¡Muy buenas tardes! Al fin he aparecido para actualizar. La verdad es que apenas acabé de comer y medio recomponerme después de haber estado haciendo mi examen psicométrico por casi 4 hrs e_e; espero no salir demasiado dañada y aprobar xD. Pero bueno, esas ya son otras aguas, ahora a lo que compete.

¡Disfruten del capítulo! Se quedará interesante, algunas quizás me odien…o quizás no. Pero en el capítulo de la semana que viene me reinventaré y bueno, espero que no haya menores de edad o gente sensible, porque la cosa se pone hot (?). Así que a este paso le cambio el rating LOL. Y gracias GirokyoWhite, por darle fav y si ya lo agradecí, disculpa que todavía sigo como cucaracha fumigada por ese examen del diablo jajaja.

¡Saludos, lindo inicio de semana y disfruten mi regalo de reyes atrasado! :D

Capítulo 4

Provocaciones involuntarias

Aquel silencio se plantó entre ambos y sólo el pesado arrastre de las manecillas del reloj que pendía de la pared, parecía ser lo único que taladraba la mente de ambos hombres.

—Pues no compartimos esa misma idea...-gruñó gutural. La sangre le empezó a hervir tras esas palabras.

—Todo depende del ángulo en que se miren las cosas –añadía con tranquilidad.

—No me gustan los hombres –prácticamente se lo deletreó letra por letra con una lentitud abismal.

—Ese viernes por la noche no pensabas lo mismo –objetó divertido. Incluso había algo parecido a una sonrisa en sus labios.

—¡No hables de eso aquí! –exclamó, exteriorizando que el nombramiento de ese acontecimiento le producía entre vergüenza y raros pensamientos-. Así que cállate –y es que literalmente le había tapado la boca con su mano izquierda-. No vas a mencionarle nada de lo ocurrido ese día, porque a los dos nos iría de la patada.

El blondo rodó los ojos ante la pequeña amenaza del moreno. Cosa que le provocó cierta gracia, por lo que le era inevitable al peli azul no sentir la sonrisa que estaba bajo la palma de su mano. El cabrón se estaba burlando de él, otra vez.

—No tienes qué ser tan maniático –habló tras retirar la mano del chico, sujetando su muñeca con cierta fuerza-. Sería un idiota si soltara algo como eso sólo porque sí –afiló su celeste mirada. Parecía que una pequeña idea había cruzado por su mente.

—Suéltame –objetó, librándose del agarre del rubio sin más-. No quiero nada contigo, así que mantente lejos.

—Por supuesto –mencionó para la sorpresa de Aomine. Consideraba que respondería de diferente manera-. Qué tengas un buen fin, Aomine-kun –le bastó darle un par de palmadillas al moreno para trasladarse hacia los vestidores adjuntos y dejarle en paz.

—Todo eso fue…muy extraño…

Para antes que pudiera asimilar del todo lo que había pasado ese sábado por la tarde, nuevamente debía llevar su humanidad hasta la escuela. Desde que entró a clases sentía que el tiempo le rendía mucho menos que en primer año.

Aunque gracias a esas extra clases ya no debía de lidiar con el actual capitán del equipo y la fastidiosa personalidad de Satsuki. Así que había cosas positivas dentro de su caótica vida estudiantil.

La tercera hora del día consistía en educación física. Algo que resultaba tarea fácil para alguien tan atlético como lo era Aomine Daiki, por lo que terminó sus vueltas antes que el resto y decidió curiosear por los alrededores aprovechando que el maestro estaba entretenido con el resto de su clase.

Fue así como sus pasos le condujeron hacia la zona de las piscinas. Deteniéndose en seco al contemplar que la clase de natación recién había dado inicio y claramente las chicas estaban en sus bonitos bañadores escolares.

No es como si no hubiera contemplado a féminas en traje de baño, sino más bien que en esos últimos días tenía esa necesidad apremiante de contemplar chicas y rectificar lo que su creencia le decía: que él era totalmente heterosexual y que lo ocurrido esa noche fue meramente un accidente. Del que claramente se arrepentía, ¿no?

