¡Por fin!

Capítulo Nuevo.

Se siente tan bien poder escribirlo…

Aunque eso sí. No puedo prometerles ningún capítulo pronto o un día en el que actualizare. No sé cómo se vaya a tornar mi semana, mes o vida. Tengo suficiente en la cabeza y la verdad lo que menos puedo hacer es comprometerme. De todos modos aquí les dejo mi súper esfuerzo.


De la Boca de un Extraño"

Capitulo 3: …

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"De la Boca de un Extraño"

Capitulo 4: …

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Bella POV

Jacob parpadeó varias veces para retomar el hilo de sus pensamientos.

Discúlpeme, Señor Cullen- habló fuera de sí.- Es solo que yo…

Esme miraba la escena muy confundida, estaba segura que ni el mismo Edward comprendía del todo bien la situación pero sus celos lo ponían al borde. No pude evitar querer subirme a la mesa y hacer un bailecito ridículo de celebración. Reprimí mi sonrisa, no era para nada un momento adecuado.

Le voy a pedir con todo el respeto y la paciencia que tengo que mientras trabaje con nosotros se limite a llamarnos por lo que somos. Pude llamarme Sr. Cullen,- Me miró molesto. Desvié la mirada de sus penetrantes órbitas- En cuanto a mi mujer puede llamarla como ella guste pero no olvide el respeto que le debe. Es una dama, y a las damas se les trata como tal.

Mi corazón se estrujó de la emoción. En mi vida me habían defendido. Por absolutamente nada habían debatido por mí y ahora estaba yo, aquí, siendo tratada como toda una mujer. Edward era todo un caballero y a pesar de que su tono me daba mucho miedo estaba feliz de saber que mi futura vida estaría llena de esto. No precisamente de situaciones incomodas, más bien de un trato digno de toda una mujer. Su comentario me animo a retomar el ritmo de mis respiraciones.

Estaba tratando de poner verdadera atención a la situación cuando el procesar de mis pensamientos se detuvo. Esperen un momento…. ¿Mi mujer? ¿Mi? Me había llamado…. ¡Su mujer! ¡Su mujer! De acuerdo esto ya se merecía una tremenda sonrisa.

A madre de mi prometido notó el extraño cambio en mi rostro y me miro con confusión, sin siquiera disimularlo. Estabas en medio de una muy posible pelea y yo parecía querer saltar por la pradera y arrojar flores multicolores de mi canasto. Sabía que Jacob no era un hombre de quedarse callado. Me temía el esperar que le contestara a Edward y se armara un verdadero embrollo. Esperaba que Edward no fuera de esos hombres que creen que sus puños lo pueden arreglar todo. Vaya, si lo pensaba bien no le vendría mal un ojo morado a ese perro. Pero arriesgar a mi Edward a las patas de este vil animal… ¡Jamás! a él no le podía poner un solo dedo encima. Yo misma empezaría a tirar puñetazos al aire si era necesario.

Mi mirada se cruzó con mi futura suegra y vi en ella el mismo destello de pánico que por fin había entrado en mis pupilas trayéndome de regreso a la cruda realidad. Ambas conocíamos a uno de los hombres presentes y si compartíamos la mirada de seguro era por malos augurios.

Entonces me pregunté hasta que nivel de estupidez podían llegar las neuronas de ese animal que se hacía pasar por hombre. No me cabía en la cabeza el nombre de la persona que fuera capaz de levantarle, por lo menos, la voz a un Cullen. Mucho menos quería saber quién sería el desafortunado de hacerlo con el Cullen más imponente.

¿Sería tan estúpido como arriesgarse a tanto?

Estaba segura que Jacob tendría suerte si terminara en la cárcel puesto que por lo menos tendría comida y techo. No sería la vida que imagino, ni la que jamás soñó, pero sin duda estaría agradecido de tener vida.

