CAPÍTULO 3
-Bueno y esta… ¡Es mi casa! –anunció Thonks, su pelo había dejado de ser de un triste y apagado gris, ahora era más vivo tirando a rubio ceniciento. Posiblemente debido a que desde que estaba con Draco Malfoy, su primo, no había tenido tiempo para pensar en desamores.
Draco arrastró sus plateados ojos, por el pasillo principal de la casa, sin ganas, con aburrimiento.
La muchacha estaba tan concentrada en la reacción del muchacho, que no prestó atención por donde caminaba y acabó chocando con un florero, que se cayó al suelo y se hizo añicos.
El pelo de Thonks se volvió de un intenso tojo, debido a la vergüenza, no es que no estuviese acostumbrada a tropezarse o romper cosas, todo lo contrario, pero le habría gustado mostrarle esa faceta a su primo, lo más tarde posible.
El rubio solo alzó una ceja, sin hacer comentario alguno.
-¡Oh, Thonks! ¿Qué has roto esta vez? ¡Por favor, dime que no es el jarrón que trajimos de China! –una mujer apareció por una de las puertas, viendo con disgusto el jarrón rojo que yacía roto en el suelo, sin tan siquiera percatarse del joven que acompañaba a su hija.
Draco abrió los ojos con sorpresa y, sin poder evitarlo, dio un paso atrás de la impresión.
Cuando vio a la mujer, le pareció que era su tía Bellatrix, era prácticamente idéntica a ella. Aunque el pelo era de un castaño claro, mientras el de su tía era negro. Además de que la mujer llevaba el pelo recogido en un elegante y práctico moño, todo lo contrario de su tía que solía llevarlo despeinado y alocado. Su piel era algo morena. Al notar estas diferencias, su cuerpo se fue relajando poco a poco.
Thonks se había percatado de esto, pero no dijo nada.
La mujer levantó el rostro del suelo, suspirando, desde luego, una ya no podía tener nada bonito en casa, sin que su hija o su marido lo rompiesen.
Su mirada dio con Draco, abrió los ojos con sorpresa.
Sabía muy bien que el que se encontraba frente a ella, era nada más y nada menos que Draco Malfoy, lo había visto varias veces paseando con Narcissa por Londres Mágico.
Sin embargo, no era solo la impresión de que estuviera en su casa, sino que, al contrario de lo que siempre había pensado, el chico se parecía mucho a más a su madre que a Lucius. Era como ver a Narcissa en chico y más masculino.
-Mamá…este es Draco Malfoy…tu sobrino…-interrumpió Thonks los pensamientos de su madre. –Y se quedará con nosotros hasta que empiecen las clases. –Anunció como si fuera lo más normal del mundo- ¿Qué hay para cenar? Estoy hambrienta. –preguntó como si nada.
Dumblendore sonrió enigmáticamente, acariciándose la barba pensativamente.
-Interesante…realmente interesante…-decía, o al menos eso parecía, para sí mismo.
-Albus, ¿qué es tan interesante? –le preguntó McGonnagall.
-El que el joven Malfoy, haya decidido aparecer justo ahora, cuando las clases están a punto de empezar. Cuando estoy seguro de que podría haber vuelto cuando quisiera. –explicó sin perder su enigmática sonrisa.
-Eso quiere decir… ¿Qué sabes dónde estuvo todo este tiempo? –preguntó ella con sorpresa, no podía creer que Albus conociera aquella información y no la hubiera dado a conocer, cuando medio mundo Mágico estaba revolucionado por la desaparición del joven.
-Tengo mis sospechas, nada más. –comentó con tranquilidad. -¿Un caramelo de limón? –ofreció el director, Minerva negó con la cabeza y él se comió uno.
Sin duda aquel curso sería interesante, se moría de ganas por saber que era lo que tanto necesitaba el joven Malfoy de Hogwarts. ¿Qué podría ser lo que había hecho regresar a Draco? Al principio había estado más que seguro de que posiblemente el joven no volviera a Londres, mucho menos a Hogwarts…pero si lo había hecho, algo importante debía de estar en juego…sobre todo si sus sospechas eran ciertas.
-Así es, querida. Como lo oyes. Draco Malfoy se está quedando en la casa de Thonks. Ella misma me envió un Patronus para decírmelo y me preguntó si podría traerlo. No quiere dejarlo mucho tiempo encerrado en la casa, además cree que le vendría bien estar con gente de su edad. –le decía a su regordeta y pelirroja mujer, Arthur Weasley.
-Desde luego… ¡Lo que hay que ver! ¿Dónde se habrá visto que un chiquillo menor de edad no esté viviendo con sus padres? –se escandalizó Molly Weasley.
-Molly, cariño…A mí también me pareció raro, pero ten en cuenta quienes son sus padres…Si yo fuera él tampoco querría estar con ellos y menos ahora con el regreso de tú-ya-sabes-quién.
-¡Oh, pobre niño! ¡Después de estar tanto tiempo desaparecido en vete saber tú dónde! ¡Y no puede ni estar con sus padres! –exclamó alicaída y sacando a relucir su lado maternal. –Desde luego, espero que le hayas dicho a Thonks que puede traerlo. Le hará bien la compañía. ¡Oh, por los calzones de Merlín! ¡Seguro que está en los huesos!
-Molly, Molly…-Arthur negó suavemente con la cabeza, sonriendo enternecido por su mujer. –Tu siempre tan generosa…Aunque según creo, fue el mismo Malfoy el que no quiso ir junto a sus padres y el que pidió irse con un tutor temporal.
-¿En serio? –preguntó con sorpresa Molly, olvidándose momentáneamente de lo flaco que debía estar el chico.
Arthur asintió con seriedad.
-¡A saber por qué calamidad ha tenido que pasar el chico para no querer ni ver a sus padres! –dijo Molly, decidida a tratar a Draco como un hijo más, aunque tal vez a este no le gustara mucho la idea.
El matrimonio hablaba entre sí, sin saber que tras la puerta de la cocina tres amigos, apodados el Trío de Oro, escuchaban a escondidas y con atención todo aquello que los adultos estaban diciendo.
Los tres se miraron entre sí, asombrados y sin poder creérselo.
¿Draco Malfoy iría a la Madriguera? Ni en sus más retorcidos sueños se podrían haber imaginado algo así.
Nymeria observaba todo con una sonrisa de satisfacción, todo estaba saliendo tal cual había sido planeado. Draco estaba comportándose debidamente, sin revelar dónde había estado ni con quién y mucho menos para qué había vuelto.
La sonrisa se le esfumó de repente, pensando en que seguramente pasaría bastante tiempo hasta que Draco consiguiera completar su misión…aunque, bueno, ella era prácticamente inmortal ¿Qué eran un par de meses para ella? Nada, absolutamente nada.
Se quedó embelesada viendo a través de su estanque, como Draco dormía, su pelo estaba despeinado, pero aquello solo acentuaba su atractivo.
Nymeria suspiró sin poder evitarlo.
Aquel joven la había logrado cautivar, pero ella sabía, por desgracia, que no era correspondida y que él no la observaba de la menara en que ella quería.
Además de que lo más seguro es que él acabara enamorándose de aquella que sería su compañera, de aquella que lo ayudaría a llevar a cabo su destino… Ya que fuertes lazos los unían, sobre todo ahora que el Dragón durmiente había despertado y había conocido la absoluta verdad sobre sí mismo.
Ahora ya no había nada que tapara sus ojos, parar ver el mundo tal cual era.