Es miércoles y no ha dicho ni hecho nada extraño… Empiezo a creer que solamente hizo todo eso por joder y no es de esos raritos…

Nunca faltaban los graciositos que les gustaba hacer bromitas cerca de la piscina. Y ese grupo de primer año no era la excepción. Por lo visto creían divertido estar molestando a esa chica hasta el punto de hacer por ella lo que no se atrevía.

El fuerte sonido de un chapuzón provocó la risa de todos los allí presentes. Pero en cuanto notaron que las cosas no salían como se previeron, esa emoción llamada como pánico los dominó a todos.

Claramente la chica no quería meterse sin la supervisión de un profesor, por una obvia razón: no sabía nadar. Aunque lo peor es que nadie estaba haciendo nada.

—Hyatta-sensei, aquí le traigo los flotadores que me ha pedido…

Todos esos objetos fueron a dar al piso antes de que la puerta terminara de ser abierta por completo. Lo segundo que se oyó fue otro chapuzón y un rápido braceo agitando la clorada agua de la piscina. El tiempo era preciado y mucho más bajo ese tipo de circunstancias en donde una vida estaba en juego.

La llevaba entre brazos, pegada a él mientras la acercaba a la orilla para ponerla sobre el suelo en la brevedad posible. Lo siguiente que se encontraba haciendo eran esas compresiones pectorales para intentar reanimar a la inconsciente chica.

Ante una respuesta nula procedió con la única medida que le quedaba: respiración boca a boca. Por fortuna y gracias a qué sabía cómo hacerlo, la chica empezó a toser, escupiendo el exceso de agua que se había tragado.

—Menos mal volviste en sí…-se sentó de golpe, sintiendo que el alma regresaba a su cuerpo.

—¡¿Tatsuhisa-sensei, pero qué ha pasado?! –la maestra a cargo de la clase recién había llegado, pegando el grito en el cielo tras ver a la joven tumbada sobre el suelo, apenas entre abriendo los ojos y al profesor empapado totalmente.

—Una de sus estudiantes casi se ahoga –agregó con malhumor palpable-. Me encargaré de llevarla a la enfermería, usted hallé al culpable y dele el castigo correspondiente –se había puesto de pie, cargando a la afortunada chica entre brazos.

Aquella chica no solamente había recibido un beso indirecto del hombre, sino ahora le trataba como una doncella en apuros. La envidia no se hizo esperar.

—G-Gracias Tatsuhisa-san –inquiría la profesora-.

Justo lo que faltaba, que se hiciera más popular…-ya había perdido el interés de continuar admirado la clase por lo que se dispuso a marcharse. El rubio había arruinado su humor y el saberlo, sólo empeoraba su estado de ánimo.

Pero una ventaja había sacado de que el blondo hubiera salvado a esa chica. Su clase de inglés fue suspendida totalmente para que el afectado pudiera irse a casa a cambiar y evitar que terminara resfriándose. Así que tuvo una hora de paz.

—Escuché que el profesor salvó a una chica de ahogarse –mencionaba una de las compañeras de clase.

—Ya quisiera yo tener la misma suerte que esa chica. Le dio respiración boca a boca –secundaba una más.

—Ni qué lo digas. Lo peor es que es una de primero… Ha iniciado su año en grande teniendo a ese profesor como su salvador…-suspiró una más, anhelando experimentar aquel acto de salvación.

Aomine bufó para sus adentros. El efecto del rubio había sido peor del que había creído. Así que con rostro aburrido recargó su mejilla sobre sus brazos que descansaban en su pupitre.

No es como si fuera la gran cosa que haya sido él… Pudo haber sido cualquier otro maestro; claro, no armarían ni la mitad de jaleo…-suspiró con desesperación, entrecerrando su mirar-. Ni que sus besos fueran la gran cosa. De hecho…son de lo más…-las mejillas repentinamente la ardieron y su mente bloqueó ese último comentario. Le doliera en su orgullo de macho alfa, pero el hombre besaba más que bien-. ¡Me importa un verdadero bledo que sea bueno besando! Yo no estoy interesado en tíos.

