Capitulo 4: Los borrachos no mienten, besan

Mil veces me arrepentí de haberme saltado el trabajo aquella noche. Durante los días siguientes a aquella noche todo fue más solitario y oscuro de lo que ya fue desde que él me dejó. Y, aunque al principio eché la culpa al alcohol, siempre supe, incluso cuando salia con Lukas, que aquel pasado que tuvimos volvería algún día. Era inevitable, ese es el precio que se paga cuando dos amantes se vuelven amigos.

-Ber, tío, va.-dijo riendo por la situación.

Habían pasado meses, no, años, desde la última vez que había visto a su mejor amigo bebido de tal forma, tambaleándose de manera graciosa de un lado a otro y vomitando en cada una de las esquinas que encontraron de camino del bar donde los compañeros de trabajo del bebedor social seguían haciendo una gran fiesta completamente bebidos y alocados y el pequeño "hogar" que tenía este con su pareja. Para que respirara mejor y no se la manchara, Søren le había desecho el nudo de la corbata y se la había quitado junto a la chaqueta del traje de trabajador serio que solía llevar. A diferencia de él, Berwald había encontrado un buen y cómodo trabajo donde cobraba mucho. Un amigo de su tío le había contratado en su compañía como relaciones públicas, de forma que su seriedad y su aplicación profesional le servían para dar a la compañía un aspecto más serio y de más nivel.

-No es propio de ti caer tan bajo.-pinchó, burlándose del rubio cuando volvió a parar a vomitar tras un contenedor de reciclado de vidrios.

El otro, callado, continuó dejándose arrastrar hasta que se encontraron cerca del apartamento en el que vivía. Al llegar, el danés golpeó con el dedo indice el botón del ascensor varias veces para que los llevara al piso correcto. Ni la luz del botón ni el típico sonido que el ascensor hacía al ponerse en marcha hicieron acto de aparición, simplemente, el botón cedía a cada golpe hundiendose en la pared de metal tras la cual se encontraba el cableado electrico de la maquina. Nada. Uno, dos, tres, siete, quince...Miles de golpe dio el danés antes de darse por vencido y, con un soplido de cansancio y una maldición, cargara al otro del hombro pasando su brazo por detrás de su cuello e hiciera fuerza para arrastrarlo hasta el borde de las escaleras.

-Solo son tres pisos, tú puedes.-se autoanimó.

Un escalón, dos escalones...Y al intentar subir al tercero su cuerpo se torció en una difícil postura al tiempo que las puntas de sus pies se levantaban haciéndole perder el equilibrio. Gracias, y por desgracia para su cuello, a que el cuerpo del otro tiró para el lado contrario, consiguió recuperar el equilibrio y volver hacía adelante. Su vista se centró en lo alto de las escaleras, viviendo en sus carnes la tortura de lo que iba a ser cargar con el otro hasta el tercer piso de aquel bloque sin ninguna ayuda. Y no es que Berwald fuera poco pesado, él era un armario de dos metros con un peso envidiable para muchos boxeadores.

-Tres pisos...-lloriqueó.

Suavemente, dejó el cuerpo de su amigo sentado en el cuarto escalón y se colocó a su lado, con ambas piernas abiertas y los codos apoyados uno en cada muslo para relajar sus doloridos hombros. Iba a ser imposible llevarlo hasta arriba, más que nada porque el sueño y la falta de una cena en su estomago lo debilitaban demasiado. El sueco murmuraba cosas sin sentido, en una especie de limbo entre la cordura y la embriaguez. Con una sonrisa divertida, Søren llevó su mano a los cabellos casi grisáceos de su amigo y los revolvió para que adquirieran un aspecto más descuidado, como cuando iban al instituto y no se peinaba nunca tras hacer Educación Física.

Cuando iban al instituto. En aquella época ambos habían salido juntos. Bueno, realmente no se podría llamar "salir juntos" pues lo único que hacían era ir uno a casa del otro o el otro a casa de uno, siempre y cuando no hubiera baño o vestuario cerca, y dar rienda suelta a su desenfrenada pasión juvenil que por culpa de las hormonas no se acababa nunca. No pudo disimular una risa por ello. Aunque nunca lo reconociera, y el resto de sus amigos no lo supiera, en aquella época él fue el pasivo de la relación y el otro siempre conseguía mandarle y obligarle a hacer lo que quisiera. Tiempo después, pasados los años y habiendo un distanciamiento entre ambos, conoció a Lukas y acabó enamorándose de él. Por coincidencia, Berwald conoció a Tino tiempo después por lo que la ruptura no fue nada dolorosa por ninguna de las dos partes. Simplemente fue sexo adolescente.