Jacob se aclaró la garganta y pegué automáticamente mis ojos a él. Estaba nervioso, su mirada estaba enfocada olímpicamente en los tantos papeles que cargaba en su portafolio. Marcando aún más su estado, el desgraciado temblaba de pies a cabeza. Buscaba la forma de hablar pero cada vez que abría la boca sus cuerdas vocales dejaban escuchar sonidos incoherentes. Después de todo si tenía una pizca de cordura, o su instinto de supervivencia era más fuerte a su estúpido orgullo y carácter. Más tarde tendría que preguntarle a Edward donde se encontraba el cuarto de seguridad. Necesitaría tomar el video de la cámara asignada a esta sala, el ataque de Jacob era demasiado bueno como para dejarlo pasar. Me hubiera gustado esa misma reacción cuando lo encontré en la cama con su prima. Me hubiera gustado que se retorciera en el mismo suelo al ver mis lágrimas, al ver el corazón roto que había dejado…

Hundí mi rostro en el pecho de Edward. Era demasiado para soportarlo. Sus brazos automáticamente se cerraron entorno a mi debilucho cuerpo y una de sus manos comenzó a acariciar mi pelo con cariño. Respiré profundo tratando de calmarme y dejar que las imágenes que atosigaban a mi mente se fueran volando lejos. Tuve una reacción extraña, una a la que me gustaría y empezaba a acostumbrarme. Una que definitivamente no quería olvidar y quería poder repetir día tras día. El dulce olor de mi prometido inundó mis fosas nasales llegando hasta mi limitado cerebro. Y en cuanto a dulce me refería a lo agradable que era. Esa esencia masculina y elegante no era encontrada en un frasco de cristal en las mejores tiendas departamentales. Extrañamente sabía que esto era parte de Edward. Un mareo bastante agradable me hizo suspirar. Sentí el cuerpo de Edward moverse. Estaba segura que me miraba.

Levante la vista para encontrarme con el hombre más bello de todo este planeta dedicándome una encantadora sonrisa. A pesar del terrible momento y la incómoda situación en la que nos encontrábamos podíamos ser felices. Parecía que estando nosotros dos, juntos, en nuestra burbuja, el mundo giraría y giraría, la primavera se volvería invierno, y la tercera guerra mundial podría empezar y nada importaría. Éramos nosotros dos y nada más. Amándonos.

¿Amándonos? ¿Después de un día?

¿Era eso lo que sentía por Edward? Sabía que tenía una atracción irremediable hacia él, físicamente ni se diga. Sabía que mi corazón se ponía como correcaminos al verlo, al escucharlo. O a su nombre. Que mi cuerpo estaba cómodo junto al suyo, que reconocería su presencia fuera donde fuera pero… ¿Lo amaba? ¿Ya? ¿Así de la nada?

Antes de poder hundirme en un mar sin fin de preguntas Jacob por fin habló.- Disculpen pero me tengo que retirar.- Y sin más el vil cobarde salió huyendo. Esme abrió la boca para protestar pero no le dio tiempo. El perro ya había abierto la puerta y estaba a unos pasos del ascensor. La nada discreta de Leah camino detrás de él pero algo dentro de sus cerebro tamaño nuez le hizo darse cuenta de que la mirábamos. Se giro a vernos, o muy específicamente, se giro a exterminarme con su mirada. Regresó a su escritorio sin quitarme sus dagas de encima. Me estremecí, la conocía en muchos aspectos pero enojada no era uno de ellos. Era algo para preocuparse.

Bella- habló la mujer de cabello color caramelo.- Siéntate por favor. Pareces morir.-

Edward abrió la silla para mí y tome asiento. Él se sentó en la continua. Su mano se poso sobre mi hombro, la que tenia libre la estiro para tomar la mía por sobre la mesa.

¡Vaya!- Esme estaba sentada con las piernas cruzadas en la silla de la cabeza. Su rostro era de sorpresa total y su mirada se perdía en la cristal que figuraba la mesa.- Tenía prisa- se burló.

Que total falta de respeto- se expresó Edward. Su voz era fría como el hielo y su rostro no era mejor. Estire mi mano libre para acariciar su mejilla. Edward, que ya había previsto mi movimiento, cerró los ojos listo para deleitarse con mi tacto. Sonreí mientras recorría mi camino. Era un tacto lleno de sentimiento, de amor. No había sido para nada forzado, como muchas otras veces tuvo que ser con mi antiguo prometido. El movimiento me había nacido del corazón. Lo hacía con la mejor intensión, no solo para que notaran mi cariño con él.

