-Ahora el escenario siguiente, trata de la sala del comité disciplinario de la secundaria Namimori. En el sillón principal se encuentra Kiri con postura elegante aún con su cosplay de Mad Hatter. Los arcobalenos están en el mueble principal frente al TV de plasma, nuevamente esperando que Kiri tome la palabra-.

Bueno ^^ dar las gracias por los reviews, por los comentarios por msn, por las buenas críticas y sugerencias es poco. Realmente poco, no tengo manera de cómo expresar mi gratitud, solamente puedo compensarles dando lo mejor de mí con cada cap.

Este episodio trae mucha acción, y claro su dosis de humor, pero sobretodo acción. Recomiendo que lean cada combate con metal pesado y rápido, por ejemplo Bullet for my Valentine, Disturbed o en su defecto, Children of Bodom. Lo digo porque fueron las bandas con las que me inspiré para las escenas, a saber si quedaron decentes ya que me cuesta redactar los combates y no sé si se vean forzados –Sigh-. Como sea. Dejen su opinión por favor.

Empecemos ya, antes de que Hibari san regrese y nos muerda a todos hasta la muerte, mi Dios n.ñ Chicos ¿Quién quiere hacer los honores?

Skull: ¡Yo, yo Kiri sama! -salta moviendo las manitas-.

Colonnello: Entonces empieza ya, ¡kora! -lo patea al centro de mesa-.

Skull: x_X iteee… -se levanta con dificultad sosteniendo el control remoto- bi-bien, ya verán… -murmura y se vuelve al público-. Katekyo Hitman Reborn y sus personajes son de Amano Akira sama. La trama de este fic, personajes creados (su mayoría) son de Kiri sama… y. ¡Y no pueden perderse este capítulo por nada! ¡O se las verán con Skull sama! ¡Verde maldito, te atraparé!

-Reborn le avienta un zapato mandando a volar a Skull lejos, y se apodera del control remoto-. Ya es hora de empezar -sonríe con avidez-, que lo disfruten chicos.

Nos vemos en la Sección Carnival n.n otro invitado especial nos acompañará.

-UVERworld comienza su tonada apenas Reborn enciende el TV-.


¡Código Verde! [Segunda parte]

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El científico les dedicó una sincera sonrisa que rallaba el cinismo.

A Tsuna solo se le pasaban las imágenes del bebé arcobaleno Verde cuando les había tocado pasar su prueba, o más bien, enfrentarlo como un posible enemigo más. Lo mismo sucedía con Yamamoto y Gokudera quienes desde sus asientos, también observaban al profesor con sentidos alertas, preparados para tomar acción si se ameritaba. El castaño estaba preocupado, las cosas habían tomado un rumbo diferente de un momento a otro, como deseaba que todo se tratase de un mal sueño. Una pesadilla.

La risa de Verde rompió su ilusión en mil pedazos, era real.

─ Efectivamente, Green es Verde en ingles ─ respondió el docente disimulando la gran ironía que de ello nacía ─ es bueno saber que los alumnos dominan otros idiomas.

─ Mira que eres tonto, dame Tsuna ─ comentó uno de los estudiantes desde su asiento.

─ Eso es demasiado evidente ─ expuso Hana irritada con el comentario de su compañero y tomándolo por idiota ─, no debes hacer un escándalo por eso, es vergonzoso.

─ ¡Maldita mujer, y tú imbécil, discúlpate ahora con el Décimo! ─ amenazó Gokudera.

─ Chicos, chicos, cálmense por favor ─ repuso el docente ─ miren que todavía no empezamos el objetivo, las peleas sin sentido para después de clases. ─ Empujó sus lentes hacia los ojos, los que fijó en Tsunayoshi.

─ ¿¡Y por qué mierda debemos hacerte caso a ti!? ─ gruñó el guardián con tono desafiante. Para Gokudera soportar a dos arcobalenos como profesores en la secundaria escapaba de su tolerancia, más si el segundo había atentado contra él y su jefe en un pasado.

─ Porque de lo contrario, no les permitiré ver mi clase, e irán a rendirle cuentas al subdirector al final ─ advirtió calmadamente.

El décimo abrió un poco más los ojos por la impresión, consiguió captar algo en las palabras del científico, en su voz y su mirada, que al concentrarse empezó a tener la sensación de que tenía un sentido. Había una razón por la que él estaba frente a ellos y dando clases como alguien normal. Quizás no se encontraba allí con malas intenciones, a lo mejor tampoco con buenas, pero Tsuna empezaba a captar los gestos de Verde y empezaba a descifrar con su propio entendimiento -o instinto Vongola- que existía algo que Verde quería decirle, algo que lo había forzado a hacerse pasar como profesor de secundaria.

─ Go-gokudera kun, mejor, déjalo ya ─ sugirió sumiso, sonriendo compungidamente ─ nos vamos a meter en problemas después.

─ Décimo ─ las palabras desarmaron por completo al chico, quien no hizo más que emitir un gruñido inaudible y sentarse en su sitio, junto a su jefe. Yamamoto desde su asiento también se tranquilizó por completo.

─ Eso ha sido una sabia decisión ─ aclamó el arcobaleno ─ bien clase, comenzaremos en el objetivo que su anterior profesor les estaba dando.

Tsuna se perdió en el momento que Verde, su profesor sustituto, comenzó a hablar acerca del contenido educativo. Sentado en su sitio junto a Gokudera, tomaba los apuntes distraídamente, con la intención de aparentar que todo estaba en su orden, cosa que a su compañero le costaba sobrellevar. Miraba a sus amigos de soslayo y veía en sus caras la espera y la ansiedad, teniendo al enemigo en clase entre jóvenes adolescentes que nada tenían que ver con el problema. De vez en vez miradas se cruzaban entre ellos con el profesor, que solo se limitaba a gestos poco comprometedores que se tachasen de complicidad.

Pero para Verde las cosas eran de otro tinte.

Estaba allí por una razón, era verdad, no es que fuese su placer desligarse de su constante vida investigativa para acabar impartiendo clases en una secundaria común y vulgar, tampoco la tiza de los pizarrones y el montón de alumnos haciendo preguntas o desentendidos de la clase eran parte de las maravillas de la docencia. De ser por él jamás hubiese optado por esa opción, pero el Décimo Vongola y sus guardianes -la mayoría- estudiaban allí, pasaban la mayor parte del tiempo promedio en la secundaria. Que mejor lugar para interceptarlos que allí, pensó en el momento. Lo difícil sería si alguno de sus compañeros "crecidos" osaban trancarle el camino en sus planes, debía ser más rápido que ellos y entrar en acción.

Eran estos pensamientos los que pasaban por su cabeza mientras explicaba a los estudiantes el siguiente taller a realizar en casa, no tenía intenciones de prolongar más el tiempo, y es que no contaba con este. Cuando estaba escribiendo en el pizarrón los materiales para la actividad, la luz en la tapa de su bolígrafo que estaba en el bolsillo de su bata parpadeó tres veces, ese era el código que había establecido para identificar el caso de que esas bestias se encontrasen cerca. No tardaría en armarse el revuelo, y todavía tenía que cumplir su objetivo.

Que estaba sentado en el último asiento de la fila derecha. Sawada Tsunayoshi.

El código verde de su transmisor había anunciado la carrera contra reloj.

xXx

Los alrededores de la secundaria Nami se encontraban desolados y pacíficos, todo lo que reinaba allí era el silencio y su imponente figura en la azotea supervisando que todo se mantuviese en su estricto orden. Apoyado en la baranda con los brazos, la brisa del mediodía le revolvía con suavidad sus hebras azabache mientras observaba a su pequeña ave parlanchina sobrevolar cerca de él repitiendo varias veces su nombre cual perico amaestrado.

Hibari bostezó, levantado la mano para tapar el exceso del gesto. Se encontraba sumamente aburrido, desde el enfrentamiento con el militar rubio no había ocurrido nada más interesante, y eso lo encontraba fatal. Si las cosas se ponían demasiado pacíficas pasaban cosas como las que le sucedían al guardián de la nube hoy. Se adormilaba, su instinto carnívoro no salía a relucir y quedaba como una bestia doméstica que no tiene nada mejor que echarse una siesta en la azotea.

Le hacía falta algo de diversión, como esos días cuando estaban peleando contra Byakuran por salvar el mundo y su futuro. Aquellos combates que un día hicieron su sangre arder de verdad, era esa clase de sucesos la causa de que aún llevase ese anillo en su dedo, de no ser por él, días como aquel serían cada vez más frecuentes. Agradecía al bebé todo ello, y en su parte a Sawada Tsunayoshi por haberse vuelto tan interesante con el pasar del tiempo.

Ese pensamiento le recordó sus palabras después que todo hubiese terminado.

Espero que nunca… tengamos que abrir las cajas Vongola de nuevo.

Y hasta ahora así se habían mantenido las cosas, ni Hibari ni los otros guardianes habían tenido la necesidad de emplearlas en un combate. Imaginarse aquella actitud por parte del castaño le puso levemente de mal humor. Él que tenía la fuerza no la disfrutaba, él que siempre se enfrentaba a los oponentes más interesantes y generalmente les derrotaba no lo apreciaba. Seguía actuando como un herbívoro mediocre.

Bufó molesto, estuvo por darse la vuelta para tomar una siesta en la azotea mientras las clases de la tarde se impartían, hasta que, de reojo la imagen de dos individuos de apariencia sospechosa cruzó por un lado de los alrededores de la secundaria. Hibari se detuvo a medio voltearse para estudiar a los extraños. Los dos le resultaban repulsivos a simple vista, y él, que solía tener un olfato fino para las personas detectaba cierta podredumbre en ellos, como si viniesen sacados de una especie de carnicería o algo. No iba a tolerar tales alimañas cerca de su territorio, les echaría fuera o los mordería hasta la muerte si se resistían.

