¡HOLA! Primero: sepan que agradezco sus comentarios ¡Son los mejores!
Segundo: me he pasado un poco de mi límite de palabras, espero que valga la pena :D
Tercero: si desean próximo capítulo, haganmelo saber. Besos y ¡a leer se ha dicho!
Capítulo Tres
El bar de Johanna Mason estaba a reventar de gente. La música rebotaba en las paredes y las suaves luces encandilaban el lugar. La barra estaba trabajando a su máxima capacidad y la festejada bailaba desenfrenadamente con un atractivo hombre en el centro de la pista. – ¡Por la festejada! –gritó un hombre ebrio alzando su vaso.
Peeta Mellark llegó más tarde de lo que hubiera querido. Hubo un problema de último minuto en el restaurante y había tenido que cubrir a Ernesto por unas cuantas horas. Afortunadamente para él, acudía a la fiesta en calidad de invitado, por lo que no importó que llegara a esa hora. Johanna le había contactado para invitarlo, diciéndole que había bromeado sobre contratarlo, pero que si quería regalarle una tarta de cumpleaños no se opondría en absoluto. Esa conversación explicaba la sencilla caja que sostenía entre sus manos.
El chef buscaba a alguien conocido, más específicamente a Katniss, cuando Johanna fue la que lo divisó primero acercándose hasta él – ¡soooy la del cumpleaños, déeejame passsar! –le gritó a un hombre que se topó en su camino. – ¡Sssexy! ¡Qué sooorpresa tan agradable! –volvió a gritar para hacerse escuchar. – ¡Y me hasss traído un obsequio! ¡Eh, Finn! ¡Tengo passstel y no te voy a dar! –gritando le mostró la caja a un hombre apuesto que platicaba con alguien cerca de la barra. Johanna estaba obviamente ebria. – ¡Tú sí que eres elegante! ¡No como eeestosss vividoressss!
Peeta rio brevemente –es lo que me dicen.
-¿Decirte qué? –Preguntó Johanna confundida – ¡Hermossso, por aquíii! –exclamó dirigiéndose esta ocasión a un hombre más alto que el chef.
El hombre delgado y con barba de candado bien recortada se allegó hasta ellos. Tenía toda la pinta de ser una estrella de rock – ¡Maldición, Jo! ¡Te has embriagado sin mí!
-Cállate, Gale. ¿Hasss visto a Katniss? –a la mención de ese nombre, Peeta se enderezó en su sitio expectante.
-Nah. Voy llegando, no quiso que pasara por ella, habrá tenido algo que hacer.
-Imposssible. Me ha jurado que sssí venía. No ha faltado a ninguuuno de mis cumpleaños desssde que nos conocemos –descartó la cumpleañera. –Llévame a bailar, herrrmosso. Tú, sosteeenme esto –le indicó a la primera que se encontró.
Peeta los miró alejarse, olvidándose por completo de él. Poco acostumbrado a estos ambientes de bailes y alcohol desenfrenado, se dirigió al único lugar donde podría conseguir algo para entretenerse un rato –dame una cerveza oscura–pidió a uno de los barman.
-Pensé que únicamente beberías vino –le dijeron a su espalda.
-¡Hey! –Se sobresaltó – ¿Siempre eres tan sigilosa? –comentó con ligereza, pero sonriendo al toparse con la mismísima Katniss Everdeen. La joven se encogió de hombros indiferente – ¿Por qué pensarías que solo bebo vino?
-En una revista decía que los chefs lo hacen.
-Seguramente no participé en sus encuestas ¿Te pido algo? –se ofreció de inmediato con su mejor sonrisa. Peeta aprovechó para admirarla en ese momento. Katniss vestía unos vaqueros sencillos y una bonita blusa de color verde. Era la única vez que recordaba haberla visto con su cabello suelto. Y podía decir que le gustaba y mucho.
