Disclaimer: Dragon Ball no me pertenece, ese es de Akira Toriyama.

Sueños del alma

CAPÍTULO CUATRO

"Entrenamiento especial (Parte 1)"

Siento un espacio en la piel ¿Qué pasará? Siento que nada es igual. Oigo tus pasos recorrer mi soledad... Quiero decirte que me hiciste mal, que no puedo recordar si te quiero amar o te quiero olvidar (Pienso en ti- Thalia).

Goku había entrado a la casa después de que Shen Long desapareció y los niños emprendieran vuelo con rumbo a la Capsule. Ni siquiera había ido en busca de Gohan y su familia. Simplemente para cuando se dio cuenta se encontraba sentado sobre la cama.

Tenía las manos recargadas a los costados, sobre el colchón, y miraba a través de la ventana. Parecía como si su cerebro no acabara de comprender las palabras del dios dragón. Milk no estaba muerta pero tampoco quería volver ¿Por qué? ¿Por cuánto tiempo iba a estar ausente? ¿No le importaban sus hijos, su familia? ¿Él?

Algo en su pecho dolió, era como si se tratara de cosquillas. Pero estas dolían.

—Las cosquillas no duelen —dijo en voz alta. Al tiempo en que se llevaba la mano derecha al corazón. Por un instante se le vino a la mente que la antigua enfermedad había aparecido de nuevo.

Ella no quiere regresar.

El dolor en el pecho se incrementó y Goku supo que no se trataba del mismo dolor. Pensó entonces en el que sintió cuando era niño, cuando se dio cuenta de que su abuelito estaba muerto y que no lo volvería a ver nunca más. También aquella vez sintió algo similar, pero a la vez se trataba de algo completamente diferente.

Algo mojó su antebrazo. Bajó la mirada, sorprendido y luego con las palmas de las manos se limpió el rostro. Aspiró un poco y se levantó de la cama. No comprendía nada de lo que le estaba pasando. Lo único que sabía era que su nariz, a pesar de estar constipada en esos momentos, era capaz de percibir a la perfección el olor de su esposa y eso sólo hacía que el dolor se extendiera por todo su cuerpo.

Se acercó a la ventana para abrirla, desde ahí se podía ver un gran árbol y sus ojos parecieron captar una silueta delgada. Por un momento pensó que podía tratarse de ella, pero la figura pasó tan rápido, tan sutil, que le pareció extraño.

Salió de la casa a través de la ventana y corrió hasta el árbol.

— ¿Quién eres? —la persona se escondió detrás del tronco.

—Traté de advertirte, pero no hiciste caso, Kakarotto —le respondió con un tono de voz amable.

Las pupilas de Goku se dilataron al escucharle hablar. Al parecer se trataba de la misma voz tranquila y pacífica de sus sueños.

—Tú…

—Dudo que sepas quién soy en realidad —la persona ladeó un poco el rostro y el guerrero pudo distinguir sus facciones. Se trataba de una mujer, una mujer bastante extraña a la cual jamás había visto en la vida.

—N-no entiendo —le dijo dejando escapar toda su confusión. No sabía por qué, pero sentía curiosidad y un sentimiento cálido.

Ella sonrió, poniéndose de frente a él. Era una mujer menuda y de cabellos negros cortos y sus ojos oscuros tenían la forma de una almendra.

—Tu esposa se ha ido por culpa de tu descuido —le dijo la mujer directamente, a pesar de lo dicho siguió conservando la sonrisa dulce.

— ¿Descuido? No entiendo —a Goku poco le importó ya de quién se trataba, simplemente hablaba como si ya fueran amigos de toda la vida.

—La has dejado mucho tiempo sola. Sé que para ti entrenar y volverte más fuerte es importante, pero… —movió la cabeza de un lado a otro— Los saiyajin jamás cambiarán, ni aún a punto de extinguirse ¿verdad?

—Yo soy un saiyajin criado en la Tierra —el tono de Goku fue una mezcla de orgullo y disgusto al recordársele sus raíces.

—Lo sé.

— ¿Lo sabes? ¿Quién eres? Tu ki es muy extraño, se me hace conocido pero, jamás te he visto.

—Claro que sí lo has hecho, sólo que me has olvidado y estoy aquí porque es mi deber ayudarte, aunque sea sólo esta vez.

Por un instante, los ojos brillantes de la mujer se opacaron.

— ¿Tú sabes dónde está Milk? —ella negó con la cabeza.

—Vamos a tener un entrenamiento especial, un entrenamiento que ni el más poderoso del universo podría ser capaz de darte, sólo yo.

