Disclaimer: no soy propietaria ni creadora de Avatar The Last Airbender (En español, Avatar: La Leyenda de Aang), estos títulos les corresponden respectivamente a Nicklodeon y Michael Dante DiMartino/Bryan Konietzo.

Este fic participa en el reto temático "Sidra, Galletas y Villancicos" del foro ¡El Cometa de Sozin! Con el desafío Suicidio en Año Nuevo

NOTA: Esta es una sidestory/continuación de mi otro fanfic titulado "La Noche de los Cuentos", una historia escrita para el reto de noviembre de este fórum "Orgulloso de Amar". No es necesario leer la primera para leer esta pero yo lo recomendaría. Por lo pronto quiero desearles un feliz San Esteban y espero que todos y todas hayan pasado una feliz navidad.


Mientras el grupo de amigos se encontraba sentado disfrutando del banquete y la charla animada, el General Iroh escuchaba con atención al maestro Piandao que hablaba sobre el entrenamiento de Sokka, aunque por el rabillo del ojo miraba a Zuko. Su sobrino no había dejado de tomar vino desde que se había sentado a la mesa y parecía aun más desdichado si cabe al lado de Mai, que no dejaba de lanzarle dardos con la mirada.

Iroh ya se temía algo así. Zuko era un joven muy reservado y últimamente la relación con su novia iba de mal en peor, parecía que cualquier química que hubiera existido entre ellos sencillamente había desaparecido. El estado de ánimo del nuevo Señor del Fuego era algo que le preocupaba, porque Zuko ya había estado igual de deprimido cuando Ozai le quemó el rostro en el agni kai y lo desterró, luego de lo cual a Iroh le había costado mucho trabajo sacarle adelante.

Así que cuando Zuko se levantó de la mesa con la botella de vino en la mano y salió por una de las puertas laterales del salón, Iroh se disculpó con sus pares de la orden del Loto Blanco e hizo lo mismo, con la intención de seguirle y evitar que se metiera en problemas.

El viejo General pensaba que su sobrino se dirigía a su habitación con el fin de dormir la borrachera, pero cuando logró salir del salón donde se encontraba el banquete no lo vio por ningún lado, por lo que pensó que Zuko se le había escapado, hasta que vio su silueta entrando a uno de los pasillos del palacio real.

Iroh lo siguió sigilosamente desde una distancia de varios metros, mientras Zuko caminaba con torpeza haciendo eses por los solitarios pasillos. Sin embargo, al llegar a la entrada de sus aposentos no se detuvo, sino que siguió de largo enfilándose hacia el ala este del palacio lo que desconcertó a su tío. Esa parte del palacio fue cerrada y desocupada por orden del mismo Zuko al día siguiente de su coronación. Era el ala donde antiguamente estaban los aposentos privados del señor del Fuego Ozai y se encontraba totalmente a oscuras y libre de guardias, pendiente de ser demolida hasta sus cimientos.

Zuko siguió trastabillando hasta detenerse frente a la puerta doble de la habitación donde solía dormir su padre, una vez allí usó su fuego control para encender las linternas que iluminaban la entrada y tomó varios tragos de la botella sin musitar palabra alguna. Iroh no podía ver muy bien lo que hacía, así que decidió acercarse un poco más escondiéndose detrás de una de las grandes columnas del pasillo contiguo. Cuando se asomó, su corazón dio un vuelco. Su sobrino, con el rostro bañado en llanto, se había desplomado de rodillas en medio del pasillo.

"¡MALDITO BASTARDO!... ¡hic!", gritó Zuko con la voz cargada de furia, estrellando y haciendo añicos la botella de vino contra la puerta. "¡Por tu culpa Azula está internada en una clínica mental y yo soy un patético Señor del Fuego que ni siquiera es capaz de ir más allá de darle un beso a su novia!", continuó mientras lloraba con más fuerza agarrándose con desesperación la cabeza.

"Sniifff… ¿Por qué tenías que hacernos tanto daño?… e- e- éramos tus hijos… se suponía que eras- que eras tú quien debía protegernos… se suponía que eras tú quien debía a- a- a- amarnos…", siguió Zuko gimiendo, se levantó y apoyó contra la gran puerta maciza, dándole golpes con un puño, mientras lloraba desconsolado con la cara escondida entre su codo.

Iroh, que quería a Zuko como a su propio hijo, no pudo soportar más el ver como su sobrino se desmoronaba frente a sus ojos. Salió de su escondite y se acercó al joven hasta ponerle su mano en el hombro. Zuko, con los ojos vidriosos por el llanto y el alcohol, se sobresaltó cuando sintió la mano sobre su hombro, aunque intentó serenarse y disimular cuando vio que era su tío.

"¿T- Tío q- qué haces aquí?... sniff…. ¿No- No deberías e- e- estar en la fiesta?", tartamudeó Zuko nerviosamente.

"No cuando mi querido sobrino se emborracha y se pone tan triste como para derrumbarse frente a la antigua habitación de su padre", le respondió Iroh a Zuko indicándole que se sentara en el piso junto a él donde le abrazó con fuerza.

"Zuko, sabes que te quiero como a un hijo, que estoy orgulloso de ti y quiero que salgas adelante. Pero para eso necesito que por favor me digas qué te sucede", siguió hablando Iroh con suavidad.

Ya fuera por el alcohol, ya fuera por la tristeza y la necesidad de consuelo, Zuko por fin encontró el valor y las palabras para contarle a su tío toda la horrible historia que yacía detrás de su tristeza.

Y encontró el consuelo que desesperadamente necesitaba.


N/A: espero les haya gustado este capítulo, el próximo ya se encuentra en proceso de escritura. Quiero aprovechar y dar mis agradecimientos a Lupita Leal y Gatito-Pizza Humpty por sus valiosos comentarios.

De los demás lectores espero que disfruten y me envíen sus reviews o PMs. Todos los comentarios serán bienvenidos. Y si se animan tengo otras historias para que lean.

FANATLA