Capítulo Final UP!! n.n Perdonen la tardanza de una eternidad!! T.T pero gracias a un review muy lindo que recibí hace poco decidí ya darle un fin a esta historia que en su tiempo fué muy importante para mí, muchísimas gracias a todos los que seguían mi historia, me dejaran un review o no, thank you very much!!!
Disfruten del chapter y... nos leeremos pronto! x3
† HAUNTED †
Capítulo Final
Naraku mantuvo los ojos cerrados. No tenía interés en seguir mirando el rostro de Miroku. Por alguna razón sus lágrimas habían comenzado a 'desconcentrarlo'. Cuando volvió a sentirse un poco más cómodo volvió a centrarse en sus embestidas. La presión que sentía en su miembro era tanata debido a la tensión del monje que le ocasionaba dolor. Un dolor completamente bien recibido, por supuesto.
Alzó con ambas manos las piernas del monje, encargándose de abrir una pequeña pero larga herida en una de ellas con su uña.
-"Silencio. No me interesan más tus malditos lloriqueos. No esoy aquí para aguantar esto."- Sus palabras ni siquiera fueron bien entendidas. Hablaba entre jadeos. No importaba. De cualquier modo dudaba que el joven le hiciera caso.
Cuanto dolor para uno, y cuanto placer para el otro…
-"¿Porque.. porque haces esto?" -preguntó con la voz entrecortaba mientras abría sus párpados que dejaron ver unos brillantes y profundos ojos de color azul. La herida reciente que le había hecho Naraku en la pierna ardía intensamente, sentía que sangraba un poco, pero no le dió importancia. Alzó su mano hacia el rostro del Hanyou hasta posarla en la mejilla de éste.
-"¿Porque lo haces?" -volvió a preguntar mientras su otra mano acariciaba los cabellos del mitad demonio. Las lágrimas aun seguían cayendo, pero eran menos de las que había al principio.
Sintiéndose sumamente irritado, Naraku sujetó la mano de Miroku y la retiró lo más rápido que le fué posible. Abrió los ojos y dejó de moverse, manteniendo fija su mirada hacia el monje que por alguna extraña y molesta razón parecía estar calmándose.
-"¡Mis razones no son de tu incumbencia!"
Finalmente el hanyou había perdido la paciencia. No sabía el por qué de su molestia. Deseaba arrancarle su maldita cabeza con esperanzas de dejar ver aquellos ojos que encontraba tan molestamente acusadores. Irónicamente, la razón desconocida que le hacía sentir ésto era la misma que no le permitía hacer algo para que Miroku cerrara sus ojos permanentemente.
Fué por eso que mantuvo su vista fija en él, inclinándose un poco, solo un poco, hacia la mano que sujetaba sus cabellos.
Las lágrimas del joven monje dejaron de caer. -"Estas equivocado... yo quiero saberlo" -dijo en voz baja mientras sonreía. Miroku levantó su cabeza apoyando la mano, que momentos antes había sido rechazada, en el hombro del SemiYoukai. Acerco su rostro a la del Hanyou y unió sus labios presionandolos suavemente.
Un leve sonrojo apareció de pronto en las mejillas del Houshi.
Naraku, sin notarlo, dejó atrás la tensión que le habían ocasionado las palabras del monje. Permitió que el peso de su pecho cayera sobre éste pero de manera suave. Si no fuera por el ceño fruncido del hanyou, uno hasta podría decir que con delicadeza.
No se molestó en profundizar el beso. Dejó que fuera algo sutil y después se separó para mirar el rostro sonrojado del Monje. Una molesta parte de su ser no pudo evitar notar que aquel sonrojo era mil veces mejor que las amargas lágrimas derramadas con anterioridad.
Sus movimientos comenzaron de nuevo. Esta vez más tranquilos y pacíficos. Esta vez sin un total rechazo de parte del joven.
Sintió como el pecho del Hanyou hacía contacto con el suyo, cerro los ojos mientras el rubor se acrecentaba en sus mejillas. Naraku no le había correspondido al beso, pero tampoco lo había rechazado. Al abrir nuevamente sus párpados, encontró la mirada del Semi Youkai sobre el, la timidez y el nerviosismo lo invadieron por completo, abrió los labios para hablar, pero no logró articular palabra alguna.
El Mitad Demonio continuó con lo que había dejado pendiente hace algunos minutos, esta vez, ya no sentía dolor, se había acostumbrado a tenerlo dentro de el, su corazón comenzó a palpitar rápidamente mientras su respiración cada vez se hacía más lenta.
Estiró sus brazos hacia la espalda del Hanyou, para cerrarlos en un cálido abrazo, sus manos acariciando con suavidad la espalda de este, las yemas de sus dedos recorriendo la blanca piel.
Sintió deseos de probar los labios demoniacos una vez mas, pero el temor no se lo permitió. Los largos cabellos ondulados caían por sus cuerpos, como cobijándolos. Entrecerró los ojos mientras una débil sonrisa aparecía en su rostro.
