Capitulo 3:
El hambre ganó la batalla y me obligó a salir de la habitación, comenzaba a salivar en exceso y me dolían las mandíbulas. Giré el pomo de la puerta y ésta se abrió con un chirrido. "Existe el aceite" pensé en recomendarle a Tanoshi mientras frotaba mi oído contra mi hombro para eliminar la sensación que había dejado aquel sonido. De la cocina se oían voces animadas, casi alegres; una pequeña incomodidad se alojó en mi mente, como si yo quedara fuera de lugar.
El ruido iba en aumento conforme me acercaba a la puerta de color blanco. El suelo crujía a causa de los pequeños, casi microscópicos, trozos de vidrio que debían de haber quedado después de alguna fiesta. Me acerqué a la puerta y me pegué a ella temerosa de lo que pudiese encontrar al otro lado. Preocupada de lo que debía pasar en tiempos venideros. Ansiosa por la maraña de recuerdos, presentes y perdidos, sobre este sitio.
Abrí la puerta sintiendo que mis manos temblaban, aunque el motivo era desconocido. Cerré los ojos y di un paso con decisión. Lamentablemente una barrera humana se interpuso en mi camino y terminé tumbada de espaldas en el suelo. El dolor de la herida en mi hombro aumentó de nuevo haciéndome apretar los dientes. Solté un gruñido y abrí los ojos.
Tanoshi Kano me observaba de pie en la puerta, su expresión parecía divertida por la situación. Detrás de él Shion Seto me miraba con curiosidad, sus dos manos se apretujaba la una a la otra sobre su pecho.
– Oh, X–sonrió él de manera irónica– ¿Aun no estás en tus plenas facultades?
Fruncí el ceño,disgustada. Tanoshi, con 21 años, era el mayor de todos los presentes y aún así, en mi parecer, era el más infantil.
– Tengo más control que cierta persona después de una "fiesta" –remarqué la palabra añadiendo comillas con mis manos.
Tanoshi sonrió y me tendió una mano de la cual me sujeté con fuerza y luego haló de mí, ayudándome a ponerme de pie. Me sacudí un poco mientras él se retiraba de la puerta. Shion se acercó a mí.
– Akemi… ¿estás bien? –me preguntó, preocupada. Sonreí de la manera más amable que pude y asentí con la cabeza.
– Estoy bien, gracias. No te preocupes.
Esto pareció tranquilizarla, ya que su expresión se suavizó casi al instante. Froté su cabello y sonrió de manera radiante. Era fácil hacer sonreír a Shion, pero también era muy fácil hacerla entristecer. Su constante fragilidad emocional era algo que nos mantenía nerviosos y alertas, preparados para intervenir a la menor señal de peligro. Rezaba para que nadie le hubiera dicho nada acerca del ataque de aquel día.
– ¡…! Shion. ¡Tan linda! –Tanoshi lanzó sus brazos sobre la pequeña y la apretó contra su pecho. Al principio Shion luchaba por liberarse de su agarre aunque al final pareció darse cuenta de que luchar la asfixiaría más.
Resoplé, convencida de que en aquellos tres años ninguno de los dos cambió, nada. Era en aquellos momentos que la descripción perfecta para Tanoshi que se me ocurría era "pervertido acosador y lolicon". Me pasé una mano por el cabello y traté de ignorar la escena, segura de que si me entrometía no iba a acabar muy bien. Me limité a morderme la lengua y acercarme a la fuente del delicioso aroma mientras escuchaba los constantes mantras "Sion, Shion, mi bella Shion".
Delante de la estufa Konoha daba instrucciones muy específicas a Ayane mientras que ella trataba de seguir el ritmo de sus palabras. Sin embargo, las palabras de mi hermano eran tan concisas y profesionales que Ayane no las entendía, revolvía todo y terminaba derramando o quemando las cosas. Así que al final terminaba siendo Konoha quien cocinaba en verdad.
Kuro no se veía por ningún lado, Zusuki acababa de asestar un golpe en el estomago de Tanoshi y de ese modo consiguiendo liberar a la pobre de Shion. Shane miraba todo desde una pared al lado de una pequeña mesa. Fui a situarme a su lado.
