Esta historia es de Cuteblndegoddness y el mundo de Harry Potter es de JK
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Capítulo 4: De vuelta a San Mungo
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Hermione pasó el resto del fin de semana en casa, en conflicto, ni siquiera podía empezar a describir los sentimientos de su alma. Algo se removió en ella al salir de la pista de baile. Miró hacia su mesa de noche y vio la brillante estrella de cristal que Draco le había dado en la cita. Había sido fácilmente la experiencia más hermosa de su vida. Sin embargo, sabía que tenía que olvidarlo. Olvidarse de las esferas plateadas que bailaban a la luz de las velas del salón de baile. Olvidar su sonrisa. Olvidar todo. Eran demasiado diferentes. Y no podía darse el lujo de romper su corazón en ese momento de su vida, ella dedicaba cada hora del día a la sanación y a ayudar a los huérfanos.
De momento, el lunes había llegado y era tiempo de ir a trabajar de nuevo. Cerró su puerta a Draco Malfoy. Se vistió con su túnica verde lima de sanadora y tomó sus desordenados risos en una coleta antes de ir a San Mungo. Se apareció allí como hacía todos los días y se encontró con un aluvión de holas y buenos días de sus compañeros de trabajo y el personal del hospital. Se dirigió a su guardia, la sala de niños, cuando entró en la habitación los niños aplaudieron desde sus camas.
—Hermione —gritó una pequeña rubia—. ¿Dónde has estado? Te echamos de menos.
—Bueno Claire —comenzó Hermione—. Solo trabajo de lunes a viernes. Me quedo en casa los sábados y domingos. Estoy segura de que estaban bien atendidos mientras yo no estaba —le hizo un guiño.
—Sí, pero la sanadora Potter no es ni de cerca tan divertida —se quejó un chico de pelo castaño.
—Te puedo asegurar que Ginny Potter es muy divertida. Ella sólo quiere sanarlos para que puedan ir a casa pronto —dijo Hermione. Algunos de los niños mayores bajaron la cabeza, eran algunos de los huérfanos con los que trabajaban. Familias enteras habían sido aniquiladas por Voldemort. Harry finalmente lo había destruido hace unos 6 meses y la paz retornaba a la comunidad mágica pero aun así los niños tristes que no tenían familia debían quedarse en la sala del hospital. La mayoría de los magos no estaban dispuestos a adoptarlos, pensando estúpidamente que Voldemort o sus seguidores los encontrarían y acabarían con ellos y no estaban dispuestos a arriesgarse—. Lo siento —dijo ella—. Fue una falta de respeto de mi parte decir eso —miró a los tres niños mayores al final de la sala, dos niños y una niña. Se habían convertido en grandes amigos y le recordaban a sí misma, Ron y Harry.
—Está bien Hermione —dijo el chico de pelo oscuro—. Sabemos que no quisiste decirlo de esa manera.
Ella les sonrió antes de dirigirse a su escritorio donde Ginny aún estaba sentada esperando finalizar su turno extremo de fin de semana.
—Hora de irse Ginny —dijo Hermione poniendo alegremente sus cosas sobre el escritorio.
—Oh vaya, ¿ya son las 9:00? —preguntó estirándose. Hermione podría decir que estaba siendo sarcástica. El turno de fin de semana eran los 2 días más largos de la vida.
—Es un hecho que lo es —Hermione sonrió. Entonces vendría, Ginny le preguntaría acerca de su cita.
—¿Y? —preguntó Ginny con los ojos abiertos.
—¿Y qué? —respondió Hermione.
—La cita. El misterioso hombre que hizo una oferta de 1.500 galeones para salir contigo ¿Quién era? ¿Pasaron un buen rato? —las preguntas salieron de su boca hasta que Hermione levantó su mano.
—Realmente no quiero hablar sobre ello —dijo.
—¿Por qué? ¿Qué sucedió? ¿Era un idiota? ¿Era feo? ¿Estúpido? ¿Qué? —preguntó Ginny rápidamente.
—¡Merlín! —suspiró.
—Vamos, todo lo que he pensado en las últimas 12 horas es en averiguar lo que sucedió. Las viejas damas casadas como yo necesitan algún tipo de emoción.
—Bien, la cita fue un desastre, ¿estás contenta ahora? —preguntó.
—¿Qué pasó? Estabas tan emocionada cuando saliste de aquí el viernes por la noche.
—Fue la compañía —dijo rotundamente—. Lo conocía, bueno, nosotras lo conocíamos.
La boca de Ginny se abrió completa.
—¿Él trabaja aquí? —preguntó.
