Lo sé! Lo sé! Dije que el sábado actualizaría, pero no pude. Lo siento por eso.
Disclaimer: Teen Wolf y todos sus personajes son propiedad de Jeff Davis, si fueran míos habría más momentos Scira xD.
Siguen los problemas con Tom y Kayleen... Nos leemos después.
3
FARO SOBRENATURAL
El hombre que casi se ahogaba se llamaba Douglas y tenía cuarenta y tantos años. Eso era todo lo que por el momento sabían Scott y los demás. Melissa estaba atendiéndolo y aparentemente se encontraba estable.
Afuera, Malia, Liam y Scott yacían sentados en una banca, mientras tanto, en una de las habitaciones que estaba desocupada por el momento, se hallaban el Sheriff Stilinski y su hijo. Ambos tenían una plática sobre lo ocurrido, pero el chico se molestó al saber que no les había dicho nada al respecto.
Aún peor fue cuando se enteró de que Derek sí lo sabía.
—Tú fuiste a México sin mi permiso —le reprochó el Sheriff, aunque no lo decía como un regaño, si no más como una especie de justificación por no haberle avisado antes—. Dos veces —añadió.
—Ahm sí —reiteró Stiles—, pero fue para salvar a mis amigos. Las dos veces. Además me esposaste a tu escritorio la segunda vez —le recordó.
Su charla podría extenderse, y por eso, después de un rato Malia y Scott dejaron de intentar escuchar su conversación.
La chica coyote se puso de pie y giró en dirección al elevador.
—Estoy hambrienta —declaró—. Iré por algo de comer —ya había avanzado un par de metros cuando volteó por encima del hombro—. ¿Quieren algo? —le preguntó a Scott y su beta, recordando que Stiles le había dicho que era cortés preguntar en ese tipo de situaciones.
Liam negó con la cabeza sin levantarla, porque estaba pensativo. Scott respondió de igual forma y la chica coyote prosiguió con su camino. Un momento después, cuando ambos muchachos se quedaron solos, el alfa supo que era su oportunidad de hablar.
—Me diste un gran susto hace rato —dijo el mayor. Liam se enderezó en su lugar y lo volteó a ver.
—¿Por qué? —preguntó el otro.
—Pensé que tú estabas en el lago, supongo que no tiene sentido ya que tus gritos son muy diferentes a los de ese pobre señor, pero estaba demasiado asustado como para diferenciarlos.
Liam hizo una media sonrisa que Scott no alcanzó a ver.
—Lo siento, es sólo que…
—Te entiendo —intervino el alfa—. La chica es linda.
Liam se puso rojo, y se tuvo que voltear para que no lo viera su amigo.
—Oh, no, no, no. No hicimos nada —dijo moviendo sus manos extendidas—. Sólo hablamos y…
—Tranquilo, te creo. Y de todos modos, no tiene nada de malo —aseguró Scott, refiriéndose a salir con una chica o inclusive besarla, no a otra cosa—. Creo que todo esto de ser lobo te distrajo de muchas cosas, en especial las chicas.
Liam recordó la vez de la fogata, donde Mason trató de convencerlo de hablarle a una de las estudiantes de primero. Aunque estaba demasiado mareado por el sonido de los tipos malos como para siquiera tratarlo.
—De todos modos no creo volver a verla, su amigo parecía enojado porque se lanzó al río a salvar al señor—dijo el joven.
—Encontrarás una forma —inquirió Scott.
El muchacho asintió en silencio.
—Supongo que por mi culpa no pudiste bailar con Kira —inmediatamente después de decirlo abrió los ojos como platos, porque eso podría darle una pista de lo que él y Kira estuvieron haciendo esos últimos días.
Lo que Liam ignoraba era que Scott ya sabía.
—Un par de canciones sí. Antes de que Tom, o al menos creo que ese es su nombre, nos interrumpiera. Sé que no debo decir esto yo, pero gracias por ayudarla con eso.
