Primera semana:
La Gata y él despertaron poco antes de la salida del Sol.
"Llegó el gran día, amada Mittens, de mostrarles lo que podemos hacer".
"Es cierto, Bolt de mi vida. Pero ahora debemos despedirnos como más nos gusta, pues en el Templo no tendremos esa oportunidad".
"Por supuesto, Mittens -la besó amorosamente. -Sólo prométeme que no sufrirás mientras no podamos vernos…"
"Lo haré, te lo prometo. Por ti y nuestros hijos, convertiré todas mis tristezas en estrellitas de amor".
A las 7:30, exactamente, Tai estaba llamando a la puerta, esperando a Mittens, a Bolt y al Birmano.
Afuera había mucha niebla… Eso podía tener sus ventajas y sus desventajas.
"¿Qué pasó ayer, al final, en el Centro…?" -Quiso saber Bolt. Pero Tai lo hizo callar con un gesto.
"Hablaremos en el Templo". -Susurró.
A medio camino del Barrio Chino, con la niebla aún bastante densa, Shang-Po de repente detuvo a los otros con su brazo y se adelantó unos metros. A través de la niebla oyeron entonces unos gritos airados y algunos golpes; como cinco minutos después, regresó Shang-Po, con el informe de lo ocurrido.
"Un Inu, esperándonos más adelante… Pero ya no nos molestará".
"Bien, sigamos." -Ordenó Tai.
"Sí… -tembló Bolt. -Podría haber más…"
"De eso, puedes estar seguro". -Respondió Tai.
Sin embargo, al parecer los Inus prefirieron no atacarlos. Los Birmanos y sus dos acompañantes llegaron a la entrada del Barrio Chino, cuyo arco pintado de rojo sobresalía del manto neblinoso.
Entonces llegó el recibimiento.
"Ah, a esto me refería, Bolt, con lo de marchar orgullosamente…"
…Pero la imagen que se había formado el Perro blanco palidecía frente al espectáculo que tenía frente a Mittens y a él.
Siete Japanese Bobtails, sobre otros tantos Ponies, se acercaron luciendo sus armaduras y evidentemente con todas sus armas, para escoltarlos hasta el Templo "Shé hé Lǎohǔ". Con semejante muralla viviente, ningún Inu se atrevería a volver para atacar.
Como bien había dicho Shang-Po el día anterior, cinco llevaban las armaduras del Clan Tokugawa, y los otros dos las del Clan Shimazu.
Sobre las monturas de cuero se veían unas sillas especialmente hechas para Gatos, para que los Bobtails -en este caso- pudieran ir normalmente sobre los Ponies.
Ninguno de los "Siete grandes Guerreros" habló de camino al Templo más que una o dos veces, pero por intermedio de los Birmanos Mittens y Bolt pudieron saber que todos habían insistido, ante Tsé-Kiang, en formar parte de la escolta.
"No se imaginan todavía, tal vez, lo que significa la presencia de los Siete yendo con nosotros, Señorita Mittens y Bolt. Para que tengan una idea, Guerreros como ellos protegían personalmente a los grandes Emperadores".
El Perro esta vez se quedó sin palabras… ¡Él, junto a su Gata, escoltados por semejante guardia de honor!
Pero al pensar mejor en ello, el Perro sonrió durante varios segundos, completamente feliz: ellos estaban protegiendo principalmente a su muy amada Mittens.
Con la niebla que apenas empezaba a disiparse, el Sol levantándose aún desde el horizonte, los carteles en Chino y las solemnes figuras de los Siete Guerreros, se sintió nuevamente como parte de otro mundo poco después de entrar al Barrio.
"¿Viste eso, Mittens? …Uy, mira lo que tienen allí" -Decía cosas como esta una y otra vez.
"La verdad, Bolty… Si viniera siempre a este barrio, para caminar todos los días por la misma calle, de todos modos encontraría cada vez algo nuevo y maravilloso".
Cuando por fin estuvieron dentro del Templo, fueron recibidos en el Salón de la Puerta por el propio Tsé-Kiang. Los Siete intercambiaron con él algunas palabras y se retiraron en silencio.
Bolt no pudo esperar más para hacer la pregunta que perturbaba su mente desde muy temprano.
"¿Y al final qué pasó ayer, en el Centro de Adopciones?"
"Ah… -suspiró Shang-Po. -Fue bastante triste, en lo referido a las víctimas. Los tres Inus que entraron, mataron a seis pobres Gatas. Lo único bueno es que dos de ellos nunca podrán volver a matar (de uno, mi Pudao se encargó muy bien); en otros sectores de la ciudad, los Birmanos logramos evitar otras matanzas".
