!Hola a todos!

Disculpen por haber dejado sin publicaciones a este fic por tanto tiempo. No lo voy a dejar inconcluso, tenganlo por seguro. Gracias por ser tan pacientes.

Muchas gracias a todas y cada una de las personas que leen mis fics, que comentan y lo han puesto en sus historias favoritas. Es muy agradable saber que lo que escribo les agrada.

Bueno, sin mas, espero que esta nueva entrega de 10 maneras de besar a Yamato les guste. Enjoy!


Capitulo 4

¿Qué somos?

Un nuevo día en Odaiba. Desde lo lejos se podía ver a tres figuras caminar juntas por la acera, una pelirroja, una muchacha castaña y un muchacho con una cabellera un poco peculiar.

-No puedo creer que ni siquiera me habías contado que te gustaba Yamato- dijo Taichi mientras movía exageradamente las manos. –He tenido que verlos prácticamente comiéndose la cara en el parque anoche.

-Shhh, no grites que todos te van a escuchar- trató de hacerlo callar la pelirroja, quien se había vuelto el tema principal de la conversación de esa mañana. Desde que Tai abrió su bocaza apenas la fue a buscar a su casa para irse juntos al colegio como era costumbre, no había parado de bombardearla con preguntas sobre ella y Yamato. Además que su amiga Mimi no ayudaba mucho, ya que al ser una de las cotillas más grandes de la secundaria no quería perderse ni un solo detalle de la situación de su amiga. – Y ni siquiera nos viste Taichi, tú estas exagerando.

-¿Entonces me vas a decir que no es verdad?- dijo el moreno mirando directamente a la pelirroja a los ojos.

La chica se ruborizo a más no poder. ¿Qué se supone que debía decirle a sus amigos? ¿Qué estaba saliendo con Yamato? ¿Cómo podía decir eso si ni siquiera ella misma lo sabía? ¿Y si el muchacho se enojaba con ella por hablar de esas intimidades con sus amigos, cuando no habían conversado sobre que iban a hacer al respecto?

La pelirroja había pasado en vela toda la noche pensando en esto. El beso con Yamato había sido genial. Mentiría si dijera que nunca había pensado en como sería besar al rubio. Ahora que lo sabía, sentía que su imaginación se había quedado corta. Había sido mejor, mucho mejor que lo que había soñado, incluso mejor que los besos fallidos que habían tenido.

Mientras estaba acostada en su cama y recordaba lo maravilloso de haber pasado unos cuantos minutos con el rubio en ese parque, la chica no se dejaba de preguntar: ¿Qué eran ellos ahora? ¿Seguían siendo amigos? ¿Se suponía que eran novios? ¿O que estaban saliendo? ¿Cuál era ese término que usaban los chicos de su salón, un "free"? No eso no. Yamato era un chico muy respetuoso como para salir con una chica solo para pasar el momento. Entonces la pelirroja regresaba a la pregunta original. ¿Qué eran ellos?

Todas esas preguntas hicieron que no pudiera dormir bien en la noche. Y ahora con sus amigos pidiendo que les contara si Yamato y ella eran pareja, la chica simplemente no sabía que contestarles.

-La verdad no lo sé- dijo la pelirroja. Y con esto se dio la vuelta y entró al edificio del instituto sin más.


Un rubio se despertó por los rayos del sol que entraban por la ventana de su habitación. Bostezó alzando sus brazos mientras se estiraba. No había dormido tan bien en mucho tiempo. Se sentía relajado y por alguna extraña razón se sentía muy feliz.

Se dio la vuelta aún acostado en su cama y su mirada se clavó en el reloj despertador. Los ojos del chico se abrieron de par en par cuando vio la hora que marcaba el aparato. ¡Le quedaban apenas diez minutos para llegar al instituto o le pondría un reporte por atraso nuevamente!

El muchacho se levantó de golpe y corrió al armario buscando su uniforme. Vacío. No tenía uniformes limpios. Había olvidado llevarlos a la lavandería el día anterior.

Trató de recordar por qué no lo había hecho cuando memorias de la noche pasada llegaron a su cabeza. Había salido a pasear al parque que tanto le gustaba y se había encontrado con Sora. Le había visto en los columpios, tan delicada y hermosa que no pudo contenerse, le había dicho que le gustaba y se habían besado.