La mujer llevó una mano a la mejilla del guerrero y después le hizo inclinarse un poco a fin de juntar las frentes. Entonces Goku vio el momento en que ella desenredaba una cola de su cintura ¡Una cola saiyajin!

Abrió la boca para replicar algo, pero una fuerte luz que se desprendió de sus cuerpos le hizo perder la conciencia.

Kakarotto…

Se sentía flotar, pero no era igual que cuando volaba. Era, más bien, como si estuviera en medio de agua.

Abrió los ojos poco a poco y pudo ser capaz de ver el mundo a través de algo que parecía ser un vidrio, llevaba un respirador y algunos marcapasos en varios puntos de su cuerpo. Alzó un poco las manos y después pataleó un poco. Era un niño.

Movió la cabeza, primero un poco, después comenzó a sacudirla de un lado a otro. Jaló los cables pero no pudo quitárselos y, más bien, terminó enredado en medio de ellos. De pronto, el mundo pareció dar de vueltas y un golpe en la cabeza le provocó un puchero en los labios. El mundo seguía rodado y se detuvo de pronto abruptamente.

Sus sentidos tardaron un poco en aclararse y escuchó un repiqueteo en el vidrio. Enfocó la vista al frente y un rostro fue lo que encontró. Se asustó e instintivamente trató de estirarse hacia atrás.

— ¡Hey! La pulga quiere salir —dijo el rostro y el repiqueteo volvió a escucharse. El niño sintió furia y trató de zafarse, pero de nuevo no pudo. El otro rio, pero de pronto su rostro golpeó el vidrio, callándose de inmediato.

— ¡Raditz ¿qué se supone qué estás haciendo?! —se escuchó una voz enérgica y entonces el rostro de una mujer apareció.

—Madre, yo no hice nada —replicó el otro.

—Como siempre, no me extraña que no te dediques a nada ¡Waw! —los ojos almendrados de la mujer se abrieron mucho al percatarse del estado en que se encontraba el niño en la cápsula—. ¡Bardock! —llamó— ¿Dónde está tu padre?

—Anoche dijo que iba de misión y se ha ido antes del amanecer. Como siempre, te quedaste dormida y no lo despertaste —le respondió Raditz de piernas cruzadas y las manos entrelazadas en la nuca.

— ¿¡QUÉ?! ¿Pero cómo se le ocurre irse justo ahora? —tomó la esfera y salió corriendo de casa —¡No te quedes ahí parado, los doctores lo sacarán de la incubadora! ¡Muévete!

—Madre —Raditz señaló con el dedo la esfera— el oxígeno se ha acabado. No alcanzaremos a llegar al hospital, está hasta el otro lado de la ciudad.

Gine miró el indicador de aire, la aguja marcaba cero y sus ojos reflejaron el terror del que fue presa.

—La volaré —dijo con decisión— Kakarotto, no te preocupes, ya te saco de ahí.

—Madre, he visto la clase de poderes que tienes ¿crees que…? —Raditz fue lanzado hasta el otro lado del patio.

—Tengo el suficiente nivel como para darte una paliza —Gine se concentró en la incubadora mientras Raditz se levantaba y limpiaba la sangre de sus labios.

La madre saiyajin estaba consciente de que las incubadoras estaban muy bien diseñadas de tal forma que la única forma de sacar a los niños era llevándolos al hospital en donde los doctores las abrían con un dispositivo creado a modo de llave maestra. Recordar el proceso la llenó de rabia e impotencia, aún a tres años seguía molesta por la forma en que le habían obligado a hacer las cosas.

En tiempos antiguos, contaban las mujeres de edad (las pocas que quedaban debido a las constantes peleas y misiones), se tenía hijos de forma natural. Ahora y debido a la alta tecnología y a las constantes demandas de soldados por parte del imperio, cuando se detectaba que una hembra estaba embarazada, se extraía el embrión y se mantenía en una incubadora durante tres largos años. En tanto, la madre se mantenía dentro de su escuadrón.

Gine sentía odio por el imperio y tanto amor por sus hijos.

Extendió los brazos a los lados y las palmas de sus manos se iluminaron de inmediato al formarse dos esferas de energía. En un movimiento rápido las juntó al frente y una bola más grande se formó, lanzándola de inmediato a la incubadora.

El polvo y la tierra llenó todo alrededor y ella corrió hasta donde estaba el cráter y con sus propias manos sacó y apartó los escombros. Los sollozos del bebé le dieron alivio, cargándolo de inmediato y apretujándolo contra su pecho.

—Todo va a estar bien, Kakarotto, todo va a estar bien.

El bebé sintió el calor natural de su madre y sus pequeñas manos se asieron de la ropa de ella, restregando su rostro húmedo en ellas.