—Dai-chan, ¿estás bien? Has estado actuando raro desde que inició la semana –preguntó Momoi tras entrar al salón en compañía de Sakurai.

—Todo está perfectamente bien –mencionó secamente.

—Veo que te está yendo bien en tus clases de inglés, Aomine-san –sonrió tímidamente el castaño-. ¡Lo siento, lo siento, en verdad no debí de decir eso!

—Algo así –esa actitud pasiva causó un pánico de escala menor en ese par.

—¿Seguro que no tienes fiebre?¿Te duele algo? –interrogaba sin paz la peli rosa.

—Quizás se deba a que no puede entrenar con nosotros, por sus clases extras…-el moreno torció los labios ante esa palabra, que ahora le resultaba como tabú. Clases extras eran igual a Tatsuhisa Kai-. ¡Lo siento, lo siento!

—Como sea. Sólo déjenme en paz –movió su mano derecha en son de que debían irse y llevar su parloteo a otro lado.

—Dai-chan, estás más amargado y huraño de lo usual. Te hace falta una novia o algo –se fue la mujer muy digna, sintiéndose más que ofendida por la nula camarería del peli azul.

Y en un parpadeo se vio enfrascado en la actividad que tanto le fascinaba.

El montón de ejercicios habían sido depositados sobre su pupitre con la obvia amenaza de que no se iría de allí hasta que no los terminara. Incluso si se iban a las nueve de la noche de allí. El resto lo manejaba bien, ya que a diferencia suyo, sus otros tres compañeros sí estudiaban y practicaban, por lo que era pan comido para ellos.

¡Maldito dictador!

—Nos vemos mañana –despedía el blondo a aquel par de chicos que terminaron primero que nadie. Luego retomó su atención en el libro que tenía entre manos.

—Tatsuhisa-sensei. ¿podría venir por favor? Tengo una duda aquí –pidió la única chica allí presente. La única compañía que le quedaba al moreno.

—Claro. Dime en qué te atoraste –Kai se acercó hasta la joven, sentándose frente a ella. Sus celestes ojos enfocaron la hoja que tenía frente a todas las demás.

Bueno, a menos que sea demasiado santo o muy bueno actuando, me sorprende que no se percaté que esa chica lo único que busca es que le vea el escote…-su atención estaba dirigida hacia la ventana. Los chicos de béisbol aún continuaban practicando.

—Ahora las cosas quedan mucho más claras, Tatsuhisa-sensei –soltó sonriente la joven. Por lo visto el moreno se había perdido un buen rato en sus pensamientos idílicos.

—Cualquier otra duda, no dudes en comunicármela –expresó cándido, logrando que la pobre joven se le alteraran las palpitaciones que tenía por segundo.

Algún día los chicos de esta escuela te harán una bromita de mal gusto por estarles robando a todas las chicas –el simple hecho de imaginárselo le producía una sonrisa de oreja a oreja. Quería que esa humillación acaeciera.

—Veo que estás muy pensativo, Aomine-kun. Concluiré que ya terminaste todos tus ejercicios y sólo te gusta ver la vida pasar a través de las ventanas del salón –la voz del hombre le sobresaltó. Nuevamente se dejó envolver por sus pensamientos y para cuando lo notó, estaba a solas con el blondo.

—Tsk… Sólo deja que me vaya y acabaré esto en casa.

—Lo dudo rotundamente –aseguró, ladeando su atención hacia la panorámica externa-. Ambos sabemos que no vas a hacerlo. Vele el lado positivo, apenas son las 6 de la tarde, por lo que te quedan 4 horas.

—¡¿Qué?! No voy a salir a esas horas de aquí –se puso de pie, objetándole con la mirada y unas intenciones fijas de darle un buen derechazo.

