N/A: Detective Conan ni sus personajes me pertenecen.


Capítulo 4: Una llamada

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Shinichi no sabía que estaba pasando, pero un horrible presentimiento unió su mente a la imagen de Ran. Ya le había pasado en otras ocasiones en las que presentía que ella podía estar en peligro, o que ella lo pudiera estar necesitando. Pero sentía que ahora era diferente. Recordó aquella última imagen de Ran a la salida de la escuela, como también esa incómoda sensación al dejarla. ¿Qué estaría pasando?

Reguló su respiración e intentó tranquilizarse. Seguramente no era nada más que su cabeza haciéndole malas pasadas. Probablemente no era nada. Aún así, de todas formas, le enviaría un mensaje a su celular para quitarse cualquier preocupación de encima.

—¡Kudo-kun! ¿Qué es lo que te pasa? ¿Descubriste algo?—lo interrogaba con ansiedad Megure al ver el rostro repentinamente petrificado del adolescente. Shinichi lo miró instintivamente, y volvió a poner atención a su alrededor.

—No, no es nada—respondió Shinichi con una falsa sonrisa. Kudo había heredado de su madre su gran habilidad para actuar, y utilizaba este talento a menudo para siempre mantener esa actitud serena y confiada que lo caracterizaba.

—¿Estás seguro, Kudo-kun?—intervino Sato con el ceño fruncido. —Te pusiste muy pálido, ¿No estás enfermo?

—Estoy bien, no se preocupen—respondió con una sonrisa y un gesto tranquilizador en las manos.

Después del interrogatorio, sacó su teléfono del bolsillo trasero de su pantalón, escribió aquel número que se sabía de memoria, y envió un mensaje: "Ran, ¿Ya saliste de tu entrenamiento de karate?. Shinichi".

Y pasaron las horas, así como también prosiguieron las pericias del caso, con Shinichi a la cabeza, a pesar de que éste tenía inconscientemente la mente en Ran. Algo extraño debía ocurrir. No era normal que no le hubiese contestado el mensaje en todo este tiempo pues Ran siempre responde lo más rápido posible. "Quizás está ocupada preparando la cena" pensó. Pero luego desechó esa idea. Ella igualmente se habría dado algún espacio para tomar el celular y mensajearle. Ran siempre se esmeraba en no preocupar a la gente.

Ya se había hecho tarde, y dado que no había surgido ningún nuevo caso durante el resto del día, Megure decidió liberar a sus detectives y a Shinichi. Habían trabajado duro toda la tarde, y aunque Kudo no había estado tan despierto como acostumbra, había prometido estudiar en casa. Por su parte, Sato y Takagi se pusieron su abrigo, y se dispusieron a salir muy sonrientes. Estaba claro que saldrían juntos esta noche y disfrutar de su tiempo libre.

En cuanto a Shinichi, por primera vez desde que podía recordar se encontraba aliviado de parar la investigación de un caso. Si bien había intentado concentrarse en la investigación, no había podido evitar pensar en Ran, y en su mal presentimiento. ¿Por qué no le había contestado el mensaje?

Con ansiedad tomó su celular desde su bolsillo, y tras corroborar que no había recibido ningún mensaje de Ran, decidió marcarle. Pero esperó en vano, pues la chica no contestó. Era extraño. Pensó que tal vez se le había acabado la batería, pero entendió que eso no era una opción pues el teléfono sonaba al marcarle, de caso contrario lo habría enviado inmediatamente al buzón de voz. Le marco otra vez, pero nuevamente no hubo respuesta.

Asustado, decidió llamarla al teléfono de la agencia de detectives, pero no alcanzó a hacerlo. Los ruidosos pasos de uno de los detectives acercándose a ellos lo distrajeron, y se giró instintivamente hacia éste. Habían recibido una llamada que informaba acerca de un nuevo crimen.

—Se reporta un asesinato en Beika. La víctima sería una mujer joven—comunicó rápidamente.