El joven beta trató de hacer cómo que no entendía, sin embargo, la mirada de Scott decía todo.
—De acuerdo, admito que le di algo de ayuda a Kira —aceptó el chico finalmente.
—Lo sé —respondió Scott con una leve risa—. No me lo imagino.
—Supongo que te dijo ella —dijo Liam.
—Sí, saber eso me hizo sentir más tranquilo —dejó salir Scott.
Liam entrecerró los ojos, pues no entendió con exactitud lo que eso último significaba.
—¿Por qué lo dices? —y entonces comprendió—. ¿Pensaste que Kira y yo…? —Liam llegó a sentirse algo extraño, quizá triste, pues lo que el otro muchacho decía implicaba que desconfiaba de él. No creía que desconfiase de Kira.
—No… no… Bueno… sí, un poco. —Liam agachó su cabeza y Scott se dio cuenta de lo que su beta estaba sintiendo—. No quise decir eso, es sólo que no me decían por qué estaban pasando tanto tiempo, porque eso no me molestaría, pero no podía entender por qué no me lo contaban. Ahora sí.
El chico estaba por ponerse de pie, pero Scott lo detuvo por el brazo y lo miró como un cachorro a una persona cuando quiere comida o algo así.
—Espera —le pidió a Liam—. Al menos déjame contarte algo.
—Está bien —aceptó el menor y volvió a sentarse. Scott lo soltó antes de que comenzara a hablar.
—Antes de ti, yo tuve un beta —empezó a contar. El chico enarcó sus cejas, pues creía que él había sido el primero en recibir la mordida de Scott—. Era el beta de Derek, en realidad, pero ellos tuvieron problemas y él tuvo que dejarlo ir por su propia seguridad. Entonces comenzó a vivir en mi casa.
Empezó a hablarle sobre Isaac. Sobre cómo cuando él se convirtió en un alfa verdadero él se volvió su beta, de forma inmediata. Sobre Stiles y Isaac, que en ocasiones le impacientaba que no lograran llevarse bien. Y luego, vino lo de Allison.
—Ella era mi novia —indicó Scott. Liam había escuchado algo sobre eso en la escuela, pero no sabía mucho—. Terminamos antes de iniciar tercero y poco después me di cuenta de que Isaac tenía sentimientos por ella.
Liam miró a su alfa y siguió escuchando.
—Supongo que no tenía que sentirme enojado con él, porque era mi amigo. Bueno, es mi amigo. Pero eso no hizo que doliera menos. Poco a poco lo fui aceptando y fue entonces que conocí a Kira —al pronunciar el nombre de la chica se dibujó una sonrisa en su rostro.
Scott amaba a Allison, es cierto. Pero Kira era diferente, algo tímida, amistosa y muy tierna. Eso hizo que él se enamorara de la joven kitsune. No le importó lo que Noshiko dijo acerca de que los zorros y los lobos no se llevan bien. Porque ellos dos habían probado que era mentira.
Después de eso, el alfa le dio una breve explicación del asunto del nogitsune. Sólo lo necesario para que pudiera entender lo demás.
—Fuimos a rescatar a Lydia, pero las cosas no salieron como pensábamos y… ¿recuerdas cuando me dijiste que cómo todos nosotros seguíamos con vida?
El chico asintió.
—Allison no —sus ojos se pusieron llorosos. Tenía los codos apoyados en las rodillas y casi coloca su cabeza entre ellos. No era el hecho de hablar de ella, porque ya había hablado de Allison en otras ocasiones, era el hecho de contárselo a otra persona, contarle la historia completa y recordar lo que pasó con Isaac.
—No tenía idea —fue lo primero que Liam le dijo. Colocó su mano en su brazo y pensó en cómo de pronto el que estaba triste era Scott y ya no él—. Gracias por contármelo. Estoy seguro que no es fácil.
El alfa se frotó los ojos y puso su mejor rostro.
—Lo es para un amigo.
