CAPÍTULO 3.1:MIRADAS INCÓMODAS Y RELATOS BÉLICOS

Él sábía que ella lo estaba mirando, escrutándolo, al igual que él anteriormente en la entrada. Era incómodo saber que esta especie de elfa lo mirara de esa forma mientras comía, y no pudo evitar poner una expresión molesta en su rostro.¡Era una irrespetuosa!¿Cómo osaba mirarle de esa manera?¡Debería ser él que desconfiara de su presencia y no al revés! Después de todo ella y ese extraño amigo suyo eran los intrusos en esta reunión. Ellos no tenían cabida en esta misión. Ella no tenía cabida aquí. Y se lo haría hacer ver de la manera más clara posible. ¡Era una mujer, por las barbas de Dúrin! No cabía en su cabeza el por qué de su aparición aquí y claramente ese viejo mago gruñón no iva a explicárselo. Alguna veces le gustaría saber que es lo que se cuece en la cabeza de ese brujo.

Al término de la reunión en el comedor, y después de que su futuro saqueador se desmayase en pleno pasillo, vio como la extraña elfa se incorporaba en su asiento y se levantaba sorteando al hobbit para dirigirse al exterior. La miró friamente cuando sus miradas se encontaron por unos segundos, pero ella pareció ignorarle, como todas las demás veces. Esa maldita mujer le exasperaba de tal manera que nunca había imaginado, con solo su presencia la cabeza le echaba humo.

Junto a Balin empezó a conversar por los alrededores de la casa. Mientras tanto los demás enanos se encontraban dispersos por la casa, algunos en en el salón y otros(la mayoría) picoteando en los estantes de la cocina en busca de algo más para saciar su incontrolable apetito. Los herederos de Dúrin se encontraban buscando en cada rincón de la cocina algo comestible con ahínco, hasta que el más joven de los dos descubrió en el mueble bajo el fregadero un tarro de grandes galletas de chocolate escondido de los ojos golosos que amenazaran con saborear su contenido.

-¡Fili! ¡Por fin he encontrado algo!-El enano castaño se dirigió a su hermano con la mirada feroz en las galletas. Pero cuando levantó la vista hacia su hermano lo vió sentado en el banco y apoyado con el brazo en la mesa. Parecía pensativo, y su mirada estaba perdida en algún rincón de la habitación.-Hermano, ¿Ocurre algo?-Kili se acercó a él aún con el tarro entre sus manos.

-¿Qué?-el rubio pareció despertar de su estupor y dirigió su mirada a su hermano que lo miraba preocupado. Pocas veces se encontraba de aquella manera y cuando lo hacía debía de ser algo importante lo que le dejaba la mente trastornada-Sí...estoy muy bien, perfectamente...-Kili lo miró felinamente, tratando de vislumbrar algún resquicio de mentira en su expresión.-Kili, de verdad estoy bien...¿eso son galletas?-la mirada del rubio se centró en el gran tarro que su hermano portaba para después intentar arrebatarselo de las manos.

Por otra parte los demás enanos ya se encontraban descansando en el salón fumando y charlando, algunos comiendo un poco de los saqueado anteriormente. Los hermanos, aún con migas en las barbas, se fueron a sentar al lado del fuego, mientras charlaban animadamente con sus compañeros sobre la travesía a desempeñar durante la misión. No pasó mucho tiempo antes de que los dos desconocidos y Ori entraran en la habitación. Tanto Ori como el extraño muchacho se dirigieron junto a los demás enanos para entablar conversación, pero la joven se sentó en una de las esquinas más alejadas de la habitación, mientras fumaba su pipa. El hermano moreno vio su oportunidad para disculparse con ella y arrastró a su hermano con él.

Tursun en aquel momento se encontraba hablando animadamente con Bofur. Al parecer ni él ni su familia tenían nada que ver con la familia sanguínea de Dúrin. Su familia se había dedicado a la minería desde siempre pero tanto él como su primo, Bifur, habían incursionado en el mundo de la juguetería. Es más, se jactaba de la popularidad de sus habilidades en Dale.

El joven vio sorprendido como Bofur, aún después de pasar penurias allí de donde venía seguía tan optimista como siempre y continuaba adelante sin queja alguna. Esta actitud le recordó a la joven morena que se encontraba incómoda entre los dos muchachos. Recordó como la conoció, y a su cabeza le vinieron imágenes de aquella chiquilla alegre que venía de tan lejos, tan gruñona y tan enfadada siempre. Tan claro como el agua esos trazos de recuerdos venían a su mente y le sacaban una pequeña sonrisa. Incluso cuando no era su vida la que resultaba afectada, ella iba a ayudar sin duda alguna, pero eso sí, nunca quitaba su sonrisa. Incluso después de las desgracias que le habían acaecido ella seguía como podía sin pararse a lamentarse por nada. Y eso le hizo pensar.

La culpable de los pensamientos del joven Tursun se sermoneaba mentalmente ante su despistado desliz. ¿Cómo demonios hiba ella a explicarles quién era Leónidas?