—Bueno, ya escucharon, olvídense del descanso—indicó el inspector Megure. —Sato y Takagi, vendrán conmigo.

En ese momento, se escuchó el sonido de un objeto cayendo contra el suelo, quebrándose por el impacto. El celular de Shinichi se había soltado de su mano ante la debilidad de su agarre. Pero no había ninguna indicación de que al chico le hubiese importado en los más mínimo haber destruido su teléfono, sino más bien tenía la vista pérdida sobre ellos.

—Yo también voy—dijo Shinichi con el ceño fruncido, como si más que una solicitud, fuese una orden.

No podía ser...era imposible...no ella...

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Era una noche oscura en Beika, y el frío se apoderó de los policías cuando una gruesa y pesada ráfaga de viento helado los atravesó con fuerza. En esta noche negra y triste, lo único que era posible ver eran las luminarias de la calle, que dejaban al descubierto pequeñas acumulaciones de nieve sucia en las orillas de la acera que hacía recordar que el invierno aún no había abandonado esta parte del mundo.

Como acostumbran hacer a diario en este trabajo, Megure, Takagi y Sato caminaron con decisión hacia el cuerpo ensangrentado, al cual aún no se habían acercado los suficiente como para reconocer su identidad, mientras que detrás de ellos, a paso lento, iba Shinichi. Por lo general, dado su personalidad y pasión por el arte del análisis del crimen, Shinichi habría estado por delante del grupo, y habría sido el primero en llegar al cuerpo, pero esta vez era diferente. Tenía un horrible presentimiento.

Allí a lo lejos alcanzaban a ver a dos personas de mediana edad, un hombre y una mujer, ésta última agarrada con fuerza de su brazo, los cuales se encontraban rodeando el cuerpo. Eran las personas que había encontrada a la víctima en el suelo, y llamado a la policía. En cuanto la pareja notó la llegada de los agentes de la policía, caminaron hacia ellos, y le contaron cómo la habían encontrado. La mujer aún tenía lágrimas en los ojos mientras su marido hablaba con la policía.

Megure se acercó al cuerpo para observar la escena del crimen sin imaginarse nunca que la víctima era alguien que él conocía. Él, impactado ante la imagen, se llevó una mano al arco de la nariz, y dos lágrimas salieron de sus ojos, sin poder creer que la muchacha que yacía muerta en una fría u oscura calle de Beika era Ran Mouri, esa gentil y bondadosa joven que conocía desde que ésta era solo una pequeña en los brazos de Mouri-kun. Después pensó en Kudo-kun, quien se encontraba un poco más atrás, sin saber que su amiga Ran estaba en el suelo, atravesada por balas, y cubierta de sangre.

Sato y Takagi abrieron los ojos de par en par al ver con sorpresa y horror el cuerpo de una muchacha que ellos conocían. El cuerpo sin vida de Ran estaba tirado a lo largo de la acera, con cuatro balas que las atravesaban. Un impacto de bala estaba en la pierna, otra en el hombro, pero los que verdaderamente habían sido letales eran, sin lugar a dudas, el del pecho y el de la cabeza. Sus ojos estaban abiertos, pero sin vida, en un rostro que antes fue bello y angelical, pero que ahora lucía fúnebre, con un agujero de bala atravesándole la mitad de la frente. El cadáver, según pudieron notar, estaba totalmente bañado en sangre, ensuciando un poco su bolso medio abierto que se encontraba tirado en la calle, muy cercano a ella.

—¡Santo Cielo! Es...—dejó salir Sato, mientras Takagi no podía evitar mirar de reojo a Shinichi, quien estaba plantado estupefacto la escena. Y fue ese gesto, esa pequeña mirada de Takagi fue lo que le hizo comprender que todos sus miedos se habían hecho realidad. Que todo se había acabado.


N/A: ¡Ya casi llegamos al final! ¿Cómo reaccionará Shinichi? Espérenlo en el próximo capítulo.