Edward suspiro más tranquilo. Acomodo mis dos manos juntas y acerco su rostro para depositar un dulce beso en mi frente. Sonreí al ver que había logrado mi propósito, se había calmado. Mi prometido rodeo mi cuerpo con sus brazos, descanse mi cabeza en su pecho con una sonrisa llena de satisfacción.

Todo este tiempo mi suegra nos estuvo viendo. Que vergüenza.

Mire a mi suegra con mi profundo sonrojo extendido hasta el cuello, junto con las orejas, y una pequeña sonrisa apenada pintada en mis labios. Edward por otro lado rió al ver a su casi madre. Esme nos miraba con una enorme sonrisa, sus manos reposadas en su corazón y sus ojos llenos de lágrimas.

Lo siento,- se disculpo mientras rebuscaba en su bolsa por unos pañuelos- perdonen mi intrusión pero es que…- Se giro a vernos con más lágrimas en sus ojos.- ¡Es que soy tan feliz!- Grito azotando ambas manos en la mesa. Pegué un brinco por la impresión que me causo el sonido. Mi futura suegra se levanto de su silla y corrió a abrazarnos.

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¡Adiós!-nos volvió a decir una llorosa Esme. Aun tenía lágrimas en los ojos, toda la hora las había tenido, solo que ahora un pañuelo se posaba en su mano salvando el poco maquillaje que quedaba de correrse más. Sentí pena por mi misma cuando pensé que sin importar que tuvieran en la cara y como fuera ella seguiría siendo bella, al contrario mío. Yo parecería un mapache rabioso.

Parece como si no nos fuera a ver otra vez- se burlo Edward, sin embargo, por más que trato que su voz fuera socarrona había notado el cariño que la inundaba. Sin duda quería a esa mujer.

Esme había estado muy sentimental en nuestra especie de junta. "Especie" porque había sida la junta más informal a la que había asistido y al mismo tiempo una de las más extrañas. Mi suegra había querido que le describiera a detalle cada una de las acciones por las que Mike debería estar ahora mismo detrás de varias rejas pero, gracias a dios, Edward imploro que no lo hiciera.

Sabía que tarde o temprano lo tendría que hacer y al mismo tiempo sabía que Edward no desearía estar ahí y tener que escuchar todas esas atrocidades. Sin embargo, yo deseaba que él estuviera ahí. No para torturarlo, jamás. Yo deseaba que me acompañara para sentirme más segura, para que me diera su apoyo. Quería que estuviera para mí, para evitar que cayera al suelo a llorar sin consuelo alguno. Sentía plena confianza en Edward, me sentía segura a su alrededor. Eso a pesar del tiempo que llevábamos de conocernos.

De una u otra forma todo terminaba llevándome al mismo lugar, el tiempo. Había algo en mi mente, una pequeña neurona que me gritaba que esto no estaba bien. Que tenía muy poco tiempo de conocer a Edward. Mi razón me insistía en que esto era una locura pero mi corazón se oponía de forma firme. Me decía que me dejara llevar, que no tuviera miedo. Que confiara en mis instintos por primera vez, que solo me dejara llevar. Que estuviera con Edward.

Edward tomo mi mano cuando llegó a la acera en la que me encontraba parada. Me giré en una especie de trance al verlo y este me sonrió al instante. Pero hubo algo que no me dejo regresar el gesto. Mis músculos de la cara se negaban a cooperar y eso solo hizo que mi dios griego torciera su cara y su ceño en uno lleno de confusión.

¿Pasa algo?- pregunto realmente consternado. Quise negarme pero no le encontré sentido alguno. Después de todo tarde o temprano tendríamos que hacer esto y mientras menos lo aplazara más tiempo tendríamos para hacerlo bien.

¿Te gustaría dar un paseo?- pregunté llena de esperanzas a un rechazo. Edward sonrió complacido y sabia que había esperado en vano- Hay un lindo parque a dos cuadras de aquí. No sé… tal vez podemos dar una vuelta por ahí.

