Muahahaha, y resurgiendo de entre los muertos… IUKAREY!

Ya, no es cierto, tanto tiempo de ausencia y solo eso se me ocurre decir. Hace días vi una imagen en Facebook, era una pareja de esqueletitos esperando que actualizaran un fic, y me sentí realmente mal…. L

Se que había dejado abandonado este fic, y no tengo justificación para eso, la verdad lo tengo en mi mente desde hace muchos años, fue uno de los primeros que escribí en mi infancia, cuando veía una de las tantas repeticiones de los Thundercats y se me ocurrió una historia donde mi favorita: Felina, tuviera un poco más de participación, incluso sin necesidad de estar pegada a su hermano. Y pues así surgió esta historia.

Bueno, ya no digo nadamas, solo tonterías. Solo me resta agregar:


Felina respiró asustada una vez que fue encerrada en el carromato con el grupo de alienígenas. Tenía miedo como en pocas ocasiones en su joven vida, y por los rostros de sus compañeros, estaba segura de que ellos también.

Además la joven thunderiana tenía mucha sed y hambre. Los golpes que había recibido en su espalda dolían, y no tenía idea de qué sería de su futuro. No sabía si en el cubil felino sabían algo de su desaparición. No sabía si alguien la echaba de menos.

Un extraño pájaro negro se posó en el techo del carromato, y a Felina le dio un escalofrío. Ese pájaro negro le recordaba al muchacho que la había llevado hasta ahí.

A su lado, el joven que venía cerca de ella en la nave, aquél que había sido separado de su familia, miraba a lo lejos. No decía nada, pero en su mirada se notaba que estaba sumido en una gran tristeza.

-Oye, ¿estás bien? – preguntó Felina por hacer plática. Ese silencio sepulcral la estaba volviendo loca. Pero el chico no reaccionó como esperaba.

-Oh, si, estoy de maravilla. ¿No sabes a que hora sirvan los tragos en este viaje? – el chico notó por el rostro de Felina que la chica no había comprendido su sarcasmo – ESTOY DE LA PATADA, ESTÚPIDA! NO SE QUE VAYA A SUCEDER CON MI MADRE Y CON MI HERMANA! Y NO SABEMOS A DONDE CARAJOS NOS LLEVAN! Tal vez nos maten en una semana si no somos lo suficiente buenos para el trabajo, y si no nos matan en una semana, nos mataran tarde o temprano, así que NO! NO ESTOY BIEN! –

-silencio,yermat - gritó uno de los celadores.

Felina se quedó callada y abrazó sus piernas, para hundir su rostro entre sus rodillas.

Al cabo de un rato, empezaron a arriar más a las bestias que llevaban el carromato. Felina oia silbar el látigo y sentía lástima por las pobres criaturas, sin embargo, una rueda se salió y la carreta ya no pudo avanzar más. La sacudida tomó por sorpresa a los ocupantes del carro jaula y quedaron encima los unos de los otros.

-Maldicion – gritó uno de los hombres que conducían.

-¿Qué sucede? – el hombre que Felina había visto en la explanada, el que la había comprado, bajó del otro coche, uno que iba más adelante y que estaba cerrado como una carroza; acompañado de una esclava joven, con un turbante en la cabeza. La niña no parecía tener más de quince años.

-Señor Maighter, una rueda. –anunció uno de los celadores.

-está oscureciendo, saquen las mantas, ocúltenla y luego regresemos al carro, no hay más que hacer, solo esperar a que los malditos vampiros nos dejen algo útil.- dijo sin miramientos. La joven esclava miró a Felina con pena. Pero el hombre llamado Maighter la tomó del brazo – lo pospondremos para más adelante, Laoomy –

La niña se estremeció, Felina pudo notarlo.

-Hay cosas peores que lo que te acaba de pasar, Felina, una de ellas va a ocurrir ahora, debes ser fuerte para superar esta prueba – dijo una voz que la chica reconoció de inmediato, era el muchacho alado que había visto en nueva Thundera. La chica alzó la vista, y estaba ahí, sin camisa, con su pantalón negro igual que sus alas.

-¿Tu? ¿Qué haces aquí? – Felina estaba alterada - ¿Porqué me trajiste aquí? ¿Quién eres? – había demasiadas preguntas en la mente de la niña, y todas luchaban a la vez por salir.

-¿Te volviste loca, thunderiana? – preguntó el joven Yermat, mirando a Felina con rostro asustado.

