Capítulo 4 – Foxy Lady & The Bunnyman, Part 3

El zorro Nicholas Piberius Wilde, recién llegado de abrirse paso hasta el lugar a golpes de Foxy Lady, y la coneja Judy June Hopps, controlada por el parásito del Soft Cell de Duke Weaselton, estaban parados frente a frente en medio del vagón del tren que iba directo a Zootopia. A Nick le recordó a una escena de esas viejas películas que hablaban de la vida en el oeste de Animalia, cuando los colonos recién llegaban a ese territorio inhóspito y todo se regía por la ley del más fuerte, excepto que no estaban en el medio del pueblo, no había revólveres y él tenía un brazo abierto en canal, cubierto por un vendaje hecho con su corbata del que no tenía esperanzas que sirviera por mucho más tiempo.

El sudor descendía lentamente por la frente del zorro, mojando su pelaje, pues aquella presa, equipada con un cuchillo en la pata derecha y llevando un pesado bolso blanco en el hombro izquierdo, haría todo lo que estuviese a su alcance para acabar con él. La información sobre ella había sido proporcionada por S.A.V.A.G.E, y no podía estar seguro de su veracidad, por lo que tampoco podía estar seguro con respecto a su habilidad. Nicholas era incapaz de emplear su brazo para combatir, y lo peor era que ahora su pata trasera también había resultado dañada, lo que limitaba bastante sus movimientos.

Se puso en guardia cuando la coneja sacó a su Stand sin decir palabra, expresándose en un brazo derecho que había cambiado de forma, de gran musculatura y de color amarillo dorado, con una zanahoria grabada en el antebrazo. En su pata aún sostenía el cuchillo que había utilizado para atacarle, y una pregunta surgió en la mente del zorro.

"¿En qué momento lo tomó? ¿Acaso tiene ese bolso llena de cuchillos?", pensó cuando la coneja, sin previo aviso, se lanzó al ataque.

—Fuiste valiente al venir hasta aquí, Nicky —dijo "Judy" corriendo hacia él, con voz desafiante—. Hacer todo ese trayecto con semejantes heridas fue todo un logro, pero no siempre la audacia lleva a algún resultado.

Foxy Lady arrancó de cuajo una de las barras de apoyo del tren y bloqueó a tiempo la cuchillada de Judy, dejando una notoria marca en el tubo de metal y apartándolo justo a tiempo con el cuchillo cuando Nick intentó atacarla de nueva cuenta, agachándose y dirigiendo una puñalada contra el abdomen del zorro.

—¡Maldición! —gritó Nicholas cuando debió detener el ataque con la pata derecha de su Stand, evitando que el puñal atinara a sus órganos vitales, pero atravesando su extremidad de lado a lado, daño que también apareció en su pata real y le provocó un dolor infernal.

—¿Qué te sucede, Nicky? ¡Puedes hacer algo mucho mejor que eso! ¿O acaso te estás conteniendo para no lastimar a esta conejita? —rió ella cuando del lado izquierdo de su boca comenzó a emerger una de las raíces rojas que el zorro bien conocía, aferrándose poco a poco a la mejilla de Judy, expandiéndose. De la misma forma, la raíz salió por la oreja derecha, envolviendo a la misma sin prisa alguna. El ojo derecho comenzaba a girar con libertad, al tiempo que el izquierdo se mantenía fijamente posado en el zorro malherido—. No tienes idea... ¡de lo fantástico que se siente este cuerpo! —gritó la coneja, extasiada.

El parásito está desarrollándose dentro de ella. ¡Wilde, ya no podrás quitárselo usando a Foxy Lady sin lastimarla! ¡Tendrás que encontrar otra manera! —gritó Clarice en el auricular.

—Eso me temía —respondió el zorro, intentando defenderse.

Judy empleó la fuerza de ambas patas para empujar el cuchillo mientras que Nicholas intentaba por todos los medios alejarlo de su cuerpo, usando tanto la fuerza de su Stand como la suya propia. El zorro estaba demasiado débil, pero su contrincante estaba en óptimas condiciones, y si no encontraba la forma de poner la balanza a su favor pronto, perdería a patas de la coneja, y sus habilidades caerían en las garras de S.A.V.A.G.E.