Una gran sonrisa apareció en los labios del muchacho. Si su amigo Taichi lo viera así probablemente le diría que estaba sonriendo como un tonto, pero no le hubiera importado. Ahora entendía por qué había despertado de tan buen humor esa mañana. Al fin le pudo confesar a Sora lo mucho que la quería.

Y ella también le había dicho que lo quería. La vida no podía ser mejor. Incluso no le disgustó tener que ponerse la misma camisa y pantalones del día anterior, que tuvo que sacar del cesto de la ropa sucia.

Salió de la habitación y se dirigió a la cocina solo para tomar una de las manzanas que estaban sobre el mezón y corrió a la puerta del departamento. Hoy más que nunca no podía darse el lujo de llegar tarde al instituto. Quería ver a Sora durante todos los minutos del día.

Lamentablemente aunque corrió como un desquiciado por las calles de Odaiba y todas las personas lo quedaron mirando como si de un loco se tratara, no logró llegar antes de que la campana dejara de sonar, y para colmo el maestro que hacia la inspección en la entrada del instituto era nada más y nada menos que el maestro Tanaka.

-Señor Ishida, veo que llega tarde nuevamente. – dijo el profesor con cierta malicia- Por favor, sea tan amable de acompañarme a la dirección para que firme su reporte por atraso. No hace falta decirle que la tercera vez que se le da un reporte significa que pasará la primera hora de clases y el receso en detención.

-Pero señor, al muchacho que llegó un segundo antes que yo lo ha dejado entrar sin un reporte- trató de refutar el rubio.

-Él llegó antes de que la campana dejara de sonar, usted no. Así que por favor sígame.

El muchacho maldijo por lo bajo. Ese señor uno de estos días iba a hacerlo enojar tanto que probablemente lo insultaría y ahí si que se ganaría un reporte muy largo.

Resignado a pasar nuevamente el receso en el salón de detención, el chico caminó arrastrando los pies, mientras que recordaba tristemente que sin receso y la clase de historia sus oportunidades de ver a Sora en el instituto se reducían a cero en ese día.


La pelirroja movía nerviosamente su lápiz mientras que su mirada se quedó fija en una banca del salón que aun estaba vacía. El pupitre de Yamato.

¿Por qué no estaba en clases? ¿Le había pasado algo malo? ¿Es que él no quería verla a la cara después del beso de la otra noche?

La chica empezó a formularse un sinnúmero de preguntas en su cabeza sobre por qué el rubio no estaba en la clase de historia, lo que hacía que se sintiera más nerviosa si era posible. Sentía como si su estómago estaba hecho un nudo, se estaba empezando a marear. No podía ser que Yamato no quisiera verla, eso era imposible. Él había dicho que la quería, eso tenía que significar algo, ¿no es cierto?

Entonces ¿por qué no la había ido a buscar en la mañana? ¿O el esperaba que ella lo fuera a buscar?

La muchacha golpeó su cabeza contra el escritorio repetidas veces. Nadie le había dicho que esto de que te gustara un chico y tú le gustaras fuera tan complicado. Tenía que haberle preguntado a Yamato si ellos iban a empezar a salir o haberle preguntado algo que le hubiera dado cierta idea de donde se encontraba su relación en ese momento, porque ella estaba segura de que no podría volver a ser simplemente la amiga de Yamato después de lo que había pasado. Pero ahora, por no haber espabilado antes estaba sentada en un salón de clases sin la mas mínima idea de que era lo que la maestra estaba diciendo, con una angustia increíble y a punto de romper su lápiz de lo fuerte que lo estaba apretando.

-Pss, Sora. ¿Oye te sientes bien? –susurró su amigo Taichi que se sentaba un puesto detrás de ella. –Creo que deberías ir a la enfermería.

-Estoy bien. No te preocupes, no es nada. –dijo la chica tratando de convencer a su amigo y mas que nada de convencerse a ella misma.

-Okey. Pero si esto es sobre Yamato probablemente se ha quedado dormido y por eso no ha llegado a la primera hora de clase. Él está bien.

Para ser despistado la mayoría de veces, el moreno había acertado. Al escuchar a su amigo decir esto la pelirroja se tranquilizó lo suficiente para poder poner la suficiente atención a la clase que estaba por terminar.

