FINN
Después de lo que parecía una eternidad para la joven monarca, los correteos apresurados y nerviosos de las mujeres y hombres que limpiaban y ordenaba el castillo y la sala de reuniones, le anunció que la llegada del aludido y su hijo estaba pisándole los talones.
—¡Princesa! ¡Apure que no tenemos todo el tiempo —Apresuró la mujer encargada de vestir a la rosa chica. Chica que refunfuñaba por el incómodo vestido que ni sabía colocarse.
—¡Mónica esto no me entra! —Exclamó graciosa desde el otro lado de la puerta.
Durante toda la mañana estuvieron de la misma manera, inestables, apurados y nerviosos, y todo por la llegada de los monarcas. Que por lo que decía el rey, este era uno que poseía unas tierras hermosas y listas para explotar como es merecido. Incluso los caballeros más reconocidos participarían en el banquete del almuerzo sólo para llenar los asientos vacíos.
Claro ejemplo era la pálida chica que tuvo que salir corriendo de la alcoba de su omega cuando unas trompetas anunciaron la llegada del barco en la lejanía, y ella maldiciendo mientras corría por la separación y por tener que mostrar respeto ante un idiota que quería robarse a su chica saltó con experiencia sobre el lomo del poderoso caballo negro y con firmeza en sus manos tiró de las correas del caballo para comenzar a cabalgar con autoridad hacia el muelle.
—No puedo creer que la aclamada Marceline Abadeer llegara tarde —Parloteó Jake cuando de un salto la pelinegra bajo del animal y caminó hasta pararse en su lugar correspondiente.
—Estaba tratando asuntos, oloroso —Dijo volteando la cabeza hacia atrás por la ubicación alejada de su amigo. Recibió la sonrisa y la risa bromista del alto rubio alegre, un pequeño rayo de sol dentro de la caballería.
—¡Atención! ¡Todos muestren respeto a sus superiores! —Gritó furioso un enano alfa encargado de retener a la caballería debido a que el barco estaba ya detenido en la orilla -muelle- y la rampa de madera estaba más que lista para que bajasen.
Gruñó en lo bajo cuando un hombre rechoncho y simpático bajaba por la rampa y se dirigía para saludar con respeto al mismo alfa enano. La pálida lo analizó mucho, era alto, si, pero estaría cerca del metro setenta, recubierto también por una frondosa barba castaña casi roja. Y, algo peculiar, su simpática y diferente personalidad.
De valores, comenzó a saludar a todos con un fuerte apretón de manos, sonriendo y mostrando sus perfectos dientes blancos cuando lo hacía. Cuando fue el momento de la pálida chica, el monarca se quedó sorprendido por unos profundos instantes, atontado por el aroma particular de aquella alta y delgada mujer.
—¿Alfa, señorita? —Sonrió estrechando su mano con la de la aludida. El rey recibió un asentamiento de cabeza de Marceline.
—Así es, espero que podamos complacerlo en lo que necesite
—¡Vaya! Que misterios que tenían estas tierras —Exclamó eufórico y golpeando amistosamente el hombro de Marceline.- Martín Mertens, estoy encantado de estar acá
La joven alfa respondería de no ser por la molesta voz de un nuevo inquilino en la conversación, de un alfa más molesto que los demás y mucho más débil que todos. Giró su vista para encontrarse con un chico rubio, paliducho y delgado, pero sus azulados ojos nunca repararon en ella. Gracias a dios.
—¿Viajamos de tan lejos para ver un pueblo de paisanos? —Lloriqueó, situándose al lado de su padre para observar todo lo que su vista podía.- ¿Tendremos que esperar para que aparezcan los carruajes o ¿ustedes aún no lo descubrieron?
—Muestra respeto muchacho, mira. Es una joven alfa —Dijo acostumbrados a los descerebrados comentarios de su hijo.
—El carruaje está más que listo para que usted suba, mi señor —Respondió Marceline.
El rubio joven de no más de 25 años, la miró de pies a cabeza haciendo muecas desagradable durante la inspección. Incluso murmurando cosas que sólo el podía entender.