Necesitaba contárselo, después de todo lo que había pasado. Además le hacía bien hablar de ellos. No sólo de Allison, sino también de Isaac, porque lo extrañaba. Y a él si podía recuperarlo algún día. Esperaba que regresara.
Liam le sonrió, como aquella vez en el campo de lacrosse cuando estaba con Mason hablando sobre Brett. Su alfa devolvió el gesto.
La fiesta había terminado y la casa de Lydia estaba casi vacía. Scott llamó a Kira para avisarle lo que ocurrió en el lago, dejando a ella y a la banshee desconcertadas. El lobo, Stiles, Malia y Liam llevaron al hombre que atacaron en el lago al hospital, mientras el padre de Stiles llegaba para ayudar.
Kira decidió quedarse a darle una mano a la pelirroja con el desastre después de la fiesta. Sabía que Scott y los demás se harían cargo.
En un punto de la noche, Lydia subió a su habitación y no bajó en un largo rato, por lo que la kitsune subió a buscarla. En efecto, la encontró sentada en el borde de su cama con tres hojas de papel alrededor.
—Terminé de recoger los vasos —anunció ella, asomándose desde la puerta.
—Oh, lo siento —se disculpó Lydia, levantando su cabeza—. Eso debí hacerlo yo, pero me perdí con esto —comentó, levantando las hojas.
La otra joven se acercó y sin que la banshee se lo indicara, se dio cuenta de que era la Lista Negra. Lydia le explicó lo que significaban las anotaciones. Entonces, Kira se sentó a su lado y repasó las hojas de nuevo.
La pelirroja pasó sus manos por su frente y cerró los ojos, cansada de revisar las listas una y otra vez.
—Reconozco a algunos de estos —dijo Kira con seguridad, llamando la atención de la banshee, quien se incorporó y le puso atención a la kitsune, que volteo a verla—. Cuando ayudamos a proteger a la manada de Satomi, me aprendí algunos de sus nombres. No todos, pero creo que ayuda.
—Dame un segundo —dijo Lydia, yendo por un bolígrafo para después regresar junto a Kira—. ¿A quiénes reconoces?
La chica de cabello oscuro señaló el nombre de Lorilee Rohr, una de las betas más jóvenes de la manada, de apenas catorce años, con la quien Brett era particularmente protector. Luego apuntó a otros (Joy Waldrop y Kaitlyn Schaar), y Lydia escribió "mujer lobo" a un lado de los nombres.
—Eso es un avance —opinó la kitsune.
—Deberíamos hablar con Deaton, por si sabe algo más.
—¿Ahora? —preguntó Kira, levantando una ceja.
—Hoy no, mañana —respondió la chica, mientras guardaba las hojas—. ¿Sabes? No tengo ganas de dormir, deberíamos ir con los demás a ver cómo están las cosas.
—Cierto —secundó la kitsune.
Lydia condujo en su auto para llevarlas al Beacon Memorial. Después de bajar del vehículo, las dos subieron a prisa hasta el tercer piso, donde Scott les había indicado que se encontraban.
Kira corrió al ver a Scott y este la abrazó para luego darle un beso rápido. En ese instante, la chica se dio cuenta de que estaba empapado, pero él insistió en que no era nada de qué preocuparse.
Aunque ya sabían parte de la historia, al estar allí Scott pudo contarles con más detalle los acontecimientos.
Stiles y su padre estaban junto con Malia y Derek, que acababa de llegar a petición del Sheriff. Los cuatro hablaban sobre el tipo de criatura que pudo haber hecho algo como eso. Parecía que cada vez se disminuían las posibilidades.
Liam decidió bajar a buscar a su padre (en realidad su padrastro, pero prefería llamarlo de la otra forma), mientras la kitsune y su novio se sentaban a conversar. Entonces, fue que Lydia se dio cuenta de la presencia de alguien más. Estaba de pie dentro de la habitación del señor, junto con Melissa McCall. Al ver a la banshee, salió del cuarto.
Era Parrish.
