Os advertí que tardaría, pero por fin ha llegado el cuarto drabble, Gardenia. Se desarrolla justo tras uno de los clímax de Placeres prohibidos, entre los drabbles 22 y 23 de aquél (Dinero y Soñar). ¡Es la recta final de Placeres prohibidos en Tumblr! No olvidéis echar un vistazo a la página en que los estoy subiendo, ¡propagad esta historia! Encontraréis la dirección en mi perfil.
¡Gracias por vuestros reviews! Dentro de poco (espero) os compensaré con creces lo poco que os mimo con un oneshot.
Disclaimer: Thor, sus personajes y ubicaciones no me pertenecen a mí, sino a Marvel y a Disney.
22.5. Gardenia
Las estrellas tenían un brillo muy particular en Asgard. Jane se volvería loca buscando constelaciones y enumerando nebulosas. Era algo que Darcy había pensado muchas veces, pero nunca se había permitido a sí misma hilar ese pensamiento como una frase, lista para decírsela a otra persona, porque esa otra persona sería Loki, y Loki era quien la había llevado a aquel reino de ensueño para privarla de su libertad, entre otros derechos fundamentales. Pero aquella noche, Darcy se prohibió a sí misma pensar en él de aquella manera. El aire húmedo de la noche se enredaba en su pelo y bailaba en su piel, y por primera vez desde que llegó a Asgard, sintió algo cercano a la felicidad.
La belleza de Darcy daba realce a la de los jardines. Loki se sentía satisfecho de que nadie hubiese perturbado aquel momento a solas, aunque había tomado unas medidas extra además de aquel banquete del que había hablado a la midgardiana. No obstante, no tenían demasiado tiempo: los cortesanos más reticentes sospecharían si aquel banquete se prolongaba demasiado. Pero no veía la manera de arrancar a Darcy de aquel remanso de paz, así que se puso en pie y caminó pausadamente hasta la entrada del templete, dibujando casi un semicírculo. Notaba los ojos de la joven sobre sí, y sabía que se toparía con su desolación si se giraba hacia ella, así que se quedó allí mirando hacia el imponente palacio dorado, respirando y sin hablar. Oyó el crujido de la tela del vestido que llevaba Darcy antes incluso de percibirla a su lado.
-Tengo que volver a mi celda, ¿verdad? –Preguntó.
-Es más bien una confortable alcoba –la corrigió Loki-. Nuestras celdas son infinitamente más incómodas.
Darcy alzó las cejas, incrédula y un tanto sorprendida por la amigable acidez de aquel comentario. Bajó los estilizados escalones del templete y contempló con curiosidad las flores que brotaban en los arriates más cercanos a donde se encontraban. Sus conocimientos de jardinería no eran excepcionales, pero algunas flores le trajeron recuerdos de su verano en Salt Lake City cuando tenía trece años. Pasó tres semanas en casa de su tía Gina, que cultivaba su jardín con más mimo del que había dedicado a su fallido matrimonio. Ella le enseñó a distinguir muchas más flores que las rosas y los lirios, que todo el mundo conocía. Una de aquellas flores se parecía mucho a una variedad de gardenia sudafricana que su tía había tratado de cultivar con poco éxito. La curvatura de su tallo y la caída de sus pétalos eran exactamente iguales a las que su tía le había enseñado en fotos, y en aquel momento, aunque sabía que no era la misma flor, que no se llamaría gardenia sino de otra forma, los recuerdos de su familia, de su hogar, irrumpieron en su mente en estampida.
Rozó los pétalos de la flor con aire ausente, y se sobresaltó cuando Loki rodeó con los dedos una de ellas y la arrancó para ofrecérsela. Ante su reticencia a tomar una flor arrancada, él cogió la mano derecha de Darcy y le puso la flor en la palma, cerrándole los dedos en torno al tallo para besárselos después.
-Si quieres flores, te las conseguiré.
Darcy le miró a través de sus pestañas, pero no le dijo, porque no lo comprendería, que no quería flores muertas como aquélla.
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