Capitulo 4: Never let you go

Aún estando en Pittsburgh, Justin pinta algunos cuadros en casa de Brian. Durante la semana que ha pasado con su amado, ha pintado dos cuadros. En estos momentos está terminando el segundo. Brian lleva dos horas mirándolo, sin querer molestarlo: "es tan adorable cuando trabaja".

-Justin – le llama Brian cuando este levanta la cabeza, por fin, del cuadro.

-Mm… – contesta Justin mientras se acerca a su amado lentamente.

-Necesito hablar contigo.

-Dime – le dice a su amado mientras le ofrece un gran beso.

-Verás, estaba pensando… que algún día volverás a Nueva York…

-¿Ya me estás echando? – pregunta Justin riendo pícaramente.

-¡No! – niega mientras da otro adorable beso a Sunshine -. Lo que quería decir, es que llevas aquí una semana y volverás a Nueva York. No quiero que esto pase.

-Yo tampoco.

-No quiero volver a separarme de ti.

-Verás… -empieza a contestar Justin, pero Brian le corta.

-Por eso, quería pedirte…

Brian se levanta del sofá i se pone de rodillas delante de Justin. Le coge la mano derecha entre las suyas.

-¿Quieres casarte conmigo?

-Yo…

-Ya sé que tú vives en Nueva York, pero lo tengo decidido. Me iré contigo, buscaré otro trabajo… lo que haga falta. Pero no dejaré que te vuelvas a marchar. No quiero perderte de nuevo.

-No.

-¿No? – se extraña Brian.

-No, no puedo aceptarlo. No dejarás tu trabajo ni te vendrás a Nueva York. Porqué soy yo el que se quedará en Pittsburgh contigo.

-Pero… la galería…

-El otro día llamé, puedo seguir pintando des de aquí y enviar los cuadros a Nueva York. No me quería ir y separarme de ti.

-¿Entonces…

-Sí, acepto. Casémonos – responde Justin cogiendo el anillo que lleva colgado del cuello.

-Ésta vez no nos echemos atrás en el último momento.

La romántica pareja se demuestra su amor apasionadamente en el sofá.

-Pasad. Brian aún no ha llegado, estará al llegar.

-¡Oh, Sunshine! ¡No me puedo creer qué ya te vayas! – dice Debbie, casi llorando abrazándose a Justin.

-Ya, yo tampoco… - contesta Justin -. Sentaros en el sofá mientras termino la comida.

Justin sigue haciendo la comida, mientras los recién llegados se unen al resto de invitados. Están todos, sólo falta Brian. En el sofá, creyendo que Justin no lo oye, los invitados hablan:

-¿Qué harán ahora si se vuelven a separar? ¿Volver a donde estaban?

-Nuestro plan no funcionó.

-Yo pensé que, después de lo que hablamos el otro día, se quedaría – añade Daphne.

-Yo también lo pensé. Este hijo mío no deja de sorprenderme.

-Me sabe mal por ellos, se les ve tan felices juntos.

Mientras, Justin ríe a escondidas, cuando oye la conversación de sus amigos.

En ese momento la puerta del loft se abre. Entra Brian con un ramo de flores en la mano. Justin, atareado con la cena, no lo ve; pero el resto del grupo mira a Brian con cara de asombro.

Brian se acerca a Justin, con el ramo en su espalda, para que éste no lo vea. De improviso, cuando Justin levanta la cabeza para saludarle, Brian le da el ramo, mientras lo besa y le dice al oído un suave: "Te quiero".

-Nunca pensé que viviría para ver esto – dice Emmet, con voz baja para no romper el ambiente del momento entre la pareja.

-Se nota que no conocéis a Brian de verdad – aclara Debbie.

-Debe quererlo de verdad.

Los dos enamorados se separan y, después de poner las flores en agua se acercan al sofá con unos sobres blancos en la mano. Se sientan juntos, en frente del grupo.

Sin decir nada, empiezan a repartir los sobres entre sus amigos. Éstos se miran extrañados, no saben que debe pasar.

La primera en abrir el sobre es Jennifer, quien, al ver el contenido se le cae al suelo. Al verlo, los demás corren a abrir sus sobres. Justin y Brian, cogidos de la mano, se los miran riendo.