"Eso ya es algo… -dijo Bolt, triste por las que no habían podido salvarse. -Y… ¿Pudieron averiguar el motivo de todas esas matanzas?"
"No exactamente, Bolt -respondió Tai; el Perro parecía que iba a estallar otra vez por la impaciencia respecto de los resultados. -Pero ya no necesitamos investigar sobre eso. Además, es tan simple como terrible. El único motivo que los hace matar así, es la eliminación".
"¿QUÉ? …No puedo creerlo". -Se horrorizó Bolt.
"¿Quieren hacernos desaparecer de la Tierra, a los Gatos? ¿Están locos?"
"Por desgracia no, Señorita Mittens. Ya vio cómo eligen a sus víctimas. Si logran seguir con eso, en un año la cantidad de Gatos en todo el mundo se habrá reducido en más de mil. Su método, me duele decirlo, es tan simple como efectivo".
"Hasta ahora... -Gruñó Bolt. -Mittens, aunque termine teniendo que encerrarme un año sin poder verte, no descansaré hasta saber todo lo necesario como para acabar con esa organización". -De pronto dijo como inspirado, terminando la frase: "Esta es una promesa que hago sólo para ti, frente a todos los Birmanos del Templo".
"Gracias… -lo abrazó. -Uaaaaauuuu… Bolty, me dejaste impresionadísima, con lo que acabas de decir".
"De nada, princesita. ¿Quieres que empecemos ya con los entrenamientos?"
"Sí, ya es hora. como dijiste en casa".
"Muy bien hablado, Bolt -lo felicitó Shang-Po acercándose a ellos. -Pero desde ahora, para ustedes, no existe el mundo exterior. Como ya saben, nosotros salvaremos a todas las que podamos".
Tsé-Kiang hizo sonar un pequeño gong.
"Bolt, por aquí". -Lo llamó Tai.
"Señorita Mittens, sígame por aquí". -La llamó Li-Kuei.
Ella y el Perro se despidieron con una sonrisa. Li-Kuei la llevó a un sector del patio interior situado hacia poniente.
Allí vio la Gata, algo extrañada, a veinte Gatos alrededor de un área rectangular; cada Birmano tenía una pelota de plástico del tamaño de una naranja.
"En los dos primeros días, Señorita Mittens, deberá esquivar y repeler todos los pelotazos que pueda, en tres sesiones de dos horas por día. ¿Está lista? ¿Puede colocarse en medio del patio?"
"Vaya, parece un juego… Bueno, sí, estoy lista".
"Pero debe concentrarse, y tener cuidado; haga como si en realidad estuvieran lanzándole piedras. Bueno, ¿Podemos empezar, Señorita Mittens? …Tenga cuidado, y recuerde: esquivar y repeler". -Repitió Li-Kuei.
Exactamente el mismo ejercicio inicial lo tuvo Bolt en el sector opuesto del patio, sólo que con pelotas de goma.
Entre sesión y sesión, además, a Mittens le tocó caminar sobre los extremos de unas cañas de bambú; y el Perro tuvo que llevar en cada mano, cruzando el patio, una esfera de piedra; levantando y bajando sus manos alternadamente.
El entrenamiento de la Gata era para que desarrollara el estilo She Quan; el del Perro era el Hu Quan.
"She Quan, Señorita Mittens, es la forma de lucha rápida, hipnotizante y calculada de la Serpiente. Para usted elegimos ese estilo".
"El Hu Quan, Bolt, te hará atacar y defenderte como el Tigre; con sus reflejos, su fuerza y capacidad de inmovilizar a sus víctimas para asestar el golpe final. Es el estilo que elegimos para entrenarte".
Tai se encargaba de supervisar el entrenamiento de Bolt y seguir de cerca su progreso en el Hu Quan. Li-Kuei, con su gran dominio del She Quan, hacía lo mismo con respecto a la Gata.
Los dos primeros días de prácticas llegaron a su fin; el Perro y su esposa pensaron varias veces el uno en el otro en sus respectivas habitaciones, seguros de que el otro estaba haciendo todo muy bien.
En el tercer día de esa semana, durante dos jornadas, Mittens y Bolt entrenaron directamente con Li-Kuei y Tai, practicando en cada caso -siempre por separado- diversos métodos de lucha.
"Así, Señorita Mittens… Brazo derecho más flexionado, con la mano horizontal y a la altura de los ojos; el otro brazo estirado y la mano izquierda en diagonal hacia arriba; mirando siempre al frente; las orejas hacia atrás… La punta de su cola tocando su mano derecha. Muy bien; un poco más agazapada… Eso es. No baje la vista; adelante un poco su pie izquierdo… Listo. Ahora voy a estar frente a usted. Manténgase así y obsérveme bien, así después puede repetir mis movimientos".
