Días sin
V
Abrí los ojos y por primera vez no me asustó el aspecto de las paredes. Miré por la ventana como si lo hubiese hecho cientos de veces antes. Nueva York se había convertido sin que apenas me diese cuenta en mi otro hogar. Sin avisar, de un día para otro. Me apetecía comprar un café para llevar, de esos que te queman la lengua por una semana y se sirven en un vaso de plástico pero te lo cobran a precio de oro. Abrí la ventana y dejé que el viento entrase en el cuarto. Me hubiese gustado ser aire e ir entre la gente sin miedo a perderme. Podría encontrarme entonces jugando al billar –siempre quise aprender- con un grupo de irlandeses, tomando un yogurt desnatado con las copias de Serena Van Der Woodsen (4) o escuchando góspel desde la puerta de la iglesia hasta que mi cuerpo comenzara a bailar solo y cantar, gritar como nunca lo he hecho para ver cientos de palomas volar a mi alrededor, escapando a un lugar mejor, tal vez al mismo sitio donde se encontraban los patos.
Tardé un poco en darme cuenta de mi rostro empapado por la lluvia. Cerré la ventana, la música en mi cabeza se apagó de golpe.
Me senté sobre el colchón y miré mi cuaderno abierto con desgana. Si bien era un gran avance haber conseguido una frase decente, no muchos pasan a la historia por una frase. Desde luego, no seré un Augusto Monterroso (5).
"Nueva York, aun con sus defectos, es bella."
Mimi había tratado de explicarme por qué precisamente son los defectos los que embellecen a una persona. Estaba obsesionada con Holly, el personaje de Audrey Hepburn en aquella película que grabó los diamantes de Tiffany's para siempre en la cultura popular. Una chica alocada, impulsiva, que valoraba su libertad por encima de todo y, sin embargo, tan frágil. Descubrí que la canción que canturreaba Mimi por las mañanas era Moon River (6) y que se basaría en Holly para su próximo cambio de look.
—Todos se enamoran de Holly, Takeru. Lo que pasa es que tú no has visto la película y no lo entiendes.
No me hacía falta ver la película para saber que mi tipo de mujer era otro.
Sin embargo, el tiempo que había pasado con Mimi me hizo ver en ella mucho más que la chica consumista y poco interesada en las cosas serias de la vida, ésa que todos teníamos en mente. Mimi es pura bondad, no de esa bondad que salta a la vista porque uno está demasiado ocupando fijándose en la chispa de sus palabras, sus movimientos coquetos, su risa contagiosa. Continuamente me preguntaba si acaso interpretaba un papel. A veces sus excentricidades no me dejaban ver más allá.
—Me encanta escuchar las conversaciones telefónicas cuando voy en autobús. Siempre me invento la vida de la otra persona.
Me hizo gracia ese detalle, pero nada superó sus gustos cosméticos.
—¿Sabes, Takeru? Todos piensan que me tiño el pelo porque me aburro, pero no es cierto, en realidad me encanta el olor del tinte. Puedo estar estresada, pero me acerco un mechón a la nariz y se me pasa.
Ni aunque me pasase años escribiendo, se me ocurriría un personaje tan complejo. Creo que tengo problemas con los personajes femeninos, como la mayoría de escritores.
Puede que sea por ese motivo, pero me pasé algún tiempo dándole vueltas al beso de Mimi y ningún rincón de mi cabeza tenía las respuestas. Me convencí de que era un juego de los suyos, hecho sin pensar, simplemente porque le pareció divertido. De ningún modo una chica como Mimi se fijaría en mí. No sé por qué me preocupaba, pero llegué a esa conclusión. Una chica de su estilo, que tenía todo lo que quisiera, debía sentirse atraída por los tipos como mi hermano, con cierto aire inalcanzable.
—¿Has pensado adónde te gustaría ir hoy? —me preguntó mientras esperábamos por el café.
—La verdad es que no.
Sonrió levemente. No sé si en su caso el gesto denota apatía.
—Entonces cogeremos la primera línea que veamos.
Acabamos en Chelsea, un barrio de Manhattan conocido por sus galerías de arte, restaurantes, tiendas y su comunidad gay.
—Ciao, bello! —nos dijeron dos hombres desde una cafetería.
Mimi se giró y habló con ellos en inglés. Se rieron y ella se despidió mientras me agarraba por la espalda.
—Les he dicho que eres mío. Es extraño que por primera vez te miren más a ti que a mí —me dijo Mimi. Yo trataba de no mantener contacto visual con nadie—. Es bonito que me envidien por ir contigo.