—Pueblo de agricultores tenía que ser —Carcajeó para una broma sin sentido aparente.
Marceline entrecerró un poco sus ojos analizando al nuevo atacante, olfateando su aroma débil de alfa de cuarta, incluso se rio internamente cuando el joven intentaba intimidarla cambiando su aroma de trivial a lucha. Algo que percibió, también, fue la mirada irritado del rey hacia su hijo, probablemente cansado del estúpido.
—B-bueno… el rey y la hermosa princesa nos esperan —Habló el alfa más bajo tratando de aliviar el tenso ambiente que se había formado.
Y como habían ensayado durante toda la mañana, ambos invitados serían transportados por un hermoso y espacioso carruaje de color blanco adornado por unos delicados detalles pintados de color dorado -amarillo-, siendo arrastrado por unos impotentes corceles de color blanco y negro puro.
Marceline era la que acompañaba a los visitantes, teniendo la tarea de alardear sobre lo que habían a lo largo de sus tierras, señalando a la mejor panadería del pueblo, a los puestos de artesanía y otras pequeñas tiendas de consumo. Y todo era escuchado por la atenta y alegre mirada del rey, que de vez en cuando alagaba.
Y el príncipe era el único que, al parecer, no se estaba divirtiendo como su padre. Refunfuñando también por lo bajo cuando olfateaba a gente de menor rango, soltando comentarios agrios y, lo peor de todo, moverse sobre los hermosos almohadones de color rojizo que tenía el carruaje, probando "supuestamente" su comodidad.
Luego de unos pequeños minutos, el carruaje se detuvo frente a los enormes escalones del Castillo, Martín fue el primero en bajar y notar la presencia altiva del rey. Lo siguió después el joven príncipe y Marceline fue la última en bajar.
—Sean bienvenidos —Habló impotente el rey Bubblegum parado justo en las puertas abiertas del Castillo.- Martín, me alegra verte de nuevo
—Que hermosas tierras tienes bajo tu mano —Contestó contento. Apretando su mano.- Ella debe ser la hermosa princesa…
—Así es, mi hermosa hija —Mofó.
Sonrió falsamente cuando su padre la presentó frente a todos los viajeros y personas que acompañaban al Rey y al príncipe Finn, que se mantuvo con el entrecejo fruncido observando lo que podía y dejó caer su mirada en la joven chica de extraños cabellos.
—Buenos días, o tardes. Espero que el viaje no haya sido tedioso para usted, su Majestad —Saludó recibiendo la mano del rechoncho y luego saludó de la misma manera a su próximo alfa.
Claro que también había recibido una mirada de asco cuando su mano se apretó entorno a la suya. Y gruñó internamente cuando ese cavernícola lo hizo, ¿Ese inútil sería capaz de controlar todo un reinado sin la ayuda de su padre?
Tal vez, ni siquiera tiene cara de vestirse solo.
Rio por su pensamiento, y sintió el peso de una mirada sobre ella. Al parecer Marceline la observaba desde la espalda de los visitantes, tranquila y paciente, y únicamente disfrutando de la mirada que se enviaban entre ellas. Aunque para Bonnibel sólo era un juego, para Marceline era otro descontrol de mariposas en su estómago.
Aunque esa conexión de mirada duró poca por la fuerte y firme voz de su padre dando órdenes.
—¡Bueno! Mucha charla por hoy —Dijo y giró por sobre sus pasos comenzando a caminar adentro del castillo.- ¡Síganme! Es hora del almuerzo…
Mientras el gordo rey seguía a Bubblegum, casi sobre sus talones, el joven príncipe se tomaba su tiempo para analizar el entorno y soltar una que otra palabrota dirigida generalmente a las mucamas o sirvientes. Pero la joven princesa se quedó al último intencionalmente, a paso lento mientras esperaba que la pálida chica caminara a la par suya. Cosa que Marceline entendió y trotó algunos pasos hasta ubicarse a su lado.
