Capítulo 04. Rencores.

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Advertencias: Algunas malas palabras. Más insinuaciones yaoi. Un poco más de drama.

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Disclaimer: Esta serie no me pertenece, fue creada por Man of Action y producida por Cartoon Network. Gracias a ustedes por esta espectacular idea, de la cual no espero obtener algún lucro, sólo tomar prestados los personajes para mis locas ideas.

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No podía recordar absolutamente nada después de la discusión en aquella cueva. El techo que veía sobre su cabeza era totalmente desconocido. La madera vieja, descolorida y agrietada le provocó un repentino sentimiento de inseguridad. Intentó moverse pero el entumecimiento de todo su cuerpo le hizo cambiar de opinión. Ladeó su cabeza en busca de Kevin pero no vio más que trastos viejos y telarañas por doquier. Tal vez aquel sitio los aislaba de la nieve que veía caer a través de la ventana, pero permanecer en aquel sitio tan insalubre y acompañado quién sabe de qué tipo de animales, no le gustaba mucho. Arrugó la nariz consciente del polvo que comenzaba a fastidiar su nariz, a medias y con un poco de mareo se incorporó lo suficiente notando lo estrecho de la vivienda. Permaneció quieto escuchando los ruidos de la naturaleza y alguno que pudiera indicarle dónde diablos estaba el pelinegro, sin embargo, ese silencio propio del bosque llegó a exasperarlo. A medida que pasaban las horas sus ojos se sintieron pesados y comenzó a cabecear, no supo en que instante se quedó dormido, pero las imágenes que ahora veía ante sus ojos eran lo suficientemente irreales para razonar que aquello era un sueño.

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La tranquilidad a esa hora del día en Mr. Smoothie le permitía tomarse un merecido descanso de sus tareas y disfrutar de su malteada favorita. Extrañamente estaba muy solo, las pocas personas que departían en el lugar conversaban en un tono bajo, lo suficiente para escuchar murmullos irreconocibles. Junto a él se encontraba su prima, un poco seria, un poco nerviosa, un poco asustada. Estaba haciéndole una confesión que pocas veces la chica se permitía frente a un ser humano. Entonces se dio cuenta que su cabeza intentaba recrear el día en que aquella discusión con Kevin había destruido parcialmente su relación de amistad.

Todo había comenzado de manera absurda al enterarse de la oportunidad de su prima para ingresar a una universidad prestigiosa, una que esperaba con ansias y por la cual se había esforzado mucho. Aunque no eran los mejores en cuanto a comunicarse esa clase de asuntos y proyectos futuros, ella se lo había comentado junto con sus inseguridades. Lo difícil era contarle a Kevin. No sólo tendría que abandonar su casa y marcharse a otro país, eso también significaba mantener una relación amorosa a varios kilómetros de distancia, algo que evidentemente no sonaba muy prometedor. Recordaba los ojos verdes fijos en los suyos esperando alguna reacción o comentario que le ayudara a tomar la decisión. Y aunque en ese momento no le pareció malo entrometerse, al final, su intervención había provocado caos en la vida de los tres.

La cuestión había acabado con su mandíbula casi rota, un Kevin sosteniéndolo muy fuerte por cuello casi cortando su respiración y los gritos de Gwen obligándolos a detenerse. Sí, porque a pesar de adorar a prima, también estaba enamorado del violento de su novio, aunque podía alegar piedad porque su opinión nunca estuvo influenciada por ese último sentimiento, nunca tuvo un mal pensamiento. Sabía todo el esfuerzo que la chica había colocado en sus estudios, y en los años que comentaba lo feliz que sería si accedía a aquella institución, por eso le había aconsejado que se fuera. No por eso podría esperar que Kevin fijara sus ojos en él. Sin embargo, la extremada reacción de agresividad hacia su persona le sorprendió enormemente. Nunca no lo vio venir.

Respondió igual o peor que su amigo, un repentino enojo vencieron cualquier razonamiento prudente o de mantener el control, así que lo mandó a volar lejos de su cuerpo, importándole poco si rompía todo el lugar o lo lastimaba. Porque por la parte contraria, él ya tenía un moretón enorme en su mentón y la sangre goteando proveniente de algún diente roto. Discutieron, se gritaron, culpó a la chica por acusarlo siendo que no fue la única persona de quién recibió consejo. La mirada de odio y la expresión seria de Kevin nunca se borraría de su mente. Era como si lo hubiera traicionado. Y a pesar que quiso detenerse y tratar de hacer las pases, al final, se decidió por callar y huir del lugar sin enfrentarse con un acalorado pelinegro. Gwen lo había seguido pidiéndole perdón, hablándose sobre los acontecimientos pero la calló diciéndole que no le importaba. Que dejara de meterse en su vida como si fuera realmente importante en ella. La odiaba, casi, porque ella había provocado todo, y él era quién salía herido. Lo siguiente fue tedioso así que terminó encerrado en su cuarto encogido entre las sábanas deseando que aquello se acabara de una vez por todas.