—No, lo conocemos de la escuela —respondió Hermione tratando de retrasar la verdad el mayor tiempo posible.
—¿Aprendiz de sanador? ¿Cómo íbamos a imaginar que alguien de ahí iba a gastar 1.500 galeones en una cita? —se preguntó.
—No, de Hogwarts —dijo Hermione con los labios apretados.
—¿Hogwarts? —gritó Ginny—. ¿Él fue a Hogwarts con nosotros?
Hermione asintió con la cabeza.
—¿Quién tendría esa cantidad de dinero? —se preguntó. Entonces, como si una bombilla de luz de encendiera bajo su roja cabellera gritó—. ¡Draco Malfoy! ¿Era Draco Malfoy? —Ginny apenas pudo contener su risa.
—Ginny, no es divertido —dijo Hermione con irritación.
—Claro que sí. Apuesto que le encantó cuando vio que eras tú —rió.
—Él se quedó sin habla, como yo. Intenté dar marcha atrás pero el insistió que me quedara —dijo Hermione.
—¿Cómo se veía? —preguntó Ginny con curiosidad.
—¿Qué clase de pregunta es esa Ginevra? ¡Estás casada! Y con mi mejor amigo ni más ni menos.
—Ardiente ¿eh? —respondió Ginny con una ceja levantada de forma acusadora.
—¡GINNY! —Hermione gritó, pero el rubor en sus mejillas la delataba.
—Acabas de responder mi pregunta —dijo cantando. Hermione rodó lo ojos.
—Él se veía muy bien, pero era el mismo viejo Malfoy —dijo.
—¿Así que fue un cabrón? —preguntó Ginny.
—No todo el tiempo. En realidad me dijo que hizo una oferta porque pensó que era la chica más hermosa que había visto jamás. Por supuesto eso fue antes de saber que era yo, según él. Aunque bailamos y fue bastante agradable. Y sí, él estaba muy guapo, pero al final me fui. Somos demasiado diferentes y nunca funcionaría. No es que lo haya considerado ni nada, pero tengo que mantener mi cabeza enfocada en mí trabajo en este lugar.
Ginny sonrió y asintió con la cabeza.
—¿Qué? —preguntó Hermione. Ginny no dijo nada y siguió sonriendo.
—Ten un buen día Hermione. También para ti Malfoy —dijo mientras recogía sus cosas y salió por la puerta pasando junto a una aturdida Hermione. Hermione se dio vuelta rápidamente y se encontró cara a cara con Draco Malfoy.
—Guapo ¿eh? —preguntó. Un rubor completo cubrió todo el cuerpo de Hermione. Él estaba usando una camisa celeste por debajo de su túnica azul, sus ojos destacaban más de lo que lo habían hecho anteriormente.
—¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó molesta. Dando golpecitos con el pie en el suelo de baldosas.
—Bueno, te fuiste tan repentinamente el sábado, yo solo quería asegurarme de que estabas bien. Supe que trabajabas aquí por tu biografía.
—Estoy muy bien, muchas gracias.
—Bueno, olvidaste estas —dijo mientras le ponía en las manos un ramo de rosas rojas medio marchitas.
—Caramba, gracias —dijo poniendo las marchitas flores sobre el escritorio—. ¿Así que eso es todo?
—Bueno no —murmuró—. No quería que las cosas quedaran así. A pesar de mi sorpresa al saber que eras tú la chica por la que oferté, pasé un rato agradable.
Hermione lo miró con recelo.
—Si —dijo ella girándose hacia su papeleo.
—Creo que tú también —dijo él con aire de suficiencia.
—No presumas saber nada de mí. Yo estaba allí en nombre del fondo para los niños huérfanos. Nada más. Toleré tu presencia el tiempo que pude. La cena, dos bailes y eso era todo lo que te debía por la donación.
—No fue tan malo —le hablo en voz baja—. Disfruté nuestra conversación. Eres buena conversando.
Hermione se sonrojó ligeramente de nuevo.
—Bueno, eso es muy amable de tu parte, pero como dije, solo lo hice para apoyar la causa de los huérfanos de guerra. Fue agradable verte otra vez después de todos estos años, pero tengo trabajo que hacer ahora —comenzó a caminar hacia las dos largas filas de camas.
—¿Puedo ayudarte con algo? —llamó él.
—¿Draco Malfoy ofreciéndose a hacer trabajo de caridad? ¿Qué estás tratando de hacer? —dijo girando para encontrarse con su mirada de nuevo.
—Es solo que parecen estar faltos de personal aquí. Tal vez pueda mantener a los niños entretenidos.