¡Tienes que atacarla! ¡No puedes dejar que te lastime! —gritó Clarice en el auricular, cuando la coneja extrajo el cuchillo con un rápido movimiento de su pata izquierda. El zorro apenas fue capaz de protegerse con ambas patas de Foxy Lady cuando la coneja le atacó con un fuerte puñetazo derecho que lo mandó a volar contra el otro extremo del vagón, junto a la puerta. Viendo el escenario que se había desarrollado a base de aquella pelea, la nutria que antes le había gritado a Nicholas se retiró al vagón continuo con urgencia—. Wilde, grandísimo imbécil. ¡Levántate ahora! —gritó su compañera nuevamente, mientras que el zorro se apoyaba contra la pared para incorporarse, sus piernas temblando a causa del golpe recibido.

—Estoy hecho polvo, Clarice. No puedo atacarla, ni tampoco puedo defenderme —decía en el auricular mientras que la sangre comenzaba a brotar nuevamente de las heridas a lo largo de todo su brazo derecho. Judy Hopps se dirigía con una mirada muerta y sin sentimiento alguno hacia el zorro indefenso, dispuesta a llevárselo de una forma u otra. ¿A dónde? No tenía idea, pero sabía que nunca regresaría—. No se que va a pasarme, pero será mejor que informes a las cabezas. Si lo que dijo Duke es cierto, entonces extraerán mi habilidad y... se la darán a alguien más —explicó cansadamente.

¡Wilde, no digas estupideces y escapa! ¡No puedes dejar que te maten así! Si lo haces, ¡juro que nunca te lo perdonaré! —gritaba la voz desesperada de su compañera en el auricular, y el zorro sintió un nudo en la garganta.

—Lo siento, linda —sonrió justo antes de que el brazo dorado de la coneja lo tomara por el cuello, elevándolo, y empleando el cuchillo en su pata izquierda para apuñalarlo en el estómago.

Inevitablemente el zorro se contrajo a causa del dolor, y al mirar hacia abajo notó que las patas de su Stand ahora empleaban el resto de sus fuerzas para detener el cuchillo, que apenas había ahondado en el interior del zorro unos pocos centímetros. Nicholas Wilde no pudo evitar admirar aquel acto con sorpresa, pues él no había llamado a Foxy Lady para defender su cuerpo, sino que el mismo Stand actuó por puro instinto. Incluso cuando el zorro pensó que todo había acabado, su espíritu aún no se había rendido.

¡Esto aún no ha terminado! Te conozco bien maldito zorro, te conozco hace años... eres tan terco como yo, y nunca te rindes. Y no voy a aceptar que empieces ahora, ¿¡me escuchaste!? —gritó Clarice, y Wilde actuó por puro instinto cuando sus patas tomaron la forma de las de Foxy Lady, dando un rodillazo derecho para arrebatar el cuchillo de las patas de Hopps, y una potente patada para apartar a la coneja a una gran distancia, liberándose en el proceso y cayendo al suelo. La Usuaria se detuvo a los pocos metros, aferrándose al suelo con la pata de su Stand, y comenzó a incorporarse poco a poco.

—No sé que haría sin ti —dijo sinceramente el zorro mientras apretaba la corbata que rodeaba su brazo derecho, volviendo a cerrar la herida.

Morirías, eso es lo que harías sin mi. Ahora, ese parásito no ha estado demasiado tiempo en el interior de su cuerpo, es probable que no se haya desarrollado en su cerebro por completo. Quizá puedas hacer reaccionar a la coneja si evocas sus recuerdos con tu Foxy Lady, pero deberás acercarte a ella lo suficiente para eso.

—Haré todo lo que pueda, pero no va a ser fácil —respondió el zorro, sin mucha confianza en aquella opción dada su actual debilidad.

En tanto, la coneja sacó una de las zanahorias que tenía en su bolso, y Nick pudo ver una figura enorme saliendo desde detrás de ella. Era una figura robótica, completamente dorada, sin boca visible, con dos grandes orejas elevadas y de ojos rojos muy pequeños, que se elevó hasta ser del doble de alta que Judy. Estaba de brazos cruzados, lo que demostraba una figura delgada pero de apariencia extrañamente musculosa.

