Atención: Los personajes pertenecen a ChiNoMiko y a Beemoov, solamente la historia es obra de mi imaginación. ¡Espero que les guste!
Lamento haberme atrasado con la publicación, estuve en exámenes y hasta ahora estoy en vacaciones. Intentaré publicar más seguido. No piensen que dejé abandonada la historia porque no va a pasar. ¡Los amo! Gracias por el apoyo.
Capítulo 4
Un gran carruaje se detuvo al frente de la mansión Alrich. Eran pasadas la 1 de la tarde, después de muchos atrasos y preparativos estábamos listos para partir. Dos hombres cargaron mi maleta en el carro que sería nuestro transporte. Llevaba algunas prendas que la señora Margaret había considerado necesarias para este viaje, vestidos, camisones, faldas, entre otras cosas cuyos nombres no conocía. Me encontraba ansiosa, esperando a Lysandro en el umbral de la gran casa. ¿Dónde estaba ese hombre? Desde la llegada del correo se había dedicado a encerrarse en su habitación y de ahí encerrarse en algo parecido a un despacho.
Sin duda alguna la carta había significado algo muy importante para Lysandro, y la idea de que mi acto ''delictivo'' se descubriese me aterraba. ¿Qué pensaría él? ¿Que había abusado de su hospitalidad? ¿Que era una muchacha entrometida y que no conocía la privacidad? Bueno… Sí había abusado de su hospitalidad de una forma o de otra, pero nunca le pedí que me llevara a su casa y me tratara como su invitada. Es más, ¿cómo llegué a esto? Me disponía a realizar un viaje en tierras desconocidas, en una época desconocida y con un hombre que era, prácticamente, un completo extraño para mí. Mis padres se sentirían muy decepcionados de su hija… ¿Cómo llegué aquí, en primer lugar? Tenía cada vez más dudas y menos respuestas.
Me indicaron que subiera primero al carruaje y me pusiera cómoda, cosa que hice sin chistar. Era la primera vez que viajaba en este tipo de transporte, ¿en qué año empezaron a funcionar los automóviles? Un par de minutos después de que me había acomodado en el carruaje la blanca cabellera de Lysandro se asomó por el umbral. Se veía tranquilo. Dio un par de órdenes a los hombres del lugar y se reunió conmigo en el carruaje. Me sonrió ligeramente, como queriendo demostrar que todo se encontraba en orden, pero nuestros ojos no se encontraron.
El viaje fue uno de los momentos más incómodos de mi vida. Cuando llegué por primera vez al Instituto Sweet Amoris pasé muchos momentos incómodos con Castiel. Una vez nos quedamos encerrados en el sótano, recuerdo que mi corazón latía a mil pero los momentos de incómodo silencio estuvieron presentes todo el tiempo. En una ocasión nos topamos en la playa, la conversación fue incómoda pero divertida y con el tiempo llegué a disfrutar mucho. Nada se comparaba con este viaje. Sentía la mirada de Lysandro clavada en mí. Durante todo el viaje me limité a mirar por la ventana, no solo para admirar el hermoso paisaje, libre de cableado eléctrico y las luces de la ciudad, sino que para huir de la penetrante mirada del peliblanco.
Múltiples teorías se empezaron a formar en mi mente.
Teoría número 1: Sospechaba que había tomado la carta.
Teoría número 2: Mi curiosidad lo decepcionó y se estaba planteando si al final sería buena compañera de viaje o no.
Teoría número 3: Planeaba la forma de deshacerse de mí.
Teoría número 4: Estábamos en la Inglaterra Victoriana, lo que cabía la posibilidad de que Lysandro fuera Jack el Destripador. No sabía la fecha exacta de los crímenes del famoso asesino, pero eso no importaba, ¿y si yo era la primera víctima?
Mi mente iba a sobrecalentarse de tantas estupideces que pensaba. Respiré profundo y me dispuse a enfrentarlo. Aparte la mirada de la ventana y lo miré. Una libreta se encontraba apoyada en su regazo, un lápiz se movía con velocidad por la hoja blanca y su cabeza estaba inclinada en dirección al cuaderno. De pronto levantó su rostro y nuestros ojos se encontraron. Verde con amarillo y verde. Mis ojos eran de un tono verde oscuro; Lysandro tenía un ojo color verde claro y el otro amarillo ámbar. Tal vez fuese la luz del sol que entraba por la pequeña ventana o la expresión de sorpresa en el rostro de Lysandro, lo que me permitió ver sus ojos con tanta claridad. Apartamos la mirada al instante. Mis mejillas ardían fuertemente, y tenía la sensación que las de él se encontraban en el mismo estado.
-Lo siento –lo oí murmurar –.Me distraigo dibujando en los viajes.
-Tranquilo –fue todo lo que logré decir. Mis mejillas seguían al rojo vivo. Tuve que reprimir mi curiosidad para no preguntar ''¿qué dibujas?''. Sentía que si lo hacía iba a resultar aún más embarazoso para los dos.
-¿Qué le ha parecido el viaje? ¿Había visitado Oxford con anterioridad? –dijo Lysandro rompiendo el silencio después de un rato.
-No, es mi primera vez aquí –respondí nerviosa, me daba miedo que siguiera con esa misma línea de preguntas, sabía lo que vendría a continuación.