— ¡Bah! —dijo malhumorado Raditz y entró a la casa, dejándolos.

Días después…

La nave de Bardock aterrizó en el puerto de Vegeta sei y apenas había abierto la compuerta salió volando de ahí. Todos lo miraron extrañado y con el ceño fruncido. No era difícil de adivinar que todo era a causa del niño.

Al guerrero no le importaba que los demás lo vieran a mal ¿Y qué si él era un padre diferente a los demás saiyajin? ¿Y qué si a causa de Gine él era diferente?

Mientras volaba hacia a casa recordó que por un instante deseó que ella tuviera a sus hijos a la antigua usanza. Pero de por sí habían tenido que pasar por muchos problemas al tomar la decisión de que Gine se quedara en el planeta después de que Raditz entrara en la incubadora y que ella se dedicara a la venta de carne y no a continuar en el escuadrón, que oponerse aún más a las reglas del imperio les hubiera acarreado incluso la muerte.

Había muchas cosas que no podía cambiar pero que no por ello no sentía ganas de querer hacerlo. Muchos saiyan también pensaban de igual forma.

Con esos pensamientos llegó a casa, sólo para ser testigo de una escena muy familiar.

— ¡Cuando regreses te advierto que te irá peor, Raditz! —gritó Gine con el puño al aire ya que el primogénito huía del lugar a todo lo que daba su velocidad.

Un ruido estruendoso se escuchó dentro de la casa.

— ¡Kakarotto! —la pequeña sonrisa retorcida que se había dibujado en los labios de Bardock fue cambiada por una expresión de preocupación al ver entrar a la mujer a toda prisa. Él la siguió sin que se diera cuenta de su presencia.

Un montón de cosas apiladas estaban en el suelo, formando una montaña. Gine aventaba las cosas a todas partes, a la vez que llamaba insistentemente a su bebé, no pudiendo encontrarlo por ninguna parte.

Bardock estaba a punto de decirle algo cuando sintió que tocaban la punta de su bota. Bajó la mirada y por primera vez sus ojos miraron a los de su hijo. Algo cálido se alojó en su corazón y se inclinó ante el bebé al momento en que este se levantaba y se asía de su pierna. El padre estiró la mano y lo agarró de la punta de la cola.

De inmediato, toda la energía del niño desapareció y se quedó quieto.

— ¡Ah, Bardock! Has vuelto —Gine se le lanzó a los brazos y él sólo se limitó a entregarle al niño quien, fuera de combate, se había quedado dormido.

((…))

—Así que eso fue lo que hice —Gine le mostraba el cráter que se había formado después de sacar a Kakarotto de la incubadora. No era que Bardock desconociera la historia, pues Gine le había contado la mayor parte a través del comunicador, pero la mujer le mostraba ahora en vivo y a todo color lo sucedido.

—Habrá que rellenar esto, Kakarotto podría caer por ahí y… —los ojos de Gine se iluminaron y sonrió ampliamente—. Si hubieras demostrado esa clase de poder mientras estabas en el escuadrón.

Gine dio media vuelta y le propinó un coletazo en la cara a su compañero.

—Pero qué…

—Eso también era de las cosas que hubiera querido hacer en el escuadrón —respondió indignada al momento en que entraba a la casa. Con todo en total calma no podía evitar sentirse nerviosa, con los hijos que tenía nunca se podía bajar la guardia.

A Bardock se le dibujó una media sonrisa en los labios. Verla desempeñando esa clase de labores le gustaba muchísimo, mucho más que cuando la veía en el campo de batalla, obligándose a comportarse como una saiyajin.

Los ojos del guerrero se posaron en el cráter. Una hembra de su raza no hubiera hecho lo que Gine, simplemente se quedaría de pie a un lado de la incubadora a esperar, ya fuera a ver la manera en cómo se las apañaba el hijo o para verle morir. La ley del más apto, tan simple.

Su rostro adquirió una mueca de disgusto. A veces le parecía que su raza debía ser condenada al castigo eterno o algo por el estilo.

((…))

Gine preparaba algo en la cocina, tarareaba una canción que en alguna ocasión escuchó por la zona comercial a algún viajero de paso, pero que le gustó tanto que se la grabó de inmediato. Ella era buena para esa clase de cosas, razón por la que Bardock decía mantenerla dentro del escuadrón. Tenía tan buena memoria, incluso de los detalles, que era como un mapa andante. Muy útil a la hora de las invasiones.

Desenredó su cola y con ella tomó un trapo a fin de secarse las manos. Volteó hacia atrás y le sonrió al pequeño que parecía muy entretenido en observarla.