—¿¡Qué diab...!? —exclamó Nick mientras se sostenía la pata contra el cuerpo—. ¡Creí que su habilidad no había despertado por completo! ¿Por qué es capaz de sacar a su Stand?

Debe ser obra del parásito de Duke. Ahora que se asentó en ella, tiene un mayor control de su cuerpo y de su poder —explicó Clarice.

—¡The Bunnyman! —exclamó "Judy", lanzando la zanahoria al aire—. ¡Haz tu truco!

De repente la figura extendió sus brazos y garras, por lo que Nick pudo ver que tenían dedos muy largos y con uñas muy gruesas, y aplastó la zanahoria entre ellas. No hubo puré de zanahoria volando por todos lados, sino que la figura separó sus patas y mostró una daga completamente naranja, sostenida del mango y la punta de la hoja por las palmas de ese ser. Ésta descendió hacia Judy, que la agarró con la pata derecha.

—Maldición... si, eso confirma su habilidad especial, puede cambiar la forma de las cosas.

Y considerando que tiene todo un bolso lleno de zanahorias, podemos suponer que sólo puede emplear su habilidad de transformación en esa verdura.

—¿Una coneja que puede convertir zanahorias en armas? Es una habilidad tan obvia que suena ofensiva —rió el zorro cuando la coneja se lanzó a la carrera nuevamente, dispuesta a acabar con su enemigo de una vez por todas—. Aquí viene... —se dijo a si mismo cuando tuvo a la coneja a menos de un metro de distancia, con el cuchillo a punto de hacer contacto con su estómago.

Y entonces Nicholas tomó el brazo de la coneja con su pata lastimada, desviando el cuchillo hacia abajo y dándole un potente codazo con su Foxy Lady en el estómago de la Usuaria, quien logró liberar su brazo justo después y dirigió el cuchillo contra el pecho de Wilde. El zorro tomó su brazo de nueva cuenta, le dio un potente cabezazo, y le arrancó el bolso cuando la coneja intentó apartarse, lanzándolo al vagón continuo y cerrando la puerta.

—Te crees muy listo, ¿no es así, Nicky? —preguntó la coneja al apartarse, sacando a su Stand nuevamente, ahora enfrente de ella—. Pero a diferencia de Soft Cell, el poder de The Bunnyman está al mismo nivel que el de Foxy Lady, y tu Stand está limitado por tus heridas. Dime, ¿¡quién es el que tiene la ventaja ahora maldito zorro!? ¡Ríndete de una vez y ven conmigo si no quieres sufrir mucho más antes de morir!

—Me rehúso —respondió el zorro, con una sonrisa y voz tranquila, sacando a la coneja de sus casillas—. ¿Sabes qué es lo que más odio de ti, Duke? —preguntó ya cuando la coneja, exponiendo a su Stand delante de ella para protegerse, se lanzaba en su ataque.

Nicholas puso a su Foxy Lady delante de él, pisando fuertemente para levantar el tubo de acero que antes había arrancado, empleando su fuerza para doblar el tubo sobre el brazo derecho de The Bunnymen justo después de esquivar su ataque, usando su pata trasera real para hacer tropezar a la Usuaria, y tomando a su Stand de ese punto de agarre para impactarlo contra la pared con todas sus fuerzas, sacudiendo tanto el tren como el cuerpo de la coneja, que recibió un daño equivalente y quedó arrodillada.

—Lo que más odio de ti... es la forma en que te vales de la fuerza de los demás para lograr tus propios y sucios propósitos, tal y como un parásito lo haría. Es por eso que ese Stand te queda muy bien. —Pateó el lado derecho del rostro de la coneja cuando esta intentó levantarse, aturdiéndola lo suficiente para quitarle el cuchillo de las patas y arrojarlo lejos, para luego posicionarse encima de ella y aferrar su cabeza con fuerza entre sus patas—. ¡No llegarás más lejos que esto, comadreja traicionera!