-Perdón mi descortesía, pero, ¿de dónde viene? –preguntó tal y como temía. En otras situaciones respondería fácilmente, pero, ¿era lo correcto? No tenía mucho que perder, solo me limitaría a responder ese tipo de preguntas al límite.
-De Londres –respondí intentando calmarme – ¿Y usted? ¿Toda la vida ha vivido en Oxford? –pregunte como intento para desviar un poco el tema.
-Sí, toda mi vida he vivido aquí, pero eso no significa que no haya conocido otros lugares –respondió sonriente, tal vez recordando alguna buena memoria de la infancia. Me limité a sonreír de vuelta. No sabía que más decir. Lysandro era un hombre de pocas palabras y no quería incomodarlo con una charla innecesaria.
El resto del viaje a Burford transcurrió en silencio. Nos detuvimos en una pequeña posada entrada la noche. Al parecer ese era nuestro destino para pasar la noche. Lysandro me dio la mano para bajar del carruaje, no pude evitar notar que sus manos eran fuertes y firmes, y que la sangre subiera a mis mejillas.
La posada lucia pequeña pero acogedora, luces venían del interior y se podía escuchar un ambiente bastante animado. Lysandro me ofreció su brazo para caminar juntos, cosa que acepté alegremente ya que me sentía extrañamente intimidada por la oscuridad. El chofer del carruaje bajó también y tomó el equipaje de Lysandro y el mío. Antes de llegar a las puertas de la posada esta se abrió, mostrando a un hombre muy nervioso; a penas nos vio agarró a Lysandro por los hombros y lo miró esperanzado.
-¡Gracias al cielo que usted ha llegado! –dijo el hombre caminando con Lysandro hacia las puertas de la posada. Solté el brazo de Lysandro pero seguí a su lado.
-¿Qué es lo que sucede? –inquirió Lysandro mirando al sujeto y luego a mí.
-Su amigo, el señor Staford está fuera de control, ha bebido desde las 5 de la tarde –dijo el hombre desesperado. Las puertas se abrieron de par en par, en vez de un ambiente animado y pacífico ante nosotros estaba un caos. Un grupo de hombres se agrupaban en el centro del lugar. El olor a alcohol reinaba por doquier. Me acerqué más a Lysandro y este pasó un brazo por mis hombros.
-¡ELLA NO ME ENGAÑÓ! –gritó uno de los hombres que se encontraba en el centro, solo pude alcanzar a ver una cabellera negra y una chaqueta café. Varios hombres intentaban sujetar a aquel hombre pero este se resistía con uñas y dientes –. ¡SUELTENME! ¡NO SABEN CON QUIÉN SE ESTÁN METIENDO!
-Con un borracho –dijo en voz muy alta Lysandro. Nunca lo había escuchado levantar la voz de esa manera. Dejó de abrazarme pero tomó mi mano con firmeza. Me condujo hasta el centro de la sala, todas las miradas de los hombres en nosotros. Unos miraban a Lysandro con sorpresa y otros con felicidad, mientras todos me miraban con sorpresa y curiosidad –. Es suficiente Caleb
El hombre se volteó ante la mención de su nombre. Caminó hacia Lysandro y lo miró cara a cara. Era unos centímetros más bajo que Lysandro pero se le plantaba como si tal diferencia no existiese. Me aparté un poco de Lysandro para poder ver mejor al hombre. Mi corazón dio un vuelco al reconocer a aquel hombre. Abracé el brazo de Lysandro involuntariamente. No podía creer lo que veía. Hasta hace 5 minutos estaba segura que había sido transportada mágicamente en el tiempo. Solo yo había despertado en 1869. Nadie más. Menos él.
-¿Castiel…? –lo llamé insegura. No podía ser él. No podía. Sus ojos grises se clavaron en mí. Estaban rojos por el alcohol. Volvió a ver a Lysandro.
-¿Quién es ella? –dijo el hombre mirando a Lysandro con curiosidad. La pregunta me cayó como un balde de agua fría. ¿Quién es ella? Castiel tenía que reconocerme. Castiel era pelirrojo. Castiel hacia bromas. Pero él no era Castiel. Él no podía ser Castiel. ¿Entonces por qué duele tanto pensar que no es él?
-No es el momento para eso Caleb, ¿qué estás haciendo? ¡Todo el lugar es un desastre por tu culpa! –gritó Lysandro. Se veía verdaderamente furioso. Su agarré en mi mano se intensificó.
-¡El señor perfecto ha hablado! –dijo con sorna el hombre llamado Caleb. Su mirada se volvió a posar en mí y sentí como mis piernas flaqueaba –.Veo que has encontrado un reemplazo para Rosalya.
Todo fue muy rápido. Lysandro soltó rápidamente mi mano. Un puño golpeo en la cara a Caleb. Este cayó al piso tocándose la nariz. Lysandro temblaba a mi lado.
-No hables de ninguna dama de esa forma. Nunca –. Dijo Lysandro intentando calmarse. Lo miré sorprendida antes de correr hacia la puerta y salir.
¡Gracias por leer! ¿Qué les va pareciendo la historia? Espero que les este gustando 3 ¡Actualizaré pronto! No olviden dejar un comentario 3 los valoro muchísimo. ¡Los quiero!