– ¿Qué tal el hombro? –me preguntó.
– Podría estar mejor –repuse.
Él asintió y continuó mirando la escena. Casi me parecía ver una pequeña sonrisa en su rostro. Un ligero gruñido salió de manera involuntaria de mi garganta. La nostalgia comenzaba a quitar las telarañas de su sitio de honor en el interior de mi mente. Entrelacé mis manos y juguetee con mis pulgares. El apetito, la nostalgia, la frustración. Lindo trío de rufianes totalmente divergentes entre sí.
– Justo como entonces, ¿no es cierto? –Shane me sacó de mi ensimismamiento. Me miraba con los brazos cruzados– Lo estás haciendo de nuevo.
– ¿Hacer qué? –pregunté.
Shane imitó el movimiento que había hecho con las manos.
– Eso. Siempre lo haces cuando algo te molesta. Mejor dicho cuando estas frustrada –señaló.
Desvié la mirada, sorprendida de su observación. Inclusive bajé las manos a mis costados y apreté los puños.
– ¿Y tú qué sabes de eso? –dije casi en un susurro.
Se encogió de hombros, como si el dato simplemente fuera algo que leyó aquel día en el periódico. Golpee con suavidad su brazo y su sonrisa se hizo más amplia. Tragué saliva de manera profunda.
– ¿Quién sabe? –dijo al fin. – Supongo que llevo mucho tiempo conociéndote, amargada.
– Curiosas palabras provenientes de un ermitaño –dije– ¿Y ese milagro que sonríes?
Me mostró la lengua y esquivó con destreza poco usual una astilla, seguramente de los restos de la pelea entre Zusuki y Tanoshi. Giré la cabeza para verlos.
Shion miraba con expresión asustada la escena desde un rincón. Le hice señas para que se acercara y ella acató la orden. Tanoshi seguía balbuceando cosas, algunas dirigidas a Shion, otras dirigidas a su hermana. Por cada una recibía un puñetazo o un golpe de un trozo de madera flotante. A decir verdad, la escena era tan graciosa y bizarra que me resulta un poco difícil describirla.
– ¿Por… por qué pelean? –preguntó Shion. Su cara daba la apariencia de que en cualquier momento lloraría.
– Porque es un idiota –respondió Shane.
– Porque es un acosador –repuse yo.
– Porque son hermanos, es normal –sonrió Ayane recargándose en la pared a nuestro lado. Tenía manchas de comida incluso en el cabello. La miramos con los ojos entrecerrados– bueno… la comida ya está lista.
– O…oigan ustedes dos… –Konoha comenzó a acercarse al par de hermanos, en sus ojos brillaba la intención de detener aquella disputa.
Negué con la cabeza.
– No seas tonto –le dije– lo vas dejar peor.
Dejó pasar mi comentario y se interpuso entre los golpes de Zusuki y los bloqueos de Tanoshi. Me mordí la lengua y me dediqué a observar la escena. Pequeños objetos con destellos azulados volaban de aquí a allá golpeando las humanidades de mi hermano y Tanoshi. Por su parte, el par de varones vociferaban sin ton ni son mientas apartaban los ataques y tiraban del rizo rubio de Zusuki. Siendo sincera, y tal vez un poco cínica, la escena me resultaba cómica a más no poder. Incliné la cabeza, como queriendo ver desde un mejor ángulo. Shane me dedicó una mirada de reproche por aquel gesto.
Le mostré la lengua y reí por lo bajo. Podría ser un inútil, pero siempre estaba listo para regañarme como si de mi padre se tratara. Los quejidos de nuestros peleadores iban en aumento.
– ¿No podrían hacer el favor de callarlos? –Kuro entró mal encarado a la cocina, esquivando por poco un vaso de plástico volador. Se veía en su rostro la expresión de quien no hubiese dormido bien.
– ¿Y a ti que camión te atropelló? –comenté. Kuro me fulminó con la mirada, molesto. Me mordisquee el labio y dejé el tema.