—¡Estúpido! A esta distancia, no me será difícil destrozarte con el Stand de la coneja—dijo al sacar los brazos de The Bunnyman para aferrar los de Foxy Lady, oprimiendo con su fuerza y provocando un serio daño en ellos, pero el zorro no lo soltó.

—¡Tienes que recordar, Judy Hopps! ¡No eres la vil criatura en la que Duke te ha convertido! ¡Recuerda! —le gritó en la cara, pero la coneja apretó los dientes al dirigirle una mirada que inspiraba el estado de locura más salvaje posible, proveniente del parásito de Duke.

—¡Es inútil! ¡Tus palabras no llegarán hasta ella! —devolvió al oprimir, y el zorro escuchó con claridad el chasquido en los huesos de sus brazos. Resistió el dolor en aumento, y se dispuso a jugar su última carta, su última oportunidad: su habilidad especial.

—Quizá mis palabras no lleguen... ¡pero sus recuerdos sí lo harán! —exclamó con determinación y de un momento a otro, la mente de "Judy" quedó completamente en blanco.


El incesante timbre del despertador de su celular arrancó a la coneja de sus sueños aquella mañana. Se volteó hacia el otro lado de la cama cuando el resplandor del sol alcanzó sus ojos, y se quedó mirando en dirección a la cama de enfrente, donde su hermana menor, Jessica, dormía plácidamente, sin siquiera haber notado aquel molesto timbre. Judy sonrió, y su mirada pasó al resto de las camas de sus hermanos, que dormían de igual manera. Revisó su celular una vez más y encontró que ya eran las 5:15 de la mañana, por lo que poco a poco se levantó con una sonrisa en los labios, estirando sus brazos y exponiendo su cuerpo semidesnudo a ese cálido resplandor solar.

Quince minutos después, la actividad en el comedor de su casa estaba en auge. Un cuarto de veinte por cuarenta con amplias ventanas que albergaba a no menos de doscientos cincuenta conejos, cuyo desayuno era preparado por sus padres y hermanos mayores, incluyendo a la joven Judy, quien preparaba tostadas y jugo de zanahorias para cincuenta de sus hermanos en compañía de dos de los mayores. La sonrisa de aquellos pequeños mientras platicaban y comían, preparándose para comenzar un nuevo día, la llenaba de un inmenso gozo, uno que nada más podía llegar a darle.

"Tienes una hermosa familia, ¿sabes?"

Judy interrumpió su labor para mirar a los lados, buscando si alguno de sus hermanos o sus padres había hablado, pero al ver que los mismos estaban tan ocupados como ella, supuso que había imaginado aquella voz. Aún así, no podía estar más de acuerdo. Si había algo preciado para Judy, algo que quisiera proteger con uñas y dientes si lo requiriera, era aquella familia, conejos por los que daría todo lo que tenía.

—Oye, Jessica... —llamó a su hermana menor, quien ahora estaba metiendo las zanahorias sin el cabo en la juguera. La coneja en efecto, de pelaje gris y ojos esmeralda, llevaba un pantalón de jogging negro y una ajustada musculosa del mismo color que resaltaba sus curvas—. A la tarde, cuando termine mi turno en la verdulería, quería visitar una nueva tienda de ropa que abrieron en Lemon Brook. Creo que me vendría bien cambiar un poco de estilo. ¿Quieres venir? —invitó ella.

—¡Seguro! De cualquier forma, tenía ganas de salir a pasear luego. ¿Quieres que pase a buscarte con la camioneta del abuelo?

—Estoy casi segura de que se enojó la última vez que la usaste —respondió con cierta duda.

—¿Segura? —preguntó con una sonrisa divertida, para dirigirse al viejo conejo que ahora desayunaba con algunos de sus nietos en una de las primeras mesas—. ¡Abuelo! ¿Alguna vez tomé tu camioneta?

—¡No que yo recuerde, Angélica! ¡Pero tu padre sí lo hizo en el setenta y seis, cuando estaba saliendo con tu madre! ¡Recuerdo que ese día había salido una nueva marca de tostador que a tu tío le gustaba, y que...! —Jessica dejó de prestarle atención al viejo conejo cuando empezó a divagar para sonreírle a su hermana mayor, quien negaba con una sonrisa.

