Capítulo 3.
Días después de aquella noche, Stella Butterfly recibió la varita de su madre, en el día de su cumpleaños números 14, adoptando la forma de una hermosa flauta con incrustaciones de diamantes color rosa. Después de ese día, la primogénita de las hermanas Butterfly fue sometida a un riguroso entrenamiento por parte de la mismísima Solaria.
-Aún no logro comprender por qué hacemos esto- dijo la joven de catorce años a su hermana menor mientras una de sus criadas le ataba un lazo en la cintura dándole su toque final al vestido.
-Fue una orden de mamá- replico la niña mientras ella misma se cepillaba su cabello, después de todo, ella odiaba que las criadas lo hicieran todo por ella.
-Sí, pero me parece algo estúpido-
La pequeña niña solo frunció el ceño levemente ante las palabras de su hermana, habían pasado ya tres meses desde que Stella había recibido la reliquia real, sin embargo una vez lo hizo, cambio, se había vuelto más fría y distante y pasaba menos tiempo con ella.
Una vez las dos niñas estuvieron listas, fueron escoltadas por las criadas hasta la salida del palacio, en donde los esperaban sus padres ya en los carruajes.
Es que ese día era importante, después de todo, irían al territorio de los monstruos, al parecer, aquel que era por así decirlo el "representante" de su pueblo, estaba a punto de morir y solicitaba con urgencia una audiencia con la reina Galatea.
Todos hablaban animosamente durante el viaje, menos Eclipsa, quien poco a poco se fue dando cuenta de cómo el paisaje iba cambiando, y no precisamente para bien, a medida se iban acercando, se pudo dar cuenta de que aquella población vivía rodeada de tierras estériles. Si los monstruos no comen humanos ¿Cómo cosechaban su comida? Además de eso, ¿por qué todas las viviendas parecían chozas mal hechas?
Una vez llegaron al punto en donde el carruaje no podía avanzar más, la familia real de Mewni se dispuso a caminar lo que faltaba del trayecto.
-detesto este lugar- dijo Stella casi escupiendo cada palabra.
La pequeña Eclipsa veía como todos los monstruos los miraban, algunos con desprecio, algunos con temor, algunos con suplica.
-¡madre!- escucho detrás de ella, al voltear detrás de ella, pudo ver como una pequeña niña, la cual se veía curiosamente como una zorra, parecía tener unos cinco o tal vez seis años físicamente, aunque en verdad no sabía cómo era el ciclo de crecimiento de los monstruos.
-madre, mira lo que conseguí, sé que no es mucho, pero espero que sirva- dice la pequeña entregándole a la que parecía su madre un pequeño pez envuelto en papel.
-con esto será suficiente para que tu hermanito y tu cenen linda- le dijo la mujer mayor a la pequeña dándole un beso en su frente, a lo que un zorrito con al parecer menos años se acercó cojeando a la niña abrazándola por la cintura.
Eclipsa sintió una punzada en su corazón al ver tal escena, miró la humilde (casi destrozada) choza en la que vivían y no pudo evitar pensar en que no era justo ¿así viven los monstruos? ¿Por qué sus padres no hacen nada?
-¡Eclipsa!- escuchó que su madre la sacaba de sus pensamientos, y al ver que se habían adelantado corrió hasta alcanzarlos tratando de no ver esta escena tan desgarradora.
Al llegar al lugar, Eclipsa se dio cuenta de que era un enorme castillo con jardín y todo, esa era la embajada real en territorio de los monstruos, la pequeña de nueve años, sintió una irá inmensa al entrar al lugar y verlo, ¡el embajador vivía como un rey mientras el pueblo a duras penas tienen un techo! Y ni hablar de la cena, les sirvieron carnes de las más finas, mientras los pobres se morían de hambre.
Esa noche, Eclipsa y Stella fueron hospedadas en una habitación, mientras sus padres discutían que se haría una vez el representante de los monstruos muriera, sin embargo, la niña de nueve años era incapaz de dormir, se sentía culpable y mal consigo misma y su especie, ¿Cómo es posible que estas criaturas vivan así? Siendo también una parte del reino…
La niña fijo su mirada en aquella flauta que yacía en la mesita de noche al lado de la cama de su hermana mayor, la cual ya estaba dormida, si quería ayudar, iba a necesitarla, pues a pesar de que ya no sufriera por los flujos de magia, aún no era capaz de usarla como tal, ya que no la iniciarían en sus lecciones a los 14 años, al igual que su hermana, o tal vez ni si quiera lo hicieran debido a que el futuro del reino y su magia, estaban en manos de Stella. Sin embargo, la niña se armó de valor, y tomo la varita entre sus manos, la cual se transformó al instante en una sombrilla de color rosa, el cual tenía en la punta una pequeña esfera con un par de alitas blancas, la niña se la quedó mirando por unos minutos, era hermosa, pero al caer en cuenta de que no tendría mucho tiempo, se apresuró y saltó por la ventana que daba a la parte trasera del lugar, que convenientemente, tenía una puerta hacía la cocina, a la cual entró y llenó una gran bolsa se comida, mucha comida.