─ Tch ─ chasqueó la lengua y escupió en un lado de la acera ─ así que es aquí donde se oculta esa rata ─ murmuró con malicia el sujeto larguirucho, observando el edificio de la secundaria con las manos hundidas en los bolsillos del pantalón naranja chillón que todavía cargaba. Sonrió mostrando la hilera de finos colmillos.

─ Lastima que los bebés no sean sabrosos, tienen pocas calorías ─ comentó el gordinflón tras Zit.

─ Tristemente, no será un bocado delicioso pero sí una exquisita venganza ─ respondió el otro y se carcajeó por lo ingenioso que sonaba la frase.

─ Están invadiendo propiedad ajena ─ interrumpió cortante la voz del presidente del comité de disciplina. Los otros dos voltearon a mirarle sorprendidos porque alguien llegase a desafiarles.

─ ¿Y quién es este tío? ─ Preguntó Zit ─ ¿Algún fanfarrón?

La mirada de Hibari se paseó lentamente por la acera, hasta localizar en un lado de la superficie lo que parecía ser un asqueroso catarro producto en un escupitajo, en su zona, en su territorio.

─ Y también… ─ susurró mientras tras el abrigo presidencial parecían un par de relucientes tonfas en cada brazo ─ está prohibido escupir en los alrededores de la secundaria Namimori ─ realmente enfadado, añadió como sentencia ─ los morderé hasta la muerte.

Al fin alguien le daba la excusa para mover los brazos y quitarse la maldita sensación de cachorro adormilado, ahora su verdadero yo se despertaba en su interior y lo hacía con un hambre atroz de llevarse a cualquier pedazo de carne por delante. Realmente estaba enojado, que hayan ensuciado su adorada escuela en sus narices era el combustible suficiente como para machacarlos hasta que no quedase sangre dentro de sus cuerpos ni huesos intactos. Le haría tragar al culpable el maldito catarro directamente del piso.

Fue hacia ellos, principalmente contra el más delgado. Blandió su tonfa con intención de conectarle un golpe con la derecha cuando ya, de antemano, esperaba que lo evadiese, y seguidamente le vendría su estocada vertical con la izquierda, para sorprenderlo. El individuo tenía buenos reflejos y evadió ambas con una agilidad pasmosa. Lo que al tercer movimiento de Hibari con la derecha, también evadido, le hizo sonreír satisfecho. Habían pasado la prueba y con ello tenía carta blanca para subir el nivel. No se había equivocado, no eran personas ordinarias y seguramente había sorpresas bajo la manga.

La mirada del pelinegro brilló tenuemente, se la pasaría de lo lindo.

─ Vaya, no eres un chaval ordinario ─ admitió el otro confiado, le estaba sosteniendo la tonfa al muchacho cuando este fue a conectarle un izquierdazo, y ya esperaba el golpe por la derecha instintivo para zafarse ─ aparte del escuadrón Varia, no sabía que hubiesen tipos fuertes como tú.

─ Jm, que asco ─ murmuró Hibari torciendo el gesto. El aliento de su oponente tenía un hedor dulzón de la descomposición ─ apestas en todo sentido.

─ ¿Qué dijist…? ─ No pudo completar su pregunta cuando se vio interrumpido por el sorpresivo movimiento del estudiante. Hibari le estampó un puntapié contra la cara que se la volteó al otro lado logrando que se tambalease. Había saltado un poco para lograr llegarle y gracias a la flexibilidad de sus piernas había sido cosa de impulso. Cuando aterrizó lo hizo rematando su movimiento con un golpe seco contra el tórax de Zit que le sacó el aire y lo mandó despedido contra el protuberante cuerpo de Helmet quien le recibió con sorpresa, sin despegar su pesado ser del suelo por el impacto.

─ ¡Aniki! ¿Estás bien?

─ Tch… estoy perfectamente… ─ escupió el otro recuperando el aliento, bastante molesto por haber subestimado al chico de las tonfas y no haber visto venir ese movimiento ¿Y es que cómo iba a saberlo? Ese muchacho definitivamente no era común, tenía que ser un experto. Se levantó pesadamente con algo de ayuda y volvió a estar de pie, ligeramente encorvado y con los brazos colgándole como dos enormes zarpas.

─ Creo que ya lo he descubierto ─ mostrando su tonfa esperando el momento en que volviesen a cruzarse ─ eres el más asqueroso de los dos, así que esa porquería de allí es tuya ─ refiriéndose al escupitajo ─ voy a hacer que te la tragues.

─ ¡Aquí el único que te hará tragar mis porquerías seré yo! ─ bramó. Ambos fueron uno contra el otro con intenciones de retomar su combate, pero fueron separados por tres cuchillos voladores que acabaron clavándose en el suelo de concreto. Tanto Hibari como Zit los habían interceptado a tiempo para apartarse lo suficiente, además de que el primero ya conocía lo bastante bien la maroma de esas dagas.

─ Shishishishi~ parece que el príncipe ya encontró sus presas del día ~ ─ canturreó la voz del Belphegor, se encontraba encima de la pared baja, apoyado con las rodillas flexionadas y un lado de su cara descansando de forma despreocupada en una de sus manos ─ Ushishishishi ~

─ Tú ─ siseó Hibari notablemente enfadado. Deducía que el miembro más joven de Varia estaba allí con el propósito de cargarse a los intrusos que habían profanado la institución. Y el guardián de la Nube no tenía intenciones de pelear codo a codo con nadie.

Sin saberlo ellos, eran observados a través del cristal ahumado de un vehículo que estaba estacionado cerca del lugar discretamente -y porque todos estaban enfrascados en el combate nadie había reparado en este-. El vidrió bajó un poco y un par de ojos castaños titilantes de curiosidad se asomaron por la rendija, observando cuidadosamente de que no fuese descubierta y acabase ella y sus acompañantes metidos en problemas. Después de todo, fue ella la que pidió ir con la intención de saber que sucedía o qué iba a suceder en la secundaria Nami, donde estudiaban sus amigos.

─ ¡Hahí! Las cosas se están poniendo peligrosas allí ─ exclamó Haru volviendo a su asiento en la limusina, su cara mostró un breve nerviosismo y luego se recompuso mágicamente ─ Pero Tsuna san y los chicos estarán bien, ellos son muy fuertes, Haru debe confiar en ellos.

─ Así es ─ le contestó amablemente su compañera de asiento ─ es bueno que tengas esa confianza en ellos, Haru chan. Estoy segura que Tsunayoshi kun y los chicos la necesitarán en un futuro.

─ ¿Hahí? ¿Qué quiere decir con ello, Aria san? ─ parpadeó la chica mirando a su interlocutora.

─ Es solo un presentimiento ─ contestó, acariciando el cofre que llevaba sobre sus rodillas. Era una caja rectangular angulosa en las esquinas, como si hubiese sido hecha de un mineral muy precioso parecido al mármol, ya que su color era similar. Una chapa dorada era la cerradura y estaba adornada con un par de alas en cada lado. En la superficie había un escudo también dorado, con las iniciales G.N. y las mismas alas adornando los laterales.

Haru había sentido mucha curiosidad por ese cofre que la mujer guardaba tan celosamente, pero por respeto a ella no se había atinado a preguntarle al respecto. Se le hacía demasiado embarazoso pues no era su asunto. Una cosa era que sus amigos estuviesen en la mafia y otra muy distinta a que amigos pertenecientes a su círculo le hablasen sobre sus asuntos. Además, no tenía exactamente la imperiosa necesidad de saber cual era el contenido, solo era una infantil curiosidad. De lo que sí estaba segura era que, dentro contendría algo de gran valor.

La jefa de Giglio Nero pilló a Haru observando la caja, causando que la chica voltease abochornada hacia otro lado, pretendiendo fijarse en lo que sucedía en los alrededores de la secundaria Nami con esos sujetos extraños de apariencia peligrosa y los otros dos chicos que sí distinguía -al príncipe por haberle tocado atenderlo en casa de Tsuna ayer, y el otro era el aterrador amigo de ellos, Hibari Kyouya -. Realmente estaba avergonzada, incluso un pequeño rubor teñía sus mejillas. Aria sonrió comprensiva, sabía que eso sucedería en cualquier momento.

─ Haru chan ¿Te da curiosidad lo que hay dentro de este cofre? ─ preguntó con naturalidad. La chica volteó en el acto por lo directa que había sido la mujer con ella, desde que conocía a Aria siempre había sido muy sincera y hacía de las preguntas difíciles comunes acertijos del diario vivir.

─ Eeesto… ─ comenzó claramente sin saber bien como empezar, la habían pillado desprevenida y solo le quedaba admitir su entrometida curiosidad. Asintió levemente en respuesta y siguió ─ debe ser algo muy importante para que lo tenga tan cuidado desu.

─ No te equivocas ─ confirmó y miró la superficie del cofre ─ digamos que esta es la razón por la que estoy de vuelta en Japón. ─ Con esas palabras consiguió que su subordinado y chofer del vehículo le dedicase una mirada de advertencia por el espejo frontal. En cambio la mujer de ojos azules le respondió con un gesto despreocupado. Ella sabía lo que hacía.

─ Juuh… entiendo ─ sonrió disculpándose ─ lo siento, no quería parecer grosera, de verdad, me había dado mucha curiosidad pero… no esta bien preguntar esas cosas a otros, pienso que no son asuntos que me conciernen y deben ser bastante importantes y…

─ No te preocupes ─ la cortó amablemente evitando que su disculpa se explayara ─ ha sido un poco cruel de mi parte ponerte en intrigas, te prometo que cuando acabe el día sabrás lo que hay dentro. ─ La mirada y la voz de Aria tomaron un ritmo pausado, cuidadoso con las últimas palabras ─, debes prometer que no se lo dirás a nadie más.