– Bu… bueno, ¿No podemos hacer algo? –preguntó Shion, tartamudeando.
La observamos un instante y luego cada uno desvió la mirada, pensativos. Por un lado no deseábamos interferir en dicha pelea por miedo al daño de nuestra integridad física y, probablemente, mental.
Por el otro, los asustados y suplicantes ojos de Shion siempre surtían un efecto casi misterioso en nosotros. Resoplando, Kuro, Shane y yo nos arremangamos y nos dirigimos, no muy convencidos, a la contienda librada cual lucha por una hembra.
Hizo falta también la ayuda de Ayane para separarles. Mientras que Shane y Kuro sujetaban a Zusuki, Ayane y yo nos encargamos de Tanoshi y Konoha, respectivamente. Resultaba sumamente antinatural la situación, entre otras cosas por el hecho de que al menos los tres peleadores ya eran mayores de edad.
Todos menos Shion, jadeando, nos recargamos en una pared del lugar. Mirando el suelo fijamente esperamos hasta que nuestra respiración se hubo normalizado.
–Ah… Necesito algo de alcohol –dijo Zusuki estirándose y encaminándose al refrigerador, que estaba al lado mío. Cuando alargaba la mano para abrir la puerta yo estiré la mía bloqueando su paso. Nos miramos fijamente un instante hasta que se rindió y girando los ojos dio un paso atrás.
Carraspee un poco y bajé mi mano. Tanoshi comenzaba a dar muestras de querer acercase de nuevo a Shion, aunque Shane le fulminó con la mirada y dio marcha atrás. Me reí por lo bajo y me rasqué la nuca.
De manera disimulada eche un vistazo a Kuro, aun curiosa del porqué de su aspecto demacrado. Me mordí la lengua en silencio, preguntándome si acaso sería culpa de lo que le había dicho hace rato. Deseaba que solo fuera que de nuevo se hubiera desvelado jugando a algún RPG. Pronto se dio cuenta de mi fija mirada y me la devolvió de manera fría. Resople y giré la cabeza. Tragué saliva de manera profunda, sintiendo como raspaba a través del nudo en ella. Carraspee de nuevo.
– Bien –dije acabando con el incomodo silencio. Levanté la cara y miré con decisión el centro de la habitación– Hay algo que debo tratar.
– ¿Algo, X? –Tanoshi de un momento a otro pareció sonar serio y maduro. – ¿Te refieres a…?
Asentí con la cabeza, aun sin atreverme a mirar a los ojos a alguien más. Todos los demás se quedaron en silencio. De un momento a otro sentí una mano sobre mi hombro. Un escalofrío nervioso me recorrió.
– Adelante, si tienes un plan quiero escucharlo. –Shane retiró su mano de mi hombro en el momento en que giré la cabeza para mirarle. Tragué saliva y de manera involuntaria mi mirada se desvió hasta Shion, Shane siguió su trayecto y puso cara de entender.
– Bueno, en ese caso Zusuki y Ayane pueden quedarse aquí con Shion –determinó sin siquiera preguntarles.
– ¿Eh, por qué? –exclamó Ayane, como una niña a la que le niegan un permiso de ir a alguna fiesta. – ¿De qué hablarán? Quiero saber.
Shane puso una mano en su hombro y negó con la cabeza. Ayane hizo un puchero y luego volteó la cara, dando a entender que no estaba conforme pero que obedecería. Zusuki no prestó mucha atención pero con un gesto de la mano dio a entender que lo haría. Solo quedaban mis hermanos y Tanoshi.
– Arréglenlo ustedes –dijo Konoha encogiéndose de hombros. Me mordí la lengua mientras observaba su aspecto con el toque cómico que presentaba el delantal que llevaba puesto. – Yo me iré a la cocina de nuevo.
– Listo, vamos. –Shane le hizo una seña a Kuro y empezó a andar hasta el estudio de Tanoshi, mi hermano le siguió en silencio.
