La habitación estaba a oscuras mientras las ramas de los árboles se movían violentas y el viento entraba aprovechando que las puertas de cristal yacían descuidadamente abiertas previniendo tal vez de una posible tormenta, pero nada de eso le importaba al joven que miraba la fotografía con decepción y rabia, no lloraba , no la odiaba, no guardaba ningún rencor, simplemente odiaba tener emociones que sabía debía controlar , fue entonces que la rompió.

El muchacho rompió la fotografía creyendo que así aquella acción le traería alguna satisfacción, pero no lo hacía, todo lo contrario se había sentido más frustrado que antes, ojala nunca hubiese ido a verla, era justo como su padre le había dicho que sucedería, ella había fingido no conocerlo.

¡Al diablo! ¡Al diablo con Eleanor!

El joven salió de su habitación dando un portazo, esa noche como todas las noches, la mansión de los Grandchester estaba sola, exceptuando por el servicio, lo cual era igual a un cero de autoridad, podía hacer lo que él quisiera y esta vez no sería la excepción.

Solo cuando el joven se marchó en su flamante corvette rojo, su pequeña vecina se aventuró a averiguar que le acontecía a Terry Grandchester siempre tan alocado, desafiante y guapo.

Sí, porque era muy guapo y eso nadie lo podía negar, pero era de esperarse con el padre que tenía, que prácticamente había visto solo dos veces en su vida, la primera: cuando se mudaron al antiguo vecindario de las mansiones de los más ricos de Chicago precisamente a la casona de a lado y la que había estado en venta por tanto tiempo precisamente a raíz de tener un precio tan exorbitante que era casi una grosería según le había contado su tía Elroy , pero de eso ya hacía muchos años, tantos que ella era prácticamente una cría en ese tiempo, y la segunda: cuando terrys se metió en un problema que parecía lo llevaría a los tribunales y su diplomático y millonario padre Richard Grandchester había tenido que hacer acto de presencia.

Y las revistas.

Tía Elroy siempre leía los cotilleos más jugosos y la sección del jet set siempre había sido su debilidad , no había persona más informada que ella en cuanto a esos menesteres, desde la people hasta la tv guide, aquella mujer lo tenía que saber todo.

Candy se preguntó a donde podría haber ido Terry , seguramente a alguna de esas fiestas a las que ella nunca era invitada, o tal vez simplemente saldría con sus amigos de juerga hasta llegar lo suficiente borracho como para amanecer tirado en el jardín de rosas de su tía Elroy.

Aquel chico tenia suerte de ser muy apuesto y de que sus ancestros también lo fueran, pues la tía Elroy era un ogro la mayoría de las veces, pero por alguna extraña razón con él siempre era todo corazón.

Aunque tal vez no era tan extraño pues lo conocía desde niño cuando se habían mudado y Elroy se encariñaba de maneras muy curiosas.

Entonces dedujo que probablemente no volvería hasta el amanecer, tal vez si revisaba un poquitín aquí y allá….

No era espiar, no, ella no espiaba, solo verificaba que todo anduviera en orden por el vecindario, además él se lo merecía, la última vez el muy cretino se había burlado de sus dotes para ser porrista alegando que necesitaba que se le desarrollaran más los encantos, aquel había sido el final de su sueño con pompones.

Muy suave y sigilosa, Candy trepo hasta el balcón del muchacho, era una tarea ardua pero no muy difícil, ella era la mejor en cuanto a actividades riesgosas, una vez llego al balcón la chica vigilo que no hubiera nadie observándola y se adentró por las puertas de cristal que estaban descuidadamente abiertas, la habitación estaba oscura , la habitación de Terry, habían pasado años de que ella no entrara ahí, Candy prendió la luz más tenue y estudio el lugar queriendo detenerse hasta en el más mínimo detalle, pero no vio mucho.

Era la típica habitación sobria de los ricos: de su mesita de noche ya no estaba la cajita con colchón que guardaba celosamente su antigua pelota de baseball que su padre le había regalado y que Terry siempre le presumía, en vez de eso solo había una lámpara y en la pared junto a la puerta ya no estaba su poster de babe Ruth del que tanto se enorgullecía, solo un triste cuadro con un barco navegando en la tormenta , todo el mobiliario parecía muy caro pero con nada que delatara a la persona que dormía ahí.

Justo cuando pensó que mejor se marchaba algo en el piso la hizo cambiar de opinión, se agacho y recogió lo que parecía era un fotografía rota que por suerte solo lo estaba a la mitad y cuando unió los pedazos pudo comprobar de que se trataba.

No supo si sorprenderse o verlo como algo normal, después de todo los chicos también tenían amores platónicos, aquella fotografía había dado la vuelta por todo el país y era una de las más famosas después de la clásica de Marilyn Monroe con la falda levantada.

Eleanor Baker era la estrella de Hollywood más famosa de la década y probablemente de finales del siglo y que decir de lo hermosa que era, de solo verla la pobre Candy se sentía como un bicho, no era justo que dios les diera más belleza a otros o más inteligencia, pero bueno que esa no era la cuestión, después de ver la foto no pudo evitar leer la dedicatoria que aunque fría y a la vez coqueta , era la típica dedicatoria que las personas famosas escribían a sus fans y a Candy no le cupo duda que Terry era un seguidor más.

Al chico más apuesto y que siempre tendrá mi corazón E. B

¿Qué clase de dedicatoria era esa? era como si la hubiera conocido en un bar y después de flirtear por unos quince minutos ella se hubiese animado a firmar su fotografía.

Candy trato de poder enlazar todas las pistas, aunque no había muchas y más distraída de lo normal no se dio cuenta cuando unos pasos se acercaban más y más y la puerta se abría.

-¿Qué haces tú aquí?

La pequeña rubia se puso pálida, podía fingir demencia o tirarse por el balcón.

Probablemente sería más efectiva la segunda opción.