-El padre de familia borracho...-susurró.- Menos mal que Tino no te puede ver ahora mismo, que desilusión se llevaría...

-Søren...-susurró el otro.

-¿Eh? ¿Ya estás mejor?-preguntó, viendo como su amigo se giraba hacía él mirándole fijamente.

-Te amo.-anunció de golpe.

Apenas tuvo tiempo de reaccionar. Berwald se abalanzó sobre él medio-borracho y juntó sus labios con los del sorprendido danés que no pudo separarse del otro porque una fuerte y grande mano se apoyó sobre su nuca y lo apretaba hacía el frente. La lengua del sueco se hizo paso a su boca y la otra mano apresó el cuerpo del rubio que lo intentaba apartar de si. Apenas pasaron segundos, pero el cuerpo del danés dejó de forcejear y se calmó, sintiendo el beso que el borracho le daba y la sensación de embriaguez misma que el olor y el sabor del alcohol le estaba proporcionando y el poder de sus hormonas masculinas contenidas por tantos días aflorar ante el contacto del otro. Cabía añadir que el haber estado recordando algunos de los momentos más excitantes con el otro momentos antes no le estaba sirviendo mucho en su defensa, por lo que acabo uniéndose a aquel beso y dejándose llevar por la pasión que el otro le brindaba.

Apenas se separaron, pero se volvieron a juntar apasionadamente en un nuevo beso más profundo y ya con las manos acariciando el cuerpo del otro en el pie de aquellas escaleras.

-N'nca...te olv'dé...-susurró el sueco, mordiendo el cuello de Søren que simplemente gimió ahogadamente.-Te amo...

Algo rompió el momento mágico y no fueron las palabras de Berwald. Cuando ambos miraron hacía arriba, encontraron a un Tino con la cara enrojecida y cubierta de grandes lagrimas, vestido simplemente con el pijama y con una de sus manos apretándose el corazón con fuerza. Antes de que ninguno de los dos dijera nada, comenzó a correr escaleras arriba para librarse de la presencia de los dos a los que había considerado personas de confiar, uno su pareja y otro el que creía que era su mejor amigo y a los que había descubierto besándose apasionadamente al pie de las escaleras de su edificio.

He...La hice buena acompañando a Berwald a su casa aquella noche. No, realmente no. Lo peor de todo fue que después de aquello fuimos a mi casa.

No dormimos en toda la noche. Apasionadamente, nos abracemos una y otra vez hasta caer agotados en la pequeña cama individual de mi habitación de estudiante. Toda la noche, ignorando al lloroso Tino que tenía el corazón roto y al resto del mundo, simplemente repitiendo aquello que de jóvenes hicimos una y otra vez.

No tardaría en darme cuenta de la verdad. Berwald nunca olvidó lo que tuvimos. A diferencia de mí, él se enamoró completamente del yo adolescente que le daba a llenar aquel vacío sentimental que tenía. Y yo le dejé, tal y como Lukas me había dejado a mi por otro. Él había pasado por todo lo que había pasado días atrás, y solo pues no podía contárselo a nadie ni ir a llorar a otra persona. Yo había sido el Lukas de nuestra relación y él se tuvo que aguantar las lagrimas. Buscó a alguien con quien rehacer su vida, aunque en sus inicios solo fue para intentar que me diera cuenta de que lo perdí y volviera corriendo hasta él. Berwald nunca amó a Tino, sino a mí. Quizás con el tiempo lo hizo, pero sin olvidarme.

Y yo nunca le amé.

Quizás por eso, aquella noche, en mi cama, con ambos cuerpos desnudos y agotados entrelazados entre si, acabó nuestra amistad y nos volvimos simples extraños.

Aquella noche, lo poco que quedaba de mi grupo de amigos se desintegró al completo.


N/A: ¡Hola a todos!

Sé que he tardado casi un año en continuar este fic, lo siento mucho pero comencé 2º Bachiller, tuve problemas médicos, familiares, sentimentales, me descargué el FFV y el FFVI para ordenador y también me puse a enviciarme a series como SPN y Merlín y olvidé por completo el mundo del escritor.

No es escusa, lo siento. Mas que nada porque este fic solo iba a ocupar 5 capitulos y ni siquiera lo terminé. Si, por si algún caso, alguno de mis antiguos lectores sigue vivo, gracias por hacer el esfuerzo de soportarme de nuevo.

Por cierto, leí todas las criticas. Casi lloro de alegria~ Realmente, amo a mis lectores, a pesar de que os trate tan mal D:

Próximo Capitulo (y último): Cinco caminos.