—Termina y saldrás en poco tiempo –su calma era proporcional al mosqueo del moreno. Aomine sabía que perdería si continuaba explotando de esa manera.

—…Chsk…En todo caso, explícame qué demonios hay que hacer aquí y por qué está palabra tiene una diferente connotación –no era feliz pidiéndole ayuda a nadie y menos a ese gilipollas, pero quería largarse y pasar el menos tiempo posible a solas con él.

—Tienes dudas demasiado obvias –criticó alegremente.

—Cállate y explícame –el profesor tomó asiento, recargando sus brazos sobre el margen de la silla.

—Si te hubieras aprendido los verbos de esa lista no estarías teniendo estas dudas innecesarias, Aomine-kun. Y sobre lo otro, lo expliqué el lunes en clase y en la extra clase… Empiezo a creer que lo tuyo es más grave de lo que parece… You're a jerk, you can't do anything well…

—¡Entendí eso! –muchas venitas empezaron a aparecer a lo largo de su rostro. Ahora le insultaba en inglés.

—Me preocuparía del caso contrario –el problema no eran esos celestes ojos haciendo contacto visual con los suyos, sino que sus manos estaban cruzando su área delimitada por una línea imaginaria. Y es que el caso es que el chico bajaba su dedo índice sobre los ejercicios que torpemente respondió-. Va a ser casi un milagro que te emparejes con los demás antes de que mayo llegue.

—Entonces será en parte tu culpa –se cruzó de brazos, relajándose un poco. Le había dejado las cosas claras el sábado, así que no tenía nada que temer.

—Los alumnos son los que se reprueban, no nosotros. Usa esa excusa en alguien más –al menos había una hoja bien hecha-.

—Escuché que te hiciste el chulo salvando alguien este día –comentó casual Daiki, mirándolo. Él estaba absorto revisando los ejercicios y poniéndole sus notas correctivas.

—¿Algún problema con ello? –levantó su ceja, con discrepancia e interés en lo que fuera a decirle.

—En lo absoluto. Es a ti a quien le gusta ser acosado por chicas todo el rato.

—El ser asediado no es un específicamente algo que me guste. De hecho, me irrita en exceso. Pero como todo, existen excepciones a la regla –aclaraba con cierta pizca de humor. Esa sonrisa se asomó por sus labios como un acto claramente provocativo.

—Quizás se deba a que no te gustan solamente las mujeres…-esa indirecta solamente causó que el blondo cesara con su tarea y lo mirara fijamente. El hombre simplemente suspiró y colocó el paquete de hojas sobre el pupitre. ¿Le había ofendido?

—Las mujeres no son las únicas que me acosan, Aomine-kun… Así que debes imaginarte lo cansado que es lidiar con una situación como la mía –allí estaba de nuevo jactándose de lo aparentemente irresistible que resultaba ser para todos.

—Pues no todos –indicando claramente que él no formaba parte de su séquito de fans de clóset.

—Las cosas que son fáciles, son aburridas. Es una ley universal que aplica para todo -¿eso era una insinuación de que le agradaba que fuera receloso sobre él y lo quisiera lejos de su persona?¿Acaso estaba diciéndole indirectamente que no se rendiría hasta obtener lo que deseaba, es decir, a él?

—Depende de qué sean. Algunas veces hay que aprender cuándo es momento para retirarse.

—¿Me lo dice un obsesionado con la victoria que desea derrotarlos a todos dentro de la cancha? Si tuvieras esa misma pasión fuera de la duela, no tendrías que soportar mis clases extra –habló seriamente.

—¿Nuevamente vas a sermonearme? Es molesto que lo hagas cada vez que cruzamos palabra alguna.

—Eso es porque soy tu maestro.

—Pues es un verdadero fastidio el que lo seas –soltó hurañamente, torciendo el ceño.

—Necesitas relajarte. Si sigues enfadándote tanto, te arrugarás antes de tiempo –se burló abiertamente-. Por el momento sigue haciendo tus ejercicios que ya has perdido una hora –se levantó, dando unos pasos hacia adelante, quedando pronto a la altura de los hombros del moreno.