—¿Lo ves? Ni siquiera lo recuerda.

—Está bien, pasa a buscarme a eso de las tres. ¿Te parece bien? —preguntó, y su hermana asintió sonriente antes de regresar a su trabajo, pues aún quedaba bastante por hacer, y el día recién estaba comenzando.

Apenas media hora después, Judy ya estaba saliendo de la granja familiar recostada en el asiento de acompañante de la camioneta de su hermano Joshua, quien había puesto la radio en la estación de rock de los 80s que tanto le gustaba, y que ella estaba acostumbrada a escuchar, al igual que sus tres hermanos que viajaban en la parte de atrás, compartiendo un café del termo que siempre llevaban. Joshua y ella no tenían un gusto especial por el café, pero lo que sí hacían era beber un té de frutos rojos apenas llegaban a la verdulería, su lugar de trabajo en donde pasaban la mayor parte del día, ayudándose entre sí para mantener a su gran familia.

Se recostó contra la puerta por un instante, disfrutando de aquella brisa que traía a su nariz el aroma del césped mojado por el rocío de la noche, y aspiró profundamente aquella fragancia que le traía la paz más pura, que le transmitía la sensación de que todo estaba en orden entre el universo y ella.

"¿De verdad vas a dejar ir todo esto?"

La extraña voz que antes había percibido se hizo presente nuevamente, y Judy se volteó hacia su hermano creyendo que era él quien había hablado, pero el mismo estaba moviendo su boca la ritmo de la canción que ahora sonaba en los parlantes de la camioneta, y la coneja asumió que aquello venía de su imaginación. Pero... ¿por qué? ¿Por qué sentía que estaba olvidando algo importante? ¿Por qué sentía que aún tenía algo pendiente de lo que debía ocuparse? No podía adivinarlo, pero supuso que quizá lo recordaría mientras trabajaba.

Aquella mañana comenzó como cualquier otra. Ella y sus hermanos abrieron la tienda con normalidad, levantando la persiana y acomodando fuera los cajones de verduras poco a poco, sin prisa alguna. Aquella era su pequeña rutina, y una vez todo estaba listo, se sentaban allí a platicar, jugaban cartas, y veían televisión mientras alguno de ellos atendía a los clientes que llevaban. Todos trabajaban como uno sólo, muchas veces sin necesidad de intercambiar palabra, y la pasaban tan bien como podían sin descuidar el negocio.

Lo que más le gustaba era que su familia siempre tenía una historia para contar, como su pequeña hermana Mimi que, con doce años, era la coneja con el mejor promedio de su curso, lo cual la enorgullecía enormemente. Joshua estaba planeando proponerle matrimonio a su novia Kelly el fin de semana siguiente, y su hermana Julia estaba preparando todo para abrir una casa de té cerca de la estación el mes siguiente. Poder platicar con ellos sobre los planes que tenían para el futuro, el poder ayudarlos a dar los pasos que debieran para lograr sus propósitos, era su razón de ser en el mundo, y sin importar qué, ella siempre protegería a su familia.

Fue cuando todos estaban por sentarse a la mesa en la trastienda para almorzar cuando alguien llamó en la entrada. Joshua estuvo a punto de levantarse, pero Judy se le adelantó mientras lo detenía con un gesto para que siguiera comiendo mientras se dirigía a la entrada de la tienda.

—¡Aguarde un momento! Enseguida lo atiendo —dijo al salir, encontrando en la puerta a un zorro de pelaje naranja y ojos verdes, con jeans color crema y camisa verde con corbata azul marino—. ¡Disculpe la tardanza! Dígame, ¿qué se le ofrece?

—Buenas tardes, señorita. Quisiera medio kilo de moras, si no es mucha molestia —pidió con un tono amable.

—Por supuesto, un... —estuvo a punto de dirigirse hacia los cajones en busca del pedido, pero algo la detuvo, pues reconoció en aquel tono de voz el mismo que había creído oír con anterioridad, tanto en su casa como en la camioneta, cuando estaba yendo a trabajar—Esa voz... —Se volteó hacia el zorro, quien exponía una sonrisa imperturbable, y no pudo evitar hacer aquella pregunta que rondaba en su cabeza—. ¿Nos hemos visto antes?