Me cogió de la mano el resto del paseo. Pensé que le gustaba fingir que éramos pareja.
—Nunca tuve novio, no de esos que te cogen la mano como si fuese un tesoro.
—Ya aparecerá —opiné, siempre pensé que las mujeres lo tenían más fácil.
Dimos una vuelta por un mercadillo de antigüedades. Allí la perdí de vista unos minutos por quedarme embobado con una máquina de escribir.
—¿Dónde estabas? —le pregunté intrigado por su expresión traviesa.
—Te dije que me esperases aquí y he vuelto. Estás un poco nervioso hoy. —Tenía razón.
Volvimos al apartamento antes de que nos empezasen a doler los pies. Mimi seguía insistiendo en ir a la fiesta y no quería cansarse caminado.
.***.
Me obligó a ponerme una chaqueta de su compañero de piso. No quise preguntar si tenía permiso para hacerlo.
—No es la mejor chaqueta del mundo, pero te sienta bien. Te pasa como a mí.
Encendí la tele esperando a que ella terminase con el maquillaje. Para cuando me di cuenta de que no entendía ni el canal infantil, ella salió de su habitación haciendo ruido con los tacones.
—Sí que eres rápida.
—Después de cien fiestas debería serlo. Creo que el azul es un color más adecuado para la primavera, pero no importa. Así destaco más.
Me fijé en ella el suficiente tiempo como para darse cuenta.
—Es bonito ¿verdad? Elegiste bien.
Debía ser cierto, ya no me la imaginaba con otro color.
Tenía la impresión de que la fiesta sería algo parecido a un capítulo de Gossip Girl, pero no fue así. Mimi se vestía elegante porque le gustaba.
Como predije, apenas fui capaz de presentarme a sus amigos. Además no nos quedábamos más de cinco minutos con cada uno, apenas recuerdo sus caras. Mimi necesitaba ponerse al día con todos. No sé cómo conseguía hablar con aquella música.
Salimos afuera, ella siguió parloteando con la gente mientras yo me apoyaba en la pared. Al verla tan pendiente de los demás tuve claro que no tenía el menor interés en mí, fuera de nuestra amistad. Si hubiese tenido mi cuaderno conmigo, la palabra "estúpido" seguiría repitiéndose una y otra vez.
Una chica se me acercó, le dije que no hablaba inglés –qué marginado me sentía-, y me preguntó cuál era mi idioma.
—Yo estoy clases dando —no la corregí, parecía muy amable— ¿Gusta bailar?
Mimi me miró desde lejos y sonrió sin enseñar los dientes.
—Sí —mentí. Me suelo sentir ridículo cuando bailo pero en ese momento no vi mejor modo de relacionarme.
Me cogió de la mano y fuimos dentro. Bailamos varias canciones, yo no lo hacía muy bien aunque a ella parecía divertirle. Tomamos un par de copas, me extrañó que me invitase, pero me gustó.
Me apetecía que esa desconocida me prestara atención, aunque solo fuese una noche.
Apoyó su cabeza en mí y nos detuvimos. Noté su aliento en mi cuello, creo que mi sensibilidad se había visto aumentada.
—Voy el baño —me dijo clavándome la mirada, asentí y la esperé terminándome la copa.
Vi como Mimi se acercaba a mí algo alterada.
—¡Takeru! ¿Por qué estás con ella? —me gritó mientras trataba de apoyarse en la barra—. Esa chica es mala, es lo peor ¡La odio!
Agarré a Mimi de los hombros temiendo que se cayera al suelo, los tacones de aguja no ayudaban.
—¿Pero qué te ha hecho? —pregunté. Tenía la impresión de que solo exageraba.
Mimi se giró, ofreciéndome su perfil.
—Tú no lo entenderías… De todas las chicas que hay aquí hoy, has escogido la peor elección de todas. La peor.
No sabía si Mimi reaccionaba así por el alcohol o por algo más. Tampoco sabía lo que quería.
—Tú me lo dijiste, que debía estar con alguien para olvidar.
—¿Y qué sentido tiene sin cariño? —No podía comprender en qué momento nos habíamos cambiado los papeles—. Olvídalo, haz lo que quieras.
Me dolía que se enfadase conmigo cuando apenas me quedaba un día y medio en la ciudad pero al mismo tiempo resultaba tan absurdo que no podía hacerle caso.
Me encaminé hacia la que estaba siendo mi pareja de la noche.
—¿Por qué no venir conmigo baño? —me preguntó extrañada. Abrí los ojos todo lo que pude. Mimi tenía razón, me quedaba mucho por vivir.
