpanos de los tres. Karamatsu en el centro del salón lloraba y pataleaba en el suelo inconsolable, algo que pasaba más a menudo de lo que querían pensar. Lo que no era normal es que a pesar de los intentos de Todomatsu por tranquilizarlo con chistes o alguna broma, el pequeño no le hacía ningún caso y seguía insistiendo en su llanto, y eso estaba poniendo cada vez más nervioso al mayor.
Algo así sólo podía significar una cosa.
–¿Qué has hecho, Ichimatsu? – preguntó Jyushi perspicaz, viendo al de morado sentado en una esquina junto a la alpaca con pinta de estar aburrido.
–Sus gafas han salido por la ventana. – masculló el nombrado con cierto tono de enojo.
–¡Tima-nii-san es malo! – lloró el quinto a moco tendido.
–¡Ayudadme! – lloró también el mayor desesperado.
El segundo rodó su mirada suspirando. Después de tanto trabajo que le daban, le reclamaría a Totty la mitad de la recompensa que le diera su madre, eso por seguro. Pero ahora lo importante era que el niño dejara de llorar antes de que alguien se tirara por la ventana tras las gafas. Despreocupado, se acercó al mayor y sacó un enorme abanico de papel de la nada con el que lo golpeó en la nuca.
–¡Ay! ¿A qué ha venido eso? – preguntó sobándose la nuca con un par de lágrimas en sus ojos.
–¿Y tienes el valor de preguntarme? ¡Es que eres de lo que no hay! – exclamó fingiendo estar completamente indignado. Le hizo una señal al mayor para que le siguiera el juego, aunque el mayor no la entendió del todo – Ya deberías saberlo, todo es por tu culpa. ¡Siempre es tu culpa!
–P-pero si yo no he hecho nada…
–¿Ah, no? ¿Y quien es ese con el que te vi el otro día? – preguntó frunciendo el ceño y haciendo un puchero – ¡Me estás engañando con otro! Yo aquí encerrado todo el día cuidando a los niños y manteniendo la casa y tú te vas con alguien más.
–Atsushi es sólo un amigo, Jyushimatsu…
–¡Mentira! ¡Se acabó! Si sigues así, ¡me iré de casa cuando menos te lo esperes, te abandonaré! – aseguró dándose la vuelta y cruzándose de brazos inflando sus mejillas.
–¡No! ¡No me abandones, yo te quiero! – exclamó extendiendo los brazos hacia él asustado.
Karamatsu se calló al cabo de un momento y todos los niños se quedaron mirando esa escena con cierto asombro y al borde de la risa. Si lo grababan y lo vendían como comedia amorosa, podía dar el pego y todo.
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Consejo n.º 5: Báñalos justo antes de dormir, así caerán rendidos en la cama.
–Entonces, ahora el nombre de la alpaca es Hanimatsu, ¿no? – dijo Choromatsu mientras se enjabonaba el pelo y se quitaba toda la mugre tras un largo día de trabajo.
–¡Sip! – exclamó Karamatsu desde la bañera, ya que él no estaba tan sucio como sus hermanos – El equipo de Todomatsu-nii-san era tan fuerte que venció a Tima-nii-san en un instante. ¡Estuvo toda la tarde pidiéndome la revancha, un todo o nada, pero jamás ganó al gran e imparable equipo de nii-san!
–Ichimatsu me subestimó. – dijo Totty orgulloso del vicio que le había caracterizado cuando era pequeño.
–Por cierto, no sé yo si tu Game Boy seguirá funcionando… – añadió encogiéndose evitando mirar al mayor. Ichi, cuando se había cansado de perder, se había enojado tanto que lanzó la consola contra la pared dando un chillido. La pared había acabado abollada, no habían querido comprobar si la consola también…
Luego fueron sus gafas las que volaron.
–Por vuestro bien espero que sí o alguno acabará en la hoguera. – aseguró amenazando al menor con la mirada y en seguida el pequeño se escondió bajo el agua. Mientras, enjabonaba a Osomatsu – Por dios, Oso, ¿esto de aquí es mostaza y… mayonesa? ¡Y sal!