Haru, llena de dudas, no dijo nada al principio, meditó unos segundos la posible importancia que tendría el interior de ese cofre misterioso, y que podría meterse en un serio problema si todo resultaba ser peligroso. Pero aun así, el no saber que sucedía era peor que todo.

─ Sí, lo prometo ─ aceptó.

xXx

Los alumnos de la clase de Laboratorio tenían las frentes pegadas del vidrio, observando lo que acontecía allí en los alrededores de la secundaria, las caras de sorpresa y emoción se hacía visibles en cada ventana, ignorando el porqué estaba sucediendo tal enfrentamiento pero completamente absortos en este, no prestaban atención a más, si quiera se preocuparon por preguntarle al profesor qué debía hacerse en ese caso. Tampoco que fuese necesario tratándose de Hibari Kyouya.

─ Hibari san ─ murmuró Tsuna preocupado, más que todo porque allí estaba también Belphegor. Lo que deducía era que ese par al que se enfrentaban tenían que ser uno de los reos fugados de la prisión Vindice.

─ Décimo, ¿deberíamos hacer algo? ─ preguntó Gokudera dudoso pero resuelto a lo que dispusiese su jefe. Yamamoto también los miraba esperando la decisión.

─ Pues, Hibari san es muy fuerte, creo que estará bien dejarlo hacerse cargo ─ respondió Tsuna tratando de sonar seguro de lo que decía. ─ Pero, si esos sujetos son realmente los que se escaparon de Vindice, deben ser muy peligrosos ─ pensó tragado saliva con dificultad.

─ Entonces no habrá necesidad de prestarles atención, Décimo ─ resolvió confiado ─ podemos estar tranquilos ya que no es nuestro asunto, que se encarguen esos dementes de Varia.

Yamamoto quiso asentir a la afirmación de su compañero, pero se detuvo y volteó donde se encontraba el profesor, a quien pilló cuidadosamente sondeando el lugar y vigilando que nadie se fijara en él. Le vio escabullirse sigilosamente a la puerta sin mostrar ningún nerviosismo en sus movimientos que delatasen sus próximos planes.

Pero no contaba con que el espadachín de los Vongola hubiese anticipado sus reacciones. Desde el primer momento, Takeshi fue el que más atento se encontraba a las acciones de Verde, con intenciones de descifrar sus intenciones y conseguir reaccionar antes que este, si planeaba algo en contra de él y sus amigos.

─ Se ha ido ─ intervino Yamamoto con un tono serio nada propio de él. Los chicos vieron a donde llevaba la mirada de su compañero, donde antes había estado el científico de pie.

─ Ese canalla ─ gruñó Gokudera ─ ¿Qué estará tramando?

─ No lo sé, pero ─ Tsuna pensó unos momentos y continuó ─ si no le seguimos puede que haga algo malo.

─ Décimo ─ asintió ─ ¡Bien, Vamos a dar con ese científico loco!

─ Démonos prisa ─ Yamamoto también asintió.

Sin que ninguno se percatara de sus ausencias en el momento, los chicos salieron corriendo en busca del arcobaleno. Solamente Kyoko se atinó a verles en cuanto cruzaron la puerta, deseándoles desde el fondo de su corazón buena suerte, sea lo que fuesen a hacer.

xXx

Hibari Kyoya y Belphegor, contra dos forajidos, convictos de Vindice.

─ Pero si ha llegado otro mocoso a la fiesta ¿eh? ─ se mofó el larguirucho sonriendo socarronamente. Pero ese gesto no duró mucho, sus ojos recorrieron el abrigo del joven rubio y repararon en la insignia que representaba su proceder. Sobresaltado, no pudo evitar quedarse sin palabras tras unos segundos ─ no puede ser, ¿¡Ese niño pertenece a Varia!?

─ ¿Ah? ¿Cómo que niño? ─ Suscitó un Belphegor molesto por el calificativo, sin que esa sonrisa perpetua se viese muy afectada ─, no me esperaba que alguien se me hubiese adelantado ─ agregó esta vez viendo a Hibari entre las sedosas hebras de su flequillo.

─ Tú también estás en mi camino ─ Hibari le dirigió una mirada amenazante a Bel, quien no se inmutó en lo absoluto.

─ Je, piensa lo que quieras, pero esos dos de allí son mis presas ─ Bel mostró un manojo de dagas entre sus dedos cual abanico mortal ─ si llegas a meterte en mi camino te mataré. Nadie podrá acusarme después si asesiné a un guardián durante el trabajo, shishishishi ~.

─ ¿Guardián? ─ parpadeó el gordo.

─ ¡Con una mierda! ─ exclamó el otro con los ojos bien abiertos y una cara que reflejaba el claro impacto de una desagradable sorpresa. Dichos globos oculares se fijaron en el anillo que Kyoya llevaba en su dedo medio, que casi no se veía por la posición en la que descansaban las tonfas, pero que al colocarse en modo ofensivo sí destacaba. ─ Ese anillo ¡No puede ser! ¡Vongola!

─ Joo ~ ─ ronroneó Bel ─ al parecer los conejillos no sabían a que venían exactamente.

─ Maldición… ─ Zit rechinó los dientes sin hacer mucho ruido ─ ¡Ese maldito no nos previno sobre esto!

─ Aniki…

─ Helmet… hemos sido utilizados como carnada ─ afirmó temblando de rabia. Miró el anillo enroscado en su dedo de figura triangular, aquel que su camarada había asegurado como inhibidor de los rastreadores que ambos poseían en sus cuerpos. El de Verde y el de Vindice.

Fueron simples piezas de Ren.

─ ¡¡¡MIERDAAAA!!! ─ bramó. Fuera de sí les dedicó una mirada furibunda tanto al miembro de Varia como al presidente del comité disciplinario. Ambos indiferentes. A Belphegor parecía divertirle el asunto.

─ Del otro ya el capitán se irá a hacer cargo ─ puntualizó el príncipe.

─ Ni sueñen… ¡Ni sueñen que nos dejaremos atrapar! ─ Rugió, extrajo de su pantalón una caja del tamaño de su puño de coloración rojiza y con motivos metálicos ─ Helmet, no vamos a contenernos. Acabaremos con ellos antes de que lleguen los otros.

─ Pero, ¿Qué sucederá con Ren, aniki? ─ contestó el otro, también sacando una caja de coloración verdosa.

─ Nos encargaremos de él después, primero barreremos el suelo con estos chavales ─ aseveró, encendiendo en uno de sus anillos con detalles curvos una llama rojiza, la cual depositó en la hendidura de la caja activando su función.

─ Como digas aniki ─ el otro imitó a su compañero, haciendo uso de una llama verde que refulgía tenuemente en sus regordetes dedos.

La primera despidió de su interior una hilera de cadenas con un extremo filoso de forma rómbica en cada punta, en la que se emitía la llama de la tormenta. Hibari y Belphegor esquivaron las cadenas que se clavaban en diferentes puntos del suelo y la pared, las cuales quedaban destrozadas por la propiedad destructiva. El guardián de la Nube retrocedió apoyándose de sus pies y de la izquierda, en cambio Bel se vio obligado a bajar de su posición y apartarse dando un salto de la pared donde estaba. Ambos calcularon nueve hilos metálicos que se desprendían por sí solos de su posición y levitaban en el aire ansiosas. Hibari ya las había visto, las armas de caja, y no pareció sorprendido de que el sádico príncipe ni se inmutara por el artefacto.

─ Ooh ~ interesante ─ Estaba de pie, sosteniendo aparentemente en el aire un manojo de cuchillos ─, así que estas son las nuevas armas que han venido apareciendo en estos meses, no creí que las perfeccionarían en tan poco tiempo, y menos que unos convictos las tuviesen en su poder ─ sonrió ─ debe haber un buen contacto tras esto.

─ Vas a insistir en entrometerte ─ dijo un Hibari molesto, que estaba reincorporándose sosteniendo sus confiables tonfas. Observó de reojo la problemática arma y el destrozo causado por la misma. Daños a la institución, no iba a perdonar eso.

─ Será problemático para uno enfrentarse a los dos al mismo tiempo ─ razonó el prodigio de Varia, sin mucho gusto al admitir que solo no podría encargarse de ellos ─ tch, vaya, que a mí, al príncipe le toque cooperar con un sujeto como este ─ esbozó una sonrisa irónica ─, realmente he caído bajo.

─ Di y haz lo que quieras ─ Enseñó sus tonfas con saña y estas se cubrieron de llamas purpúreas ─ pero si te metes en mi camino, te machacaré hasta la muerte ─ amenazó sin quitarle la mirada a su objetivo. El asqueroso flacuchento.

─ Lo que tú digas, tonto ─ dijo girándose al de mayor masa corporal ─ yo haré de este elefante un buen filete, shishishishi ~

─ No se hagan tanta bola, niñatos ─ advirtió Zit confianzudamente ─ ustedes no son rivales para estas bellezas, lo último en armas de liquidación. Zaa… vengan, vengan para que les haga picadillo ¡Y así masticarlos con gusto en la cena!

La Nube Vongola sonrió. Como en muchos días no lo había hecho. Como seguro lo hacía en el futuro mientras se cruzaba con oponentes fuertes, que también tenían armas de caja, como él. El animal dormido dentro de Kyoya estaba despierto, tenía hambre, y estaba molesto, porque nuevamente su amada escuela era escenario de peleas ruidosas y perturbantes para sus alrededores.

Solo una palabra, te morderé hasta la muerte.

xXx

Al encontrarse solo en los pasillos comenzó su andar rápido, cuidadoso, tampoco podía ir tan a prisa porque levantaría sospechas, pero al mismo tiempo si buscaba que le siguiesen. Era la idea.

Con una mano en el bolsillo de su bata blanca, y la otra empujando los lentes a su sitio, el científico rebuscaba con la mirada posibles indicios de estar siendo perseguido, no había ninguna señal de amenaza, salvo aquella que titilaba en su bolígrafo arrojando la luz verde desde el interior. Sentirse como un animal perseguido no era lo suyo, ya llevaba un mes en lo mismo, desde ese incidente en Vindice.