Y después podemos parar en un café que está justo enfrente del lado norte del bosque. Creo que podremos hablar aun más cómodos- Mis mejillas se encendieron cuando me comento esto. Mi propósito había sido descubierto.

Cierto, nos será de utilidad- conteste apenada. Mi prometido me beso el cabello antes de regresar con un leve trote al buffet jurídico. Lo vi entrar unos momentos y detenerse a charlar con uno de los porteros. Segundos después salió con un semblante más tranquilo.

Llegó hasta mi lado y colocó una de sus manos en mi cintura empujándome para dar inicio a nuestro recorrido. No pude evitar mirar hacia nuestros lados cuando dos hombres, igual de amedrentadores como Emmett pero un poco menos corpulentos, se acomodaron a nuestros costados unos veinte pasos atrás. Puede que los pocos ciudadanos que andaban por el lugar no lo notaran como algo fuera de lugar pero yo entendía a la perfección que nosotros éramos su objetivo. Edward sintió mi cuero tensarse pero solo me dedicó una pequeña caricia haciendo leve presión en mi con sus largos dedos.

Son buenos chicos, Bella- trato de tranquilizarme- Solo nos ayudaran a prevenir incidentes.

Entonces esto era lo que se sentía tener guardaespaldas.

Más de alguna vez había escuchado a ciertos magnates quejarse de la incomodidad que su seguridad implicaba pero jamás creí experimentarlo en carne propia. Al mismo tiempo recordaba tantas estrellas de la farándula parlotear de las tantas veces que estos hombres habían salvado su pellejo. No solo poniéndose frente a ellos cuando una bala estaba decidida a traspasar su cuerpo, si no como habían evitado que se ahogaran entre la multitud, que no terminara en paños menores cuando los fanáticos zafados de la cabeza intentaban arrancarles sus prendas para venderlas en e-bay o alejándolos de la prensa al salir de otro antro de moda con un buena borrachera encima.

Particularmente apreciaba el no tener que experimentar la sensación bajo ninguna de esas circunstancias. Era claro que me hacían sentir cohibida, sobre todo teniendo a cariñoso Cullen como pareja, pero él mismo se encargaba de distraerme y hacer que mi atención se concentrara solo en él. Un trabajo en extremo fácil.

Balanceamos nuestras manos unidas mientras caminábamos por el lado sur del parque. Edward, sintiéndose como un adolescente, comenzó a tararear una cancioncita de un musical ya bastante viejo pero no menos popular.

Esperó que no empiece a llover o no te dejare con la misma sonrisa pintada- amenace cuando empezaba a meterse con mis nervios su tonito alegre.- Edward soltó una risotada- Hablo enserio- Me enfurruñe.

No lo dudo que lo hagas, amor- Volvió a posar su brazo sobre mis hombros y me atrajo a su cuerpo irradiante de alegría y calor. Para nada ideal en estos momentos.- Supongo que es algo serio de lo que quieres hablar- recalcó las mismas palabras que yo había pronunciando pero con un significado diferente- De otro modo no estarías tan callada.-

¿Cómo sabes que esa no es mi personalidad?- Lo reté.

Porque lo sé- Contesto socarrón mientras baja a besar mis labios en apenas un roce- Siento como si te conociera de toda la vida. Como si… como si hubieras sido hecha para mi, y yo para ti. Solo para mí.

Y si es que tan seguro de eso, ¿podrías no perder el valor y relatarme tu nada desquiciada idea de cómo soy? Digo, lo dices con tal convencimiento que pude que termine hasta creyéndote que nos conocemos de hace tanto. –

Si la dama lo desea- Lo mire molesta- Si tanto insistes…- Se encogió de hombros y enserio quería que dejara de sonreír de tal manera. Si continuaba YO no tenía duda alguna que le creyera- Mi prototipo de mujer ideal- comenzó

¿Ideal?- pregunte asombrada- ¿Es que ahora soy perfecta o solo crees que me escogiste en el catalogo perfecto y que en mi fabricación no hubo error alguno? –

Me miró con ojos divertidos- ¿Me dejaras hablar o así vamos a continuar hasta que tenga que ser una cena lo que te mantenga ocupada como para que tenga mi oportunidad?-

Abrí la boca pero no tenía como hacer que se retractara- Continua-

Gracias- alargo la s- ¿En dónde estaba?... Cierto, cierto. Mi prototipo…-

Falso de mujer ideal- volví a interrumpir pero a él pareció no importarle o solo lo dejo pasar.