— ¿Qué haces, Kakarotto? —ella se acercó para ofrecerle un trozo de carne, el cual tomó de inmediato el bebé— ¿Estás contento con papá y mamá?

—Ma-má.

Su sonrisa se amplió y acarició los cabellos alborotados.

—Sí, mamá —le observó por unos momentos más— Mi pequeño, no sabes lo mucho que me hiciste falta.

Las lágrimas se le agolparon en los ojos y Kakarotto estiró una mano para limpiarle.

—Tienes razón, no es el momento para ponerse a llorar —Gine le tomó la manita—. Tú tienes que darte cuenta lo que significa tener una familia ya que nunca la has tenido.

Le besó la mano, luego la frente y después lo cargó.

—Es momento de darse un baño.

Gine lo llevó hasta el cuarto, donde había una tina con agua tibia.

—Eres un buen niño, Kakarotto, un buen niño —la mujer empezó a tararear de nuevo la canción mientras le enjabonaba el cabello y el agua empezaba a cubrir poco a poco el cuerpo del niño…

Un buen niño, Kakarotto.

El guerrero Z abrió los ojos. Ésta vez se encontraba recostado sobre la hierba y en el cielo limpio brillaba la luz solar. Aspiró el suave aroma del bosque cercano y se sintió en paz… hasta que una patada en el costado le hizo reaccionar.

— ¡Arriba, Kakarotto! ¿Te has quedado dormido o qué?

— ¿Raditz?

—Pues claro, idiota ¿quién más?

Goku miraba a su hermano, un poco sin comprender. El de la cabellera larga lucía muy joven, casi un adolescente. El de los cabellos alborotados se miró las manos y luego el cuerpo, volteó para verse lo que alcanzaba de la espalda y notó su cola, ondeante. De pronto un certero golpe en el rostro.

— ¿Qué pasa, no puedes defenderte? Eres un debilucho, hermanito —se burló el mayor y Kakarotto sacudió la cabeza de un lado a otro.

—Ahora mismo te demostraré que no lo soy —respondió, al tiempo en que aumentaba su ki de un solo golpe. Su hermano pareció sorprenderse y pronto comenzaron a pelear.

Kakarotto le lanzó el puño, pero el otro alcanzó a esquivarlo yendo hacia abajo y con el pie derribándolo. La idea de Raditz era golpearlo en la espalda antes de que cayera, pero el menor le pateó la cara al momento en que giraba en el aire, puso las manos en el suelo y con los pies le pateó en el torso, lanzándolo contra un árbol.

El de los cabellos alborotados se dirigió de inmediato al lugar, pero su hermano no estaba.

—Arriba —escuchó que le dijeron.

Goku se quedó inmóvil al ver al hombre frente de él, una copia de su propia persona cuando adulto.

El golpe en la nuca lo mandó directo a morder polvo.

—Maldito, Kakarotto —su hermano le aplastaba la cabeza con la bota y el otro en vez de quejarse seguía mirando a Bardock.

—Suficiente, Raditz —le dijo su padre.

—Pero…

—El entrenamiento ha terminado. Volvamos a casa.

Raditz chasqueó la lengua y le dejó, cuando el menor de los tres se levantaba se escuchó una explosión.

— ¿Qué fue eso? —preguntó el de la cabellera larga al ver el humo ascender.

Bardock frunció las cejas.

—Gine —dijo y sin dar más explicaciones alzó vuelo.

— ¡Papá! —Raditz le siguió y después Kakarotto.

Llegaron hasta la zona comercial, donde el fuego se extendía rápidamente y varios cuerpos estaban desperdigados por todas partes.

— ¡Gine! —gritó Bardock al ver que un tipo la tenía sujeta del cuello, alzada unos cuentos metros del suelo.

—Bar-dock… —una energy-dan le atravesó el cuerpo y después fue lanzada al suelo.

—Ahora los que faltan —el invasor se abalanzó sobre Kakarotto al verlo como una presa fácil.

Y Goku no pudo moverse, aunque lo intentó…

FIN DEL CAPÍTULO CUATRO

¡Por fin pude actualizar! No pregunten el porqué del atraso, no hay una excusa válida ji, ji.

Tal y como lo dijo Gine, esto es un entrenamiento especial para Goku. Yo estuve pensando y pensando y creo que la forma de ser de nuestro héroe es porque él no sabe lo que es tener una familia, está acostumbrado a estar solo y vivir sólo para él. A diferencia de Vegeta, quien sí tuvo por lo menos a su padre a un lado, para bien o para mal.

¿O ustedes qué piensan?

¡Nos seguimos leyendo!