La siguiente hora de clases inició y aun no había rastro del rubio. Sora intentó poner esos pensamientos sobre que Yamato no quisiera verla en el fondo de su mente para así no seguir con esa sensación desagradable de angustia en su estómago.

La muchacha intentó poner atención a la aburrida clase de química pero sus pensamientos siempre terminaban enfocados en el muchacho. La pelirroja solo sacudía su cabeza y revisaba su reloj para verificar cuantos minutos faltaban para que el receso iniciara. Por lo menos ahí podría ver a Yamato y hablar con él.


Yamato golpeteaba su pie contra el piso en una muestra clara de nerviosismo. ¿Cuánto más faltaba para que el receso se terminara?

Tenía planeado salir corriendo de ese salón apenas sonara la campana e iría a ver a Sora. No había hablado con ella en todo el día. Y tal vez era loco decirlo, pero ya se sentía desesperado por no haberla podido siquiera saludar o simplemente haberla visto por un pequeño momento.

Claro que cuando fijó su vista en su reloj se dio cuenta que apenas habían pasado dos minutos desde que el receso había comenzado, lo que quería decir que aun le esperaban 28 minutos de tortura.

El chico se recostó en el pupitre para ver si el tiempo pasaba más rápido, y escuchó que la puerta se abría. Tal vez era el profesor Tanaka que lo venía a sacar y pedirle disculpas por lo desgraciado que se había portado. Claro, siempre era bueno soñar.

El rubio se volteó para ver quien había entrado cuando una muchacho de primer año apareció en la puerta.

- ¿Yamato tú que haces aquí?- pregunto Mimi mientras se sentaba en el escritorio al lado del rubio.

-¿Tú que haces aquí?

- La maestra de educación física se ha molestado conmigo porque me he sentado en las gradas del estadio a pintarme las uñas, ¿que amargada no es cierto? Apuesto que ella quisiera tener las uñas tan lindas como las mías. Bueno, por eso estoy aquí. ¡Pero ahora si me debes contar por que rayos te has estado escondiendo de Sora durante toda la mañana!

La castaña podía cambiar de humor muy rápido. Primero estaba hablando sobre barniz de uñas y después te dedica una mirada asesina y te dice que te has estado escondiendo…

-Espera, ¿Qué?- el muchacho se quedó mirando fijamente a Mimi intentando entender lo que la chica había dicho.

- No puedo creer después de que te he ayudado a que le metas a mano a mi mejor amiga en ese armario es así como me lo pagas, haciéndote el desentendido después de que le dices que te gusta. ¡Agradece que no puedo golpearte en este momento porque tengo las uñas recién pintadas!

El chico no podía creer lo que estaba diciendo la castaña. Primero que pensar en meterle mano a Sora hizo que se le subieran los colores al rostro cual semáforo rojo, y después que le digan que él se ha estado escondiendo de Sora, de SU Sora. Eso si que estaba muy mal.

- ¿Mimi se puede saber quien te ha dicho que me he estado escondiendo? Para que sepas el maldito profesor Tanaka me dio detención por llegar tarde y me ha tenido encerrado la mayor parte del día en este salón. Si no hubiera sido así probablemente hubiera estado con Sora haciendo otras cosas.

Apenas la ultima palabra salió de la boca de Yamato, el muchacho volvió a ponerse rojo hasta las orejas. Además que después de decir esto todas las personas en el salón se voltearon a verlo, tornándose su cara en una nueva gama de escarlata por la vergüenza que sentía en ese momento.

-Quiero decir que hubiera pasado todo el tiempo libre con ella- trató de corregir el muchacho.

- Está bien, Yamato. No sabía que tú y Sora ya hacían esas cosas.- le dijo la castaña para seguir mortificando al rubio.

- Ehhh…que no.- el chico carraspeó un poco y volvió a hablar. –¿Pero por qué me has dicho que me estoy escondiendo?

-Bueno como nadie sabía que te había pasado, Sora ha llegado a la conclusión de que no querías verla.

- ¿QUEEE?- gritó el chico angustiado. ¿Qué él no quería ver a Sora? Pero si no había querido hacer nada más que estar con ella desde que se levantó por la mañana.

-¿Pero como rayos se le ha ocurrido eso?- dijo el chico con un tono entre enojo y preocupación.

- Ay Yamato, se ve que no entiendes nada de las mujeres. Nunca le dijiste nada oficialmente.

