No podía retenerme de contar una segunda parte al capítulo anterior.
Cuando la luz y la esperanza llevan carabina.
Atención.
Edades 21/22
Hikari
Bostezó y clavó la mirada en la pantalla frente a ella, donde el profesor exponía diferentes teoremas de visualización. Le gustaba esa clase. Le gustaba esa universidad. Y tras un año en adecuarse y disfrutar de la libertad que otorgaba estar lejos de la familia y de un hermano atosigador, empezaba a entrarle un bajón de morriña increíble.
Fue gracias al temblor en su bolsillo que despertó.
Sacó el móvil y se ocultó entre los escritorios para leer. El décimo mensaje que Taichi le dedicaba. No importaba la hora que fuera, siempre quería saber qué hacía y le contestara al poco tiempo.
Al principio fue gracioso, incluso un asunto de bromear con Takeru, pero empezaba a crearle muchos problemas durante las clases. Se decidió a ignorarlo lo más que pudiera y que no le causara problemas. Pero cuando eso sucedía, Taichi la llamaba directamente y provocaba más problemas.
—Señorita Yagami, si mi clase le parece tan aburrida como para recurrir al móvil, por favor, salga de mi clase. La invito a hacerlo y traerme un trabajo de cien páginas sobre las diferentes lentes en el mercado y sus usos.
—Sí, señor Lami —aceptó enrojeciendo con los dientes apretados.
Recogió sus cosas y salió. Las dejó en el primer banco que entró y se preparó para mandar un mensaje bien cargado.
Taichi
Yamato no cesaba de reírse en un rincón de la habitación. Se sujetaba en el estómago con ambas manos y se reía de tal modo que hasta las lágrimas se escaparon a su control, mientras que Taichi tenía que taparse un oído y alejarse el móvil para no quedarse sordo.
—¿Qué diablos le ha picado?
—Bueno, por lo que puedo deducir, le han mandado un trabajo interminable por tu culpa. Que te diga estúpido creo que es lo más suave que te mereces.
Taichi frunció el ceño y alternó la mirada de su pareja al móvil.
—Solo me preocupo por ella. No le pido demasiado. Que me conteste cada vez que le escribo no es algo malo.
—¿Cada hora? —cuestionó Yamato enarcando las cejas.
—No es para tanto.
—Taichi, ayer estabas enviando un mensaje mientras lo hacíamos y terminaste haciéndote daño.
Sintió que el cuello le ardía y tragó, rascándose la mejilla.
—No me quedo tranquilo sabiendo que está en ese lugar, con tantos lobos por ahí y…
—Con mi hermano— terminó Yamato suspirando—. Lo que tienes es un problema de atención hermanal. Hasta ahora has estado cuidando de ella y tienes ansiedad por no hacerlo. Me pasó. Pero se pasa. Solo céntrate en otras cosas.
—¿Y en qué? Porque no es lo mismo. Mi hermana es una chica.
—Eso es sexista —recordó Yamato suspirando—. Solo piensa en cómo sería si fueras tú ella y te comportaras tan angustioso hacia ella. Asfixiante.
Yamato no bromeaba.
Taichi por primera vez quedó completamente acallado.
Takeru
Dejó el vaso de plástico sobre la mesa anexa del escritorio justo cuando Hikari empezaba a frotarse el cuello con cansancio. Le sonrió en agradecimiento y dio un sorbo al café. Se inclinó sobre la pantalla y vislumbró la cantidad de palabras y páginas.
—Solo llevo veinte páginas —murmuró cansada—. Lo siento, tenía muchas ganas de ir al cine contigo y sin embargo…
—Y, sin embargo, estoy aquí viendo a quien quería ver más que la película —interrumpió.
Hikari hizo un puchero. Él se lo besó.
—Al menos es de algo que te servirá en el futuro— animó—. Pero es raro que te castiguen. ¿Puedo adivinar?
—No es difícil. ¿Verdad?
Takeru notó su enfado cariñoso.
—Tu hermano.
—Sí. Estaba leyendo su mensaje cuando me pillaron. Las otras veces son simples avisos, pero esta vez sobrepasé la paciencia del profesor. Así que esto es lo que tengo como resultado.
Takeru se frotó el mentón, notando la suave barbita que empezaba a crecer de nuevo.
—¿Qué le has dicho?
—Creo que de todo menos que le quiero —reconoció la chica suspirando con cansancio una vez más—. A veces me enerva un poco. Aunque siempre sea gracioso o encuentre el lado divertido de su caótica preocupación. Pero empieza a causarme problemas que tenga que contestarle cada momento.