Verde miró hacia los lados, tenía vía libre para seguir, dobló hacia su izquierda y se adentró en el nuevo pasillo. Ralentizó sus pasos buscando serenarse, no era bueno dejar subir la adrenalina en todo su cuerpo, podría llegar a ser percibida tras esa transpiración que crecía en su nuca. ─ Calma ─ se dijo. Y comenzó a caminar con naturalidad hasta llegar a la puerta de un aula, seleccionada al azar porque no había nadie y en sus cercanías todo estaba desolado. Perfecto. Sonrió.

Empujó la puerta hacia un lado y entró. Los asientos vacíos, la pizarra limpia y el escritorio desocupado le recibieron con un triste aire de abandono, que en cierta forma trajo consigo una sensación que el científico tachó de molesta. Sacudió suavemente la cabeza para apartar ese pensamiento y concentrarse en lo que estaba a punto de hacer, todo estaba fríamente calculado, y aún así, se encontraba nervioso, solo un poco. Él sabía controlarse muy bien.

─ Debe estar por venir ─ susurró para sí mismo en voz baja.

Vio transcurrir una sombra por las ventanas, venía a gran velocidad como un proyectil, tan borroso que era imposible descifrar la forma que tenía aunque se viese muy grande. Dio de lleno contra los vidrios quebrándolos todos, consigo varios trozos salieron al aire y se desperdigaron por el suelo. Un rostro se asomó por aquellas hebras desarregladas gris opaco, y un par de ojos rojizos apagados por el tiempo, pero que relucían especialmente al cruzarlos con los del arcobaleno.

La figura se reincorporó, mostrando a un joven de edad promedio entre los veinte y veintitrés años, vestía pantalón y botas oscuras, y una camisa azul marino cuello tortuga, a la cual le faltaba la manga derecha, descubriendo un pálido brazo, la otra manga bastante larga cubría un arma letal, por la que se asomaban unas alargadas y fibrosas garras de aspecto óseo y casi metalizado por el brillo que despedía aquella piel mutante.

─ Vaya, eso si fue rápido ─ se mofó Verde.

Fijó su mirada en el científico, olisqueando el aroma que desprendía la imperceptible transpiración de este a sentidos humanos, su olfato sí que podía captarlo. Era él sin duda… pero no se trataba del bebé que recordaba, de la diminuta figura que acompañaba sus recuerdos en esos días. No. A quien tenía delante era a un adulto que rondaba entre los treinta y cinco y cuarenta, con las mismas características que conocía, pero un adulto al fin.

─ ¿Pero qué diablos…? ─ murmuró, esbozó una sonrisa forzada que trataba de verse irónica pese a la incredulidad ─ ¿Has estado haciendo experimentos raros de nuevo y se te han acabado los conejillos de indias?

─ Sabes que a mí los chivos expiatorios me sobran, Ren ─ le provocó Verde haciendo gala del cinismo. Consiguiendo que el joven emitiera un gruñido, enseñando sus dientes blancos en los que destacaban un par de colmillos gruesos y filosos.

─ Tu apariencia me trae sin cuidado ahora ─ pasando de las palabras del arcobaleno, se detuvo un momento a examinar el lugar donde vino a esconderse ─ has elegido un buen lugar para morir, nadie que interfiera, sin testigos. Parece como si lo hubieses planeado desde el inicio.

─ Podría ser ─ se encogió de hombros despreocupado ─ tenía previsto que nos encontrásemos en estas condiciones.

─ Jhm, con que así eh ─ avanzó unos cortos pasos hacia su objetivo con cadencia ─ no sé que estarás tramando ahora, Verde, pero hasta aquí te llevó el río.

Él se rió burlonamente, y terminó por soltar una carcajada. Eso consiguió una mueca de desagrado por parte de Ren. Verde rodó sus ojos a la ventanilla de la puerta, se escucharon unas voces y pasos acercándose al salón, y sonrió victorioso cuando la puerta se abrió mostrando a los tres guardianes, tan sorprendidos como el mismo intruso que los ahora los miraba cuidadosamente.

─ ¿Qué demo… ¡quién es este sujeto!? ─ preguntó Gokudera.

─ ¿Qué… tiene en el brazo? ─ Se aventuró Tsuna, Ren alzó un poco más su alargada garra como si se la enseñara al público, dejando que la tela de la manga la descubriese toda ─ ¡Hii! ¿¡Qué rayos es eso!? ─ chilló asustado con la visión.

─ ¿Niños? ¿Esa es tu arma secreta? ─ Ren paseó su mirada de Yamamoto a Gokudera y finalmente se fijó en el más pequeño, Tsuna. Volvió hacia Verde ─ ¿Los has atraído aquí para no morir solo?

─ Oh, los años te han vuelto muy confiado Ren ─ los ojos del científico se encontró con los de Tsuna, a través del cristal, el castaño percibió una extraña intención en el arcobaleno. Algo que en el fondo no podía ignorar ─, pero te daré un consejo, no los subestimes.

─ ¿¡Qué, qué es todo esto!? ¡No estoy entendiendo nada de lo que sucede! ─ protestó Tsuna claramente preocupado, la situación estaba bastante tensa.

─ ¡Jajajajajajaja! ¡Vamos, explícame para que pueda entenderlo mejor! ¿¡Por qué has elegido a estos mocosos para escudarte de mí!? ─ se expresó con un exagerado tono de burla.

─ Porque esta es… ─ el científico les sonrió de forma fingidamente esperanzadora mientras empujaba los lentes a su sitio ─… la familia del Décimo Vongola, y ese pequeño de allí es el Décimo de los Vongola.

El rostro de Ren mutó al desconcierto y la sorpresa, observó con más fijeza a quien Verde había señalado como el décimo sucesor de la familia Vongola, la más grande y cabeza de la alianza entre familias de la mafia. La de mayor historia en el mundo. La poseedora del set de anillos con poderes que escapaban de toda imaginación. Ellos, la décima generación estaba frente a él. Y no lo creía.

─ ¿Qué? ¿Me estás diciendo que estos mocosos de secundaria son la familia Vongola? ¿Estás de coña?

─ ¿¡Qué!? ¡Repite eso y verás como te cierro los dientes, brazo de alienígena! ─ le espetó Gokudera preparado para cargarse al extraño, valiéndole quien pudiese ser en realidad.

─ ¡Go-gokudera kun! ¡Tranquilízate por favor! ─ Pidió Tsuna tratando de frenar a su compañero tomando su brazo para que no pasara completamente al aula ─, aún no sabemos quien es ese sujeto. Y porqué ha dicho que Verde se escuda en nosotros, puede ser qué...

En los aún apretados puños de Gokudera, la agudísima visión del convicto de Vindice captó entre los dedos juntos y el set de anillos, aquel que llevaba especialmente en el dedo medio, el escudo azul marino platinado donde sobresalía el conocido símbolo de la tormenta de Vongola. Sus párpados se abrieron un poco más por la impresión. Si sus desarrollados sentidos no le engañaban, el arcobaleno Verde decía la verdad.

Era verdad.

Ahora lo comprendía todo.

Un segundo estallido en las ventanas robó la atención de todos y rompió con la tensión del momento. Las cabezas presentes rodaron hacia la nueva persona que se incorporaba a la escena tras entrar ruidosamente por la ventana salpicando más cristales. Una esbelta figura de largos cabellos y una espada doble filo en el brazo izquierdo hizo su entrada, acompañada de su característico grito ensordecedor.

─ ¡¡¡VOEEE!!! ─ Tsuna y los otros se llevaron las manos a los oídos, Verde ya tenía listos sus tapones de seguridad ─ tú, eres una rata escurridiza, pero de aquí no sales sino en pedacitos ¡WOE!

─ ¡S-squalo aquí! ─ exclamó Tsuna quitándose las manos de los oídos como sus amigos.

─ ¡Che! ¿¡Pero qué mierda hacen ustedes aquí!? ─ Interrogó el tiburón, obviamente molesto por tener de público a los guardianes y a un tío con pintas de científico loco que en su vida había visto.

─ Estudiamos aquí, imbécil ─ replicó Gokudera con hastío ─ la pregunta debería ser ¿Qué mierda hace Varia en la escuela Nami?

─ Tch, menuda mierda ─ escupió Squalo volviéndose a su objetivo ─ Oye tú, acabaré por mandarte al infierno con boleto de ida y sin regreso.

─ Jhm, veamos que tan veraces son tus ladridos ─ Ren torció los labios en una mueca enseñando su puño humano, donde sobresalía un anillo de plata apagada con motivos incas, y en este, una llama amarilla bastante viva nació, dejando sorprendidos a todos.

─ No puede ser, ¡El también puede usar las llamas de última voluntad! ─ miró el castaño impresionado.

─ Décimo, definitivamente este sujeto se trae algo entre manos ─ dedujo Gokudera, dirigió una mirada acusadora a Verde ─ tú nos debes una explicación, ya que esto está ocurriendo por tu culpa.

─ ¿Por mí culpa? ─ se encogió de hombros restando importancia a ese comentario ─ puede que sea así.

─ Tú preparaste esto ¿No es así? ─ interrumpió Yamamoto serio.

─ En cierta forma sí, digamos que todo jugó a este favor y lo que hice fue aprovechar el momento ─ admitió ─ ¿Por qué no dejan de hablar y se concentran en mirar? Ellos están a punto de librar una interesante batalla ─ se llevó una mano a la barbilla, acariciando su mentón y sonriendo con satisfacción ─ esto puede resultar útil para mi investigación.

─ Este tío, solo piensa en sus propósitos ─ gruñó Gokudera apretando el puño.

─ ¡¡VOE!! ¿¡Por qué mierda siguen aquí!? ¡¡Largaos a otro lado, mocosos!! ─ Ordenó Squalo blandiendo su espada furioso.