—¿Ahora? —La chica inclinó la cabeza frunciendo el ceño. Mi teoría es que no me entendió o, tal vez, no asimilaba un rechazo.
Me parecía apresurado, más aún que el viaje a Nueva York. Más aún que la decisión de Hikari. Entonces, recordé su frase "todo es demasiado previsible" y me dije a mí mismo que debía cambiar ¿Por qué no hacerlo?
La cogí de la cintura y nos encaminamos al baño. Qué extraño me resultó hacer eso.
Me empezó a besar por el cuello, era más baja que yo y, a pesar de los tacones, necesitaba inclinarme si quería besarla. Todavía me resistía.
—Mimi gusta de ti, estúpida.
—¿Qué? —pregunté incrédulo.
—Yo digo que quiere a ti, lo dijo a todos. Pero ti elijes bueno.
Me quedé inmóvil mientras ella trataba de desabrocharme la camisa. Cuando iba por el cuarto botón reaccioné.
—No es estúpida —le dije apartándole las manos de mí—, yo lo soy. Es mi mejor amiga.
Me abroché la camisa mientras buscaba a Mimi. Ya no estaba dentro, tampoco en la puerta. Pero no concebía que se hubiese ido sin mí. Di la vuelta al local y la vi arrodillada en el suelo sin un zapato.
Me quité la chaqueta y le envolví el pie para evitarle un resfriado.
—Sí que eres rápido —comentó burlona. Las lágrimas le habían extendido el maquillaje por la cara— ¿Sabes? Todos me vieron salir corriendo y nadie vino, ni siquiera a darme el zapato. Me odian y no lo entiendo.
La abracé. Yo tampoco lo entendía.
—Estoy seguro de que no se han dado cuenta.
—¿Nos vamos a casa? —me pidió tragándose una lágrima.
—Claro. Espera aquí, voy a por tu zapato.
Estábamos en el autobús y seguía sin devolverme la chaqueta, no me importó, podía aguantar el frío. No dijo nada en todo el trayecto pero de vez en cuando me sonreía, lo que me hizo pensar que no estaba enfadada. Al bajar, caminamos dos calles y quiso parar en un parque cerca de su casa.
—Llevo años queriendo pasar una noche aquí.
Cedí a su capricho. Nos tumbamos en un banco –todavía no me explico cómo fuimos capaces– y despertamos muertos de frío dos horas después.
—Quizás la próxima vez, en verano —dije tiritando.
—¿Volverás? —me preguntó volviendo a su ternura habitual.
—Espero hacerlo.
—¿Dormirás conmigo hoy? —me preguntó en el ascensor.
—Vale —dije tras tragar saliva.
No le pregunté a Mimi si era cierto lo que me habían dicho, creo que prefería no saberlo y evitarme el ridículo cuando me dijera que no. Se metió en cama con la ropa y le acaricié el pelo.
Preferí ir a mi cuarto, tal vez al día siguiente no recordase habérmelo pedido y sería una situación incómoda.
Repasé los hechos antes de quedarme dormido. Estaban demasiado desordenados, cada vez tenía más claro que sería imposible escribir el diario de viaje.
—El peor escritor del mundo, dónde se ha visto un escritor que no tolera el alcohol... El peor… Es un tema interesante para escribir.
Cerré los ojos y le pedí a la cama que dejase de moverse.
Me desperté en medio de la noche muerto de calor. Tenía el cabello de Mimi sobre mi cara y además me robaba un brazo. Me destapé. Pasé el resto de la noche intentando no moverme.
VI
—Te dije que tenía frío —se defendió al despertar. Mi cara no debía ser la mejor del mundo.
—¿Te acuerdas?
Mimi asintió.
—De casi todo —dijo como si desease lo contrario—. Oye, no pasa nada porque te fueras con ella. Sé que te animé a hacerlo, pero no es buena idea. Creo que solo quería justificarme.
Le dije que no pensara más en ello y se fue a duchar. Yo recogí mis cosas, partía en algo menos de veinticuatro horas.
Fue una ducha larga, me dio tiempo a hacer el desayuno.
—Espero que no me odies por el zumo —dije al verla entrar envuelta en la toalla.
Bajó la mirada, debía pensar que trataba de disculparme, al igual que ella lo había intentado con las crepes.
—Uno suele estar de buen humor al día siguiente —opinó con desdén.
—No lo hice —le aseguré convencido de que me creería—. Me tendré que ir de Nueva York sin tener un amorío. Salvo tu beso.
No pudo contener la sonrisa.