De todos los movimientos posibles en cada estilo, tanto ella como el Perro debieron practicar doce; primero, por su cuenta; luego en combates simulados con sus entrenadores, hasta el quinto día.
Ese era uno que al menos Mittens iba a recordar con temor, a pesar de no haber pasado ningún verdadero peligro mortal.
Li-Kuei la condujo a un piso inferior del Templo, diciendo:
"Ahora, Señorita Mittens, intente recordar todo lo que aprendió; pues, como todos los practicantes de She Quan -yo incluido-, va a tener que atravesar esa sala donde unas criaturas van a querer atacarla. Sólo que todas ellas tienen una cinta de goma muy fuerte cerrándoles la boca, así que no sufrirá ninguna mordedura. Lo único que debe hacer, es ir entre ellas observando su forma de amenazar o de atacar, aplicando todas las lecciones de los dos primeros días: esquivar y repeler. Cuando le parezca que está lista, abriré la Puerta de She".
"Siempre lista… -Respondió ella, como para demostrar que nada podía asustarla. Pero al otro lado de la puerta, por supuesto, no había otra cosa que…
"¡Cobras! ¡Cobras y otras Serpientes venenosas!"
"Tranquila, Señorita Mittens; no pueden hacerle nada. Ahora entre allí, y recuerde todo lo aprendido: los doce movimientos, la defensa y el contraataque. ¿Lista, otra vez? La espero del otro lado".
Y Mittens entró, con la puerta cerrándose tras ella.
"Mi amado Bolt… Hijitos… -pensó ella, como si los tuviera a todos delante y pudiera hablarles. -A tu esposa le gustaría encontrarte después de pasar por esto; mamá quiere seguir bien para volver a casa y abrazarlos a todos a la vez…"
Mientras la Gata se agazapaba, mirando en todas direcciones, evitando y rechazando los ataques, el Perro hacía algo parecido en el patio con los Birmanos lanzándole en este caso bolas de billar. Después de varias sesiones así -y unos cuantos golpes que no pudo evitar-, con uno de los suyos consiguió partir en dos una de esas bolas, sintiéndose bastante satisfecho consigo mismo a causa de eso.
Mittens llegó al otro lado del recinto lleno de Cobras, Mambas Verdes y Corales, recibiendo bastantes golpes de sus bocas cerradas… Tuvo que repetir el ejercicio entre cinco y diez veces, pero aunque en su último intento la Gata tampoco había logrado evitar algunos ataques, Li-Kuei consideró que en algo había mejorado ella. Mittens, aliviada por no tener que volver a entrar, caminó con el Birmano hacia el comedor.
"Como le dije hace un rato, Señorita Mittens, los estudiantes de She Quan deben pasar en algún momento entre las Serpientes venenosas… (la Gata oyó un rugido proveniente del patio). -Ah, ese fue uno de nuestros Tigres. Por eso nuestro Templo se llama "Shé hé Lǎohǔ". Serpientes y Tigres; o más bien los estilos de combate inspirados en estas Criaturas. Tai eligió la técnica del Tigre, para su entrenamiento personal".
"¿Y los demás? ¿Y quién está enseñándole a mi Bolt?"
"Pues… Todos menos Tsé-Kiang, Shang-Po, Chang y dos que usted no conoce, desarrollaron los estilos que le mencioné. Al igual que los Siete Grandes Guerreros, ellos cinco eligieron el Long Quan, o para decirlo más fácil, el Combate del Dragón".
"Ah, debe ser muy impresionante, esa forma de luchar, seguro que… -se interrumpió cuando llegó a una conclusión increíble. -¿CÓMO…? No me digas que también tienen un Dragón".
"En realidad, sí… Es uno de los mayores secretos de nuestro Templo. Si a causa de un gran ataque, sólo quedan aquí uno o dos Birmanos, el sobreviviente debe liberar de inmediato al Dragón encerrado tres pisos por debajo del aposento de Tsé-Kiang -quien lo atiende personalmente todos los días-, para que él, y sólo él, cumpla su destino de justicia contra los intrusos. Es lo que fue decretado por un Birmano como Tsé-Kiang, en otro Templo como este, en la China nororiental, año 1630 del Calendario occidental".
Este último fragmento de información dejó a Mittens con la boca abierta, hasta que pudo decir: "Aquí todo es increíble, ¿no?"