─ Me parece que esto va lento… ─ murmuró Ren. En su cinturón había una caja de coloración grisácea y de vieja apariencia, que a comparación con su mano, esta le cabía perfectamente en el centro de la palma, el mismo artilugio tenía viejos motivos incas a juego con el anillo. Depositó la vivaz llama solar en la entrada sin retirar la caja de la correa, y dejó salir un destello amarillento en el cual, algo bastante grande emergía al exterior. El brazo humano de Ren sostuvo una inmensa espada que medía casi lo mismo que él, esta poseía un solo filo que quedaba separado a medias de la base metálica y era curvo. La empuñadura era de doble asa*, revestido de cobre y oro. Enteramente fue recubierta por las llamas del anillo y pareció que tuviese vida propia. Una verdadera obra de ingeniería para un arma de aspecto tan añejo, porque hasta aquella desmenuzada espada se veía gastada por el tiempo.

─ Ese sujeto, acaba de usar un arma de caja ─ musitó un sorprendido Gokudera.

─ Pero esta se ve… ─ Tsuna hizo un esfuerzo por completar la oración ─ se ve completa.

─ Esto no va bien ─ murmuró Yamamoto enfocando su mirada en el combate, Tsuna percibió que quizás estaría preocupado por Squalo, ya que este era el Squalo del pasado y no el de diez años después. Lo cierto era que el espadachín se venía comportando con mucha seriedad desde que vio a esos sujetos en la ventana, desde el inicio presintió algo extraño en ellos, y su única posible explicación era aquel siniestro arcobaleno de propósitos meramente egoístas.

─ Je, creo que esto pasó a ser interesante ─ el capitán del escuadrón Varia enseñó los dientes tras una sonrisa que describía su creciente emoción, no porque su oponente guardase un haz bajo la manga tras esa extraña arma y esa misteriosa garra, sino porque el arma donde parecía especializarse era una espada, y Squalo atesora más que nada los combates entre espadachines ─ muéstrame lo que puedes hacer con esa cosa, espero que no la tengas solo para alardear.

─ Lamentarás haber pedido eso ─ sonrió Ren colocándose en posición ofensiva, al igual que Squalo.

─ ¡Esto es malo! ¡Squalo no tendrá oportunidad si no usa la llama de la última voluntad! ─ Tsuna tenía las manos sobre las mejillas y estaba nervioso ─ ¡Hay que detenerle!

─ Squalo no querrá que interfiramos ─ contestó Yamamoto entrecerrando sus ojos, enfocados solo en el duelo que estaba por llevarse acabo ─ es mejor no hacerlo.

─ Pero… ─ Tsuna fijó sus ojos en la mirada que sostenía Yamamoto, había en ella cierto fervor, no estaba preocupado exactamente por Squalo, estaba concentrado en su oponente. En esa sorprendente llama solar que bordeaba su espada ─ Yamamoto…

─ Confío en él ─ sonrió seguro de sus palabras.

El cruce entre ambos filos y el choque metálico de estas no se hizo esperar. Mutuamente avanzaron al frente hasta embestirse a una velocidad increíble. La espada de Ren tenía clara ventaja al verse reñir contra la de Squalo, eso hasta que el pelilargo consiguió anticiparte a su segundo movimiento cuando su oponente se situó a sus espaldas con el propósito de asestarle un tajo del hombro derecho, interponiendo a tiempo el filo de su espada quien se rotó de forma imposible para una mano humana, quedando en una postura reñida, nuevamente.

Del filo de la espada de Squalo se dispararon unos tres proyectiles con pólvora, que al principio se veía como si hubiesen impactado de lleno contra Ren. Pero, tras la humareda el instinto de Superbia le decía lo contrario. Él estaba cerca, asechando, en un campo perfecto con obstáculos para su entorpecimiento y mayor desenvoltura de los rápidos movimientos sobrenaturales del de cabellos opacos.

Yamamoto apretaba los puños impaciente mientras se cubría la vista con el antebrazo tras el estallido, al igual que sus amigos. Verde permanecía impasible en el mismo lugar, sin inmutarse por nada, protegiendo su visión.

─ ¡VOE! ¿Cuanto más seguirás escondiéndote? ─ preguntó impaciente, sabiéndose asechado por su enemigo.

No estaba nervioso porque no pudiera verlo, lo sentía cerca, lo venía venir, aunque él fuese rápido y sigiloso como un lobo, Squalo tenía un instinto de combate y supervivencia más agudo que el de cualquier animal. Solo saboreaba el momento.

Tuvo su respuesta, en el aire. Desde arriba Ren venía en picada para golpearle con el propósito de picarlo por la mitad, aprovechando la confusión del humo y algunos escombros de mesas y sillas quebradas, sacudidos por la pelea. Los chicos quisieron gritar para advertirle a Squalo quien seguía mirando al frente, pero para ese momento ya era tarde, la espada de Ren descendió y el golpe seco apartó el humo con una ráfaga de viento provocada por el impacto.

─ ¡Eso… es! ─ Gokudera quedó pasmado.

─ Él, él está… ─ Tsuna parpadeó varias veces luego de que todo fuese más claro.

Verde sonreía, podía decirse que en parte se lo esperaba, y por otra era una grata sorpresa.

─ ¡Squalo! ─ Alabó Yamamoto notablemente feliz, su sonrisa tomó forma de satisfacción ─ sabía que lo conseguirías.

─ ¿Qué te hace tanta gracia, Takeshi? ─ murmuró la voz ronca del tiburón, esbozó una sonrisa mostrando sus relucientes fauces. El espadachín estaba de pie, frente a Ren quien se equilibraba en el aire aún sosteniendo el choque de espadas. Una suave pero imponente llama azul recubría la hoja de la espada de Squalo, quien rivalizaba fieramente, pese al tamaño de la otra, contra la de Ren, quien también se mostraba sorprendido ─ aún no pienso darte el gusto de verme morir ¿Lo entiendes?

Yamamoto asintió, más le valía al segundo emperador de la espada cumplir su promesa.

─ Lo comprendo.

─ Vaya, tal parece que sabes usar las llamas de última voluntad ─ Ren sonrió, apartándose del alcance de su enemigo de un salto, retrocediendo varios pasos hacia atrás, llevándose por el medio varios de los asientos del salón ─ eso es interesante, como era de esperar del cuerpo de asesinato Varia

─ Deja de ser tan zalamero y pelea ¡¡WOE!! ─ Bramó ─ verás como mi espada hace mierda ese cacharro oxidado.

─ Jmjmjmjm, veamos que tan cierto es eso ─ murmuró, mostrando una sonrisita.

xXx

En el ojo de la tormenta, así se sentía Hibari al enfrentarse contra el flacuchento Zit.

Las cadenas no paraban en ningún momento, enseguida que se aferraban al concreto como fallo en darle a su objetivo, se desplegaban con gran facilidad dejando solo un hoyo en el concreto de la acera. Al pelinegro le tocaba bailar al son de aquella arma de caja de atributo tormenta, nueve peligrosas cuerdas de acero con una letal punta filosa rodeada de una llama roja, que lo seguía sin importar a donde se moviese.

Le tocó interponer su tonfa derecha entre una de las cadenas que le pasada de lado, la cual venía cubierta por la llamas rojizas, gracias a que la superficie del arma estaba cubierta por las suaves llamas púrpura, no recibió daño alguno y pudo soportarlo. Zit se sorprendió de que el agotamiento físico producto de la constante evasiva y movimientos de chico no llegase aún, parecía una máquina para pelear.

─ Hey mocoso ¿No estás cansado? ─ Se burló aunque estuviese impresionado con la resistencia de Hibari ─ no has hecho más que evadirme hasta ahora.

─ Pronto eso acabará ─ contestó el guardián independiente con una sonrisa de satisfacción, como si hubiese descubierto algo. El muchacho consiguió hacerse rápidamente hacia atrás evadiendo un fuego cruzado entre dos cadenas que iban hacia él a la vez para empalarle. Otra también le venía por atrás, y se aferró a su tonfa como una serpiente. Miró a su oponente sin inmutarse mucho, teniendo en cuenta que ya le venían otras tres a por su arma libre ─ estas cosas, persiguen las llamas ¿No es así?

─ Jejeje, en efecto, mientras más pura sea la llama que emitas para defenderte, ellas vendrán a atacarte con más fervor ─ se rió ─ ¡No importa que tan bueno seas! ¡Jamás podrás librarte de ellas! ¡De mi Catena Tempesta*!

─ Ya veo ─ mantuvo ese gesto confiado hasta que la seriedad volteó la mueca en su rostro. Observó como todas venían a por él, que estaba atrapado con la tonfa derecha y la izquierda ya había sido atada por dos cadenas. Todas apresaron las armas de Hibari, que aún relucían con la llama de la nube, la que se veía que poco a poco iba apagándose.

─ ¡Jajajajajajaja! ¡Estás acabado mocoso! ¡Menudo guardián el de los Vong…! ─ su expresión de triunfo se cortó al ver lo que el chico estaba consiguiendo.

La llama que antes se veía tenue, ahora refulgía con una fuerza tal que resultaba impresionantemente desvastadota, una cortina de llamas violáceas resplandeciendo con vida propia, mostrando la pureza de su elemento en todo su esplendor. Fue aquella imponente llama la que diluyó las rojas y sustituyó el atributo de las cadenas, que quedaron inservibles al verse consumidas por el poder de Hibari, desde sus tonfas.

─ ¡Qué! ¿¡Pero qué demonios has hecho!? ─ estaba desconcertado al ver como su arma le había abandonado.