—Eso fue tu culpa. Mira que hablar de estupideces sin sentido –cogió el lápiz y se enfocó en lo que en verdad importaban: sus ejercicios produce úlceras.

—Bien, algunas cosas saben mejor cuando son robadas.

El moreno no escuchó ese último comentario, pero de lo que sí se percató es que sus ojos ya no atendían sus deberes, sino que contemplaban nítidamente esos vívidos zafiros antes de que fueran opacados en el instante en que él decidiera cerrar sus ojos por completo.

No era él en realidad el que estaba conduciendo aquella acción, sino más bien la parte involuntaria de su cuerpo. Maldito día para que la parte irracional y que sólo se mueve ante los estímulos placenteros del exterior, se activara.

El que sus lenguas estuvieran enredándose en un carnal combate donde el área de pelea cambiaba de acuerdo al orgullo e ímpetu que tuvieran cada uno, no era precisamente lo que estaba preocupándole; lo que le producía un creciente estrés y casi un ataque de urticaria de proporciones épicas, era que se sentía endemoniadamente bien la mezcla de su saliva con la suya, así como esos labios que ocasionalmente formaban una sonrisa burlona y llena de complacencia.

La falta de aire era de poca relevancia si se consideraba que se apartaban ocasionalmente para recobrar el aliento perdido. Lo que sí estaba molestándole es que él había logrado su objetivo y aunque deseaba cesar su jugueteo, no podía o posiblemente, no quería.

Su manera de besar era particularmente una guerra sin cuartel. Una manera un poco salvaje de besar a alguien, pero lo suficientemente picante como para provocarle el querer obtener la victoria en esa contienda.

—Para ser a alguien a quien sólo le interesa el sexo femenino, has estado mejor que muchos que he conocido que sólo gustan del mismo género –no era su sonrisa la que le produjo esa sed, sino el gesto que le siguió. Había relamido sus labios, saboreando –posiblemente- su sabor; y era condenadamente excitante ese tonto gesto.

—Maldito pervertido –era inútil cualquier intento de negación. Había hallado excusa para el primer encuentro, pero ahora ya no existía nada que le justificara. Cayó redondito en su juego y eso le inflaba el ego al blondo.

—No soy yo el que le mira los pechos a las chicas antes que la cara –bien podría haberlo besado abruptamente, pero él tenía una conducta impecable con el resto del mundo.

—Pues son un buen atributo.

—Es sólo grasa concentrada. Tejido adiposo que con el paso de los años será una víctima de la gravedad y el proceso de crianza –fue su argumento para no apoyar el amor hacia los pechos grandes-.

—…Vaya maneras de arruinar algo como eso…-chasqueó con molestia.

—Pero ahora ya no estoy tan seguro de que los pechos de una mujer sean lo único que te pongan…de tan buen humor –el cínico había interrumpido su oración en el momento justo, para que cierto moreno lo malinterpretara del modo que él deseaba. Daiki saltó de su pupitre como una pantera furiosa.

—¡Shut up, jackass!

—¿Ves lo fácil que es aprender inglés? Aunque sólo memorizas malas palabras…

Y su charla con ofensas y sarcasmo podía continuar por varias horas más, pero la puerta corrediza rechinó, alertándoles de que alguien había preferido entrar sin anunciarse. Menos mal ya no estaban intercambiando flora bacteriana.

—¿Maon? –incluso el blondo parecía extrañado de toparse con tan vieja conocida.

—Kai, quisiera hablar contigo…en privado –los esmeralda ojos de la castaña fueron del rubio al moreno.

—¿No puede esperar? Estoy ocupado aquí –estipuló con un tono áspero.

—Vine a buscarte y ya estuve esperando pacientemente a que salieras. ¿Qué tanto piensas demorarte con ese estudiante? –objetó con malhumor.