—Hola, Lydia —dijo él, acercándose.
—Hola, Parrish —respondió ella.
—Ya te dije que puedes decirme Jordan —comentó el agente—. No importa que esté en servicio.
—De acuerdo, Jordan —dijo ella, enfatizando en el nombre.
El hombre bajó su mirada hacia sus zapatos.
—Escucha, lamento no haber ido…
—Está bien —lo interrumpió la muchacha—. Estoy segura de que estabas muy ocupado, trabajando. —Parrish abrió la boca de nuevo para hablar—. Enserio, no hay problema —la chica estuvo pensando por un momento—. Aunque de hecho, no sé si te gustaría salir… ya sabes a otra cosa que no sea seguir buscando en el bestiario. Y sé que algún día descubriremos algo pero…
—Me gustaría —respondió Jordan—, de verdad, pero tengo mucho que hacer en la estación y…
—Ok, lo entiendo —intervino Lydia—. Descuida —dijo tratando de poner su mejor cara, eso era lo que ella hacía en esas situaciones. El ambiente se tensó súbitamente, pero la joven pelirroja fue salvada por sus amigos.
Stiles y Malia se unieron con los otros y Liam ya había regresado con ellos, por lo que Lydia se excusó de eso y se acercó también.
—¿Cómo están las cosas? —le preguntó Kira a la pareja.
Malia respondió:
—Derek y el Sheriff sospechaban de algo, hace unos días encontraron dos cuerpos en el río.
—Tenían una marca de color negro en sus pieles —continuó Stiles—, como si se hubieran degradado —pudrir no era la palabra más adecuada para describirlo.
Lydia miró a Scott.
—¿Estás pensando que puede haber sido lo mismo que vimos en la casa del lago? —le preguntó la banshee al alfa.
—Sí, es posible.
—¿Pero qué rayos podría ser eso? —exclamó Stiles, mirando especialmente a los que estuvieron en el lago—. Acaso fue un hombre tiburón, ¿existe la posibilidad? —preguntó con ironía.
—En realidad, en Hawaii hay un mito sobre un hombre que se transforma en tiburón —comentó Lydia. Stiles enarcó sus cejas y la miró fijamente—. Sólo decía.
—Cómo sea —inició Stiles—. Creo que Liam debería llamarle a su amiga —sugirió el muchacho. Después de todo, los dos chicos habían intercambiado sus números durante su estancia en el lago.
Los demás observaron al joven beta con atención y él agachó su cabeza. Creyó que todos vieron una actitud de chico malo que se escapa con la primera chica que conoce, aunque la verdad nadie pensaba en eso.
—Puede que ella haya visto algo —insistió su alfa—. ¿Cuál era su nombre? De nuevo.
—Kayleen —respondió Liam con seguridad—. Kayleen Bettcher —la joven le había dicho su nombre completo en el rato que estuvieron en el bosque.
—¿Por qué siento que conozco ese nombre? —preguntó Kira. A su novio también se le hizo conocido.
Stiles le respondió:
—Porque es uno de los nombres de la Lista Negra.
Liam abrió su boca de sorpresa. Scott dejó salir una exhalación.
—¿Cómo se llama su amigo? —repitió Stiles.
—Tom —contestó Scott—. Es lo único que sé.
—Tom Hill —intervino Lydia, sacando las dos listas con sus nombres.
El beta se llevó su mano a la cabeza y la sacudió de un lado a otro
—¿Acaso todas las personas que se acercan a nosotros son algo sobrenatural?
Stiles no pudo evitar en pensar que cuando su mejor amigo se convirtió en hombre lobo, bueno, después de eso todas las personas que se acercaban a ellos tenían que ver con lo sobrenatural. Allison y su familia. Derek. Lydia. Kira. Malia. Y la lista podía seguir.
Ya no le sorprendía.
—Llevo preguntándome eso por dos años —comentó Stiles—. Empiezo a creer que nosotros somos el faro que atrae a lo sobrenatural y no el Nemeton.