… siempre ha sido muy exigente- ¿Y yo encajaba en eso?- Siempre pensé que dentro de las cualidades de mi señora tendría que estar la prudencia, la calma, la humildad, el respeto ajeno…

¿Tu quieres una sumisa?- porque era eso lo que estaba describiendo

… Quiero una mujer con carácter pero que sea capaz de debatir todo aquello que crea necesario con bases formidables. Que se destaque de entre todas por su inteligencia y su fina cultura. Su gusto por uno de los artes más admirables que el hombre fue capaz de inventar. Que sea capaz de pasará la prueba de mi familia. Que se sienta cómodo entre ellos puesto que son parte mía y que ellos se encuentren del mismo modo. Que le gusten los niños. Que sea ni muy alta, ni muy pequeña. Delgada pero no esquelética. Pero por sobre todas las cosas… morena. – Lo miré con una ceja levantada- Me vuelven loco tus rizos chocolates, Isabella.- Susurró en mi oído.

Mi cuerpo, negándose a seguir cualquiera de mis instrucciones, reaccionó ante tal acto. Edward fue consciente del poder y efecto en el que me tiene sometida y estaba segura de que eso solo le había aumentado el ego inimaginablemente. El escalofrió fue remplazado por un sentimiento ardiente. Sentí mi cuerpo arder para dejar atascadas unas cuantas llamadas en mi estomago. Maldije el momento en el que me permitir ser tan débil frente a él.

El hombre de sonrisa arrogante que era mi pareja estiró nuestros brazos y manos entrelazadas a tal punto que comprendí que sus deseos eran que lo siguiera dentro del pequeño café al que él intentaba caminar. Mi cuerpo al ser muchos menos fuerte que el suyo lo siguió como pañuelo en el aire.

No me sorprendió pero mucho menos me gusto la sonrisa que la mesera le dedico a mi prometido cuando entramos. Sin duda alguna la chica estaba contenta de verlo un días más pararse por aquí pero estaba equivocada si creía que enfrente mío podría hacer algo. Me llamaba Isabella Marie Swan como para saber que debía defender lo que era mío con dientes y uñas.

Edward aplastó su ardiente trasero en una sillita frente a una mesa redonda. Mis mejillas se pintaron con un pequeño rubor cuando me di cuenta del adjetivo con el cual había calificado su parte de su anatomía. Giré mi rostro hacia la ventana del establecimiento mientras mordía mi labio. Fuera como fuera no podía negar que no había mentido o exagerado. Era tan tentador que sabía que si algún día tuviera el valor suficiente pasaría una de mis manos en él para comprobar lo…

Bella, corazón- Me sacó su voz de mi sucia mente- ¿Me harás el honor de sentarte a disfrutar de una linda mañana conmigo, cierto?- Lo fulmine con la mirada para evitar sus movimientos sin ser ni remotamente igual de sensual.

Nadie dijo nada. Sorprendentemente Mr. Arrogante y sabelotodo no me evito el mirar sin sentido alguno hacia afuera. Veía a la gente pasar acelerada y toda en la misma ropa de oficina una y otra vez. Parecía que el lugar no existía. Nadie pero absolutamente nadie le había dedicado por lo menos una mirada al lugar.

Hablando de miradas… ¿Es que acaso había olvidado el mencionar que Edward tenía la suya sobre mi horripilante ser? Aunque muriera por hacerlo me evite regresarle la mirada.

