Desde aquel punto Scout no podía ver nada, así que se movió un poco, se irguió sobre sus patas traseras y así alcanzó a ver a Miss Pauling examinando su ropa concienzudamente, tratando de encontrar un indicio, por pequeño que fuera, de lo que había ocurrido, sangre, o lo que fuera. La revelación no había formado un gran barullo en la sala, si acaso algún murmullo sorprendido. Se decidió llamar en el acto a Miss Pauling para informarla sobre aquel asunto y ella acudió enseguida.

– Claro que no podía haberse marchado por ahí–se oía murmurar a Engineer–. Es un tarambana, pero conoce sus deberes...Tiene que haberle pasado algo...

– ¿Y para qué demonios se lo habrán llevado?–preguntó Demoman–. Si me dijeras que se han llevado a Spy, o a Medic, o a Engie, pues lo entendería, porque saben cosas, pero ¿al enano? ¿Para qué? Si él está para salir por patas y poco más.

Scout deseó más que nunca haber podido darle una patada en el trasero.

– Sigue siendo problema–juzgó Heavy.

"¡Hombre, gracias, gordo!", pensó Scout.

– Sí. Hay que encontrarlo cuanto antes–asintió Pauling–. ¿Camino al pueblo, dijiste?

– Sí, a un lado de la carretera–asintió Engineer.

– Tiene que haber huellas por allí. Algún rastro. Lo que sea. Si la ropa está ahí, lo que tenía dentro tiene que andar por alguna parte. ¿Encontraste algo?

– Nada de nada.

En su mente, Scout se formó una película. Interpretó la preocupación de Miss Pauling como una muestra del amor que, claramente, le profesaba en secreto. Había visto su seriedad, cómo se mordía el labio inferior y toqueteaba su ropa buscando desesperadamente algo, aunque fuera una diminuta mota de polvo, que le dijera qué le había pasado. ¡Ah! ¡Estaba muerta de preocupación por él!

Tenía que hacer algo para mostrarle que se encontraba allí y que (dentro de lo que cabía) estaba bien. La revelación se la haría a ella. Se le pondría delante, le demostraría que él era Scout y ella perdería los papeles, se le lanzaría a besarlo, como en los cuentos, y...

...Un momento...

"¡Un momento! ¡Claro! ¡El cuento del príncipe rana! ¡Mamá me lo leía mil veces cuando era pequeño, conozco esa mierda! ¡Un beso de amor rompe el hechizo! Un beso de amor, un beso de amor, un beso de amor...¡Miss Pauling! ¡Ella debe ser mi princesa!"

La emoción erizó su pelaje. Ya sabía cómo salir de ese embrollo.

– Todo lo que llevaba encima.

– Es decir, que o anda por ahí en pelota picada o el cuerpo se ha volatilizado.

– Eso parece.

– Yo me inclino más hacia lo segundo.

– Hmph...

– Yo creo que el enemigo ha desarrollado una especie de arma que desintegra la carne.

– No creo, Soldier.

– ¿O sí?

– He pedido a la Administradora que revisara las cámaras y no ha captado a Scout desde que salió de la base. Y ella odia no saber lo que ocurre. Por eso me ha mandado venir lo antes posible. Escuchad, en el vídeo se le veía bastante cabreado, ¿no será esto alguna clase de...?

– Bueno, sí, Scout tiene rabietas de niño pequeño, pero no se va a quitar la ropa con el frío que hace, ni se desharía de su bate. A ese chaval le ha tenido que pasar algo.

– ¿No sabéis nada de los BLU?

– No.

– Claro, porque...¿Qué otra cosa puede ser?

La señorita se sentó cruzándose de brazos y Scout vio su oportunidad. Qué bonita estaba, como siempre. Realmente parecía una princesa de cuento. Le fue difícil dejar de pensar en su belleza, pero al final corrió a su encuentro. De un salto, trepó a su regazo, sobresaltándola.

– ¡Eh! ¿Qué es est...?