Después de eso, las preguntas sobre qué tipo de criatura eran Tom y Kale comenzaron a llover. Finalmente, decidieron dejar el tema por la paz, al menos por el resto de la noche. Eran demasiados descubrimientos para soportarlos.
En ese momento, la mamá de Scott y el padre de Stiles se acercaron al grupo. Derek venía detrás, con los brazos cruzados.
—Es de suponer que ya están involucrados en esto también, ¿verdad? —preguntó el Sheriff, algunos asintieron en silencio—. Como no hay nada que hacer por ahora sólo les pido una cosa, nunca vayan solos al río o al lago. Si tienen que hacerlo háganlo acompañados —con el paso de los meses el Sheriff aprendió a que no debía decirles que no hicieran algo que al final terminarían haciendo, por ello decidió darles un consejo que si obedecerían.
—No sabemos que pueda haber allí abajo —añadió Derek.
—Deberían ir a descansar —sugirió Melissa, con su mano sobre el hombro de su hijo. Él asintió.
—Yo me quedaré aquí hoy, por si pasa algo —dijo el primo de Malia.
Kira y Lydia intercambiaron miradas.
—Nosotras vendremos después de ir con Deaton.
El resto estuvo de acuerdo y los chicos bajaron a buscar a Liam para luego ir a sus hogares.
Cuando sólo los adultos quedaron, Derek fue a sentarse en la banca y Melissa volvió a sus labores. Fue entonces que el Sheriff Stilinski le hizo una seña a Parrish para que se acercara.
El agente así lo hizo.
El hombre mayor lo observaba como si se estuviera conteniendo de decir algo.
—¿Qué pasa? —le preguntó Jordan a su superior.
—¿Por qué le mentiste a Lydia?
Parrish abrió sus ojos aún más.
—¿D-de qué habla, señor? —El Sheriff inclinó su cabeza como cuando hablaba con Stiles y este le mentía.
—Dijiste que tenías mucho trabajo —dijo el hombre—. Sabes que no es verdad.
El agente comenzó a sentir como si estuviera en un interrogatorio.
—Es solo que… usted sabe… no creí sentirme cómodo en una fiesta de adolescentes.
—Aún eres joven, Parrish, eso no durará por mucho. Deberías aceptar la próxima vez. Además, ¿crees que no me he dado cuenta de cómo la miras?
Jordan se quedó en silencio por un momento. Tenía que admitir que eso sí era verdad. Y si no se equivocaba Lydia le estaba dando las señales. Cuando se reunían para seguir investigando en el bestiario intercambiaban miradas muy… bueno, no eran las miradas típicas entre amigos.
—Tiene razón —le respondió al Sheriff—. Pero yo soy un hombre de la ley, y bueno, Lydia es menor de edad…
—No realmente —intervino el padre de Stiles—. Lydia cumplió dieciocho años hace unos meses.
—¡¿Cómo dice?! —gritó Jordan, obviamente sorprendido. Algunas personas en el pasillo incluso voltearon a ver hacia donde los dos hombres se hallaban.
El agente sabía que Lydia había cumplido hace un tiempo, inclusive le había dicho que le debía un regalo; aunque no se molestó en preguntarle su edad. Supuso que acababa de cumplir diecisiete.
—Lydia es mayor de edad —repitió el hombre—. Tomate un día de esta semana e invítala a salir, no creo que te diga que no —sugirió el hombre.
—Pero, qué hay de todo el trabajo. Ahora mismo tenemos un caso —comentó Parrish.
—En esta ciudad siempre hay un caso —opinó él—. Hablo enserio, el día que prefieras. Invítala a salir, o más bien acepta, porque parece que ella ya lo ha intentado, sólo avísame.
—Gracias, Sheriff.
Ya había entrado la tarde el día viernes. La mayoría de la Manada se había reunido en el loft de Derek, excepto las dos chicas que habían ido con el Doctor Deaton. Parecía que había una especie de discusión. Stiles, Derek y Malia intercambiaban miradas de vez en cuando.