"Para ustedes, generalmente, sí". -Respondió Li-Kuei sin fingir honestidad, antes de levantarse; ya había terminado su comida. La Gata se apresuró a terminar la suya.
"Las armas, Bolt, llegarán más adelante. Lo que estás haciendo ahora, tal como todos los practicantes de Hu Quan, es hacer de ti mismo una armadura".
"No entiendo…"
"Bueno, trae esa vara de madera y golpea muy fuerte mi brazo". -Le pidió Tai, dejando su brazo extendido.
El Perro levantó la vara y la hizo bajar como si hubiera tenido que cortar leña con un hacha… La vara quedó rota en dos mitades (una de ellas astillada por el medio); su extremo fue rebotando hacia una pared, con mucho ruido.
"Uy, debes ser indestructible… Y pensar que yo era el superhéroe de la televisión".
"No sé si soy indestructible, pero sí acabo de usar mi largo entrenamiento combinado con algo de concentración. Esto también lo verás un día, como práctica para tu perfeccionamiento".
"Espero que sea pronto…" -Dijo Bolt, ilusionándose con romper así un montón de cosas.
"Pero ahora concéntrate en el momento, Bolt".
"¿Debo hacer otro ejercicio?" -Se levantó, listo para lo que fuera a pedirle Tai.
"No, debemos ir a almorzar, es casi mediodía; ven por aquí".
El sexto día de entrenamiento básico de Mittens terminó con una nueva serie de ejercicios para lograr el equilibrio sobre cilindros de madera verticales; para Bolt, con un combate contra otro practicante.
A las 5:00 PM, Tai lo llevó al Salón de la Puerta; allí se encontraban algunos Birmanos, con un Japanese Bobtail. Estaban Tsé-Kiang, Li-Kuei, y por supuesto…
"¡Mittens!" -En cuanto la vio, el Perro quiso correr hacia ella para abrazarla y besarla, pero Tai se interpuso diciendo:
"No, espera… Lo siento, Bolt, me gustaría que dejaras eso para cuando hayas llegado a tu casa con tu esposa. Además, Shang-Po, Li-Kuei y yo debemos acompañarlos. Conserva todo ese deseo dentro de ti hasta el momento apropiado".
La Gata no estaba menos ansiosa por hundirse entre sus brazos y llenarlo de besos; no pudo creer, entonces, que le hicieran esperar hasta llegar a su casa.
Para colmo, los Birmanos empezaron en ese preciso momento a ponerlos al tanto de los asuntos que ya casi habían olvidado: los ataques nocturnos.
Esa semana se habían producido otros siete asesinatos, en total. Shang-Po y diez Birmanos más habían logrado evitar por su parte diecinueve crímenes, matando Shang-Po además a tres Perros Ninjas… El único de los once autorizado para hacerlo, por haber desarrollado el Arte del Long Hua Quan.
Cuando por fin terminaron los relatos y las conversaciones, la Gata y el Perro pudieron regresar al mundo exterior, el cual ahora les parecía más extraño que todas las experiencias vividas en el Templo.
A último momento, Chang había pedido ir también con ellos.
Mittens iba junto a Shang-Po y Li-Kuei -uno a cada lado-; Bolt y Tai iban detrás, y a todos ellos los precedía Chang, otro de los mejores en el Combate del Dragón.
Pero tanto ella como Bolt, quien al menos podía consolarse mirándola todo el tiempo, temblaban por dentro, deseando sentirse el uno al otro completamente.Tardaron veinte minutos difíciles para ambos, pero al fin llegaron a la puerta de su casa; todos menos Tai regresaron al Templo.
"Déjenme molestarlos un minuto más, antes que entren. Yo me quedaré aquí cerca hasta mañana a las 8:00 AM, que es cuando vendré a buscarlos… (ellos lo miraban sonriendo pero interiormente su situación era muy distinta. "¡Taaaaaaai! ¡Necesito abrazar a mi Boooooolt!") …Desde ahora hablen lo menos posible de sus experiencias con el entrenamiento… ("¡Taaaaaaaaaiiii! ¡Necesito sentir entre mis brazos a mi esposa y a mis hijoooooos!") …Usen todo ese tiempo para conversar sobre sus cosas…"
"¡POR SUPUESTO, TAI!" -Dijeron, o gritaron casi al mismo tiempo, la Gata y el Perro, sin poder ocultar más su desesperación. -"Oh, bueno… Perdón, Maestro Tai". -Se disculparon.
"Está bien, amigos; pueden entrar".
Apenas lo hicieron, Mittens y él, casi rodaron juntos varios metros por el piso del living, fuertemente abrazados.