–Es azúcar. – corrigió Choro encontrando un trozo de pescado entre sus cabellos.
–Wow, si te echo a la bañera sí que se convertirá en agua dulce…
–¡Agua dulce! – repitió el menor lanzando jabón al aire.
Los cuatro rompieron en risas juntos. Cuando por fin Osomatsu y Choromatsu estuvieron decentemente limpios, los tres se metieron en la bañera junto a Karamatsu y se suspiraron al unísono relajándose por completo. Tras un día tan estresante y con tanto trabajo por delante, era un verdadero placer poder bañarse y pasar un rato riendo y disfrutando, sin pelearse y sin preocuparse por nada más que por la temperatura del agua.
Mientras tanto, Jyushimatsu e Ichimatsu preparaban el gran futón donde solían dormir los seis. El menor había pasado del enojo al desánimo a lo largo de la tarde de una manera que sólo el mayor pudo notar, así que decidió preguntar si sucedía algo malo. Ichi suspiró mientras sacaba las almohadas.
–Karamatsu me ha dado una paliza jugando a Bokémon con tu equipo. – dijo enfatizando la última parte, como si quisiera echarle la culpa – Por más que lo he intentado, no he podido ganarle.
–Oh, entiendo, así que esa es la explicación de todo… Debe ser muy duro perder contra tu hermano pequeño. – dijo, aunque en realidad no lo entendía. ¿Tanto desánimo por un juego? Hermanito exagerado…
–¡No es eso! – exclamó algo más alto de lo normal, y al darse cuenta se tapó rápidamente la boca.
–¿Ah? ¿Y qué es entonces?
Ichi miró al mayor fijamente dudando si decirle o no. En su mente sus palabras sonaban tan ridículas que él mismo se reiría si lo escuchara de alguno de sus hermanos, pero no quería que el mayor se riera de él. Al final, de tanto pensarlo sus ojos se aguaron.
–Nii-san, ¿y si Karamatsu se hace más grande que yo? – preguntó finalmente con la voz quebrada.
–¿Eh?
–¡Sí, ya deberías saberlo! Tú por ejemplo eres más fuerte que Todomatsu-nii-san. ¿Y si Karamatsu acaba siendo más fuerte que yo? ¿Cómo podré protegerlo de los niños que se metan con él? ¡Yo soy el único que tiene derecho a meterme con él! Ahora puedo darle un par de golpes a esos niños y salen corriendo, pero si él sigue creciendo, ¡ya no me necesitará! ¡Será como si jamás hubiera sido su hermano! – dijo empezando a llorar a lágrima viva.
Jyushimatsu no se lo pensó dos veces: se agachó hasta quedar a la altura de su hermano y lo abrazó, permitiendo que el más pequeño ocultara su cara en su hombro. Se mantuvo así un par de minutos hablando en voz baja y tranquilizadora, queriendo calmar el llanto. Finalmente Ichimatsu se apagó hasta que sus lágrimas quedaron reducidas a simples sollozos.
–No te preocupes, Ichi-chan. – dijo separándose para poder mirarle a la cara. El de morado se pasó la manga por los ojos queriendo quitar todo rastro de llanto – Aunque sea más grande o más fuerte que tú, ¡Karamatsu siempre será tu hermanito! Si te quiere, hará cualquier cosa por ti y no necesitarás protegerlo de los abusones, siempre estaréis el uno junto al otro y nadie podrá con vosotros. Por un hermano se hace cualquier cosa.
–¿P-por eso tu equipo era más débil que el de Todomatsu-nii-san? – preguntó el menor con curiosidad.
–Bueno, sí, algo así. – explicó con una gotita cayendo por su sien – A él no le gusta nada que le ganen en algo que él piensa que debe ser el mejor, y yo solía ganarle en este juego. ¡Decía que no dejaría de entrenar hasta que me venciera, se pasó meses así! Así que yo entrené al mío para dejarme ganar y él creyó que se había vuelto mejor que yo. Luego naciste tú y ya nos olvidamos de ese vicio…
–¿Tú necesitas a nii-san? – quiso saber.