—¿Por qué no puedo ir? —preguntó Liam. Se sentía como un niño pequeño, a pesar de que de hecho era menor que el resto de sus compañeros allí presentes—. Yo fui el que le preguntó a Kale donde viven.
—Porque no sabemos qué cosa sea Tom, y si te ve se te irá encima.
—A ti también —comentó el beta.
—Bueno sí… pero yo… no quiero sonar como un completo idiota pero yo soy un alfa.
Liam se cruzó de brazos.
—Creí que confiabas en mí —dijo dándole la espalda.
—Confió en ti, pero no quiero que Tom te lastime.
El lobo más joven siguió callado.
Scott dejó salir un suspiro y volteó a ver a Derek, como esperando un consejo. Sin embargo él sólo se encogió de hombros. Todos esperaban que Scott pudiera manejar la situación por él mismo. Fue entonces que se le ocurrió una solución.
—A ver… escucha… —tocó al chico en el hombro y lo hizo girar de nuevo—. Vendrás con nosotros pero te mantendrás alejado de la conversación, si todo va bien te haré una señal y llegarás con nosotros.
Liam asintió. Eso le parecía bien, de hecho entendía la preocupación de Scott por él. No le venía mal que alguien además de sus padres lo cuidara. Y aunque sabía que él era su alfa, presentía que también se preocupaba porque era su amigo.
Kayleen le había dicho por teléfono que ella y Tom vivían temporalmente en un edificio departamental en la parte oeste de Beacon Hills y él le había dicho que iría a visitarla ese día.
Stiles condujo su jeep siguiendo las indicaciones de Liam. Estas los llevaron a un edificio de unos cuatro pisos, que tenía un estacionamiento grande bajo la primera planta.
Al bajar del vehículo, se encontraron con Kale. Ella estaba sentada al pie de las escaleras que dan al primer piso. Al verlos a todos se sintió intimidada un poco, hasta que vio a Liam salir del asiento trasero, después de Derek.
Él se adelantó y corrió a alcanzarla.
—¿Qué están haciendo todos aquí? —preguntó la joven—. Pensé que sólo vendrías tú.
Liam se sintió un poco culpable por eso.
—Hola, Kayleen —dijo Scott, acercándose a ellos dos—. Sólo veníamos a hablar con Tom.
La chica tragó saliva.
—¿Por qué? Si buscas una disculpa por lo del otro día —empezó a decir—. No creo que Tom te la dé.
—Kayleen, sabes lo que es esto —dijo él sacando un papel del bolsillo de su pantalón. Era una de las copias de la lista negra, sólo que sin alteraciones hechas por una banshee.
Ella la tomó y se quedó fría cuando leyó su nombre.
—¿Quiénes son ustedes? —exclamó ella con miedo, dando unos pasos hacia atrás—. Oh, no… —dijo horrorizada, pasando su mirada de Scott a Derek, detrás de él. Son asesinos a sueldo —dijo finalmente—. Pero no puede ser —movía su cabeza de un lado a otro mientras caminaba hacia atrás más rápido, Scott y Liam comenzaron a avanzar, confundidos por las suposiciones de la muchacha—. Tom me dijo que se había terminado. Por eso decidió venir.
Eso le dejó en claro a Scott que ellos si estaban al tanto de por qué estar en la lista, es decir, no como Parrish, que no sabía que él era algo sobrenatural.
—No, Kale —susurró Liam.
—Eso explica porque un chico lindo me hablaría así porque sí —Kayleen creía que la llamada de Liam era una trampa.
—No somos asesinos —repitió el joven beta—. Espera, ¿dijiste lindo? —el joven sintió sus mejillas enrojecerse.
—Está bien —dijo Scott, poniendo su mano en el hombro de la joven. De pronto se sintió calmada, algo le decía que ellos no tratarían de dañarla—. Somos como tú —el alfa parpadeó y sus ojos brillaron de color rojo durante un segundo.