—No lo sé. ¿Acaso recuerdas mi nombre... JuJu? —preguntó el zorro con el mismo tono. Judy tragó saliva al oírlo, pues no era posible que un extraño conociera el apodo con el que su familia la llamaba, pues nunca le había visto en su vida. ¿O acaso sí lo había visto? Ella también sabía el nombre del zorro, pero... ¿por qué?

—Nicholas Wilde —dejó escapar ella, y zorro asintió solemne—. ¿Cómo es que lo sé? No debería saber algo así.

—Claro que puedes, porque todo esto ya sucedió el día de ayer... antes de que te capturaran —reveló el zorro, y de repente la noche había caído. Judy se encontraba fuera de la tienda, y la persiana había golpeado contra el suelo. Fue entonces que pudo oír sus gritos suplicantes al otro lado de la persiana, y su corazón dio un vuelco. Ahora lo entendía todo, entendía lo que había sucedido, pero había algo que no terminaba de cuadrar en su mente.

—¿Por qué está aquí? ¿Por qué está en mis recuerdos?

—Jugué mi última carta —dijo Nicholas, sonriendo—. Mi habilidad especial es la de poder leer los recuerdos de mi objetivo, aunque también la he usado en pacientes amnésicos, para hacer resurgir sus recuerdos, para hacerles recordar —se aproximó a la coneja que se dejó caer, quedando arrodillada en el suelo—. JuJu... quizá no pueda ayudarte a recuperar el control, pero puedo mostrarte todo lo que estarías perdiendo si dejas de luchar, si dejas que el parásito que ahora te controla gane la batalla. A este paso caerás en las garras de la organización criminal S.A.V.A.G.E, y ellos utilizaran tu habilidad a su antojo. Puede que incluso lastimen a tus seres queridos si tienen la necesidad. ¿De verdad vas a permitir que lo hagan? ¿Vas a permitir que este poder caiga en sus patas? —cuestionó el ser frente a ella. Judy cerró sus patas con fuerza. No necesitaba pensar una respuesta, ni siquiera necesitaba pensar demasiado en lo que estaba sucediendo allí en ese preciso momento. Sabía lo que debía hacer.

—No... no puedo hacerlo. No puedo permitírselos —apretó los dientes al mirar al zorro frente a ella—. Hay demasiadas cosas que quiero proteger, y no voy a dejar que esa organización me quite lo más preciado para mí —un nudo se formó en su garganta al pensar en sus hermanos, en sus padres, en sus tíos, en sus abuelos. No iba a dejar que la alejaran de todos ellos—. No quiero olvidar, y no voy a olvidar. Y si tengo que pelear para defender lo que más amo, ¡voy a luchar hasta el final! —respondió con determinación, y Nicholas sonrió ampliamente. No necesitaba más.

—Entonces ven conmigo —ofreció su pata a la coneja arrodillada—. Porque vamos a luchar juntos hasta el final, JuJu. Te lo prometo —la coneja observó su pata por un muy breve instante antes de tomarla con fuerza, y el zorro no perdió tiempo en ayudarla a incorporarse. Ya todo estaba dicho—. Buena respuesta.


Y de pronto, al abrir los ojos de aquel sueño en el cual estaba sumergida, todo estuvo claro. Vio al zorro frente a ella con cansada expresión, tomándola de la cabeza, mientras que ella mantenía sus patas fuertemente aferradas a los brazos del zorro, luego de haber partido sus huesos como palillos con la fuerza de su propia habilidad, pero el depredador no la había soltado en ningún momento, pues estaba dispuesto a hacerle ver la realidad de una forma u otra.

—¡Maldito zorro! Si no me quitas esas patas de encima... ¡las partiré a la mitad! —amenazó una voz que venía de ella, una voz que no era suya—. ¡N-nicholas! ¡A-apartese de mí! ¡No quiero lastimarlo! —gritó la verdadera Judy, sin ser capaz de aflojar su agarre.