La joven se negó. Por todos los cielos, no entendía que la había movido a hablarle al chef en ese momento. Está bien. En realidad si lo sabía: el alcohol, todo era producto del alcohol. –Ya tengo –demostró alzando su copa de Martini a medio tomar. –Bueno –dijo con un tono que indicaba que se iba.
-Espera –el chef reaccionó tomándola de la muñeca.
Katniss se congeló en su sito cuando un hormigueo recorrió su brazo. Era algo que no había sentido en mucho, mucho tiempo. No supo que hacer, no supo que pensar. Ni siquiera era consciente del leve rubor de sus mejillas, aunque de buena gana lo hubiera atribuido al alcohol.
Como no fue rechazado, Peeta pareció animarse y la atrajo suavemente hacia él. Cuando la tuvo suficientemente cerca susurró –baila conmigo.
La cantante sintió como sus piernas temblaban ligeramente –no bailo.
-Entonces salgamos a platicar un rato –pidió el chef anhelante.
Katniss asintió, pero únicamente porque repentinamente hacia muchísimo calor ahí dentro y necesitaba aire fresco desesperadamente para poder respirar.
Peeta abrió una de las puertas de la entrada y le cedió el paso. La siguió de cerca aun no creyendo su buena suerte.
-Hey, Tresh –Katniss saludó al cadenero, que era un hombre moreno y en definitiva, enorme.
-¿Qué hay, doce? –le guiñó un ojo antes de volver a su trabajo.
-¿Doce? –preguntó Peeta con curiosidad.
La vergüenza de Katniss no pasó desapercibida para el chef –es una historia que no pienso compartir.
-Vale. –Concedió Peeta sin presionar –Entonces empecemos por algo más básico. ¿Cuál es tu color favorito?
Katniss lo miró suspicaz – ¿Me estás tomando el pelo?
-¿Qué tiene de malo? Es algo que me gustaría saber.
La joven giró los ojos pero de todos modos contestó –el verde.
-¿Verde neón como el de las luces de ahí arriba? –preguntó señalando el letrero que ponía simplemente 'bar' sobre sus cabezas.
-Ugh, no. Johanna es la que siempre ha tenido pasión por las cosas vulgares –Peeta rio y por alguna desconcertante razón, su risa le resultó agradable –yo prefiero el verde más oscuro.
-Justo como los bosques en casa –complementó Peeta comprendiendo.
Katniss asintió dándose cuenta que era algo que había añorado cuando se mudaron, pero con tantas cosas en mente, simplemente lo había dejado pasar –Sip. –Usualmente no era buena con la gente y hacer amigos se le dificultaba por la misma razón. Sin embargo siempre hay 'peros' y en este caso consistía en que se sentía demasiada cómoda (para su gusto) con este atractivo cocinero de chispeantes ojos azules.
-Debes saber que he traído una tarta para tu amiga… quiero decir, me pareció que te he gustado, ¡perdón! –Gritó queriendo corregir su error –Quise decir que te ha gustado la tarta y bueno, mejor me callo. –Estúpido, estúpido.
Katniss lo miró divertida. Le causaba gracia que el presidente escolar, el que dio el discurso de graduación, se trabara con las palabras. –Si es la caja oscura que vi paseando entre los amigos de Jo, dudo mucho que la vea por la mañana.
-Debí imaginarlo.
-¡Aquíiii edsstán midss perrrsonas favoritaasss! –en ese momento salía Johanna justo a tiempo para vomitar en la acera. El mismo hombre al que le presumió su obsequio la acompañaba.
-¡Joder, Johanna! –Exclamó su acompañante asqueado, entonces se volvió a Katniss – ¡Hey! Aquí está mi cubo de azúcar…
Peeta sintió arder algo dentro de él cuando el hombre se le acercó a la joven con los brazos pronto no comprendía la manía de todos ellos al dirigirse con sobrenombres. –Cubo de azúcar… –murmuró incrédulo.
Si Katniss lo escuchó no dijo nada, sin embargo saludó al de cabello broncíneo con un –no fastidies, Odair.
Finnick la miró fingiéndose herido – ¿Por qué sigues rechazando mi amor?