—Eres un lobo —exclamó Kayleen, y luego su mirada pasó a Liam. Él hizo lo mismo que su amigo, y sus ojos resplandecieron de amarillo—. ¿Todos ustedes? —preguntó, mirando a los demás.
—No exactamente —respondió Malia.
—Kayleen, escucha —le habló Scott y la chica regresó su atención a él—. Sólo queremos hablar con Tom, y ver si sabe algo de lo que ocurrió en el lago. ¿Sabes algo tú?
La chica miró a los lados, como si estuviera a punto de decir algo que no debía.
—No creo que sea bueno decirlo, tal vez deban hablar con él y convencerlo.
—De acuerdo.
—Yo, probablemente deba quedarme aquí.
El resto de la manada se acercó con Scott.
—Alguien debería quedarse aquí.
—¿Malia? —ofreció Stiles. Porque era la única chica además de obviamente Kale.
—¿Por qué no Liam? —preguntó la chica coyote.
—Porque si Tom nos ve sin Liam, pensará que está con Kayleen y probablemente se moleste. Aunque si lo ve en su casa, también podría molestarse… —respondió Stiles, hablando muy rápido como para que los demás lo entendieran bien—. ¿Podrías quedarte?
—Sí —respondió Malia.
—¿Cuál es el número de su departamento? —le preguntó Stiles a Kayleen, que había regresado a sentarse en las escaleras.
—3F —contestó ella.
Los cuatro muchachos comenzaron a subir las escaleras, dejando a Malia con Kayleen. Esperando que Tom no se pusiera demasiado violento al verlos. Aunque algo les decía que eso iba a ser inevitable.
Kira y Lydia permanecían de pie frente a una de las mesas de la Clínica Animal. Alan Deaton tenía los brazos apoyados en la misma, mientras revisaba las hojas que las chicas le habían llevado.
Los nombres de Elias Town, Jack Marsland y Brittani Kegley ahora también tenían hombre/mujer lobo a un lado. El veterinario además también sabía que Patrick Clark era un Wendigo, que ahora estaba encarcelado en Eichen House. El resto de los nombres eran desconocidos, al menos hasta que Scott averiguara qué tipo de criatura eran Kale y Tom.
—Gracias por todo —dijo Lydia antes de irse.
—Esperen —pidió Deaton, mientras le daba a Lydia un pequeño paquete. La banshee lo sostuvo y sintió algo suave en su interior—. Es ceniza de montaña, dénsela a Stiles —explicó el hombre, pues de todos los miembros de la manada, el humano parecía ser quien mejor sabía usarla—. Ya que no saben qué es lo que hay en el lago, esto podría ayudarles.
—Entendido —dijo Kira.
Las dos se despidieron y caminaron devuelta al auto.
En cuestión de minutos ya se encontraban subiendo el elevador del hospital, para ver si había noticias sobre el hombre. Afuera de la habitación se encontraron con Parrish, quien debía estar haciendo guardia o algo por el estilo.
—Hola —saludó él.
—Hola, ¿hay novedades?
—Bueno, despertó hace unas horas —explicó Jordan, señalando hacia la habitación—. Llamó a alguien pero después volvió a acostarse, no ha despertado desde entonces. La Sra. McCall dice que está algo débil.
—¿Podemos entrar? —preguntó Lydia. El agente miró a ambos lados del pasillo, el resto de los trabajadores estaba ocupado en sus propios asuntos.
—No sé si deba.
—Lydia puede escuchar a las personas mientras duermen —mencionó Kira—. Eso creo —La joven banshee hizo una media sonrisa y luego volteó a ver a Jordan.
—De acuerdo, entren —dijo él abriendo la puerta. Los tres ingresaron y Parrish cerró las cortinas del cuarto.
La pelirroja se sentó en una silla junto a la cama y se concentró.
Por su parte, Kira comenzó a revisar la habitación con la vista. Su atención se detuvo en una chaqueta de cuero que el hombre debió usar antes de llegar al hospital.