—¿Cómo te fue? —Cuchicheó casi en susurro y redujo la velocidad de sus pasos.- lo veo con cara de cavernícola…
—Estas en lo cierto —Se burló.- estuvo todo el viaje quejándose
—Iugh, que perdedor
—¿Eso piensas? Yo pienso que es peor que uno, incluso se burló de la barba que tiene Jake. ¿Puedes creerle? —Contó divertida con la mueca sorprendida de su princesa.
—¿De verdad? —Rio junto con la pálida, dejaron de molestarse cuando entraron al comedor y aún con paso lento y despreocupado. — siéntate al lado mío, tengo que sentarme a la derecha del príncipe, tu siéntate a mi derecha
La pelinegra asintió y se dejó guiar por la princesa. El rey sentado en el extremo, poderoso sin tener que compartir espacio, Martín sentado a su izquierda y parloteando con un aburrido monarca y su hijo estaba sentado a la derecha del rey Bubblegum, esperando a que la servidumbre le sirviera como corresponde. Y La princesa se ubicó a la derecha del patético príncipe, y todo por la exigencias de su padre.
—Hoy almorzaremos un delicioso cerdo y un tierno pato, elegido por uno de los mejores carniceros del pueblo —Presumió en la cara de su invitado.
El almuerzo transcurría con una amena charla entre los Reyes, incluyendo por momentos a la caballería, como Marceline. Dicha pálida sólo se mantenía atenta a las ocurrencias que salían en susurro de su princesa, riendo por momentos por las habladurías que está decía, aunque también contenta porque no todas las veces compartía un almuerzo con su chica.
Incluso Jake, que estaba situado en la silla al frente de ambas, tiraba una que otra broma a la pareja de chicas. Tirando también un trozo de carne para llamar su atención.
—Entonces… ¿Cuándo será la boda? —Habló el rubio saliendo del terrible silencio en que el solito se había sumergido.- supongo que pronto
—Compórtate chico…
—¿Tienes algún apuro? —Escupió el rey mientras dejaba caer su tenedor al plato, produciendo un sonido tajante. — eso lo decido yo, amigo…
—Pues, me propusieron que me emparejara con una princesa desconocida, lo mínimo que puedo decidir es cuando será la boda y cuando la podré desposar…
—¿Eso crees tu? —Mofó aplastando con su tenedor un pedazo de carne de cerdo.- es mi hija y yo lo decido…
—Y mi próxima omega, Bubblegum —Respondió tosco y miró a la joven mencionada.- ¿Acaso no le dirás nada a tu padre? Tu eres la solterona
—Maldito imbécil —Gruñó Marceline. Casi como un susurro que fue escuchado por la princesa y extrañamente por el rubio amigo, ambos soltando una risa cuando se escucho.
—Cállate chico, rey… amigo, lamento las estúpidas acciones de mi hijo… yo —Dijo nervioso y dejó los cubiertos para fijarse en el alto rubio a su costado.- estaba pensando, que podríamos… no sé, que la boda si hiciera en mis tierras…
El rey de Ooo se quedó callado, y no por la sugerencia que escuchaba a su izquierda, sino por la irritante personalidad del joven que sería el próximo alfa de su hija.
—¿En tu reino? —Espetó.- ¿Por qué yo haría eso?
—P-para que… son hermosas tierras… sería como una boda de cuentos de hadas… ¿Tú que dices, Bonnibel?
—Creo que es una buena idea, rey —Reveló evitando la mirada de su padre y la de Marceline.- sería muy divertido visitar su reino, me han informado que es el más pintoresco de Europa
El rechoncho rio aliviado por tener el permiso de esa omega, porque aunque no lo demostrara, estaba aterrado por una posible negación de ella. Esa omega demostraba carácter y elegancia y casi lamentaba el hecho de que se casara con el inútil de su hijo, ¿Por qué el rey de Ooo no la emparejó con la muchacha alfa sentada fielmente al lado de la princesa. Al parecer si era idiota como otros decían.
—¡Me alegro! Estoy agradecido de usted, princesa —Sonrió.- si no es mucho, podríamos salir mañana mismo con los caballos…
—¿Caballos? ¿No viajaremos en barco? —Dijo confundida.
