Jugando
John había comenzado todo aquello, había sido él quien le había convencido para comenzar a jugar de nuevo con consolas de niños aunque ambos eran ya adultos creciditos, maduros, bueno, todo eso.
El juego trataba sobre matar unos infectados y sobrevivir un apocalipsis, una tontería de trama vamos, pero a medida que avanzaba tomaba decisiones completamente radicales que te llevaban a diferentes puntos en la historia, podías ser un personaje bueno o malo si tuviese que resumir, el caso es que no siempre podías salvarlos a todos o tomar prioridades humanas como los niños, era una completa barbaridad y Greg no podía soltar el mando, aquel día nada más salir del trabajo había ido a comprar una de esas consolas modernas y el dichoso juego.
Estaba de más decir que había llegado a casa a las siete y ahora eran las doce y no se había apartado de la pantalla. También sobra decir que fue consciente de la hora porque Mycroft había llegado a casa ahora y estaba preguntando por algo de la cena.
-¿Qué?
-Que si ya has cenado Gregory
-Ah, sí, he pedido comida, ha sobrado... pollo. Arroz. Cocina.
-Gracias-respondió el pelirrojo ligeramente exasperado por la falta de atención pero dispuesto a pasarlo por alto.
Comió en la mesa de la sala mirando el juego en la pantalla mientras Greg se emocionaba cada vez más cada vez que conseguía sus logros, desde luego parecía un niño… ¡oh! eso le recordaba a algo.
-Bueno, va siendo hora de dormir, ¿no crees?
-Si, descansa. Te quiero.
Y el mayor siguió dándole a los botones y controlando con el mando por supuesto no sin antes echarle una sonrisa a su pareja y volver al juego contento, como si cumpliera con sus papel de novio y ahora pudiera continuar tranquilamente.
-Me refería a los dos, Gregory.
Ahora si levantó la cabeza de la pantalla e incluso paró la partida para excusarse con Mycroft, realmente quería terminar con ese nivel, era la cuarta vez que repetía un trozo largo de sucesos, y siempre le acababan matando en el mismo punto, ahora que ya había superado eso debía proseguir sin perder el ánimo.
-Estoy ocupado Myc, vete tú, tienes cara de estar muy cansado, yo seguiré un poco y ya me uniré a ti cuando estés dormido para no molestarte, amor.
Ya. Claro.
Encima volvía a encender el estúpido juego… ¡basta ya! se movió hasta quedar frente a la pantalla, de cara a su novio que hizo mal gesto y pareció querer apagar el juego.
-Déjame acabar esto, Myc.
-Intentalo.
Ahora si con sospecha y un poco confuso Gregory Lestrade dio a continuar e intentó llevar al personaje a algún punto de partida donde pudiera guardar los progresos. Por supuesto Mycroft no se había dado por rendido y comenzaba lentamente a desabrochar el chaleco frente al detective mientras avanzaba hacia él.
Al notar ese movimiento, el mayor fijó la mirada en las manos de Holmes, pero decidió seguir hasta llegar al puñetero punto.
Mierda, ahora era la camiseta la que estaba poco a poco mostrando piel a medida que se retiraba. El sonido del cinturón detonó un tic en su boca y su cabeza perdió la concentración de horas y horas de juego.
El cinturó rodeó su cuello con cierta agresividad y se vió obligado a levantarse dado el tirón hacia arriba que había dado Mycroft.
-Tu ganas, pero deja de hacer mi trabajo y déjame llegar con el personaje al punto.
La súplica fue ineficaz, realmente siquiera fue oída, el gobierno mismo estaba tirando de él con una correa improvisada hacia el dormitorio.
Mañana tendría que volver a pasar la puñetera emboscada en la muralla de las narices con las armas más prehistorias del juego de las narices por no haber podido guardar por culpa de su querido novio, o ese cabrón egocéntrico como solía llamarlo para sí mismo cuando comenzaba en esa actitud.