—Ya revisamos, no encontramos otra cosa salvo su identificación. Dice que es originario de San Francisco.
A la joven kitsune no le importó mucho eso, y siguió revisando la chaqueta. Encontró un bolsillo interior, cerca de donde va el corazón si la llevas puesta. Buscó en su interior y se topó con un objeto.
—¿Qué pasa? —le dijo a Lydia, quien estaba escuchando atentamente al hombre.
—Está susurrando —respondió ella—. Bettcher, Hill y Moore. Son los apellidos de Kayleen y Tom. Con quienes están Scott y Stiles.
Entonces, el comunicador de Parrish comenzó a sonar.
—Parrish, ¿el Sheriff está contigo?
—No, dijo que iría a almorzar. ¿Qué pasa?
—Encontramos el auto del señor Douglas —respondió el otro agente.
—Cuando lo pueda contactar le aviso.
—Trata de hacerlo lo más pronto posible —comentó del otro lado con urgencia.
—¿Por qué? ¿Pasa algo?
—Hallamos armas en el maletero.
Jordan estaba confundido por el mensaje. Finalizó la comunicación y se volteó para ver a las dos muchachas.
Lydia se levantó y se dio cuenta de que Kira tenía algo en la mano. Era una cosa pequeña y metálica. Una bala.
—Es de plata —informó la muchacha.
—Cazadores —murmuró Lydia. El ambiente se tensó de pronto. No era buena señal.
—Creí que el señor Argent los mantendría alejados de Beacon Hills.
—Es porque no son los Calavera —respondió la kitsune, pasándole el objeto a su amiga. Tenía grabada una figura en su costado. Un ancla—. Deben ser otro grupo.
—Debió llamarlos a ellos —dijo Parrish, colocando una mano en su frente.
—Están tras Kayleen y su amigo. Y aparentemente alguien más —explicó la banshee.
—Pero la Lista Negra acabó, ¿no?
—No creo que estas personas estén tras ellos por el dinero —opinó Lydia.
—Los cazadores a veces atacan a las personas como nosotros sin preguntar antes —comentó la kitsune, recordando cosas que su novio le había dicho antes. Como sobre Gerard o la misma Kate Argent.
—Tengo que avisarle al Sheriff —exclamó Parrish, saliendo antes de que las chicas pudieran decir algo. Aunque por una parte fue bueno, pues Lydia pensó que Parrish las habría detenido al decir lo siguiente:
—Kira, ¿trajiste tu katana? —le preguntó, porque no estaba segura.
—Ah, sí —contestó la otra. Recordaba haberla colocado en el asiento trasero del auto de Lydia antes de salir de casa. Sólo por si acaso.
—Porque vamos a necesitarla. Tenemos que ir por nuestros amigos.
¡Cazadores! Otra vez no, jajaja.
El título del capítulo es por lo que dijo Stiles en el hospital. Ah, por cierto, lo del hombre tiburón si es una leyenda Hawaiana, si les llama la antención busquen la leyenda de Nanaue (me parece que así se escribe), pero no, eso no tiene que ver con lo que hay en el lago, sólo era una broma como cuando Stiles dijo que Liam era un hombre chita.
Liam y Scott son tan... no sé, me gustan las relaciones tipo hermano mayor-hermano menor.
Le estaba diciendo a un amigo que a Tom no sé por qué lo imagino como Mike Montgomery/Cody Christian (si ven PLL sabrán de qué hablo), pero hasta ahora no he visto una actriz que me haga pensar en Kayleen.
Bueno, no sé pero quería aclarar que yo soy un chico, por si se lo estaban preguntando... O tal vez no xD.
Bueno, espero no haberlos enredado con todo lo que pasó en este capítulo, prometo que en el siguiente sabremos qué cosa son los seres de ojos violeta. Díganme qué les pareció en los comentarios, no es muy tardado hacerlo. Hasta luego (tal vez el jueves, pero no prometo nada)