─ Tus patéticos juegos me cansaron ─ las cadenas que antes poseían la propiedad de la tormenta ahora eran poseídas por el atributo de Kyouya, estas lo soltaron exhaustas. Y al verse libre, la fiera corrió rápidamente con las tonfas a los lados hacia su enemigo. A quien al tenerlo a su alcance, lo último que pudo ver fue el rostro del muchacho, porque el golpe con la tonfa diestra que lo mandó despedido contra la calle contraria lo dejó mareado y fuera de combate, ese no lo vio venir por ninguna parte. La inconsciencia le abordó en el acto.

La brisa revolvió un poco los cabellos y la chaqueta del presidente del comité disciplinario con aire triunfal. Desde una ventana solo sus lacayos le viruteaban, porque los alumnos aunque impresionados y dudosos de las habilidades de Hibari, no se atrevían si quiera a decir pío. Sus poderes jamás eran ni serían discutidos.

En el mismo escenario, pero diferente encuentro. Estaba el príncipe danzando con sus centenares dagas contra el imponente Helmet, quien ahora estaba revestido por un traje protector blanco: constaba de pechera, hombreras, coderas, rodilleras, un cinturón y algo para la parte baja, y unas botas. El arma de caja se veía levemente revestida por la estática propia de la llama verde, brindándole aún más protección y potencia destructiva.

─ Sheh, vaya, hay que ver que ese ridículo traje de pésimo jugador te sienta fatal ─ se burló, irritado ─ y es molestamente eficiente, me pregunto quien les habrá proporcionado esas armas.

─ Eso no es de su incumbencia, señorito ─ contestó este en voz sumisa y floja, mientras se concentraba en conectarle un golpe a Belphegor con sus puños desnudos, pero recubiertos por la verdosa estática.

─ Muy lento, gordinflas ~ ─ canturreó sonriente mientras evadía con suma agilidad y elegancia, arrojó cinco cuchillos hacía el sujeto y notó como estos al principio siquiera llegaban a rozar la coraza, a lo que fingió una mueca de preocupación que luego, se sustituyó por una sonrisa de victoria.

Las dagas se clavaron en la superficie, dejando a Helmet atónito con esto, ya que antes, el chico había usado sus cuchillos normalmente y estos quedaban desperdigados por el suelo al azar, clavándose en este. Eran repelidos por su llama y porque estos no poseían una para oponérsele. Ahora era diferente, se habían clavado en la coraza sin hacerle daño, pero se habían clavado.

Unas llamas rojas aparecieron en el aire, o así le parecieron a Helmet, muy cerca de él obligándole a retroceder, pero atrás también tenía de esos hilos llameantes que le amenazaban. Parecía toda una red de llamas, una jaula de la que no podía salir, porque estas se hacían intensas y sofocantes con cada instante. Los cuchillos también estaban incendiados y conectados por esos hilos en llamas. El gordo no pillaba lo que sucedía.

─ Que maaal ~ parece que quedarás hecho todo un elefante ahumado, shishishishi ~ ─ musitó victorioso el rubio, quien en su puño diestro donde sus hilos se conectaban, un anillo con el escudo Varia sobresalía en su dedo medio, donde una llama roja destellaba altiva.

Los hilos transmitieron las llamas al cuerpo de Helmet cual enfermedad, no tardaron en corroer la armadura y este quedó envuelto en todo un mar de llamas carmesíes hambrientas de carne fresca. La risa del príncipe destripador coronó el fin de la casería de dos de los criminales que habían venido a Namimori. Era así como lo observaban las tres sigilosas sombras recubiertas de ropas viejas y vendas en sus rostros, los guardianes de la prisión Vindice que regresaban para hacer cumplir la ley con sus crudas cadenas.

xXx

Las llamas que lamían el metal de ambas espadas se encontraban con cada golpe, azul y amarillo, ambas refulgiendo por prevalecer sobre la otra. Ninguno de los dos guerreros se encontraba exhausto, apenas estaban rindiendo en el verdadero combate. Muchas veces la peligrosa espada de Ren amenazó con su tamaño a Squalo, quien no se intimidaba por nada y blandía con fiereza la suya que, varias veces alcanzó las mejillas y la punta de los cabellos de su oponente. El tiburón ansiaba morder con más saña.

Ni Tsuna ni los otros presentes veían el final de aquel combate. No sabían predecir quien llevaba la delantera pues iba muy parejos, demasiado, como si no fuese a tener fin el constante golpe seco de espadas, piso o alguno de los desastres mientras se libraban los ágiles movimientos de cada uno. Era una pista de obstáculos, un espacio cerrado, y ninguno de los dos tenía ventaja de nada.

─ ¡WOOOEE! ─ Rugió entrecruzando nuevamente su espada con la enormidad de Ren. Pero este choque había sido diferente a los anteriores, el ojirojo sintió una extraña vibración entrar en sus músculos, serpenteando en sus articulaciones como miles de víboras de mar. Ren sintió peligro al sentir el brazo humano a punto de quedar sumergido en la parálisis, apartó a Squalo moviendo la garra en su contra, cosa que no había usado durante todo el combate, hasta ahora que había sido estrictamente necesario.

─ Vaya, un poco más y pierdo el único brazo humano que me queda ─ bufó Ren, observando de reojo su pálido brazo y como este iba cubriéndose por una especie de capa brillante como escarchas.

─ Está usando la habilidad de la llama del Sol para repeler el estado alterado que le causó el ataque de Squalo ─ dedujo Gokudera ─ solo he visto eso una vez con el cabeza de césped diez años en el futuro. Ese sujeto también tiene células especiales.

─ Atacco di Squalo ─ afirmó Takeshi ─ ha entumido sus músculos apoyado de la llama de la Lluvia.

─ Los Varia, se han vuelto realmente fuertes ─ murmuró un impresionado Tsuna, que a la vez se alegraba de que Squalo estuviese en tan buenas condiciones.

─ Naturalmente, las llamas y sus atributos ya no son un secreto en la Mafia, desde hace meses ─ delató el científico empujando los lentes a su sitio con sus dedos.

─ ¿¡Eeeh!? ─ Tsuna parpadeó sorprendido con las palabras de Verde ─ ¿Qué quiere decir con eso?

─ Va a atacar, será el último golpe ─ cortó, todos volvieron la atención al combate.

Squalo empezó su corrida con su espada lista para cortar los aires y acabar con su oponente, quien sujetaba su espada firmemente a la espera de que este se acercase para recibirle, estuviese preparado o no. Se aproximaba sin tregua dispuesto a darle fin a ese pobre bastardo.

Justo en ese momento, se escuchó un disparo.

Nadie dijo nada, ni hizo nada. La bala tenía dirección a la sien de Squalo o eso parecía ser, y consiguió que este se detuviese. Impactó en la pared con un ruido sórdido y levantando otra pantalla de polvo y algo de escombro, ya que el proyectil venía con bastante fuerza, más de la común. Al pelilargo solo le quedó un hilillo de sangre recorriendo su frente, nada importante ya que había conseguido eludir el impacto justo a tiempo, cuando ese instinto suyo le indicó la presencia de otra intención asesina.

─ ¿Qué fue…? ¡Alguien disparó! ─ alertó Gokudera.

─ ¿Quién? ─ Se preguntó Tsuna paseando la mirada por todo el campo, hasta que vio ingresar una esbelta figura por la ventana -ya rota- con movimientos casi felinos. Tuvo una mejor definición cuando esta se reincorporó bajando el arma con la que había disparado y guardándola en el interior de su gabardina oscura. Un sombrero resguardaba sus facciones y solo se leía una leve sonrisa de perfectos dientes blancos se asomaba entre esta, una que por supuesto fue borrada en el acto al centrarse en los dos peleadores con espada.

─ Se acabó el juego, niñitas, es hora de regresar a casa ─ dijo la voz femenina con una nota irónica acentuada en cada palabra.

─ ¿Quién rayos eres? ─ Gokudera interrogó amenazante, preparado por si se trataba de otro enemigo.

─ Quien sabe ─ murmuró como única respuesta, retirando el sombrero de su cabeza y dejándolo caer al aire cómodamente en uno de las pocas mesas intactas. Reveló a una hermosa mujer de unos veinte y tantos años, de rasgos asiáticos finos, cuya belleza solo era opacada por el parche que llevaba en el ojo izquierdo. Su larga cabellera azabache osciló cuando del interior de su oscura gabardina extrajo una espada larga, que despertaba tras ser retirada de su vaina oculta. Un hermoso ejemplar europeo con hoja doble filo digno de envidiarse.

─ Aleena ─ escupió Squalo al recordar a la muchacha, saliendo de su impresión, aunque sin poder evitar que ese rostro disfrazado de sarcasmos para ocultar el resentimiento puro le produjese algunos recuerdos, no exactamente gratos pero tampoco desagradables.

─ Ahórrate el "qué haces aquí" ─ le cortó la morena con acidez ─ ya bastante tengo con que me estés cagando el trabajo, Superbia.

─ ¿A qué te refieres, maldita mujer? ─ gruñó sin entender ni una palabra.

─ Harakiri Ren ─ empezó cambiando su tono de voz a uno más serio, fijándose en el chico de la garra ─ te llevaré ante los juzgados de Vindice para que sean ellos quienes decidan tu destino, yo, Aleena von Gerard, estoy a cargo de tu captura.

─ ¿¡QUÉ!? ─ rugió el pelilargo.

─ Tch, ya veo ─ Ren miró con gesto de burla a Squalo ─ parece que te han quitado el trabajo de las manos, lo siento. Y también lo siento por usted, Srta. von Gerard, pero no tengo intenciones de dejarme llevar a esa pocilga.

La muchacha sonrió entrecerrando su único ojo visible, con sarcasmo.

─ Sabía que dirías eso.

La silueta de Aleena comenzó a evaporarse a los ojos de todos, distorsionándose como si nunca hubiese estado allí. Ren abrió bien los ojos afinando los sentidos, sabiendo por aquello a qué se estaba enfrentando. Se volvió atrás sintiendo que la intención asesina venía por allí, y se encontró con la morena a punto de lanzarle un corte horizontal con la espada, Ren blandió su espada en diagonal y la cortó, pero al igual que la anterior parecía un efímero fantasma. Una ilusión.