Buenos días, Edward- Saludó la chica que había visto antes, la única capaz de hacerme girar. Era linda. La gorra de su uniforme escondía su rojiza melena, sus ojos azules brillaban al parar su vista en el rostro de mi hombre y su sonrisa era coqueta. Su voz era más apropiada para una niña pequeña y consentida.- Me parecía no verte por aquí desde hace un buen rato, ¿día libre? – Comento y no pude evitar morderme los labios hasta casi partirlos para que muy sonrisa no se viera. Había sido tan atenta con él y claramente trataba de llamarle la atención y el muy patán ni la había mirado de reojo.-

Parece que hoy nos tendrás por un buen rato, Victoria.- Sentenció Edward aun sin despejar sus verdes pupilas de mi sonriente figura.- Lo mismo de siempre, por favor.-

Su cara de desconcierto fue única. Sacó su libretita y anoto el pedido- ¿Y para la señorita?- Me pregunto confundida y no molesta, como esperaba.

Nada por el momento- Edward ordeno un vaso de agua y supuse que yo sería la que lo tomara.

Y es aquí donde Bella se muestra en realidad- Me retó una vez que Victoria se alejo dándonos tan privacidad como se es posible en este pequeño lugar- Hace unos momentos te veías tan decidida a tirar su cuerpo inerte en un canal y ahora sonríes como si ya lo hubieras hecho. – Lo miré asombrada- ¿Celosa, mi amor?-

¿De nuevo con tus ideas, Cullen?- trate de disimular mi sorpresa.

Es natural. Cuando decidas abrir los ojos y te des cuenta de cómo los hombres te siguen con la vista y otros tantos descaradamente con la cara entera entenderás como es como se sienten los verdaderos celos- Se encogió de hombros- Además estate segura que te observo más de lo que hasta tendría permitido. Simplemente, amo tu bello rostro.-

Supongo que esto significa que dudas de mis sentimientos- El levantarme temprano hoy de plano me había puesto de malas. No entendía la posibilidad de que siguiera queriendo meterle un buen puñetazo a Edward.

Sé que eres una mujer inteligente- contesto serio- Cuando te des cuenta de que no soy lo suficientemente bueno para ti me dejaras en busca de algo mejor y a tu altura, mi amor. Nada valgo en comparación a tu mi ángel.-

Humpf- Me quejé antes de que Victoria dejara un café y un plato con cinco galletas en forma de estrella a media mesa. Poco después regresó con una pequeña jarra que supuse contendría leche y el contenedor del azúcar.- Esto solo me hace pensar que estas más equivocado de lo que creí.

Edward se rió asustando a un cliente a dos mesas de la nuestra- ¿Me negaras que eres todo eso que describí y más?- Negué la cabeza- ¿Entonces?

Soy tímida y pobre- conteste- No soy gran conocedora del mundo y tengo muy poca cultura. No era la mejor de la clase aunque me encontrara entre las de calificación más alta, no me puedo considerar inteligente, solo que tengo buena memoria. Soy muy pequeña y desnutrida.- Su cara era de coraje vivo pero no lo deje hablar- Sin embargo, no te negare el ser amante de los niños. Tengo un gran deseo de ser madre un día. En cuanto a tu familia es cierto que los quiero, me encariñe en tan poco tiempo pero estoy segura que solo fue mera cortesía lo que tuvieron conmigo.-

¡Isabella!- protesto indignado.- Que mi madre y Alice venga a pegarte una cachetada de semejante tontería que has dicho. ¡Ellos te aman tanto como yo! ¡Te quieren más que a mí! -¿Había escuchado bien lo que había dicho? Es palabra tan prohibida en mi vocabulario había escapado con tanta facilidad de sus labios que apenas lo podía creer- Si alguna vez algo llegara a pasar ellos serían capaz de inculparme a mí, desheredarme e ir detrás de ti para rogarte el que tomes mi lugar como hijo y hermano. –

No era capaz de comprender nada que él estuviera diciendo debido al shock.

En cuanto a todo lo otro son puras mentiras- Declaro de nuevo con su tono de seguridad- Eres una mujer hermosa, bellísima. Una excelente dama que sabe cómo comportarse en cada situación y lugar. Tu conocimiento es más amplio de lo que muchos viajeros podrían llegar a tener. La mente llega más lejos de lo que lo hace el cuerpo y si es cierto, que estoy seguro que lo es, de que tu pasión es la lectura entonces rectifico mis palabras. Apostaría mi compañía a que sabes más por cada libro que has leído a un hombre que ha vivido toda su vida viajando.-

¿Cómo sabes que amo leer?- pregunte atónita.