Scout apoyó sus patas delanteras sobre su pecho y se inclinó para posar sus labios sobre los suyos (aunque realmente no estaba muy seguro de que aún tuviera labios).

No pasó nada. Solamente que Miss Pauling lo sostuvo en sus manos como si fuera un bicho.

– ¿Qué te crees que haces, pequeño granuja?–Engineer agarró a Scout de las orejas y lo levantó en el aire. Scout pataleó: aquello dolía mucho.

– ¿Qué leches hace aquí esta liebre?–se preguntó Soldier, mirándola con una sonrisa.

– Más vale que no tenga garrapatas–se quejó Miss Pauling, pasándose una mano por la boca.

– Eh, Sniper, mira, como el que te ha toreado antes–Demoman se lo señaló a su campamento y éste frunció el ceño.

Spy había estado con la mirada perdida en algún punto de la pizarra hasta la irrupción del animal. Volvió los ojos hacia él, y luego volvió a perderse en sus pensamientos.

– Creo que es el mismo–conjeturó Demoman–. Ha estado rondando la base. Habrá entrado en un descuido. No irás a matarlo, ¿verdad?

– Ganas, le tengo–respondió Sniper.

– ¡Oh, viene como agua de mayo! ¡Justamente ayer recibí los nuevos bisturíes!–Medic miró a Scout de tal forma que éste ignoró el dolor de sus orejas y se encogió de terror.

– Pues nada, ya tienes conejillo de indias, Doc.

Engineer caminó hacia un rincón y metió a Scout en una caja de municiones vacía.

"¡Eh! ¡Sácame de aquí! ¡Engie! ¡Chicos! ¡Eh!"

– Bueno, como iba diciendo–dijo Miss Pauling, revolviéndose un poco en su asiento, incómoda–. Hayq ue encontrarlo cuanto antes, ya esté en la cama de alguna chica, en el maletero de un coche, en manos del enemigo o...da igual. A buscarlo.

Con esto quedó todo dicho. Auqnue la señorita se calló que el principal interés que tenía su jefa en encontrarlo era el temor a que Scout los traicionara o divulgara información que no debía. Porque la vieja tenía su propia conjetura: que el jovencito se había puesto hasta las trancas de alcohol y le había dado por hacer locuras como ir por ahí en pelota picada. Y los beodos eran gente muy peligrosa.

Ahora sí que Scout no podía ver nada. Oía movimiento, pero nada más. La caja le permitía moverse un poco, pero no era demasiado espaciosa. Se sintió encarcelado. Se apoyó en sus paredes y saltó sin éxito. Sí, estaba encarcelado.

Una cabeza se asomó a la caja, justamente la última persona (si acaso lo era) a la que Scout quería ver: Pyro. Miró a la liebre con extrema curiosidad, murmurando algo debajo de su máscara. A Scout se le heló la sangre y corrió a pegarse a un extremo de la caja. Pyro extendió una mano hacia él, como una garra. La garra de la muerte.

– Pyro, deja eso–oyó decir a Medic–. Tenemos trabajo que hacer. Ya jugarás con el bicho.

Pyro se quedó mirando a Scout durante unos segundos y luego desapareció de su vista. Scout se dejó caer, aliviado. Lo malo era que volvería y entonces sus posibilidades de supervivencia caerían en picado. Tenía que escapar de allí.

Unos trozos de lechuga cayeron sobre su cabeza. Scout alzó la cabeza y vio que Demoman se los estaba echando junto con un cuenco con agua.

– Su última cena–oyó que le explicaba a alguien–, porque me da que de aquí no sale vivo, el pobre, con Pyro y Medic rondándole. Se lo merece, por haber conseguido entrar aquí y dejar en evidencia la puntería del kiwi.

Scout se sintió al principio ofendido por aquello, pero su estómago le recordó que no había comido nada desde el día anterior, así que no pudo resistirse a mordisquear las hojas de lechuga. De todas formas, necesitaba fuerzas para averiguar cómo salir de aquel embrollo. No solo era cuestión de decirles a los demás que era Scout: también tenía que apañárselas para salir con vida de esa base llena de locos.