─ Tal parece que le tienes mucha fe a tus sentidos ─ murmuró una voz cerca de él, que no supo ver de donde provenía ─ pero, los sentidos humanos, por más desarrollados que estén, siempre son fáciles de manipular una vez que caen en una ilusión.

─ Mierda…

Estaba desorientado, y había caído en su trampa desde la primera impresión, solo se trató de una ilusión. Ahora sentía que ella venía por ambos costados a la vez para cortarle en las clavículas. Aunque se trataran de engaños, ya su percepción no le pertenecía a él, y moriría, solo sí no conseguía escapar.

Escapar.

Como su último recurso, dejó caer su espada como si diese una rendición, pero su mano hurgó con avidez el bolsillo de su pantalón a la vez que se apartaba de los ataques simultáneos de las ilusiones. Al verse libre, gracias sus rápidas piernas que abrieron distancia -el otro extremo del salón-, de su palma se deslizó una diminuta esfera que lanzó tres sonidos de alerta antes de que la luz verde fluorescente que desprendía se volviese roja. "Bit, Bit, Biiiiit"

Explosión, todos los vidrios del aula acabaron hechos añicos y el humo emergió del interior. Lo que pudo quedar de intacto acabó haciendo compañía a los escombros. Por suerte no hubo desprendimientos del material de concreto reforzado. Por lo que solo los muebles hicieron de chatarra. Cuando se hubo disipado el humo y la confusión, tanto la morena como los presentes se percataron de que el fugitivo ni su espada se encontraban, había empleado su última carta para escapar.

─ Tch, en verdad, me parece extraño que un convicto de Vindice posea esas tecnologías ─ hablaba para sí la muchacha, descansando la mano libre sobre su cadera mientras guardaba con la otra su espada ─ podría ser que…

─ ¡TÚ! ─ bramó con furia la voz de cierto tiburón que estaba muy cabreado. No consiguió sorprender a la chica cuando envainaba, porque enseguida ya ambas espadas reñían y rechinaban con la presión en ambos filos ─ ¿¡POR QUE MIERDA TENÍAS QUE DEJARLO ESCAPAR!?

─ En verdad te falta la mitad del cerebro y parte del otro ─ repuso entre dientes la muchacha, y sin contenerse más, continuó gritándole ─ ¿¡NO VES LO QUE PASÓ!? ¡TENÍA NO SOLO UN ARMA POLENTA SINO QUE DISPOSITIVOS PARA GANARSE UN BOLETO DE ESCAPE!

─ ¿¡Y QUÉ MIERDA IMPORTA ESO!? ¡SI VAS A ENTROMETERTE EN EL TRABAJO DE OTROS NO LO ARRUINES!

─ ¿¡PERDÓN!? ¡PERO EL ÚNICO ENTROMETIDO ERES TÚ! ¡ÉL ÚNICO NADANDO EN AGUAS EQUIVOCADAS ERES TÚ SARDINITA! ─ gritó a todo pulmón la chica, tanto como lo hacía Squalo.

─ ¿¡CÓMO!? ¿¡QUÉ ESTÁS QUERIENDO DECIR, ZORRA!?

Aleena pateó con todo el cabreo que le era posible reunir la rodilla del capitán de Varia, consiguiendo que se apartara. Casi asqueada por haber entrado en ese agresivo contacto. Ignorando completamente las caras blancas de los otros presentes que cada vez entendían menos la situación, aturdidos por los gritos de ambos.

─ El Noveno me encargó personalmente que atrapase a Harakiri Ren ─ expresó más calmada, haciendo uso de la paciencia ─ no solo para regresarlo a Vindice, sino porque parece poseer cierta información vital que quiere que extraiga.

─ ¿Qué dices? ─ Squalo entendía cada vez menos ─ ¡Fue al escuadrón de Varia a quien asignaron esa tarea!

─ A ustedes les dijeron que atrapasen a los sujetos que quedaban en Namimori por ser de elemento peligroso ─ replicó seca, desviando la mirada por primera vez hacia los otros presentes que, nada tenían que ver con el asunto ─ a mí solo me ordenaron ir por Ren, no tengo la culpa de que ambos objetivos hubiesen coincidido.

─ ¡Tch! Di lo que quieras ─ Squalo caminaba hacia la ventana, colocó un pie para tomar impulso en el marco y se apoyó con la mano real, hablaba sin mirar a la espadachina ─ pero como vuelvas a meterte en mi camino, te desgarraré la maldita garganta ─ dijo por último antes de saltar fuera.

─ Ya veremos… ─ susurró con cierto aire de resentimiento y desafío, sin mirarlo igual, dejando que la nueva brisa que entraba por las ventanas destrozadas ondease un poco sus cabellos. Después de pocos segundos en silencio, Aleena miró a los jovencitos que estaban en la puerta, que la veían confundidos.

─ Aaah, disculpa… ─ empezó tímidamente el castaño, hasta que pudo fijarse mejor en el rostro de la chica y su mente arrojó una respuesta inesperada. La reconocía, era ella, la chica que había ayudado con el móvil camino a la secundaria ─ ¡Hii! ¡Pero si es…la chica de esta mañana!

─ ¿Décimo, la conoce? ─ preguntó Gokudera sorprendido.

─ Sí, nos cruzamos por la calle camino a la escuela ─ admitió Tsuna.

─ Correcto ─ la chica sonrió amablemente ─ esa vez no me presenté como era debido porque no quería levantar sospechas en los alrededores. Soy Aleena von Gerard, es un placer conocerte, Décimo Vongola.

─ Eeeh, sí ─ Tsuna le estrechó la mano amigablemente, acostumbrado a que las personas de la mafia le llamasen así, pero no por eso menos incómodo ─ es un placer, Aleena san. Ellos son Gokudera kun y Yamamoto.

─ ¡Oh! ─ La morena se fijó en Yamamoto ─ así que fuiste tú quien venció a Squalo ─ sonrió satisfecha ─ debería agradecerte por haberle pateado el trasero a ese imberbe.

─ ¡Ahahahahaha! ─ Se rió ─ aún así Squalo peleó muy bien ─ el beisbolista correspondió despreocupado al comentario, aunque fuese un insulto a su maestro.

─ Ya lo creo ─ afirmó ella con tranquilidad ─ con este alboroto dudo que tengan alguna otra clase ─ caminó hacia la ventana, donde observaba a la gente de Vindice retirar a los dos delincuentes, se volvió hacia los chicos ─ bajemos, parece que su compañero también acabó.

─ Hibari san… ─ Tsuna se había olvidado de él desde que se dedicaron a seguir a Verde y acabaron de espectadores en ese salón, donde pasaron muchas cosas que no acaban de comprender ─ sí, vayamos ─ contestó este feliz y aliviado de que todo estuviese bien, hasta ahora.

xXx

Las cinco personas bajaron en silencio y salieron de la secundaria, siendo los adultos quienes estaban más apartados. Tsuna se sintió aliviado cuando la brisa de la tarde le revolvió los cabellos, y sus pulmones se llenaron de este con gusto. Por fin los problemas acababan, solo por aquel día o en aquel momento pero acababan, había paz hasta que alguien dijese lo contrario.

Los temibles carceleros de Vindice se habían ido, solo quedaban los destrozos del combate de Hibari y Belphegor, este último estaba con Squalo, quien esperaba en la línea telefónica de su móvil que le atendiesen. Hibari los miraba fijamente a todos.

─ ¡¡VOE!! ¿¡Pero qué mierda estará haciendo el jefe ahora que no contesta la porquería de celular!? ─ gruñó.

─ Shishishishi ~ puede que esté comiendo, y haya roto el celular solo para que no le molesten ─ añadió Bel cizañero.

─ ¡¡CON UNA MIERDA!! ─ estalló tirando el celular al suelo de sopetón.

─ Siempre es tan agresivo ─ se dijo Tsuna mentalmente ─ Pero, se enojó especialmente cuando Aleena san llegó. Sus ojos pasearon al rostro de la mujer, quien no miraba la escena sino en otra dirección.

─ ¡Sawadaaa! ─ Llamó alguien que se aproximaba, se trataba de Ryohei que iba en compañía de Colonnello, ambos en ropas deportivas parecían venir de alguna sesión extrema de ejercicio ─ ¿¡Dónde están los tíos extremos!? ¡Necesito enfrentarme al menos a uno! ─ exclamó rebosante de energía.

─ Onii san ─ a Tsuna le cruzó una gotita por la sien ─ ellos ya se han ido, Hibari san y Aleena san se han hecho cargo.

─ ¿Hooolaaa? Yo también tengo mérito ─ interrumpió Bel al no verse incluido.

─ Jeje, lo siento ─ se disculpó el muchacho.

─ Entiendo ─ contestó al principio como si lo comprendiese, pero su expresión cambió a extrema decepción ─ ¡No puede ser que me lo haya perdido, algo tan EXTREEEMOOO!

─ Onii san… ─ Tsuna trató de ser consolador, no podía entender a alguien como Sasagawa Ryohei, siempre buscaba tanto riesgo extremo.

─ Parece que todo terminó por aquí ─ interrumpió un conocido. Un hombre de traje con cabellos rubios cortos y un rostro amable pese a los años que pesaban sobre este, o quizás las cosas vividas.

─ Iemitsu ─ dijo Aleena algo sorprendida de verlo allí, junto a dos mujeres que también vestían traje, una era Orégano sin duda pero la otra… aquella cicatriz que tenía en su mejilla ¿Por qué se le hacía tan familiar?

─ ¿¡PAPÁ!? ─ exclamó Tsuna claramente sorprendido. Ver a su progenitor sin avisar y como si nada no era cosa de todos los días ─ ¿Qué haces aquí en la escuela?