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-¿Ben? –la voz de preocupación de Kevin llenó su recuerdo hasta que este se perdió en la oscuridad. De pronto se percató de estar adolorido por la mala posición en la que decidió esperar la llegada del mayor. Los ojos negros lo revisaron detalladamente antes de ayudarlo a recostarse nuevamente en la cama. Permaneció en silencio. Desde su posición, el cuerpo del pelinegro parecía más grande y la expresión de su rostro parecía transformarse de preocupación a una de curiosidad. -¿Estás delirando nuevamente?

Se rió por el comentario. Tal vez era la mejor explicación para todo lo que se le ocurría recordar en aquellos momentos –No. Sólo recordaba, eso es todo –finalizó aún con sus ojos fijos en la reacción del otro.

-¿Recordar?

No respondió. Enfrentar la raíz del problema de convivencia entre los dos era como lanzar mucha sal en una herida abierta. Ni siquiera estaba seguro cómo reaccionaría el otro a sus problemas sentimentales. Los ojos negros continuaban fijos en los suyos esperando una respuesta. Evadió la mirada por milisegundos tratando de calmar el torbellino de emociones que lo embargaban.

-Tengo que ir al baño –contestó como si fuera la cosa más natural y obvia del mundo. Kevin pareció sorprendido por su tono cortante y el brusco cambio de tema.

-¿Seguirás evadiendo esta conversación?

La preguntó flotó en el aire. Ben no se iba a molestar en darle una explicación a ese hecho.

-¿Me vas a ayudar a ir al baño o tendré que ir por mi cuenta? –escupió con molestia enfrentando la expresión tensa del mayor.

De mala gana el pelinegro quitó las sábanas que lo cubrían y tomándolo del brazo lo jaló con fuerza para incorporarlo. El movimiento rápido no favoreció mucho sus sentidos, ahora estaba mareado y con náuseas.

-¡Oye! –arrancó su brazo del violento agarre de su compañero. Por unos segundos se miraron como si estuvieran a punto de matarse a golpes.

-No sé porque me molesto contigo –gruñó con rabia contenida –Eres un caso perdido. Eres igual a tu temperamental prima.

La comparación lo tomó por sorpresa. Y no supo si gritarlo y lanzarse a molerlo a puños o ponerse a llorar por estar siempre a la sombra de Gwen. Permaneció inmóvil conteniendo todo lo que amenazaba con salir de su boca. Kevin notó su estado de turbación porque acarició con cuidado su hombro en señal de empatía.

-Lo siento, eso no era necesario.

Meditó por unos segundos levantó apenas la vista para fijarla en aquellos labios que se movían disculpándose por sus palabras. Entonces, paseando una mano por detrás de la nuca del mayor se lanzó a besarlo. Fue un roce casto sin ninguna mala intención, sólo duró unos segundos. Cuando se separó observó que los ojos negros pasaban de sorprendidos a unos concentrados en algo. No se movió, la sensación de la piel cálida bajo sus dedos y la textura de los cabellos cortos entre sus manos removieron miles de sensaciones sobre su cuerpo y su cabeza. De repente el sentimiento de decepción a pareció a los pocos minutos al no notar ninguna respuesta de aceptación o negación por parte de Kevin. Qué tonterías se le ocurrían, primero se peleaban e insultaban, y luego de buenas a primeras se le antojaba devorarlo.

Dejó caer su brazo para apartarse pero su muñeca fue interceptada y antes que pudiera reaccionar un par de labios se encontraban pegados a su cuello. Jadeó ante el repentino movimiento. La humedad y la calidez de una lengua traviesa saboreando su carne le provocó un estremecimiento involuntario. Luego, los dientes se abrieron paso atravesando su piel, gimió duro tensándose ante el dolor agudo pero no lo detuvo, le permitió que lamiera, succionara y marcara su cuello. Sentando casi sobre el regazo del pelinegro sintió que no sólo él se estaba poniendo duro ante ese simple acto. Cuando pensó que se prolongaría por mucho tiempo más, aquella boca se despegó. Lo arrancó casi de su cuerpo y lo dejó caer sobre la cama. Lo miró nuevamente desde arriba notando que jadeaba y que mantenía cierto brillo de lujuria en sus ojos.

-Deberías descansar –fue lo único que dijo antes de dejarlo tirado hecho una porquería y largarse a desahogarse físicamente con quién sabe qué tipo de fantasías. Permaneció boca arriba recuperando el aliento y maldiciendo miles de veces por la forma tan ambigua en que el ojinegro daba respuesta a sus intenciones.

-Aún tengo que ir al baño, idiota.

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