-¿Qué me estás diciendo? –volvió a preguntar el muchacho, esta vez más angustiado. No podía ser que había metido la pata con Sora. – Pero si hasta le he dicho que la quiero- dijo el rubio agachando la cabeza tratando de que Mimi no lo escuchara. Lástima que su amiga tenia oído extrasensorial para estos asuntos.

- Aww, le has dicho que la quieres. Eso es tan lindo.- Mimi empezó a hablar a mil por hora sobre como el rubio y la pelirroja eran la pareja perfecta y un millar de cosas mas que el muchacho no pudo entender por lo rápido que la castaña estaba hablando. – ¿Pero le has dicho que quieres salir con ella?- de pronto preguntó la muchacha parando abruptamente su monólogo.

El chico se la quedó mirando con cara de ¿es que eso no es obvio?

- ¿Se lo has dicho o no? –volvió a insistir la chica mientras le dedicaba al rubio una mirada de acusación.

- Que la he besado y le he dicho que la quiero – contestó el muchacho. Al encontrarse con la mirada de asombro de Mimi el chico volvió a preguntar. - ¿No se supone que con eso somos novios?

-Yamato pareciera que no conoces a Sora. Tú sabes lo tradicional y a veces, que me disculpe por lo que voy a decir, pero lo despistada que puede ser en este sentido. Probablemente ha estado esperando una proposición formal de tu parte, y como no la tuvo piensa que tú te la has querido sacar de encima.

- ¡Yo nunca haría eso! He querido que Sora sea mi novia desde que tengo 12 años.

-Entonces ya sabes lo que tienes que hacer- le terminó diciendo la chica mientras le daba al rubio unas palmaditas en la espalda.


Oficialmente la jornada de estudio había terminado y la pelirroja caminaba despacio hacia su casillero para recoger los libros que debía llevar a casa.

No podía creer que no había visto a Yamato ni una sola vez durante todo el día. Por mas que lo había buscado por todo el instituto en los pocos minutos que tenía libre entre cada hora de clase, no había rastro de él.

Y cuando Sora estuvo a punto de ponerse a llorar y fue a buscar a su amiga Mimi, esta le había dicho que no tenía por qué ponerse así, que Yamato seguramente tenía una buena razón para no aparecer y que debía estar feliz porque probablemente tuviera una sorpresa al final del día.

Mimi decía cosas raras muchas veces, pero hablar con su amiga le ayudó. Gracias a que pudo desahogarse con alguien pudo terminar el día de clase sin desesperarse ni volverse loca. Siempre podría ver a Yamato al día siguiente o se sentaría al lado del teléfono durante toda la tarde para ver si el chico la llamaba a su casa.

La pelirroja se agachó y comenzó a poner sus libros en la maleta. De repente sintió como alguien la jalaba del brazo dándole apenas tiempo para que pudiera recoger su mochila.

-¡Mimi tienes que dejar de jalarme así cada vez que quieres que vaya a algún lado!- gritó la pelirroja mientras su amiga la hacía correr hacia el patio de la escuela.

- ¡Camina mas rápido Sora! ¡Y ya no hables!- decía la pelirroja mientras prácticamente arrastraba a su amiga por el pasillo.

Las dos muchachas atravesaron la puerta que daba al patio del instituto. Cuando la pelirroja pudo recuperar la respiración luego de que su amiga la hizo correr un maratón, alzó la vista y se quedó estática.

En frente de ella, debajo del árbol de sakura que caracterizaba a su colegio, estaba Yamato con una tímida sonrisa en sus labios.

La mirada que el muchacho le dedicó en ese momento hizo que se derritiera por dentro y se ruborizara a mil, olvidando así la razón de por qué se había sentido tan angustiada en la mañana.

Mimi aprovechó y le dio un empujón a su amiga, literalmente, haciendo que esta se acercara más a Yamato, para luego dejarlos solos.

La pelirroja miro atrás y se dio cuenta que la castaña se había ido, así que se volteo, tomó un poco de aire y caminó hacia el rubio.

No podía negar que nuevamente se sentía nerviosa. Mientras caminaba sentía como le temblaban las piernas pero trató de mantener la compostura conforme avanzaba.

El muchacho no se había dado cuenta de que había estado conteniendo el aliento. Cuando vio a Sora caminar hacia él, y la vio así tan inocente y bella, lo hizo sentirse el hombre más feliz del mundo por tenerla. Obviamente si es que ella le decía que sí.