─ Vine para escoltar a Aleena ─ explicó con una sonrisa, la aludida arqueó su ceja visible ─ necesito que vengas conmigo, es sobre la razón de tu trabajo aquí en Namimori.

─ Entiendo.

Tsuna recordó que no había visto a Reborn en lo que llevaba del día, después del desayuno. Un escalofrío recorrió su espina dorsal al rememorar la última vez que pasó aquello -no muy reciente por cierto-, y lo que trajo consigo ello. Miró a Lal, pensando que quizás ella sabría donde estuviera su tutor, se lo preguntaría por curiosidad simple -y preparación psicológica, claro está-.

─ Lal ─ la llamó, ella le miró con ojos interrogativos ─ ¿Re-reborn está en casa, verdad?

─ Por supuesto ─ contestó ─ está esperándolos a todos ustedes.

─ ¡Espera un minuto! ─ interrumpió Aleena con rostro sorprendido, muy sorprendido. Esta se estrujó el único ojo que llevaba al descubierto y lo fijó en la Lal adulta y en el chico ─ ¿¡Qué has dicho!? ¿¡Cómo la has llamado!?

─ ¿Eh? ─ Tsuna la miró confundido ─ ¿Qué sucede Aleena san?

─ ¡Tú, Iemitsu! ─ Protestó la morena ─ ¿¡Qué diablos sucede aquí!? ¿Por qué esta chica la han llamado Lal?

El jefe del CEDEF se llevó una mano tras la nuca despreocupadamente, miró a Aleena como si se disculpara. Lal Mirch torcía el gesto y suspiraba pacientemente.

─ Cierto que tú no estabas enterada, verás ─ aclaró la garganta ─ parece que los arcobalenos han tomado una forma adulta por razones aún desconocidas y… pues ella es Lal, la misma que conoces.

Aleena se quedó con la boca abierta.

─ ¿Pero por qué tanto alboroto por eso? Kora ─ preguntó Colonnello, que como los otros presentes, no entendían nada.

─ No… puede… ser… ─ al parecer tenía serios problemas para asimilarlo. Se aproximó hacia Lal y la tomó de los hombros ─ ¡Pero si la diferencia es enorme! ¡Hasta pareces mujer!

─ Aleena… ─ masculló Lal apretando los dientes.

─ ¡Maldita sea! ─ Miró a los pechos de su compañera, tomando uno de estos con una mano y sosteniendo el suyo propio con otra, a modo de comparación ─ ¡Si hasta tienes más que yo! ¡Joder!

Los chicos -a excepción de los Varia- estaban completamente rojos por la escena, jamás en su vida habían visto semejante cosa. Y mucho menos que fuese a Lal.

─ ¡ALEENA SUELTAME! ─ bramó Lal roja de la ira y de la misma vergüenza.

─ Vale, vale ¿¡Pero cómo cojones no quieres que me moleste!? ─ Se defendió esta volviéndola a tomar de los hombros ─, ¡Si hasta hace no se cuantos días te veías como un bebé! ¡¡¡Y ahora te me apareces como si nada con forma adulta, con un cuerpo más atractivo que el mío y con tres centímetros más de pecho que yo!!!

Con cada palabra no hallaba donde ocultar el bochornoso sonrojo que ponía su rostro como un tomate, y lo mismo ocurría con los presentes quienes no querían ni mirar a Lal a la cara, por sus vidas lo evitarían.

─ Tómate un respiro, Aleena ─ sugirió Orégano tratando de serenar las cosas ─ creo que deberías estar feliz por Lal, ya que ahora estará más cómoda consigo misma ─ añadió sonriendo.

─ Supongo ─ hizo un puchero, luego sonrió soltando de los hombros a su amiga ─ me imagino que tus otros amigos arcobalenos estarán sorprendentes ¿Ya has visto a tu alumno/novio?, tengo que verlo, más te vale tener buenos gustos.

─ ¡¡ALEENA!! ─ protestó conteniendo sus ganas de voltearle la cara varias veces con sus potentes bofetadas, o de matarla y picar su cuerpo en pedacitos. Ahora sí que había terminado con su reputación.

─ ¿Alumno? ¿Novio? ─ se preguntaron los chicos mirándose las caras, y luego desviando su vista hacia Colonnello quien no miraba a nadie con un gesto demasiado evasivo y tenía un pequeño rubor en las mejillas.

Ahora sí que no se atreverían a mirar a Lal a los ojos, o no vivirían para contarlo, y Tsuna no se la quería imaginar en la próxima clase de deportes. Infierno en la tierra.

A distancia, Verde les observaba sin ninguna expresión en el rostro. Y así como se quedó a verles en silencio, así se retiró sin dar muestras de sigilo o querer escapar, como si no le importase que lo notaran los otros. Solamente se iba porque nada tenía que hacer allí.

Por los momentos.

xXx


Sección Carnival

-Las imágenes del ending ruedan mientras la tonada es bajada de volumen por acción de Kiri, que tiene el control remoto en la mano y está sentada en el sillón principal junto a la mesa, con los arcobalenos sentados a los lados en lo largo del mueble-. Hasta aquí llega el capítulo Código Verde, espero de verdad que lo hayan disfrutado ^^.

En esta Sección Carnival tenemos un invitado especial, nada más y nada menos que el creador del nuevo personaje que se integra al carnaval de locura y desastre en Namimori. Con ustedeeeeees ~~ ¡El autor Eratia, también conocido como Akio! -aplausos de los pequeños arcobalenos y la gente del comité de disciplina-.

Akio: Buenos días ^^ -hace una pequeña reverencia al público-.

Toma asiento Akio ^^ te esperábamos para que nos hablaras un poco sobre Aleena von Gerard, tu personaje. Te agradezco de nuevo que me hayas dejado utilizarla en el fic. Skull y Colonnello -mira a los bebés-, háganle un lugar a Akio.

Colonnello: ¡Sep! -tira bruscamente al suelo a Skull dejando el espacio libre- todo suyo, ¡kora!

-.- Me pregunto que voy a hacer con ustedes... -suspira-.

Akio: -Toma asiento, mientras mira con un poco de vergüenza a Skull- esto... Colonnello san, ¿es realmente necesario hacer eso?

Cierto ¬¬ tú y Reborn se están pasando de abusivos con el pobre Skull -los mira feo-.

Colonnello: Estorbaba -bufa.

Reborn: Kiri, deja de perder el tiempo con Skull y sigue la entrevista.

-_- Vale. No hay caso con ustedes, ne Akio, antes que nada ¿Qué te pareció la entrada de Aleena en el combate y su reacción?

Akio: Muy propia de ella -ignora un "eh" que suena por detrás-, si es que le encanta fastidiar, eso está claro. Aunque el hecho de que haya sido capaz de romper en un minuto la tan llamada flema de Lal me ha encantado.

-Mira a Lal de reojo y siente el veneno en los ojos de esta-. Sí, yo también lo creo. Bueno ¿Cómo crees que esté de humor ahora que le toca convivir "a medias" con Squalo?

Akio: Buff, de muy mal humor, ¿no es cierto? -se gira para encarar a la aludida, que está apoyada en una pared. La única respuesta es una mirada asesina-, lo que te decía. Solo espero que se crucen o poco o nada, o Tsuna se puede quedar sin casa.

La verdad, pero es lo que toca Bueno, te daré un adelanto de lo que viene, hay dos personajes que entrarán de sopetón en este arco y uno que ya está dentro -le sonríe a Aria que está sentada junto a Fong y Vipper-, que viene para poner las cosas aún más patas arriba, tú que sabes a qué me refiero ¿Qué le sugerirías a la misma Aleena y al resto del elenco?

Akio: Hum... Que sean buenas personas -esboza una sonrisita inocente mientras saluda igualmente a Aria. La caballerosidad es lo primero-, y que acepten todo la ayuda que puedan, porque lo que les espera...-cambia su sonrisa amable por una maligna-, por cierto... ¿Es normal que Skull tarde tanto en levantarse?

¿Aré? o.o -mira a Skull, lo pulla con su bastón inglés y parece que no se mueve- ¿o_o Skull?

Verde: No te preocupes por él -sonríe con malicia- solo prueba un poco de mi nueva sustancia, paraliza el cuerpo en segundos.

.... Ya veo... ehm... ahora que me lo pregunto ¿Por qué siempre llevas tapones en el momento oportuno? o_o ¿cómo le haces?

Verde: Todos los sujetos ruidosos son predecibles, y la seguridad auditiva es importante.

Bueno, si tú lo dices owo nos tenemos que ir por ahora, ya que Hibari san no tardará en venir para sacarnos a todos a patadas y mordiscos, Akio ¿Algo que le quieras a los lectores?

Akio: Pues animarles a que sigan leyendo esta historia, porque se que va a ser muy buen fic, y, que si quieren, que se pasen por mis propios fics en esta misma página (Bajo mi pseudónimo de Eratia). Y ahora, caballeros, señoritas -reverencia- me marcho, que no quiero que Hibari me pille por banda.

Nos vemos en el siguiente capítulo de Arcobaleno Carnival, que se titula... "Invitados a quemarse" Verde san ¿Podría cerrar con el glosario de términos?

Verde: -suspira- de acuerdo -se acomoda los lentes sosteniendo una página-.

Y después de que acabes, por favor, desintoxica a Skull, ya bastante tiene el pobre, ¬¬ no vuelvas a usarlo como conejillo de Indias.

Verde: te usaré a ti entonces -sonríe-.

¡No puedes usar a la autora para eso!

Reborn: Verde -lo apunta con su arma- si no te das prisa y acabas, da por hecho que no saldrás en el siguiente capítulo.

-Verde carraspea y vuelve a los suyo-.

*Asa: Aro donde generalmente se sostiene algo.

*Catena Tempesta: Cadena Tormentosa, Cadena de la Tormenta.

Bye bee ~~ CiaoCiao~~

-The rise of Clown -.

Kiri.