—Ni hablar, JuJu. Te dije que haríamos esto juntos, y voy a cumplir con mi palabra. Pero tu tienes que poner tu parte también, tienes que luchar contra esta cosa con tus propias fuerzas —dijo cuando las patas de The Bunnyman le estrujaron más de lo que esperaba, siendo incapaz de reprimir un gemido al crujido de sus huesos—. T-tu puedes hacerlo, Judy. Sé que puedes, se que tienes esa fuerza dentro de ti.

—Imbécil, lo único que ella tiene dentro suyo es a mí. Y no voy a rendirme —dijo la voz proveniente del parásito cuando las raíces en el lado de su rostro se extendieron incluso más, y los dientes de ese mismo lado comenzaron a verse más filosos y puntiagudos, tal y como eran los del Usuario de Soft Cell—. Ahora, Nicky, voy a arrancarte esos lindos brazos de zorro, y voy a llevarte conm... conmi... —fue incapaz de completar la oración cuando la coneja recuperó el control momentáneamente, aflojando su agarre y pateando al zorro con todas sus fuerzas para alejarlo de ella.

—¡No sé que estás haciendo conmigo! ¡No sé quien eres! ¡Pero sin duda no voy a dejar que sigas haciendo de las tuyas! ¡Este es mi cuerpo, y nadie va a manipularlo para hacer algo tan horrible como lo que planeas! ¡No voy a permitírtelo! —gritó ella, arrodillada, pero Duke se sobrepuso al intento de Judy.

—¡Coneja estúpida, no puedes luchar contra mi! ¡Nadie puede vencer a mis parásitos! ¡No importa que hayas despertado, retomaré el control y vendrás conmigo lo quieras o no! —gritó al arañar su rostro con sus propias patas, enloquecida.

—¡No voy a permitírtelo! ¡No voy a permitir... que lastimes a nadie más! —gritó Judy con todas sus fuerzas al sacar a The Bunnyman, tomando el tubo de metal que el zorro había dejado caer y oprimiendo el extremo con todo el poder de su Stand, ahora resultando en una afilada lanza—. ¡Esto... es el fin! —exclamó al apuntar contra su propia cabeza.

—¡Judy no! —gritó el zorro pero, para entonces, la coneja ya se había atacado a si misma. El extremo del tuvo se clavó en el lado derecho de su frente, justo debajo de su oreja, y ese fue el fin del parásito que la poseía.

—¿Qué... qué hiciste? —preguntó la voz ahogada de Duke, cuando las raíces que rodeaban el rostro de Judy comenzaron a desintegrarse, desvaneciéndose en el aire.

—Mi habilidad... tiene una percepción y poder sin igual. Gracias a ella, pude deducir el punto de mi cabeza en el cual te encontrabas, y atacarlo con este tubo mediante la fuerza de impacto justa para no suicidarme. Alcancé tu parásito, sin tocar mi cerebro —explicó ella al moribundo parásito, y al cabo de unos instantes no quedó ni rastro del mismo. Habiendo derrotado a su enemigo, el Stand de Judy regresó con ella, y la coneja se derrumbó en el suelo al extraer el tubo de su cabeza, exhausta.

Maldición... ¡ve con ella Wilde! ¿¡Qué estás esperando!? —gritó Clarice en el auricular de Nicholas quien, incorporándose con mucha dificultad dados sus brazos rotos, se aproximó a la coneja rápidamente.

—¡Judy! Judy, cielos... ¿estás bien? —cuestionó al arrodillarse junto a ella, y la coneja aún consciente se volteó hacia él con una sonrisa.

—Creo... que te debo una —dijo ella, y el zorro sonrió. Finalmente lo habían conseguido.

—Ya hablaremos de eso... de momento tenemos que escapar del tren —dijo él antes de ver sus brazos caídos, ahora inútiles pues prácticamente estaban partidos a la mitad, y consideró que sería incapaz de manejar la motocicleta en el vagón continuo para regresar—. De alguna forma...


Stand: Soft Cell
Usuario: Duke Weaselton (Estado: Fallecido)

Stand: Foxy Lady
Usuario: Nicholas P. Wilde (Estado: Malherido)

Stand: The Bunnyman
Usuario: Judy June Hopps (Estado: Recuperó la conciencia)

Continuará →