—Aomine-kun, puedes irte. Dejaremos esto para mañana –le indicaba al peli azul al tiempo que iba por sus cosas; con mala gana, cabía citar. Al menos así fue cómo lo sintió Aomine.

Tiene todo el aire de ser una ex pareja… Una que ha venido a acosarlo, incluso a su trabajo…

Daiki sencillamente se fue de allí, sin siquiera ofertarle una mirada al rubio. Por ahora consideraba más apremiante el abandonar la escuela y dirigirse a su casa para pensar en la estupidez que había hecho y de la que en el fondo sabía que no se arrepentía.

Hoy su amado basquetbol podía aguardar. Sólo pensaba en llegar a su casa, bañarse, comer algo ligero e irse a dormir; no quería recordar lo bien que se sintió dominar a ese hombre en su batalla campal de besos.

Porque incluso una parte de su obstinado ser quería seguir creyendo que le gustaban las mujeres.

Ha vuelto a pasar… ¡Maldita sea!, ese hombre…es peligroso…¿O será sólo cosa de él? Es decir, antes de conocerlo jamás experimenté nada de esto con alguien de mi mismo sexo…-si bien ya había llegado a su casa y había hecho todo lo que se dispuso, no halló mucha paz que digamos tumbado sobre su cama-. De sólo recordarlo…-los dígitos de su mano derecha acariciaron sus labios, tenuemente, como si revivieran inconscientemente el choque de sus labios con los del blondo-. ¡¿Pero qué diablos…?! Tranquilízate Aomine o él logrará su objetivo y habrá ganado. Y por nada del mundo puedo permitirme algo como eso… Si quiere guerra, guerra es lo que tendrá… Será él quien se lamente de haberme provocado –porque nadie se metía con Aomine Daiki y se hacía el chulito sin recibir un castigo-.

Pero como si fuera cosa del destino, el resto de la semana fue un verdadero caos. No solamente los profesores se ensañaron dejándole los mil y un trabajos, sino que inesperadamente su contacto con el blondo fue exclusivamente dentro de las horas de inglés que tenía; las extra clases fueron pospuestas por un motivo que le fue totalmente desconocido.

Y todo eso únicamente le provocó un estrés inconmensurable, ya que no había logrado devolverle las guarras jugarretas al rubio. Menos mal que en esos dos días pudo desquitarse con los miembros de su equipo.

—¡Idiota, deja de ser un pesado! –le reclamaba Wakamatsu por enésima vez desde que empezaron a practicar.

—He hecho todo lo que has indicado, deja de quejarte como nena sólo porque eres incapaz de bloquearme –refutaba el moreno. Él continuaba practicando sus tiros con éxito.

—No entrenas unos días con nosotros y se te suben los humos.

—Ustedes dos, dejen de pelear –demandaba Momoi. Ya estaba hasta las narices de esos dos.

—Del odio al amor hay un paso…Es lo que la gente dice…-menos mal que Ryou tuvo buenos reflejos en ese instante o dos balones le hubieran tumbado muy lejos de la cancha.

—¡Claro que no idiota! –vociferaron ese par en armonía perfecta.

—Ya hasta han gritado al mismo tiempo.

—Satsuki, cállate –el escuchar eso de Sakurai le trajo a la mente a cierto hombre al que aborrecía. Y si las cosas concluían del mismo modo para todos los casos parecidos, empezaría a apreciar a su capitán; por su bien, claro estaba.

Era viernes por la tarde, había terminado sus prácticas y gracias a que Tatsuhisa andaba ocupado con quién sabe qué cosa, no tenía deberes de inglés y podía ser jodidamente feliz. Aunque esa ausencia de tareas, le provocaba cierto malestar; quizás porque lo ligaba a la aparición de esa mujer aquella tarde.

El resto del equipo deseaba irse al karaoke y divertirse, él no se sentía necesariamente a gusto entre tantos y menos si éstos eran los de su equipo. Así que se hizo del avión y se marchó.

Siendo demasiado pronto para irse a casa, decidió vagar por la zona comercial.