—Quizás es que necesita algo —sopesó.
—¿Cómo qué? —cuestionó sorprendida.
—Atención.
Hikari dudó por un momento.
—Con Yamato pasó lo mismo. Cuando se percató de que podía valerme por mí mismo o que quería seguir un ritmo diferente, empezó a tener ciertas dudas y presionarme un poco. Cuando estuvimos viviendo nuestra aventura indiferentemente de ellos, ya sabes lo que pasó con Iori y su charla. Reconozco que fue muy trágico ese momento y delicado, pero nadie sabe lo que vino después. Bueno, tú sí.
Hikari le sonrió cómplice, con esa dulzura suya, esa comprensión especial.
—Vale, quizás sea eso.
—¿Y qué harás? —se interesó tirando de la silla hacia atrás y dejándose caer en la cama—. ¿Hablarás con él?
Hikari hizo girar la silla hasta quedar cara a cara.
—¿Tú qué harías en mi caso?
Takeru esbozó una pícara sonrisa. Hikari comprendió que no podía seguir su consejo y fue un poco triste. Divertirse a costa de su hermano y su novio-cuñado era una de sus aficiones preferidas.
—Por ahora. ¿Qué te parece si te ayudo con el trabajo?
—¿En serio harías eso por mí?
Takeru sonrió como respuesta. Podía disfrutar con Yamato y Taichi, pero Hikari siempre sería su persona favorita y darle atención era una de sus cosas preferidas.
Yamato
Se apoyó contra la pared mientras le veía esperar inquieto en la entrada. Con las manos en los bolsillos, la espalda curvada y los cabellos tan revueltos como siempre. Por un lado, se moría de ganas de ir y besarla. Por otro lado, se merecía lo que le estaba sucediendo.
Taichi era demasiado posesivo con su hermana. Le recordaba a él, desde luego, a sus tiempos con Takeru y su necesidad de querer a su hermano a salvo, de protección asfixiante. Hasta que aprendió a darle alas e inclinar su atención de un modo diferente. Aunque su hermano se hubiera convertido en un diablillo andante.
—Tarda mucho.
—Ten paciencia. Seguro que forma parte de su castigo para ti. Y te lo mereces —añadió.
—O quizás tu hermano…
—¿En la universidad? Mi hermano no es del tipo de un rapidito, colega. Y Hikari no es como tú —añadió—. No va a dejar que la detengan por exposición, ya me entiendes.
Taichi no era de los chicos que se sonrojaban, por eso, cuando ocurría Yamato lo disfrutaba como un niño pequeño con juguetes nuevos.
—Tio, que hablas de mi hermana —soltó, sin embargo, para intentar parecer todo lo entero que le era posible—. Y sigue sin hacerme gracia que tu hermano le meta la lengua en la boca.
—Y otras cosas —añadió esquivando el ademan que hizo hacia él—. Anda, no te sulfures que por ahí llegan.
Taichi desvió la mirada hacia la salida. Hikari y Takeru caminaban codo con codo hacia ellos, tomados de la mano y hablando alegremente. Al verles, sus gestos cambiaron. Takeru le dio una palmada suave en el hombro a Hikari, algo cortés para que Taichi no explotara y después, se acercó hasta él.
Un gesto de cabeza y una palmada en pierna y hombro bastó como gesto de afecto entre ellos. Takeru le guiñó un ojo.
—Hikari no se lo va a poner fácil esta vez. Ha tenido que hacer un trabajo enorme y retrasarse en otras asignaturas. Lleva tres días sin dormir más que dos o tres horas, así que no va a conseguir nada con ojitos de cachorro.
—Oh, mierda. Es lo que trae preparado —bromeó dándole un toque con el hombro.
Ambos hermanos observaron a los otros dos. Que casualmente fueran sus amantes hacía gracioso el asunto.
Les vieron hablar casi por gestos, como Taichi inclinaba la cabeza en disculpa y Hikari apretaba los labios en plan negativo para luego darle una charla. Cuando aquello pareció menguar, Hikari le tomó de la mano y lo guio en dirección a la cafetería.
Yamato iba a seguirles, pero Takeru le detuvo.
—Tranquilo, hermano, que yo te daré la atención que mereces.
Y sonrió, de esa forma que le hacía estremecerse de terror.
Nota de autora:
Takeru es amorsh.