-¿Qué? – Felina no comprendía la pregunta. Regresó la mirada para ver al joven alado pero en su lugar solo estaba de nuevo ese pájaro negro, que graznó y salió volando.

Una pesada cobija cayó sobre la carroza, olia mal, y hacía que se sintieran sofocados adentro. Luego uno de los celadores se asomó.

-Si quieren conservar sus miserables vidas se van a quedar ahí muy quietecitos, no les garantizo nada, pero si los agarra un vampiro, no luchen, será lo mejor, asi terminará más rápido la agonía – Varios esclavos comenzaron a murmurar y gemir asustados, el celador azotó su látigo en el aire –CALLENSE, IMBECILES! La cobija es del color del suelo, estas bestias llegarán volando y esperemos que no los vean. Pero tienen buen oído y buen olfato, así que quédense callados y tranquilos –

El hombre no dijo nada mas y salió corriendo. Dentro del carro – jaula el ambiente se sentía pesado. Había unas chicas de piel violácea y marcas en la cara, estaban abrazadas y arrinconadas. Había un hombre mayor, de unos cuarenta y tantos, se veía fuerte, y parecía listo para enfrentar lo que fuera. A este hombre lo habían golpeado, sin embargo de sus labios no había escapado ningún sonido. De pronto, cuando pasaron unos minutos; comenzaron a verse sombras extrañas en la cobija que cubría el carro-jaula. Las chicas comenzaron a gemir más fuerte. El hombre corpulento les hizo señas de que se callaran. Pero de pronto una de ellas comenzó a gritar y golpearse la cabeza con los puños, para luego correr y golpear los barrotes.

-¡Cállate, tonta, vas a hacer que nos vean! – le gritó el hombre intentando detenerla. Pero en ese momento, la cobija fue retirada bruscamente. Sobre el carro volaban extraños seres con alas como de murciélago, cabellos largos y mirada diabólica.

Los gritos no se hicieron esperar, tanto por las esclavas como por los entes diabólicos, pero mientras los gritos de las esclavas eran de terror, los de los entes que volaban por encima eran de frenesí, de maldad.

Uno de ellos golpeó el barrote, y luego bajó y tomó a una de las chicas por la ropa, la muchacha se abrazó con fuerza a sus compañeras, pero el sujeto la jaló con tal fuerza que rompió los barrotes, y sacó a la chica, cuyo cuerpo quedó lastimado seriamente. La ropa de la muchacha comenzó a llenarse de sangre por las heridas causadas, mientras el ser le la llevaba volando, seguido de un par mas de ellos.

Otros intentaron acercarse de nuevo, intentando tomar más presas, pero al ver lo que ocurría, todo mundo se alejó de las orillas, sin embargo, los vampiros ansiaban más presas y comenzaron a rodear el carromato estirando sus manos ante la histeria de sus ocupantes.

Uno de los vampiros logró romper un barrote y lanzarlo dentro del carro. Grave error. El hombre corpulento lo tomó y comenzó a golpearlos con él. Sin embargo, otro vampiro logró entrar y tomó una mujer y un chico de la ropa y salió.

Otro más intentó tomar a Felina, la niña estaba acorralada, pero sucedió algo impactante. Al momento en que el ente tocó el hombro de la niña, su mano se quemó. Soltó un alarido y salió volando. Los otros lo vieron, luego fijaron su vista en la joven thunderiana y salieron despavoridos. Todo fue en cuestión de segundos.

Nadie comprendía que había sucedido, solo sabían que se habían salvado de milagro.

Al amanecer, los celadores salieron a valorar los daños. Está de más decir que a pesar de los daños en el carro, ninguno de los esclavos intentó escapar, a pesar de haber podido hacerlo. Temían encontrarse de nuevo con las horribles criaturas. Les preocupaba el destino de los esclavos que habían sido sustraídos, pero era más el temor a sufrir el mismo destino estando totalmente desarmados.

-¡ Me lleva! – dijo uno de ellos pateando el piso – perdimos tres –

-Pudo ser peor – dijo el hombre llamado Maighter, seguido de la niña, que tenía la cara llorosa y se acomodaba la ropa. – Veamos que dice el amo Orkael, remienden el carro, y démonos prisa. –

Nadie dijo nada. Los hombres colocaron sogas sobre los huecos en los barrotes y comenzaron a andar de nuevo.