Katniss bufó – ¿no deberías estar en alguna otra parte?
-¿Quién es él? –preguntó ignorándola completamente. Entonces una sonrisa maliciosa se dibujó en sus labios –no me habías dicho que salías con alguien, cubo de azúcar.
-¡No estamos saliendo! –no había sido su intención gritarlo, por lo que se puso roja de inmediato.
-Peeta Mellark –suprimiendo una sonrisa, se presentó tendiendo la mano.
-Finnick Odair. Ex modelo y representante –dijo con orgullo tomándola –eres el primer galán que le conozco a Katniss. Realmente debes gustarle si está aquí contigo –le guiñó el ojo.
-Estás ebrio, Odair –gruñó la joven lanzando dagas con los ojos a su amigo.
-No he bebido más de dos vasos de Gin Tonic –se defendió Finnick.
-Necesssito otrooo trago –murmuró Johanna recordándoles que estaba ahí.
-Pero si acabas de vomitar, my Darling –dijo Finnick con cariño acercándose a Johanna.
-Porr essso, ia no tengo alcooohol en mi sissstema... ¿Acassso no esss seeexy, Fiiinn? –Dijo soltándose de Finnick para acercarse a Peeta –Kansspit diiice que –murmuró algo inteligible –pero io no le creo… io no le creo –repitió tambaleante.
-Despídete, Jo. Te llevaré a casa –dijo Finnick divertido quitándosela a Peeta de encima.
-¡Nooo! No. Esss mi cumpleañosss. Mejor lléeevame al baño –pidió pensándosela mejor.
-Nos vemos luego. Un gusto, Peeta –se despidió.
-¿Es que ellos dos…? –preguntó Peeta señalando el peculiar par que volvía al bar.
Katniss volvió a dirigirle esa mirada sospechosa –No. Pero si fuera tú, no me emocionaría tan pronto con Johanna –dijo con lo que inequívocamente era un tono molesto –ha dejado a hombres más atractivos que tú por nada.
Peeta se echó a reír con verdaderas ganas. ¿Sería que ella pensaba que él y Johanna? – ¡Oh! ¡Cielos, no! –Exclamó entre risas. –no quiero nada con tu amiga.
-Entonces aléjate de ella si no quieres nada serio –dijo Katniss contradictoria y amenazadoramente al mismo tiempo.
Con una enorme sonrisa Peeta eludió el comentario con otro tópico, diciendo con suave voz – ¿En verdad piensas que soy atractivo? –Se sentía inhibido por la risa. Mareado, pero no por el alcohol, sino por la fragancia de la joven. Su piel le parecía tan tersa y suave…
Katniss estudió sus zapatos con súbito interés –yo… ¿qué? –Odiaba cuando tenía algún desliz de palabras. Lo que más deseaba en ese momento era desaparecer.
Claro que el chef no tenía ningún problema en repetir su pregunta –Que si me encuentras atractivo –se acercó un poco más a ella ¡Era tan bonita abochornada!
-Yo… ¡No voy a contestar a eso! –Exclamó finalmente. ¡Peeta Mellark le estaba coqueteando! Su instinto le gritó que huyera, que se pusiera a salvo, pero su cuerpo no reaccionó, obstinado en permanecer ahí parado.
-¿Porque no quieres o porque te da miedo darme una respuesta?
Katniss fue consciente de que su boca era estudiada. Sintió la garganta seca y humedeció sus labios. –No… yo no… – Juraba que no volvería a alcoholizarse, lo juraba. Aunque por primera vez reparó en las largas y doradas pestañas; en la profundidad de los azules ojos; en lo besable de los labios de Peeta...
¿Hace cuánto tiempo que no besaba a alguien?
La respuesta fue: demasiado.
Peeta comenzó a inclinarse poco a poco sobre ella.
Katniss cerró los ojos instintivamente y entonces…
-¡Catnip!
El tipo que parecía estrella de rock los interrumpió abruptamente.
.
.
¿Quién dice ¡MÁS!?