"Cuánto tiempo, cuánto tiempo, mi Bolty… No sé cómo hice para soportarlo…"
"Yo tampoco, en mi caso, amada Mittens… Pero seguro que hasta eso, lo hiciste muy bien".
Y habrían hablado así mucho más tiempo, pero como también necesitaban ver a sus hijos, se besaron un poco más y fueron a buscarlos.
Ellos se habían quedado en el patio, jugando con Rhino, Nancy, Edward, su esposa y los otros pequeños. Pero en cuanto los vieron salir…
"¡Mamiiii! ¡Papiii!" -Corrieron a su encuentro.
"Hijos… Mis hijitos…" -Se les acercó también la Gata, ronroneando de felicidad. Bolt casi saltó para aterrizar junto a los seis Perritos.
La reacción de los demás fue igual en todo menos en lo referido al vínculo entre la Gata, el Perro y sus hijos. Nancy y su hermano, con Rhino, Charlotte y los hijos de cada familia… Todos querían participar del festejo por su regreso.
"¿Y bien? ¿Cómo fue, el entrenamiento?" -Les preguntó Nancy.
"Este… Me gustaría contarte, pero Tai, que vino con nosotros, nos aconsejó no hablar de eso mientras estuviéramos en nuestra casa, sino de nuestros asuntos".
"Ah, no hay problema, Mittens".
"Espera, mi ángel, yo sí quiero pedirle algo a Bolt -miró al Perro. -¿No podrías enseñarme a barrer?"
"¿Eh… Cómo?"
"Mi gordito peluchón… -sonrió ella. -Bolt, pasa que el otro día vimos una película de karate, y… Bueno, desde entonces él estuvo esperándote para ver si podías enseñarle algo".
"Pero, Rhino… Yo recién estoy empezando, y… Tú ni te imaginas… Perdón, Mitty. -miró a la Gata cuando ella le tocó el brazo. -Rhino, no hablaré ahora de mi entrenamiento, ni te enseñaré las técnicas por un tiempo. Mittens, ¿Quieres ir conmigo y nuestros hijos al cuarto de Penny?"
"Sí, mejor vamos allá; así te digo una cosita que acabo de notar".
"Hasta luego, chicos" -Los saludaron los demás.
"Bolty, ¿Sabes? …Cuando me abrazaste en la entrada pude ver algo distinto en ti, pero sólo supe qué era cuando toqué tu brazo. Eres mucho más fuerte
ahora… Y lo hiciste por mí. Gracias, mi hermoso y dulce Perrito".
"Por ti y por nuestros hijos, princesita".
Se quedaron abrazados con sus seis pequeños, dispuestos a pasar una noche de dulces sueños; sin prestar atención a la voz de Penny diciendo "¡Mamá! ¡La Gata y Bolt regresaron!"
A las 11:48 PM, Rhino se despertó sobresaltado… Un Gato le tapaba la boca y con la otra mano lo mantenía inmovilizado sin ningún esfuerzo contra el suelo.
"Discúlpame por esto, pero no tengo tiempo para mucha conversación. ¿Cómo te llamas?"
"Yo… Rhino. Pero no me mates…"
"Muy bien, ¿Y quién es tu esposa?"
"Si pretendes matar a mi Palomita, no pienso decirte… ¡Oh, no!"
"Bueno, ¿Puedes despertarla? …Yo soy el Maestro de Bolt, y no quiero molestarlo mientras está con la Gata. Necesito que ustedes dos hagan un rato de vigilancia nocturna, porque tengo un asunto no muy lejos de aquí, que no puedo ignorar. También, que le des a Bolt este número para que llame al Templo en caso de que pase algo muy grave o… Si yo no vuelvo. Entendiste bien, ¿no? Porque todo lo que te dije es muy importante".
El Hamster se sintió realizado, a pesar de haber tenido miedo. ¡Iba a cumplir una gran misión para su héroe! ¡Iba a revivir ese día en que salvó a su amada Nancy! …Y todavía mejor, ¡Haría la misión con ella a su lado!
"Lo haré, señor Maestro de Bolt. Le mostraré de qué soy capaz".
"Está bien, Rhino. Entonces, que tu esposa vigile la calle desde el living mientras tú te encargas del patio. Si alguno de ustedes ve algo raro en esos… Treinta o cuarenta minutos, sólo tiene que llamar enseguida a ese número, como ya te expliqué. Bueno, debo irme ya mismo".
Y se fue, caminando muy rápidamente; Rhino volvió la vista hacia Nancy.
"Palomita… Corazoncito con alas, despierta, que vamos a hacer algo muy importante".