-Venga Lady Achlys, cuéntenos. Estamos impacientes por que nos cuente ese relato.-el joven enano moreno parecía haberse dado cuenta de la expresión desesperada de la mujer y una sonrisa maliciosa nació en sus labios. Achlys suspiró pesadamente y decidió comenzar. Para entonces unos cuantos ojos curiosos se encontraban a la espera del comienzo del relato. Esto no hizo más que sacarle una pequeña sonrisa a la joven.

-Bueno...esta es una historia de allí de dónde yo vengo...más bien un hecho histórico.-antes de poder continuar, el líder de la compañía entró seguido de su amigo Balin. El pasó de largo y se situó al lado de la chimenea encendida mientras encendía su pipa. Balin por el contrario se sentó junto a su hermano, Dwalin el uno de los pequeños sillones mientras curioso se dispuso a empezar a escuhar el relato. Achlys volvió a suspirar.-Cuenta la historia que hace muchos siglos, en un país lejano crecieron prósperamente diferentes ciudades libres, cada una con su sistema de moneda y su gobierno. Estas ciudades constantemente se econtraban en continuo conflicto, hasta que una potencia superior intentó conquistar el gran país libre.-la joven hizo una pausa para recoger aliento y mirar a sus espectadores. Todos escuhaban atentos, incluso Dwalin, que era reacio a ella y Tursun, parecía intrigado por la historia.

-¿Y qué paso entonces, señorita Achlys?-Ori tímidamente preguntó intrigado ante su parada. Inmediatamente la chica continuó.

-Pues bien...A una de estas ciudades estado acudió uno de los mensajeros del rey que gobernaba la amenaza que amenazaba con destruir todo aquel imperio de ciudades, solicitando sumisión por parte de esta ciudad. Esta ciudad se llamaba Esparta, y era la cuna de los mayores guerreros que jamás vió el mundo.-ante esta declaración los enanos parecieron interesarse más, y extrañamente vio como Thorin dirigía su mirada hacia ella de forma imperceptible.-En ella los hombres desde que nacían eran entrenados en el arte de la lucha y criados con la intención de seguir hasta la muerte a su soberano y rey. Este era Leónidas, uno de los más célebres guerreros de allí de dónde yo vengo.

Leónidas, encolarizado por la mala educación del mensajero y por la osadía de aquel rey a hacerle esa propuesta, se dirigió junto a trescientos de sus hombres voluntarios hacia la batalla aún ignorando las leyes que le impedían responder a la provocación. A estos trescientos espartanos se le unieron unos cuantos más de otra de las ciudades estado vecinas, pero estos no se comparaban ante el poder bélico que estos pocos guerreros tenían. Y es que este ejército estaba compuesto por poco más que hombres que dedicaban sus vidas a oficios tales como la alfarería y no tenían la maestría ni por asomo de los trescientos hombres ante ellos.

Estos hombres se dirigieron al angostoso paso de la Termópilas, un estrecho desfiladero en el que los ejércitos enemigos, contados por miles, no podrían actuar bien. La batalla duró tres días y tres noches y hasta el último ni un solo espartano murió bajo el acero enemigo mientras que las bajas y pérdidas de este eran inimaginables. Pero un traidor le mostró al rey enemigo un pequeño atajo hacia la retaguardia del ejécito espartano y por esto el ejército de Leónidas pereció aún costándole milesde bajas al enemigo.

-Entonces, ¿Estás diciendo que después de todo, el enemigo consiguió vencer y conquistar todo aquel país?-Fili preguntó interrumpiendola.

-Déjame terminar antes, todavía no he terminado. No seas impaciente-Ella miró al rubio con una sonrisa en el rostro.-Y nó, no consiguieron vencer, puesto que esta derrota lo único que hizo fue animar al pueblo espartano y de todas las demás ciudades estado a batallar fieramente contra su enemigo. Y fin.-Achlys vio como el líder apartaba la mirada de nuevo y la posaba en el fuego.

No tardaron en aparecer las preguntas por parte de los demás enanos. Contestó alegremente a todas las cuestiones, se sentía contenta y con una mayor confianza con ellos. Al cabo de un rato decidió descansar un rato de tanta charla y se sentó en uno de los sillones de la sala. Encendió de nuevo su pipa y se relajó. Recordó a Sulo. Ese viejo mago de tres al cuarto seguro que ni cuenta se había dado de sus desapariciones. Rió un poco ante el recuerdo de su viejo amigo y confidente. Era un completo desastre, nunca daba una con lo que hacía.

De un momento a otro escuchó como los enanos comenzaban a entonar una canción suavemente. Era triste, llena de sentimiento. La voz grave del líder se hacía escuchar por encima de la de los demás. Seguía mirando ensimismado el fuego perdido en sus pensamientos. Por un momento Achlys sintió como Thorin dejaba su coraza de hielo a un lado y dejaba a la luz sus pesares gracias a aquella canción. En su interior algo se despertó, la empatía.