Caminó un par de calles, las cuales estaban ya solitarias, hasta que reconoció el lugar donde vio a aquella familia durante la tarde.
Tocó la puerta una vez.
Tocó dos veces.
Hasta que por fin abrieron la puerta.
-¡su alteza!- dijo aquella mujer con apariencia zorruna una vez vio a Eclipsa
Eclipsa le pidió con señas que guardara silencio, no quería despertar a los dos niños, abrió el saco de comida y sin pensarlo dos veces, sacó varios de los alimentos que contenía a esta y se los dio a la mujer.
-¡por favor, acéptelos!- dijo la niña con las mejillas rojas –Sé que no es mucho, pero es lo mejor que puedo hacer por usted y sus hijos en este momento-
La mujer al ver lo que esta pequeña niña de nueve años le estaba obsequiando, sin pedir nada a cambio, sintió una inmensa alegría.
-Me alegra saber que al menos a alguien piensa en nosotros- dijo acariciando el cabello de la niña
-y si me permite…- continuó hablando la princesa –qu-quisiera intentar curar a su hijo-
-… ¿Qué?-
-pude ver que está herido y yo… pues… solo quisiera…-
-princesa…-
-es triste ver a un niño que no pueda jugar y correr con los demás-
La mujer guio a la pequeña Eclipsa a donde se encontraba dormido el niño, el cual, al igual que su madre y su hermana, tenía las extremidades tanto superiores como inferiores con apariencia zorruna, la niña vio la pata inferior del niño, la cual tenía un vendaje mal hecho y sucio.
-Tuvo una infección causada por las plagas, el curandero dijo que no había mucho que hacer, las medicinas enviadas del reino no son suficientes, así que…- la mujer pareció contener las lágrimas –es probable que pierda su pata-
'no si puedo evitarlo' pensó Eclipsa para sí. Se acercó al niño y empuño la varita. 'por favor varita, por favor, cúralo' decía la niña en su interior con todas sus fuerzas, no tenía experiencia, nunca había hecho magia, pero no le importaba, no quería que esto siguiera así. En ese momento, por su mente comenzó a pasar una secuencia de imágenes.
La llegada de los colonos a Mewni.
La gran batalla contra los monstruos.
En ese momento, la varita comenzó a emitir partículas de luz que comenzaron a rodear el lugar.
La era de paz.
La segunda gran guerra.
Monstruos desterrados nuevamente.
Las luces comenzaron a brillar con más fuerzas mientras rodeaban el cuerpo de aquel pequeño zorrito ante el asombro de la mujer.
'no fue su culpa' pensaba la niña al ver las imágenes de aquellos monstruos sufriendo.
'¡no los dejare sufrir más!'
Justo en ese momento, una luz cegadora cubrió por completo el lugar dejando atónita a la mujer, una vez la luz cesó, la mujer se acercó a su hijo y retiró el vendaje y le toco la pata a su hijo.
-está sano… ¡está sano!- dijo con lágrimas de alegría -¡gracias! ¡Gracias!- dijo la zorra dándole besos en la frente y abrazos a la princesa. –mi familia está en deuda con usted, princesa-
Justo después de eso, Eclipsa visitó aquel lugar en donde se encontraban los enfermos, curándolos a todos con su magia y dándoles de comer algo decente. Tal vez eso no cambiaría los daños que han sufrido a lo largo de los años por parte de los Mewmanos, pero eso no importaba, no volvería a dejar que aquellas criaturas vivieran de esa forma.
Y si debía robar la varita de su hermana cada noche para lograrlo.
No lo dudaría en lo absoluto.
¡mi gente! Discúlpenme la tardanza, estudiar Derecho absorbe tiempo jeje.
Espero les haya gustado el capítulo.
SugarQueen97: jummm siéndote sincera, no estaba segura si había quedado bien, no sabía cómo hacer que ellos dos se conocieran, me alegra que te haya gustado.
Ranpoo4ever: Pues es verdad, tienes toda la razón estoy segura de que inclusive en la serie, ese sería un momento decisivo en la vida de Eclipsa.
LaBev713: Pues digamos que es una niña que se impone sus propias reglas xD hace lo que cree que es correcto.
Lucky Ted: La verdad es que no planeo que la historia sea muy larga, aveces lo demasiado largo se vuelve tedioso, y la verdad te entiendo, yo también estoy llena de preguntas con respecto al pasado de Eclipsa, por esa razón hago esta historia (trato lo más que puedo de que sea algo coherente) en lo que la siguiente temporada inicia.
Nos vemos, besitos.