Luego de unas tres horas más, llegaron a una ciudad amurallada. El carromato fue conducido a una enorme casa, donde se veía una especie de sembradío con gente de todas las edades trabajando en él. También en los alrededores de la casa se veían personas con ropas de colores oscuros haciendo multiples tareas, limpiando, arreglando los jardines y los carros, incluso paseando curiosas criaturas como perros. Y otras de ropajes claros que solo estaban ahí, paseando, tomando el té servido por criaturas de ropa oscura o jugando, como en el caso de dos niños. Uno de unos catorce años, de cabello largo y violeta. Y una niña rubia, de unos ocho años o nueve, con un vestido color vainilla, que al ver la comitiva corrió feliz a recibirla.

-Maighter, Maighter, trajiste más – la niña les sonreía abiertamente, pero luego vio los parches en la carroza. - ¡Dioses! ¿Los atacaron los vampiros otra vez? –

-Si, señorita Salenia – dijo Maighter, -pero no se preocupe, estamos bien –

Las esclavas que habían perdido una compañera lo miraron con rencor, y Salenia pareció notar esas miradas.

-Tu si, pero… ¿Ellos no? – dijo la niña.

-El refugio no podía albergarlos a todos – se defendió Maighter.

-Te apuesto que ni siquiera hiciste el esfuerzo, pudieron haber encontrado una cueva, o algo – reclamó la pequeña, pero en ese momento, el jovencito llegó y le jaló el cabello.

-Mi hermana la tonta defensora de esclavos, no te preocupes, si se comieron a varios los vampiros, papá comprará mas – dijo el jovencito con burla.

-No es el punto, Optoel – dijo la niña. Pero en eso otro hombre llegó, su cabello era rubio como el de la niña pero sus facciones eran como las del niño.

-Salenia, otra vez molestas a Maighter por los esclavos – dijo el hombre con seriedad – ya te he dicho que no te encariñes con ellos, solo son para servir, hija –

-Pero padre – dijo la niña.

-Sin peros, estos acaban de llegar y ya te compadeces de ellos, ya te he regalado muchas niñas y niños y siempre los conscientes, y siempre pides mas – dijo con un tono de enfado el padre.

-Es que no puedo creer que los traten diferentes, son niños como yo y…- dijo la niña pero el padre la miró con enfado.

-TE HE DICHO QUE NO DIGAS ESA ESTUPIDEZ, SALENIA! – gritó el hombre, haciendo que la niña retrocediera – ESAS ESCORIAS NO SON COMO TU, NI COMO TU HERMANO, NI COMO NOSOTROS, AHORA RETÍRATE –

-Pero padre – lloró la niña.

-RETIRATE, - luego le gritó a una mujer cercana – GALEYA, llévate a la niña a su recámara, tiene mucho en que pensar –

-Si, amo, - respondió la mujer.

-No se enfade, amo, la niña es pequeña y suceptible – dijo Maigther.

-No sabes lo mucho que me molesta que quiera tratar a los esclavos como si fueran sus amigos, y no como lo que son, MERCANCIA.- Dijo el hombre, para luego inspeccionar a los esclavos que le traían.

Felina estaba confundida. La condujeron a una especie de bodega, con algunos colchones mugrientos regados en el suelo. El lugar olía mal, pero una vez instalados, ni siquiera los dejaron descansar cuando los llevaron a otro cuarto. Menos mal que al parecer era para darles de comer. Había dos mesas largas rodeadas de bancas. Ahí les sirvieron una especie de sopa amarillenta y un pedazo de pan. A pesar del aspecto poco favorable, todos comenzaron a comer. En una mesa había frutas y otras cosas más apetecibles, pero estaban con rejas. Al poco rato a algunas niñas las llevaron a esa mesa y les dieron de comer ahí. Felina vio a la niña que estaba con ellos en el viaje, la que había estado con el señor Maighter. La niña le miró con lágrimas en los ojos color cielo. Parecía asustada, y tímidamente tomó la fruta y comenzó a comerla. Las demás niñas hacían lo mismo, luego algunos chicos llegaron y también comenzaron a comer en esa especie de comedor privado. Felina no podía creer porqué parecían tan afligidos, si lo que comían se veía más apetecible que lo que comían ellos. Lamentablemente, había una razón, y Felina la descubriría dentro de poco.

Nota final: prometo, de todo corazón, hacer lo posible por no tardarme tantísimos siglos en actualizar este fic de nuevo. En serio.

Gracias por leer.