–Pero… pero… Shion… –Tanoshi de nuevo trataba de acercase a ella con las manos en posición de garras. – Yo me quiero quedar con mi pequeña…
–Anda Romeo, vámonos –Shane lo tomó del cuello de la camisa y comenzó a arrastrarlo.
Me impresionaba de una manera un tanto perturbadora el modo en que se podía volver una persona responsable y dominante cuando se lo proponía. Sentí una incomodidad en el cuello que traté de eliminar moviendo los hombros.
– ¡No! No, espera. ¡Shion! –Tanoshi se retorcía mientras Shane tiraba de él. Yo iba detrás de ellos con una extraña necesidad de silbar.
También la forma de ser de Tanoshi me resultaba extraña. Usualmente solía ser serio y centrado con algo de perversión dirigida a Shion; el día de hoy parecía más alborotado de lo normal. Entramos a la habitación que Tanoshi usaba como estudio y cerramos la puerta detrás de nosotros. Un ligero escalofrío me recorrió en cuanto me percaté de que era la única mujer ahí. Tanoshi seguía quejándose. Shane trataba de ignorarlo. Kuro solo miraba a la nada.
– De verdad. ¿Tú que tienes? –le pregunté frunciendo el ceño. Me volteó a ver.
– Oh, mi hermanita se preocupa por mí. –hizo ademan con la mano de secarse una lagrima. –Tu hermano se siente feliz, Akemi.
Carraspee un poco para evitar reírme de su ocurrencia. Ahí estaba, mi hermano de siempre; el tipo con el que me peleaba hasta que uno de los dos lloraba. El tipo a le que lanzaba los bloques de madera cuando el derribaba las torres que yo construía. Probablemente recibimos más heridas por nuestras partes que por algún accidente propio de la niñez. ¿Acaso no éramos unos hermanos excelentes?
– No te ilusiones tanto. Probablemente sea la única chica que se preocupe por ti en mucho tempo –dije de manera aparentemente seria–Claro, aparte de nuestra madre.
Me sonrió y froto mi cabeza de una manera un poco brusca, justo como hacía cuando éramos pequeños. Esbocé una pequeña sonrisa, aliviada.
–No te preocupes. Solo son varias noches con los juegos –me dijo, tranquilo. Asentí con la cabeza.
–Bueno. –Tanoshi dejó por fin de sollozar y me miró cruzándose de brazos. – ¿Qué es lo que pasa?
Tragué saliva y tosí antes de empezar a hablar.
– Es referente a lo de esta tarde, hay algo que me tiene pensado…–del bolsillo interior de mi chaqueta saqué un grupo de fotografías y datos y los puse sobre la mesa.
– ¿De… de donde sacaste eso? –me preguntó Tanoshi con los ojos desorbitados. Me encogí de hombros.
– Investigación… –con un dedo me di unos golpecitos en la muñeca, imitando un reloj. No hizo falta más explicación que esa.
– ¿Qué es lo que te preocupa?–Me preguntó Shane con los brazos cruzados.
– No es tu culpa, sea lo que sea –se apresuró a decir Kuro antes de que yo dijera algo.
– Lo que me da vueltas en la cabeza es el hecho de que sabían quiénes éramos –enfoqué la vista en los papeles sobre la mesa. –Al parecer llevaban tiempo investigando.
–Ahora que lo mencionas, también dijeron algo sobre que fueron contratados. –Kuro inclinó la cabeza.
Asentí en silencio. Los presentes tomaron algunos papeles cada uno y les dieron una ojeada. El torrente de mis pensamientos se puso en marcha. Sujeté con una mano mi bufanda.
Siete miembros de una banda pandillera fueron contratados por una persona, seguramente de influencia o de dinero, para secuestrar, al menos, a cinco de nosotros. Motivo, desconocido. Era un 70% posible que no solo fuéramos nosotros cinco. Eso podía reducir un poco la lista de los motivos.
Por un momento cruzó de manera fugaz por mi mente la idea de que los "ojos" que poseíamos Zusuki y yo fueran el objetivo principal de ese ataque. Tal vez supieran de ellos por algún contacto anterior con "aquel" mundo. Tal vez creyeran que los demás también los tenían. Tal vez pensaran que podían explotarlos.