¿En qué momento el monje había comenzado a disfrutar de todo ésto? No lo sabía, pero fuera como fuera, la nueva permisividad del joven inquietaba hasta cierto punto a Naraku. Fue por eso que había optado en dejar de pensar en los motivos de las reacciones de Miroku y a limitarse a disfrutarlas. Ya habría tiempo para lo demás después. Tal vez.
Recibió con mayor entusiasmo del deseado el abrazo de Miroku, inclinándose hacia él, acercándosele lo más que sus cuerpos y sus acciones le permitieran hasta que cubrió una vez más los sonrientes labios del monje marcándolos primero con su lengua, sellándolos después con los suyos propios.
Mientras hacía todo esto, sujetaba las caderas de Miroku y lo impulsaba rítmica y lentamente hacia sí.
Se apretó con fuerza al cuerpo del Hanyou, sus brazos en la espalda de este, desocupó una mano para acariciar esos largos cabellos, tan sedosos, sus dedos enredandose entre ellos.
Profundizó el beso de una manera tierna y hasta inocente, sus mejillas estaban ardiendo, cerró sus ojos para que las sensaciones que tenía se sintieran con más intensidad. Las manos del Semi Youkai tocando su piel, todo su cuerpo bajo el demonio, su corazón palpitando velozmente. Guárdandose sus gemidos dentro de su boca que estaba siendo ocupada por la de Naraku.
Una corriente eléctrica un poco más fuerte que las que había estado recibiendo obligaron a Naraku separar sus labios de los de Miroku. Arqueó la espalda, no demasiado y no por propia decisión, sino porque su cuerpo simplemente se lo había exigido.
A partir de ese momento, las exigencias se hicieron cada vez mayores. Los gemidos del monje, a hora completamente liberados, incitaban a su cuerpo a seguir, aumentando la velocidad de sus movimientos. Recorría torpemente la cintura de Miroku debido a que su vista había comenzado a nublarse. De repente el calor había comenzado a ser hermosamente insoporable.
Miroku había dejado aún lado toda la confución que habitaba en su ser, se dedicaba simplemente a disfrutar de las nuevas sensaciones que el youkai le brindaba. Liberó una de sus manos del cabello de Naraku para poder acariciar su pecho en el momento en que este se habia encorvado para retirar después algunos mechones de cabello que obstruian el paso hacia el cuello del semi-youkai y así poder acceder a este sin dificultad.
Tantas sensaciones y sentimientos mezclados no le permitian detenerse a pensar cada acción antes de realizarla, unicamente se dedicaba a complacer las exigencias que brotaban de su propia condición. Miroku se entretuvo un rato saboreando de aquel cuello que ante su boca resultaba extasiante.
Dando pequeños mordiscos lo suficientemente claros para que el hanyou los sintiera pero sin llegar a hacerle algún daño aunque era frustrante no poder hacerlo para sentir el sabor de su sangre que muchas veces hubiera querido derramar pero que ahora permanecia intacta bajo la piel de Naraku sin que el monje pudiera o quisiera hacer nada.
Una nueva contracción hizo que se detuviera momentaneamente aferradose completa y nuevamente al cuerpo del ser moviendose dentro de si y que un nuevo ardor volviera a parecer en sus mejillas sin preocuparse por disimularlo.
Naraku dejó escapar de sus labios un gemido mucho mas fuerte que los anteriores al sentir como Miroku se abrazaba a su cuerpo.
La castidad ciertamente no algo que hubiera llegado a conocer durante sus 50 años de existencia. Su condición y su poder le habían perimitido aprovecharse de los cuerpos de cuantos humanos quisiera e, incluso, uno que otro hanyou o youkai también habían sido bien recibidos de cuando en cuando.
Aún así ninguna de esas experiencias pasadas le había ocasionado semejantes sensaciones. No es que no hubiera sido antes correspondido en sus acciones ni mucho menos. ¿Sería acaso el rencor que sentía hacia el monje el condimento perfecto para la situación? Con esa idea había entrado a su cabaña esa noche. Sin embargo, el sentirlo tan cerca lo hacía dudar de esta respuesta.
Cualquier control que con anterioridad hubiera supuesto haber tenido desapareció entonces. Hubo una explosión cálida desde lo más profundo de su sentrañas y escupió al aire un largo y grave gemido que fácilmente pudo haber sido confundido por uno de dolor aunque, por supuesto, representaba todo lo contrario.
Abrazado al cuerpo del Hanyou, su respiración sumamente agitada, los ojos de color zafiro ocultos bajo sus párpados.
Se sentía cómodo teniendo tan de cerca al semi Demonio, recibiendo con gusto el calor de su cuerpo. Miroku apoyó su rostro sobre el hombro de Naraku, como un niño que busca sentirse seguro. No sabía el porque, pero se sentía feliz.
