Los personajes no me pertenecen, ya saben.


Keep Going

Chapter IV

Podría decirse que sin duda Kagome era una chica valiente. Había descubierto un mundo antiguo al ser arrastrada por el pozo de su casa por una mujer ciempiés, que una joya legendaria había estado en su cuerpo y que todas las leyendas contadas –o la mayoría- por su abuelo eran reales. Mikos y youkai existían… lo habían hecho –supuestamente-.

No se había desmayado al descubrir un muchacho clavado a un árbol con orejas de perro, ni cuándo se había visto obligada a participar en la búsqueda de los fragmentos ni al pasar tantas cosas más. Tampoco cuando había terminado en el esqueleto gigante de un perro demonio, el padre del chico hanyou y del otro demonio perro que los había atacado.

Indudablemente ella tenía un estómago y una voluntad fuerte.

Sin embargo, todos tienen su límite, ¿verdad? Después de todo, Kagome había pasado dos años de su vida quinientos años en el pasado para terminar enamorada de alguien que tenía su corazón puesto en alguien muerto y que la comparaba constantemente con ella, para formar una familia con un monje pervertido, una exterminadora de demonios que se había convertido en la hermana nunca tenida y un zorro youkai que había prácticamente adoptado como su hijo. ¿Y para qué? Para que luego de todo esto su corazón se rompiese y su estúpido autoestima se baje notoriamente, sin olvidar el detalle de que había terminado nuevamente en su época, con las noticias de que había sido expulsada por su larga lista de faltas y tenía sus "amigas" enojadas con ella por guardarles secretos.

El destino era autentica perra a veces, ¿no? Bueno, ella tenía que salir adelante, así lo había decidido… hasta que las cosas nuevamente habían terminado siendo dado vueltas.

Pero no podía quejarse mucho. Estaba realmente emocionada de que su hijo estuviese vivo y feliz, incluso ver a algo similar a un antiguo amigo como lo era Sesshomaru le dejaba una sensación de cosquilleo emotivo en su estómago. No iba a negarlo, siempre había pensado que ya no había youkai en su época pero era bueno que se equivocara sobre ello. Al menos tenía una parte de su pasado en su presente.

La tarde había pasado rápidamente después de que recuperase la consciencia y enfrentara el hecho de que no había sido alguna extraña clase de sueño, que ellos verdaderamente estaban ahí. Que el muchacho guapo había sido una vez el pequeño que dormía en su saco de dormir con ella y que el hombre imponente había sido a quien le había devuelto el brazo una vez.

El rato había sido usado para la charla, más entre Shippou y Kagome ya que aunque mucho tiempo había pasado Sesshomaru seguía siendo alguien de ahorrar palabras. Al menos estaba un poco más expresivo. Solo un poquito pero le era suficiente. Verlos y hablarles le era suficiente.

Su no tan pequeño niño zorro era un famoso mangaka y un socio, al igual que heredero del youkai perro, quien era un famoso propietario y negociante con empresas dedicadas a la industria tanto textil como farmacéutica, al igual que otras menores. Sesshomaru no sería él sino estuviese buscando constantemente la superación de sí mismo, ¿verdad?

Lo que más le había sorprendido era que habían tenido sus movimientos monitoreados desde el principio por lo que sabían su situación y Shippou no había tenido ningún problema en mencionarle que de ahora en más él sería el responsable de la financiación de la educación de tanto ella como su hermano.

Al principio había querido negarse pero sus argumentos habían caído en bolsa rota y al final su rendición había sido inminente. Él volvería al día siguiente por la mañana para hablar de sus estudios y más, y cuando la noche cayó y ambos se fueron, Kagome tenía tantos sentimientos dando vueltas por su cuerpo que sólo deseaba dormir y darles frente más tarde.

En medio de la madrugada sin poder pegar un ojo, reflexionó sobre todo lo pasado y una sonrisa se acurrucó en sus labios. Quizás no sea tan difícil seguir adelante… ahora que sé que ambos siguen vivos… Aspiró profundamente y se acomodó más, un pensamiento asaltando su mente. Quizás él esté vivo también…

Inuyasha…

Sacudió su cabeza. No era hora para pensar en él, no quería hacerlo. La herida seguía fresca después de todo.


En otra parte, Akitsuki Shippou sonreía ampliamente mientras preparaba un par de folletos. Él ya tenía en mente donde enviaría a su querida madre pero no sabía muy bien qué pensaría de ir a una escuela de ricos. Se encogió de hombros despreocupadamente. Tal vez si le decía quién iba allí aceptaría más fácilmente.

Con ese pensamiento esperanzador guardó en su maletín las pancartas y fue a por un baño. Si Kagome-kaa-san decía que sí tenía una interesante apuesta –más bien idea- que compartir con ella sobre cierta situación. Silbando felizmente ante la previsión de una travesura pensó en que quizás lo mejor sería hablar con Mullido-sama primero, no sería que después se enojase.

Ugg. No era conveniente molestar a Suave y Sedoso. A pesar de que uno pensaría que los años le quitarían el estrés y el estreñimiento. Rió entre dientes. Era una buena cosa que él no pudiese leer su mente o sabía Kami en cuantos problemas se hallaría.


Muchas gracias por tomarte el tiempo de leer.

Si no es mucho problema, ¿te importaría regalarme un comentario tuyo? ;) Son el cielo para mí.