—No son todos sangre pura —le escupió, esperando que él se retractara.
—¿Y? —respondió—. ¿Qué importa eso?
—Bien, hay algunos libros allí y una silla en la esquina. Les diré a todos que vas a leer para ellos.
Draco afirmó con la cabeza, se acercó a la estantería y cogió un libro gastado. La mecedora de la esquina también estaba desgastada y dañada. Se sentó en ella y una docena de niños se sentó sobre la alfombra tejida que estaba en el suelo delante de él. Sus ojos grandes y miradas expectantes pusieron a Draco un poco nervioso. Miró el libro, era ligeramente largo y tenía la imagen de un chico de pelo negro sobre un palo de escoba en la portada. Se trataba de un niño que descubrió que era un mago, Draco tuvo que admitir que era bastante bueno, estaba divirtiéndose al leerle a los niños. Uno de ellos, una pequeña rubia llamada Claire había subido a su regazo.
Hermione se paró detrás de su escritorio y se quedó con la boca abierta ante Draco. Los niños parecían disfrutar su lectura, él actuaba partes del libro con diferentes voces. Hermione tuvo que reír para sí misma varias veces. El tiempo pasó volando y pronto llegó la hora del almuerzo y las pociones de los niños.
—Niños —los llamó—. La historia ha terminado. Hora de almuerzo.
Un quejido unificado vino desde la esquina.
—Hermione… —se quejó uno de los niños.
—Nada de Hermione. Den gracias al señor Malfoy por la lectura y vengan a la mesa —y señaló una larga mesa de madera con bancos a cada lado que estaba cerca de su escritorio.
Todos los niños dijeron "gracias señor Malfoy" y corrieron a la mesa. La niña rubia, Claire, lo abrazó con fuerza antes de seguir a los demás.
Draco sintió un ligero tirón en su corazón. Esta sala era de lejos la más horrible de San Mungo. Las camas eran viejas y la pintura se estaba pelando de las paredes, la ropa de cama estaba vieja y rota y los niños contaban con limitados libros y juguetes. Draco puso el libro en el estante antes de caminar de nuevo hacia el escritorio de Hermione.
—Gracias —dijo ella— Los niños no reciben muchos visitantes. Algunos de ellos no tienen a nadie.
—¿Crees que podríamos tomar una copa en algún momento? —preguntó él— Solo para hablar.
—¿Por eso ayudaste aquí? ¿Así podrías intentar ablandarme? Eres un caradura Draco Malfoy. Por favor márchate ahora.
—No, solo pensé que podíamos hablar en algún momento. Me divertí leyendo para ellos —Pero sus palabras cayeron en oídos sordos. Ella levantó su mano y caminó silenciosamente hacia la mesa del comedor. Derrotado salió de la sala. Pero antes la pequeña Claire corrió hacia él.
—Señor Malfoy, ¿Puede volver a leernos alguna vez? —suplicó.
—Bueno, creo que eso depende de Hermione —dijo agachándose para estar al nivel de sus ojos. Hermione levantó la vista mientras servía el almuerzo y vio a la niña hablar con Draco.
—Claire ven, siéntate y come —la llamó.
—Hermione, ¿Puede el señor Malfoy volver y leernos alguna vez, porfavorcito? —batió sus rubias y largas pestañas.
—Veremos. El señor Malfoy es un hombre muy ocupado. Ahora ven, siéntate.
Claire volvió a su asiento agitando su mano a Draco. Él se quedó parado y observó a Hermione mientras ella le daba a los niños las diversas pociones que necesitaban para mejorar.
—Adiós Hermione —dijo saliendo por la puerta.
—Adiós —respondió sin mirar atrás.
Draco caminó devuelta al vestíbulo y se devanó los sesos. Nunca en toda su vida había sido rechazado por una mujer. No sabía por qué le molestaba tanto. Ella tenía todas las cualidades que siempre deseó en una mujer y no tenía el menor interés en siquiera tomar una copa con él.
Suspiró antes de dejar vagar su mente hacia los niños. Algunos no tenían ninguna familia, justo como él. Se preguntó por la pequeña niña rubia ¿Habían sido sus padres asesinados? ¿Habían sido torturados por ese cobarde de Voldemort? Lo enfermaba pensar en él. En el momento en que se apareció en su casa su mente estaba nadando con una nueva idea.
Mientras Hermione les daba el almuerzo a los niños no podía dejar de pensar en Draco. Nunca en toda su vida habría pensado que Draco Malfoy iba a aparecer y leer para un grupo de niños huérfanos y enfermos. Una pequeña sonrisa se dibujó en su rostro. Ginny no lo creería.