-"Naraku ..." - susurró quedamente mientras acariciaba con ternura la espalda del Youkai.
Un último escalofrío recorrió el cuerpo del hanyou al escuchar su nombre.
Cerró los ojos, en parte en cansancio, en parte de confusión. Sujetó con mayor fuerza el cuerpo que tenía debajo de sí. ¿Qué era lo que había ocurrido? No lo sabía aunque, a decir verdad, tampoco quería descubrirlo.
-"¿Sabes? Justo ahora podría matarte."- El susurro fue tan débil que no pareció amenaza.
El Houshi entreabrió sus ojos, tratando de no caer en la inconciencia.
- "¿Y lo vas a hacer? ... ¿vas a matarme? "
Miroku susurro esto en el oido de Naraku al mismo tiempo que colocaba una mano en su nuca deslizandola por los ondulados cabellos y bajaba un poco los labios rozando el cuello del hanyou con su respiración, que poco a poco se hacía más entrecortada.
- "De cualquier forma... tal vez haya decidido esto ya Naraku... desde el instante en que besé tus labios y me deje envolver por la ola de sentimientos que en este momento embriagan mi ser. "
Habló tan claro y sincero que el mismo monje apenas si lo podia creer. Le pesaban los párpados, la vista comenzó a fallarle, el Hanyou se veía difuminado en breves instantes. Pero a pesar del gran cansancio que sentía, hacía todo lo que estaba a su alcance para mantenerse despierto.
Naraku no dijo nada, solo se separó lentamente de Miroku y se recostó a su lado, recorriendo su pecho con la mano derecha.
-"No... no lo haré."- Habló con un tono de sorpresa. Posiblemente ni sus propias cuerdas vocales creyeron los sonidos que fueron forzadas a producir. -"Al menos no hoy. No sé por qué. Pero no lo haré."- Pasó su mano sobre los ojos de Miroku, cerrándolos y luego se incorporó parcialmente para dejar un beso en la mejilla del monje. -"Descansa ahora. Creo que lo necesitas."
Alzó sus brazos atrapando entre ellos al Hanyou antes de que este se levantara. Abrió los labios para hablar pero manteniendo cerrados sus ojos.
-"Cuando estuviste dentro de mí, no sólo poseiste mi cuerpo... también mi alma, mi mente... y mi corazón."
Dijo en casi un susurro al tiempo que estrechaba al Youkai. -"No te vayas, por favor... quedate conmigo." Cayó en la inconciencia después de decirle aquello al Demonio.
Una parte de Naraku quiso reir. Quiso hacer algun comentario cruel que deshiciera todas las esperanzas del monje cuya alma, sabía, había estrujado a sus anchas.
Y no pudo.
Solo mantuvo su mirada fija en el monje, sin pensar en nada en especial; solo mirando con atención cada una de las líneas del cuerpo de Miroku. ¿Quien sabe? Tal vez no volvería a verlas. Al menos no en su total desnudez.
La brisa agitaba suavemente el cabello negro de Miroku. Sobre el pasto descansaba su cuerpo inmóvil. Con su rostro sereno y la respiración pausada. Estaría así durante el tiempo necesario, lo suficiente como para recuperar sus fuerzas. Pero para eso pasaría bastante, bastante tiempo.
Resignado Naraku se puso de pié y colocó su ropa. Miró una ultima vez el rostro sereno del monje y partió de aquel lugar con serenidad.
Al final de cuentas se había salido con la suya pero temía que había tenido que pagar un precio por haberlo hecho. Un precio tal vez mucho más caro que cualquiera que hubiera pensado que tuviera que pagar en su vida.
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Miroku abrió un poco los ojos, el frío que estaba recorriendo su cuerpo desnudo lo había despertado. Es entonces que se dió cuenta de que estaba solo.
Volteó hacia todas direcciones en busca del hanyou, pero Naraku ya no estaba.
Giró su cabeza hacia un lado y vio su ropa a unos centimetros de el, por lo que estiró su brazo tratando de alcanzar por lo menos su capa morada, pero era inútil, no tenía las suficientes fuerzas para lograrlo.
Asi que soltando un suspiro, cerró de nuevo sus párpados y cayó profundamente dormido.
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La noche estaba terminando y Naraku entró a su habitación sintiéndose derrotado. Ese era un sentimiento que aborrecía, pero tal vez después pudiera hacer algo al respecto.
Por ahora dormiría. Tal vez más tarde se encargaría de hacer otro tipo de cosas más interesantes para olvidar su recién encuentro con el monje.
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Estaba agotado, muy cansado. No sólo fisicamente, sino que también su alma.
Entró a su cabaña y se dejó caer al suelo, deslizándose en la pared. Estando sentado dejó a un lado su Shakujou, su mirada estaba perdida en algún punto del lugar.
Soltó un suspiro y cerró los ojos. Su respiración era algo irregilar pero pronto se estabilizó.
¿Que hacer ahora?
FIN