Jyushimatsu sonrió aún más y sus mejillas se sonrojaron levemente. "Como cuando come un oden que le gusta mucho" pensó Ichimatsu.
–Claro que necesito a nii-san, tanto o más que a todos vosotros. ¡Pero no estamos hablando de mí! – se interrumpió poniendo un brazo en jarra y señalando con la mano contraria a un punto en el techo – ¡Es hora de que marques un home run en tu carrera como hermano mayor! ¡Corre y abraza a Karamatsu en cuanto vuelva del baño!
–¿Abrazarlo? ¡Puaj, que asco! – exclamó sacando la lengua – Si lo hago, tomará demasiada confianza y será cuestión de tiempo que me pida que vista su ropa dolorosa.
–Oh, cierto. – rió terminando de arreglar el futón.
Justo entonces, Todomatsu entró la habitación con los dos más pequeños de la familia en brazos, Osomatsu sobre sus hombros y Karamatsu al frente agarrándose a la camiseta del mayor. Ambos dormían tranquilamente agotados por el duro día. Choromatsu venía justo detrás y también parecía que se dormiría en cualquier momento. Todos llevaban pijamas de su color y aún tenían el pelo húmedo.
–Ya podéis ir a bañaros. – les anunció el mayor bostezando y dirigiéndose a dejar a cada niño en su sitio – Sobretodo tú, Jyushimatsu, que eres más comida que persona en este momento. Te prohíbo que te acuestes en el futón tan sucio.
Jyushi al escuchar eso se llevó un brazo a la boca, pero puso mala cara al notar que no sabía tan bien como esperaba.
–Yo os esperaré despierto, no os preocupéis. – dijo sentándose en su lugar, justo entre Oso y Kara.
–¡De acuerdo! – asintieron ambos obedientes.
Los dos se marcharon hacia el baño corriendo, sabiendo que tardaran lo que tardaran Totty estaba tan agotado como los más pequeños y no podría cumplir con lo dicho.
Ichimatsu se quedó algo pensativo después de hablar con Jyushimatsu. Ya se sentía más aliviado con respecto a Karamatsu, pero tardó en recordar que además del hermano mayor de Kara también era el hermano pequeño de Jyushi y quiso pensar que se sentiría igual que él en algún momento, así que al llegar al baño tomó de la sudadera al mayor para llamar su atención.
–¿Qué pasa? – preguntó Jyushi.
–Jyushimatsu-nii-san, estoy seguro de que Todomatsu-nii-san también te necesita. – aseguró con cara de determinación – Nadie lo conoce mejor que tú, eres el único que puede estar a su lado, entenderlo y animarlo, y estoy seguro de que te necesita a su lado, tanto como yo a ti y… a Karamatsu… – añadió algo avergonzado al final.
–¡Awww, que lindo! Te has ganado un buen baño, ¡yosh! – dijo con una enorme sonrisa confiada.
–¡Hisss! – siseó sacando sus orejas y su cola de gato erizadas.
En ese momento, Hanimatsu entró en el baño de un salto. Ichimatsu intentó salir corriendo del susto que se había llevado, pero la alpaca tomó al menor de la sudadera y, con toda la elegancia que tiene un animal como él, lo llevó hacia la bañera sin importarle las quejas y las pataletas del chico y lo lanzó a la bañera con la ropa puesta, entrando justo después que él.
El animal soltó un suspiró de satisfacción acomodándose en la bañera, pero Jyushi no podía hacer otra cosa que entrar en pánico.
–Mamá, sé que nos pediste que cuidáramos de los niños. – dijo mirando al techo, como si realmente se estuviera dirigiendo a su madre – Espero que para conseguirlo hubiera que tirarles una alpaca encima, ¡porque entonces lo he hecho genial!
La alpaca pareció reírse mientras unas burbujitas en el agua salían a su lado.
–Nee, ¿me devuelves a Ichimatsu? – preguntó Jyushi inocentemente.
Hanimatsu negó con la cabeza. Pronto, las burbujas dejaron de salir y el mayor tuvo que apresurarse a sacar a la alpaca de allí antes de que volvieran a ser cinco hermanos.
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La desaparición
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–¡Hogar dulce hogar! – exclamó Haru con una amplia sonrisa en cuanto bajó del tren.
Había pocas personas en la estación. Era bastante normal teniendo en cuenta que era cerca de las once de la noche: poca gente tomaba el tren a esas horas para dirigirse al barrio donde ella vivía. Una corriente fría sopló y ella se apresuró a abrocharse la chaqueta y caminar aún más rápido hacia casa. Le daba algo de miedo andar por esas calles abandonadas sin ninguna compañía, pero luego pensaba en que sus hijos debían estar esperándole impacientes y el miedo desaparecía.
Sus hijos, sus preciosos y amados hijos. Desde que nacieron, había dado todo por ellos, por cuidarlos y que no les pasara de nada. Cuidar de seis niños ella sola durante tanto tiempo no había sido algo fácil: todos tenían diferentes personalidades y necesidades y muchas veces parecían creer que ella una especie de ser indestructible que podía permitirse todos los caprichos que ellos pedían. Muchas veces había tenido que trabajar horas de más por las mañanas para conseguir dinero para que no les faltara de nada. A pesar de todo los problemas que podía dar ser una madre soltera, ella quería a todos sus niños y daría la vida por que ellos estuvieran bien.
–Espero que Todomatsu haya podido cuidar bien de los pequeños… – se preguntó a sí misma – ¡Ya sé! Mañana le prepararé su comida favorita para agradecerle, seguro que se pone muy contento.
Mientras caminaba por la calle, un hombre algo borracho que estaba paseando por allí se chocó con ella y su bolso cayó al suelo. Haru se apresuró a recoger las cosas que habían salido de él. Finalmente se quedó con el gran tigre de peluche que le habían regalado por el día de la madre en su mano.
–Mis niños… – susurró con una bella sonrisa.
De repente, unas manos aparecieron a sus espaldas y la tomaron de la boca y el cuello. El tigre cayó al suelo, pero Haru no pudo recuperarlo.
–¡Pfmmm! – intentó chillar pidiendo ayuda, pero ningún sonido salió de su boca.
–Silencio… No querrás que el se enfade, ¿verdad?
Al escuchar aquellas palabras en su oído, la pobre mujer se quedó paralizada y detuvo todos sus movimientos, dejando de debatirse contra su agresor. Sus rodillas temblaban. "No, esto no debería estar pasando, no puede volver a pasar…" negó queriendo echarse a llorar. Una rápida sucesión de imágenes pasaron por su mente, recuerdos de hace no tanto tiempo como desearía.
La cara de terror de Ichimatsu con unas feas marcas amoratadas en el cuello…
El llanto atemorizado de Jyushimatsu y el bate lleno de sangre…
Choromatsu y Karamatsu abrazando al bebé Osomatsu que no dejaba de mirarlo todo con sus ojos bien abiertos…
La silueta de Todomatsu en una esquina de la habitación, sentado y abrazándose las rodillas temblando y sollozando…
"No a ellos otra vez, por favor…"
El tigre de peluche quedó abandonado en el suelo en mitad de la fría noche.
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Los pájaros empezaban a cantar con el sol de la mañana cuando el teléfono empezó a sonar en la casa de los Matsuno.
Osomatsu esa mañana casualmente se había despertado unos minutos antes para ir al servicio como el niño mayor que era y escuchó el ruido al pasar por delante. En seguida recordó a Todomatsu el día anterior recibiendo una bronca de parte de Haru, poco después de comer, mientras se encargaba de "limpiar" la casa.
"¡Es mamá!" dedujo sonriendo ilusionado.