—Tenía pensado que podríamos ir a caballo hasta las colonias británicas que tengo al norte… a partir de allí tomaremos el barco… —Contestó hablando con miedo sobre su plan.
—¿No sería así más largo y cansador?
—Oh Bubblegum, un viaje de 2 semanas en un barco es mucho más difícil que esto, podríamos tardar más pero ustedes disfrutarán las maravillas de la naturaleza…
—Bueno, si mi hija quiere… creo que aceptamos, mañana a primera hora saldremos. Bonnie, tu elegirás a los caballeros. Pero ahora, terminemos de comer…
Dijo y dando la última palabra, todos obedecieron y siguieron comiendo de su plato, compartiendo platicas entre ellos y la caballería. Sacando a relucir los puntos fuertes de su reino o simplemente hablando de temas triviales. La alfa estaba atenta y con una pregunta en la mente, y con un poco de miedo por la respuesta.
—Bonnie… ¿Tú me elegirás para que vaya contigo? —Susurró casi contra el oído de la más joven.
—Claro Marcy, también a Jake… —Contestó distraída comiendo de su ensalada.
Suspiró aliviada mientras volvía a sentarse como debía en la silla, ya no había miedos ni preocupación. Ahora sólo quedaba esperar al día de mañana para partir, y también soportar al idiota que también viajaría y posiblemente adentro del carruaje mientras ella iba cabalgando lejos de su chica. Frunció el ceño pensando en eso.
La cena terminó cuando el rey de Ooo acababa de su bien servido postre, sin esperar a los demás, él se levantó de su asiento y anunció al otro que debía llevarlo a un lugar, un lugar que tenía que visitar antes de que se fueran. Un lugar que dudosamente sólo abría por la noche.
—Bonnibel, los hombres saldremos —Anunció al lado de la puerta del comedor, esperando a que todos estén listos para salir.- no te duermas tarde
Sin esperar más, los dos Reyes y el príncipe, juntos con todos los que ocuparon los asientos vacíos —excepto Jake y Marceline- salieron con la cabeza en alto, y algunos comenzaron ya a producir otro aroma peculiar al normal. Sonrientes y felices, cerraron la puerta del salón. Sin importarles.
—Bueno, tenemos el castillo para nosotros tres —Parloteó Jake robando el postre de los asientos cercanos.- fue una buena idea quedarse…
—No hables con la boca llena de comida, Jake
—¿Por qué querrá que vayamos primero por tierra y luego por mar? —Preguntó la pálida mirando de reojo a la glotona omega.
—¿Para qué veamos los árboles?
—Iremos por tierra porque quiere que veamos sus colonias del norte… —Aclaró la joven.- Marcy pásame esa fuente de cerezas…
—¡Oye no! ¡Son mías! —Gritó el rubio tirando de dicho alimento.
—¡Dámelas Jake! —Claro que la pelinegra pelearía con dientes y garras para satisfacer los caprichos de su próxima omega.
Cuando el reloj marcó las doce p.m. el alfa rubio y con barba se despidió de ambas jóvenes que estaban aún sentadas en la mesa de banquete, hablando de todo y a la vez nada. Compartiendo tiernas miradas que para una, significó mucho. Habían pasado treinta minutos cuando la joven ojiazul decidió irse a su alcoba a descansar, acompañada caballerosamente por Marceline, cuidando de sus pasos.
—Adiós Marcie —Se despidió besando la mejilla de la más alta, colocándose en puntitas para llegar.- descansa…
Y con eso último, la puerta se cerró delante de una hipnotizada chica alfa, olfateando de Bonnibel cuando está se acercó para la muestra de cariño y oler la fragancia única que podía percibir desde adentro de su alcoba era mágico. Incluso, antes de irse, se acercó a la puerta para apoyarse y poder oler más de ella. Lloriqueó casi aullando por la gruesa puerta que no dejaba pasar los olores de su damisela.
Completamente herida, se aleja de la puerta y sale del Castillo como un pequeño cachorro triste y abatido.
《Perdón por la demora, no tengo excusas:v. Espero que el capítulo sea de su agrado y no estamos viendo para la próxima》