Tal vez, tal vez… ¿¡Es que esas son las únicas palabras que conocía!? Tal vez. Nada era seguro, solamente suposiciones. Una incertidumbre que pendía sobre nuestras cabezas como un piano en las películas de comedia antiguas. Solo eso. Por un momento creí que gritaría por la frustración.
– Oye –Tanoshi me sacó del torrente tan de golpe que casi dejé de respirar, como si me hubieran golpeado en el estomago. Había puesto su mano en mi hombro y miraba atentamente una pequeña nota que no rebasaba las 10 líneas de escritura. – ¿Por qué esto es tan corto?
Le eche un vistazo rápido a la información. Hablaba sobre un supuesto ataque terrorista a unos almacenes de medicina de una afamada compañía. Según decían testigos oculares, se trataba de un par de adolecentes idénticos. Miré a Tanoshi y alce una ceja.
– En realidad, consideré que era mayormente irrelevante. –me encogí de hombros.
– ¿Entonces por qué lo añadiste? –me preguntó Shane acercándose.
– Por esto. –señalé una sección resaltada con marcador. Uno de nuestros atacantes era el testigo ocular que mencionaba a los chicos. – Y esto.
Ahora mi señal se dirigió a otra parte de la testificación. "Tenían ambos cabello negro. La chica poseía unos inquietantes ojos rojos, como de serpiente." Ponía.
– Eh, como los tuyos –mencionó Kuro. Lo fulminé con la mirada y el solo sonrió.
–Puede que solo sea una suposición propia de una paranoia, pero tal vez… –me detuve en seco y mordisquee mi labio. Otra vez esas palabras. – pero es posible que el objetivo principal sea eso.
– Crees que ellos piensan que todos tenemos esos ojos. –Tanoshi lo dijo mas como una afirmación que como pregunta. Asentí con la cabeza, dándole la razón.
– Y yo que creía que este verano sería aburrido…
Tragué saliva y puse los papeles de nuevo en orden para evitar el impulso de soltar un puñetazo en la mandíbula de mi hermano. Una ligera y sana irritación invadió mi pecho garganta produciendo una pequeña calidez.
Aquel verano podía tener muchos adjetivos. Lluvioso, extraño, peligroso, normal… Pero al menos en la lista que yo llevaba de manera mental no estaba la palabra "divertido". Mucho menos después de aquel altercado. Por un pequeño instante una mancha de memorias nubló mi vista. Sin éxito traté de aferrarlas con fuerza.
Durante un rato nos vimos aprisionados por un silencio aplastante y sofocante. Ni siquiera una mosca se atrevía a interrumpir aquella calma sepulcral. Podía no ser divertido pero…
…Aquel iba a ser un verano muy largo…
AYANE[1]
El monótono reloj que había en la pared repetía a ritmo constante los segundos; tic-tac, tic-tac… Shion terminó de trenzar un último arreglo de flores y se lo entregó a Zusuki para que lo pusiera sobre una cesta. Zusuki, con el mentón apoyado en una mano clavó la vista de tono carmesí en el arreglo y este se elevó hasta llegar a la cima de una pequeña pila. Apenas hubo entrado en contacto con sus semejantes mi autocontrol se desmoronó.
– ¡AH! ¡¿Por qué ellos se fueron y nos dejaron aquí?! –levanté los brazos y luego los dejé caer a mis costados, frustrada. Hice un mohín de enfado.
–Ayane, cariño, calma. –me dijo Zusuki señalando a Shion con un gesto de la cabeza. –Sabes bien el porqué.
Yo también miré a Shion e inflé una mejilla, pensativa. Por supuesto que sabía por qué Shion y al menos una de nosotras nos habíamos quedado fuera de la conversación. Solté el aire y bajé la mirada.
Con ya quince años de edad, Shion tenía una salud mental bastante frágil, eso acarreaba también ciertas complicaciones físicas. De haber estado nuestra amiga presente en la conversación probablemente el miedo, las preocupaciones y demás hubieran provocado un ataque de pánico extremo que terminaría en una hiperventilación probablemente mortal.