—Todo es demasiado aburrido…-su caminar se detuvo en cuanto sintió aquel celular suyo sonó-. ¿Quién habla?

—Apuesto todo lo que quieras a que estás aburriéndote de lo lindo.

Las pupilas estaban en conmoción. La persona menos esperada le estaba llamando. Pero dejando eso de lado, ¿cómo se había hecho de su número?

—¿Cómo es que tú has…?

—Hay gente amable que se preocupa por ti, Aomine-kun. Como esa linda chica llamada Satsuki –agregó burlesco-. Mencionó que me lo daba por si un día se te ocurría irte de pinta de las extra clases.

—¡Maldita Satsuki! –ya decía él que no lo había molestado mucho desde que inició la semana.

—La amistad es un sentimiento hermoso que no muchos tienen la dicha de conocer –relataba.

—Cállate.

—¿Estás molesto por qué no nos vimos estos dos días? –cuestionó con ese tono que lo irritaba tanto.

—Ya quisieras tú.

—¿Quieres divertirte un poco y salir de tu monótono estilo de vida por esta noche, Daiki? –un largo silencio se hizo presente. Tatsuhisa solamente escuchaba el ruido de fondo, sonriendo-. Interpretaré tu silencio como un sí. Te mandaré la dirección en un mensaje.

Posiblemente en verdad estaba demasiado aburrido como para seguirle el juego al rubio o una parte de él tenía una curiosidad innecesaria hacia los posibles planes que pudiera tener el descarado hombre. Cual fuere la razón, ya le restaba prácticamente nada para llegar al punto acordado.

En cuanto contempló aquel jeep con las luces parpadeando, supo que estaba dirigiéndose a la boca de un posible lobo hambriento.

—¿Al fin te dejó respirar tu amante? –soltó el comentario tras subir al auto. Pronto éste se puso en movimiento.

—En primera, no es mi amante, sólo una ex que quería molestarme un rato mientras me cuenta sus melodramas. Segundo, aquí el único que puede estar en esa categoría, serías tú –el moreno casi se ahogó con sus palabras. ¿Pero qué rayos estaba insinuándole?

—¡Yo no soy tu jodido amante ni nada de ello!

—Eres algo así como mi lindo estudiante, algo estúpido pero con cierto encanto –comentaba socarronamente, logrando que el peli azul quisiera estrellarle su mochila en la cara.

—Hmp…¿A dónde demonios vamos?

—A cenar, me estoy muriendo de hambre. Después ya veremos.

—Oye, pero ya es tarde –claramente pasaban de las 8-.

—Háblales a tus padres y diles que te quedarás en casa de un amigo –Aomine se le quedó viendo con cara de "tienes que estar de coña si crees que voy a pasar toda la noche fuera y contigo"-. ¿O es que no tienes amigos? –habría desistido de no acompañarle si tan sólo no le hubiera dicho que era un antisocial de mierda que no tenía a nadie que le cubriera la espalda.

—¡Claro que los tengo! –objetó.

—Entonces no veo el problema a todo esto –el movimiento del coche había cesado; el semáforo estaba en rojo.

—El problema…eres TÚ –se lo dijo tal cual.

—Ahora resulta que me tienes miedo –mencionó con inocencia fingida y toda su atención sobre el paso peatonal.

—Por supuesto que no –clavó sus celestes ojos en él, con enfado-. Haremos lo que yo diga.

—Oh, suena interesante. Pero creo que tus opciones serían limitadas y…aburridas –se burló.

Kai podría continuar su discurso y seguir teniendo la razón, pero sus labios no podían emitir palabra alguna, no cuando el moreno se encargó de sellarlos tras el instante que ocupó para jalarlo hacia él, con hosquedad, con la delicadeza de un león hambriento y deseoso de engullirse a su presa de un bocado.

—Vas a arrepentirte de haberme…provocado, Tatsuhisa…-sonrió de oreja a oreja, con esa mirada provocativa, dejando al blondo en un estado breve pero consistente de verdadera estupefacción.