Todos tienen las tarjetas que había en los sobres en la mano. Nadie dice nada. Miran a la pareja y miran las tarjetas, la pareja, las tarjetas. No saben que decir.

-¿Es que nadie piensa decir nada? – dice finalmente Brian.

-Yo… no se que decir… - responde Jennifer – soy tan feliz por ti, hijo.

-¿Ésta vez va en serio? – pregunta Ted y, al oír eso, Blake le da un codazo de advertencia.

-Claro que va en serio. Sino, no os habríamos llamado.

-Justin, y tu trabajo… Nueva York… - empieza Debbie.

-¡Vayamos a cenar! Que la comida está lista. Mientras cenemos os contamos los detalles.

Brian y Justin preparan la mesa y sirven los platos, mientras sus amigos se sientan. Cuándo está todo listo se sientan en la mesa y empiezan a explicar:

-Bueno, llamé a la galería y llegamos a un acuerdo. Puedo trabajar aquí y enviar mis cuadros a Nueva York una vez los tenga acabados. Aún así tendré que hacer algunos viajes a Nueva York.

-Me tendrás que enseñar la ciudad – dice Brian a su amado.

-Emmet, contamos contigo para que nos organices la boda – le indica Justin a su amigo.
-Será la mejor boda que haya organizado jamás – responde Emmet – aún conservo la lista que me disteis para la otra. ¿Queréis que la utilice?

-Pero no hace falta que vayas a China a buscar las Golden Gardenias – aclara Justin -. Ya se que mi amado se quedará para siempre conmigo.

Al oír eso, Brian besa apasionadamente a Justin. Los invitados los miran.

-Michael, espero que quieras seguir siendo el padrino – le pide Brian a su amigo de la infancia.

-Claro que sí, no tenías ni que preguntarlo.

Siguen la cena, hablando de la buena noticia.

-Por cierto, Ted – empieza Brian- ¿Puedes ocuparte de Kinnetik mañana?

-¿Qué? – responde Ted sorprendido.

- Verás, mañana nos vamos Justin y yo a Nueva York, tenemos que recoger sus cosas del piso y traerlas aquí. Estaremos mañana (viernes) y el fin de semana.

-Sí, además tengo que hablar algunas cosas con la galería.

-De acuerdo, ningún problema – dice Ted.

-¿Así que aquí es donde has vivido durante este tiempo? – pregunta Brian cuando entran en el piso de Justin de Nueva York.

-Sí, no es demasiado grande, pero vivía aquí.

Brian encuentra una foto suya colgada de la pared. Se la mira, no esperaba encontrarse algo así.

-Me gusta.

-Y la cama es ancha – añade Justin tumbándose en la cama mirando a Brian provocativamente.

Brian no se lo hace repetir dos veces y se lanza sobre su prometido.

El fin de semana pasa asombrosamente bien.

Llega el domingo y, mientras desayunan Brian dice:

-Tengo algo para ti. Mi regalo de bodas.

-Oh, Brian, no hacía falta.

Brian le da un sobre. Al cogerlo, Justin nota que hay algo pequeño en él que pesa. Los abre y dentro encuentra unas llaves y una fotografía. Cuando la mira ve una casa, grande.

-Tiene establo y piscina.

-Brian, no me digas que has comprado…

-Sí, lo he hecho. Se llamará Britin.

-Oh, Brian, ¡no puedo creerlo!

Justin se lanza a los brazos de Brian y se besan. Justin se aparta y busca algo en su maleta. Vuelve con un sobre alargado en la mano.

-La verdad es que yo también te había comprado un regalo de bodas.

Brian abre el sobre, dentro hay dos billetes de avión a Ibiza.

-Aunque perdí esa apuesta, tengo ganas de irme contigo a Ibiza. He pensado que sería una buena Luna de Miel.

You can dance, go and carry on
Till the night is gone
And it's time to go
If he asks if you're all alone
Can he walk you home, you must tell him no
'Cause don't forget who's taking you home
And in whose arms you're gonna be
So darling, save the last dance for me

Mientras, en Canadá:

-¡Mel, Mel! ¡Ven corriendo!

-¿Qué pasa Linz?

-Pues… que nos vamos de boda.

-¿De quien?

Linz se dirige a Gus, que ya tiene cinco años:

-¡Tú papá y Justin se van a casar!