Fruncí los labios, la sola idea de que eso ocurriera me parecía tan incómoda y alarmante que por un breve atisbo de madurez pensé en dejar el tema.
– Pero, si ese es el caso. ¿Por qué ambas? –aun no me quería dar por vencida.
– ¿Es que no dejas de hacer preguntas? –Zusuki se giró para verme a la cara. Casi podía percibir a sus ojos olivos atravesarme por completo. Siempre era así cuando se ponía seria. –Solo han pensado que así era mejor.
– Pero…
– Eres casi como Beta…[2]–Zusuki negó con la cabeza en un gesto frustrado. Me limité a inclinar la cabeza en gesto acomplejado– Si hay una razón hay una razón y punto. No tienes por qué estar jodiendote las neuronas en algo tan simple.
Suspiré e incliné la cabeza declarando mi rendición. A través de la puerta de la cocina conseguía oír el ruido de cucharas dentro de los sartenes, un delicioso aroma empezaba a hacerme babear.
Me mordí la lengua, un tanto avergonzada. De seguro Konoha había tenido que volver a hacer la comida a causa del desastre que había provocado hacía un rato. Dejé caer los brazos hacia delante y miré al suelo.
– Bueno, al menos sabes de qué morirás… – me dijo Zusuki dando ligeras palmadas en mi espalda. La miré desconcertada y con una expresión deprimente.
– Eso no ayuda…
–Lo sé –Zusuki sonrió como lo habría hecho un gato y yo terminé por dejarme caer al suelo como si un disparo hubiera impactado en mi corazón.
En realidad, casi me pareció oír su débil sonido al quebrarse.
– ¡A…Ayane! –exclamó Shion con tono asustado.
De inmediato me puse de rodillas y sonreí indicándole que todo estaba bien. Zusuki detuvo un cronometro que llevaba en sus manos.
– Wow, nuevo record.
– ¡¿De dónde has sacado eso?!
Zusuki sonrió y agitó el dedo índice en un indicativo negativo. Le miré con los ojos desorbitados. Se rió con más ganas. Inclusive Shion rió por lo bajo.
Finalmente yo reí con fuerza también.
– Hey, ¿Qué está pasando? –Preguntó Konoha entrando a la sala de estar– ¿A quién mataron ahora?
Las tres nos reímos aun más fuerte a causa de ello, mientras que él no miraba confundido; casi como si lo hubiera dicho en serio. Al fin, Konoha terminó por esbozar una sonrisa también. Tardamos un rato en detenerlos.
– A… aunque… hay algo que aun me mantiene inquieta. –mencionó Zusuki con una sonrisa melancólica.
– Y eso es… –comentó Konoha pidiéndole que continuara.
– El maldito complejo de culpa de tu hermana –entrelazando sus manos, Zusuki dedico una larga mirada al chico.
Por un momento se puso rígido y meditó un momento lo que le acababan de decir. Bajó la cabeza como si diese la razón a sus palabras. Al principio yo no entendía mucho.
– ¿Complejo de culpa? –preguntó Shion pasando su mirada de Konoha a Zusuki. – ¿A que se refieren?
– Un complejo de culpa… no, el complejo de culpa de Akemi –comenzó el chico. –Con eso nos queremos referir a la actitud que tiene ella siempre que algo malo o no precisamente bueno nos ocurre. Se cierra casi por completo y se convence de que eso es su culpa, aun cuando no lo sea o no lo sea completamente.
– Pero cuando algo bueno ocurre nunca es su culpa –Zusuki se cruzó de brazos y de piernas en el sillón– Definitivamente es mejor llevar una vida despreocupada…
Tragué saliva y guardé silencio. Como desee que Tanoshi tuviera un perro con el cual pudiera entretenerme y así evitar el silencio incomodo. Shion se dedicó a acomodar los arreglos que había hecho. Zusuki enroscaba uno de sus rizos rubios en su dedo índice. Konoha se quitó el delantal y comenzó doblarlo con paciencia y esmero.