Mi madre me lo dijo- Lo mire aun sin creer sus palabras- Estudiaste Literatura y Educación- Se encogió de hombros- Estaba en el curricular para la empresa Newton. Mi madre se asombro de que estuvieras en un campo tan contrario a tus estudios que me lo comento. Además- dijo un poco apenado- me felicito de haber encontrado alguien con quien compartir mi pasión por los libros aparte de mi padre.

Nos callamos unos momentos donde ni él tomo su café ni yo levante mis ojos de la falda del vestido de Ángela. Estaba sumida en una telaraña de pensamientos, ideas y sentimientos que sentí que mi cabeza estallaría pronto. Escuché a Edward suspirar.

¿Es cierto?- Pregunte de bomba.

¿Perdona? – pregunto confundido.

¿Es cierto lo que dijiste?- Me atreví a mirarlo a la cara. No quería que alguien más me mintiera. No sería una vez más la estúpida niña inocente que caería en las garras de un monstruo sin sentimientos. Tenía que comprobarlo. El tiempo era mi único aliado pero en momentos como estos necesitaba un gran impulso para dejarlo hacer su trabajo. Algo que me animara a darle tiempo para que me lo demostrara.

¡Por supuesto!- Contesto indignado- Jamás te mentiría sobre nada, Isabella. Mi familia, mis acciones, mis gustos, todo ello es transparente para ti. No sería capaz de atreverme a siquiera pensar en engañarte con mis palabras. Tengo mi honor y yo…-

Edward, ¿me amas?- Susurré. No había comprendido mi pregunto y ahora que la hacía dejándome de rodeos y siendo tan directa le había caído como cubetazo de agua fría. Estiró el cuello de su camisa tratando de sentir más ventilación en su cuerpo. Estaba nervioso. No esperaba tal cosa de mí.

Se tomó unos minutos para en primera, controlarse, y en segunda contestar. Su cuerpo pareció relajarse cuando se inclino hacia la mesa y estiró sus brazos en busca de mis manos. Las tomo con cuidado entre las suyas y les dio un pequeño apretón. Su rostro era serio y parecía decidido a hacerlo. Momentos atrás él me había dicho que yo había tenido la misma mirada en mis pupilas chocolate, de decisión.

Si… Si yo te dijera- Respiró profundo tomándose otro momento- Bella, tienes que prometerme algo.- Lo mire confundida- Antes de que te responda tienes que hacerme una promesa. Te daré la respuesta que tanto ansias en cuanto yo obtenga la mía, ¿de acuerdo? – Me negué- Por favor… por favor- susurró en algo que pareció más un ruego- Prométeme que… que después de que oigas mi respuesta no saldrás huyendo. Prométeme, júrame, que no te alejaras de mí.- Sentí la sangre huir de mi cuerpo. Sabía que no había sido posible que esto fuera realidad. Todo había sido un juego, y si suerte tenía, un sueño. Las lágrimas comenzaron a formarse en mis ojos.

Yo… yo...- comencé a decir deseando desaparecer de ahí y evitarme todo dolor que su respuesta fuera a causar pero su respuesta fue algo totalmente inesperado.

Yo te amo, Bella- contestó al mismo tiempo.

¡¿QUE?


Es la mitad de corto a lo que fue el capítulo pasado. Sé que es chiquito pero el punto es que termine de esta forma. Ahora no solo me querrán golpear por la tardanza, si no por el final que me avente. ¿Qué puedo decir? Así de cruel soy

Gracias a los que siguen leyendo. También a los que con tres capítulos me han agregado al FIC como favorito. ¡Lo he encontrado en muchos perfiles y eso me ha puesto muy feliz!

Una última cosa: Acabo de publicar la que considero mi mejor historia hasta ahora. Le tengo tanto pero tanto cariño que vale la pena hacer publicidad. No sé que es lo que tiene pero la amo por complete y me gustaría que le den una oportunidad.

Se llama "Un tren de Londres a Barcelona"

Paseen por ahí si lo desean y tienen tiempo.

Vale(: