La calle estaba atestada de gente a pesar de ser una hora poco frecuentada. El tráfico estaba insoportable y casi era imposible andar sin chocarse con nadie.
Una marabunta de personas con prisa se movía a un ritmo discontinuo por la acera, y el sonido de los coches circular a una velocidad vertiginosa convertía todo en un ambiente de agobio que incluso dificultaba a la respiración si te concentrabas mucho en él.
Miró el reloj que colgaba de su bolsillo y resopló hastiado, era imposible que llegara tarde, aquello si que no podía pasarle. Pero aunque había salido con tiempo de casa, no contaba con toda aquella cantidad ingente de personas.
Intentaba deslizarse entre ellas, cruzando los dedos para no chocar con casi ninguna y poder avanzar un poco más rápido en su trayectoria.
Aún le quedaban tres calles antes de llegar a la parada de su autobús, y a ese ritmo parecía que todo se le hacía eterno. Era como si no estuviera avanzando ni dos centímetros.
Y de pronto, un ruido sobre todos los demás le hizo fijarse un poco más en los detalles. Porque no era un ruido cualquiera, era el de su teléfono móvil.
Genial, no tenían un momento mejor para llamarle.
Sin que se le cayera el maletín ni la carpeta, logró meter la mano en el bolsillo del pantalón y sacar el aparato que no cesaba de sonar, con el nombre de "Alfred" en la pantalla:
- Magnífico.- siseó antes de contestar.- Dime.
- ¡Arthur! ¡Esto es terrible!
Paró en seco, olvidándose por completo de las personas que pasaban a su lado, enfadadas, insultándole por quedarse quieto en medio de la calle:
- ¿Qué ha pasado? ¿Estás bien?
Notaba su corazón totalmente acelerado. Un miedo frío recorrió su columna vertebral. No podía haberle pasado nada…
- ¡Arthur! ¡Me ha salido una Witch y no puedo pasar!
- … ¿cómo que una bruja? ¿Hay una bruja en tu casa?- aquello si que no tenía sentido, o por lo menos no demasiado.
- ¡Y ya lo he intentado todo! ¡Pero es que si hago ruido me va a matar!- su voz era cada vez más desesperada.
- ¡¿Pero cómo que si haces ruido te va a matar?
- ¡Y encima ya no me quedan más vidas! ¡Como la palme se acabó, y no he guardado esta partida!
Ese idiota descerebrado…
- ¿Estás jugando a un videojuego?
- Claro, al Left 4 Dead… ¡y ya no sé que más hacer! ¡Ayúdame, Arthur!
Con la cara congelada en un rictus, colgó el teléfono antes de guardárselo en el bolsillo de nuevo, intentando serenarse.
Eso le pasaba por contestar cuando no debía.
¡Mierda, el autobús!
Sujetando de nuevo bien todas sus pertenencias, reanudó la marcha, y sabiendo que había perdido mucho tiempo, echó a correr, lo máximo que se lo permitía la gente.
Cruzó la calle, giró en la esquina, se pegó a la pared para poder pasar más rápido…
… para llegar justo en el momento en el que el automóvil arrancaba, alejándose por el puente.