Ambos chicos se quedaron mirando por un momento hasta que el rubio tomó fuerzas y habló.

-Sora, creo que he hecho mal todo esto. Probablemente te has estado preguntando por qué no te he buscado en todo el día y la verdad puede sonar tan estúpida que tal vez ni siquiera me creas.

La chica lo miró nuevamente tratando de entender lo que el muchacho le estaba diciendo.

- He pasado toda la mañana en detención. Otra vez llegué tarde y me he ganado otro reporte. Pero la razón de que no me has visto en el resto del día es porque he estado preparando esto para ti.

De repente el chico sacó de su bolsillo una especie de control remoto y apretó un botón, haciendo que el árbol se iluminara con millares de lucecitas de colores, como las que se usan en la decoración para navidad.

La muchacha se llevó las manos a la boca por la sorpresa. El árbol se veía tan hermoso con la iluminación, y pensar que Yamato había preparado todo esto para ella la hizo sentirse muy feliz. La pelirroja se quedó estática de la emoción.

- No sabía como más decirte que en realidad significas mucho para mí. Yo solo quisiera estar contigo para hacerte por lo menos un poquito de lo feliz que tú me haces a mí.

Al escuchar lo que el muchacho le decía, la pelirroja no pudo contener una lágrimas que corrieron libremente por su mejilla.

El rubio se acercó a ella despacio. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, levantó su rostro y pasó uno de sus pulgares por la mejilla de la chica para limpiar los restos de las lágrimas que quedaban.

La muchacha levantó la vista para encontrarse con esos ojos azules que le encantaban. En ellos se veía toda la sinceridad de las palabras del rubio. La muchacha le sonrió y puso su mano encima de la de Yamato que estaba en su mejilla.

- Yamato Ishida tú eres el mas cursi de la historia.- la muchacha lo dijo de una forma tan dulce y llena de ternura, con una sonrisa tan hermosa que el muchacho tuvo que contenerse para no besarla en ese momento. Tenía que decirlo de una buena vez, antes de que otro malentendido ocurriera.

- Sora Takenouchi, ¿Quieres ser mi novia?

La chica sintió como su respiración se cortó por un momento. Esa era la pregunta que había estado esperando escuchar desde la primera vez que había besado al rubio. Todas las veces que había soñado con ese momento no se comparaban con lo hermoso que habían sonado esas palabras en la boca de Yamato.

La emoción de la chica se reflejó en el beso que le plantó al rubio. Fue tan repentino que casi pierde el equilibrio.

La pelirroja movía sus labios con entusiasmo sobre los del rubio, y este no dudó en sumarse a la tarea. Abrazándola fuerte de la cintura, la atrajo más cerca a él, y la chica gustosa se dejó hacer.

Cada vez que sus labios se rozaban hacía que nunca se quisieran separar. Besarse era como estar en el cielo. El rubio aun no entendía como había dejado pasar tanto tiempo para declarársele a Sora. Sin duda este era el momento más feliz de su vida.

Ambos sonriendo terminaron el beso, no sin que antes Yamato la besara en la mejilla y en la nariz.

- ¿Eso significa un sí?- dijo el chico con una sonrisa de oreja a oreja mientras acariciaba la mejilla de la chica delicadamente.

- Definitivamente es un sí- respondió la pelirroja atrayendo al rubio nuevamente a ella para besarlo dulcemente.

El rubio no podía estar más feliz. Ahora oficialmente era novio de la muchacha que le había quitado el sueño desde que la había besado por primera vez hace exactamente tres años.

La vida no podía ser mejor.


Bueno, que les ha parecido? La he puesto a Sora en el plan paranoico, pobresita. Pero es que traten de recordar como se sentían la primera vez que se pusieron de novios con alguien, siempre causa cierta vergüenza y confusión. Espero que no les haya parecido muy cursi, pero me imaginaba a Yamato en superplan romanticon.

Ya los chicos van creciendo y eso trae nuevas situaciones y nuevas maneras de besarse, a que no adivinan cual es la siguiente? ;)

Espero que les haya gustado y me pueden dejar comentarios sobre este capitulo o lo que piensan que va a pasar. Comenten!

Y siempre muchas gracias por leerme.

Hasta la próxima! Espero que sea muy pronto, tratare de que no pase de un mes :)