Y aquí, cuatro solo tragaba y tragaba saliva.
Estaba a punto de gritar de frustración y fastidio cuando la puerta del estudio se abrió. Akemi, Tanoshi, mi hermano y Kuro salieron con las cabezas gachas y varios papeles en las manos. Tragar saliva se volvió un poco más difícil cuando mi mirada se cruzó con la de Kuro, el nudo en mi garganta me lo impidió.
Me sonrió y levantó una mano como saludo, le devolví el saludo con timidez. Tanoshi se dio cuenta de eso y mostró la misma sonrisa de gato que había hecho Zusuki hacia un rato. Fingí toser y desvié la mirada. Kuro se rascó la nuca.
– Y bien, ¿llegaron a algo? –preguntó Zusuki.
–Más o menos… –dijo Akemi por lo bajo.
– Bueno, humanos, y ya me marcho –Tanoshi tomó un juego de llaves, las metió en el bolsillo de sus pantalones y se estiró– Por favor cierren la puerta cuando salgan.
– ¿Eh? ¿Y tú a dónde vas? –preguntó Kuro, sorprendido.
– Bueno, mientras ustedes "estudian" en ese sitio de mala muerte que llaman escuela… –recaló la palabra escuela haciendo comillas con sus manos–…yo debo trabajar para mantener este sitio. Incluso en verano. Así que, me despido.
– Hmm, gracias por tu trabajo el día de hoy –dijo Akemi con la vista fija en una hoja. Lo dijo más por cortesía y formalidad que por un sincero agradecimiento. Aunque es probable que me equivoque.
– Recuerda lo que te pedí, X. –dijo Tanoshi en la puerta antes de salir.
– Recibido. Anda, vete que se te hace tarde. –masculló ella levantando un pulgar.
– Hey, tú. –Konoha salió de la cocina con un paquete en manos– no me hagas cocinar en balde.
Con la mano izquierda, Konoha era zurdo, lanzó hábilmente el paquete, el cual cruzó el aire hasta la entrada. Tanoshi lo atrapó con agilidad y le agradeció alzándolo en su mano. Luego se fue de ahí, no sin antes dedicar una sonrisa perversa a Shion. Zusuki lo fulminó con la mirada.
– ¿Alguien más tiene hambre? –preguntó Konoha.
Todos alzamos la mano, incluso Akemi de manera aburrida, aun sin apartar la vista del papel que tenía en las manos.
La mesa de Tanoshi era apenas lo suficientemente grande para que todos cupiéramos cómodamente y aun así Shane terminó comiendo de pie. El lugar que me había tocado estaba justo al lado del de Kuro, así que cuando nuestros hombros se rozaron al momento de sentarnos una ligera descarga eléctrica me recorrió de la cabeza a los pies.
La comida estaba bastante sabrosa y el ambiente era animado, aunque claro, una casi imperceptible sombra deprimente dominaba el lado donde se había sentado Akemi y mi hermano permanecía de pie. Tal vez después de comer pudiese peguntarle sobre qué habían hablado, de seguro no se negaría a decirme.
Comenzaba a suspirar aliviada al momento de la finalización de la comida cuando una frase invadió de terror del tipo "me han atrapado en un defecto".
– Y bien. ¿De qué demonios hablaban con ese dichoso complejo de culpa mío?
Cuando se enfadaba, Akemi podía dar bastante miedo.
[1] Bueno, para hacer un relato un poco más extenso y que se pueda entender más y mejor voy a narrar de vez en cuando desde el punto de vista de otros personajes ya que si todo lo narra Akemi la historia quedaría muy seca. Siempre que narre otro personaje su nombre estará al inicio del fragmento y acabará con este signo: β (beta). Gracias por la atención. ATTE. La Autora. (Ok, muy formal. Aquí la rara de Karime nwn/)
[2] Bueno, aquí se me ocurrió tomar un elemento de la realidad. A Zusuki le gusta en ocasiones llamar a Akemi por su segundo nombre. Esto lo tome de la usser de Zusuki en los roles. Ella sabrá a qué me refiero.