El pequeño corrió hacia el teléfono e intentó tomarlo a duras penas, poniéndose de puntillas. Consiguió alcanzarlo y, antes siquiera de escuchar la voz al otro lado, empezó a hablar con toda la alegría de un niño de su edad:
–¡Mami, he cogido el teléfono yo solo! ¿A que soy genial? – exclamó rascándose la nariz orgulloso, como si hubiera logrado descubrir la cura del cáncer – Nii-san está durmiendo, su móvil sonó hace un rato pero fui bueno y lo apagué para dejarle dormir. Ah, y tenemos una cabra enorme y muy rara en casa. ¡Ven pronto, tienes que verla!
Sin embargo, no fue la dulce voz de su madre la que le respondió sino una estruendosa risa ronca. Oso dejó caer el auricular, que chocó contra el suelo, y abrió los ojos tanto como podía. Retrocedió y borró su sonrisa temblando.
Su voz se negó a salir. No podía gritar y, antes de darse cuenta, estaba corriendo escaleras arriba hacia la habitación de sus hermanos. Entró abriendo la puerta con tanta fuerza que todos se despertaron, algunos más que otros. Osomatsu no lo dudó ni un momento antes de lanzarse a los brazos de Todomatsu y aferrarse a él temblando, sin dejarle reaccionar. No sabía en qué momento había empezado a llorar, pero ahora el pijama del de rosa estaba completamente empapado.
–¿Osomatsu? – musitó Choromatsu incorporándose adormilado.
–¿Otra pesadilla, Oso-chan? – preguntó Todo sonriendo compasivo.
En pequeño negó limpiándose en la camisa del pijama.
–E-es real… – aseguró con un hilo de voz casi inaudible – Él… es real…
El mayor y el cuarto hermano se miraron algo confusos. Apenas entendían las palabras del chico y lo poco que entendían no tenía sentido.
–¿Qué quieres decir? ¿Quién es real? – quiso saber Choro.
–E-el hombre que ríe… Es de mis sueños… Ha llamado a casa y… Es real, tiene a mamá… ¡Es real, viene a por mí! – gritó de repente y los mayores podían notar el pánico y la desesperación en su voz.
Todomatsu, empezando a encajar las piezas, se levantó del futón tomando a Osomatsu en brazos y bajó las escaleras con parsimonia. El pequeño no apartaba el rostro del hombro de su hermano tembloroso como una hoja. Sentía pena por el niño, nadie de su edad debería soportar un terror tan grande como el suyo. Al llegar a la entrada, tomó el teléfono del suelo y se lo llevó al oído.
–¿Diga?
La risa volvió a repetirse, sobresaltando a Oso y haciendo que se removiera incómodo. Sin embargo, es esta ocasión por fin se escucharon algunas palabras que Todomatsu deseaba jamás haberla oído.
–Es la hora, Todomatsu…
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Dios mio, lo siento! Espero no haberos hecho sufrir mucho, lo siento! Veis? Por esto no suelo hacer drama, luego me arrepiento qwq #PrayForHaru. Pero, qué os parece ese hombre misterioso? Qué le habrá hecho a los Matsuno? Por qué conoce a Todomatsu y que quiere de él? Esto y mucho más, próximamente 7w7
Por otro lado, que no se note que son los Bokémones, son totalmente inventados (?) Y también, como curiosidad, el nombre de la alpaca (Hanimatsu) vendría de la pronunciación en japonés de Honey y, por supuesto, el matsu de la familia. Seeh, es Karamatsu quien le ha puesto el nombre, no pidáis más xD
Si tenéis quejas o sugerencias, dejad un review a número que aparece en pantalla. *No aparece ningún número* Mierda, ya se me ha vuelto a estropear :'v
PD: Nunca dejéis a Ichimatsu con niños, les enseñará a ser yakuzas.
PD2: Tampoco dejéis a Totty, los venderá a la mafia.
PD3: Mejor no dejéis a ninguno con niños, si es que los queréis con vida y en buenas condiciones físicas y mentales.