—Estuvo bien, espero que te lleves un buen recuerdo de esta ciudad.
—Mejor de lo que esperaba.
—Solo fue una semana. Es poco tiempo.
—No siempre, algunas historias de amor son cortas, ¿no?
—Amor con la ciudad —dijo lentamente, casi se podía notar la separación de las sílabas—. Adorable.
Para entender algunas cosas no hacen falta dos ojos. Me armé de valor, conociéndome, si no lo hacía, me pasaría meses escribiendo estúpido en mi cuaderno.
—Mimi, ¿fue sólo por la chica o querías que estuviera contigo?
Mimi apoyó la cabeza sobre las manos.
—Quizás me puse celosa de que prefirieras a una desconocida. De todos modos, yo no soy tu chica perfecta. No me parezco en nada. Solo espero que la encuentres y que alguien me encuentre a mí, porque me he cansado de buscar. Nadie me soporta —se quejó, seguramente volvía a exagerar.
—Está bien cómo eres. Ojalá no nos separase el océano.
La expresión de su rostro me recordó al Empire State. Acababa de darle la respuesta que necesitaba.
—¿Qué he dicho? —pregunté pensando en mis palabras, no les veía nada especial.
—La distancia, la brevedad… Es lo que yo te decía.
Seguía sin darme cuenta.
—No te sigo.
—Podías poner algo de tu parte, para que luego te enfades si te digo que te falta mucho por vivir… Solo sé que te vas mañana y tal vez no haya otro momento.
¿Es posible que algo haya estado siempre ahí pero nunca te des cuenta? No había tiempo para pensárselo, solo podíamos elegir entre arrepentirnos de hacerlo o de negar la realidad.
Traté de usar la cabeza, me preguntaba qué prefería pero cada vez tenía más calor y mis ideas eran cenizas. Solo sé que me invadieron unas ganas tremendas. Ese debía ser el efecto del que Mimi hablaba. Aprovechar el momento, aunque no siempre se acierte.
—Entonces ¿estás seguro?
Pestañeé con brusquedad y le dije que sí, bien podría tratarse de un sueño porque no era consciente de controlar mis movimientos.
Mimi deslizó su toalla dejando ver su ropa interior. Hasta para eso tenía que ir combinada.
A los tres minutos estábamos en el suelo, siempre imaginé que reservaría el suelo para cuando me comprase un apartamento y todavía estuviese sin muebles. Trataba de no ser demasiado brusco, no quería que se lastimase por mi culpa, pero llegó un momento que no pudimos controlarnos.
No nos dimos cuenta del error hasta tocar nuestros moratones. Estaban por todas partes. No sé si fue la mejor experiencia sexual de mi vida, pero sin duda la más salvaje. La más loca, divertida, imprevista.
Ella tenía razón.
—Estaba equivocada, no te falta tanta vida. Aun así, estuvo tierno, eres adorable.
¿Tierno? No quise preguntarle por su pasado, pero aquello de tierno no tenía nada.
VII
Cuando llegue tendré que inventarme que el último día lo dedicamos al Museo de Arte, o algo así. No me imagino contestando —El Viernes, ya sabes, solo salimos de la habitación para ducharnos.
No importa mentir, debía ser secreto para cumplir una característica más.
Mimi es esa clase de mujer con la que jamás pensé tener algo. Mucho menos algo serio. Para empezar, dos años mayor que yo, lo que durante un tiempo supuso una diferencia importante. Es imprevisible, nunca sé cuándo es débil o cuándo simplemente busca atención. Nunca puedo sentirme seguro a su lado. Se guía por sus emociones, se equivoca continuamente, pero engancha.
Me acompañó al aeropuerto sin soltarme la mano, ni siquiera en el taxi; no le dio conversación al taxista, solo me miraba de vez en cuando y sonreía.
Antes de embarcar me dio una pluma y un cuaderno nuevo para que dejara todo atrás. Los había comprado en el mercadillo de Chelsea.
Yo no sabía qué decir, jamás imaginé que me conociera tan bien.
—Leí que querías una. Vamos, di algo, se supone que tú eres el poeta.
—Pero soy muy malo.
—No digas eso.
La abracé.
—Me siento bien contigo. Creo que me gustaría volver a Nueva York, o, no importa. Dónde sea. Hay tanto mundo por ver.
Es extraño como la última vez que estuve en el aeropuerto solo era un extranjero más y, de repente, encontraba sentido a la expresión "ciudadano del mundo".
Le confesé que no quería desplazarla a mis recuerdos. Su concepto de amor seguía sin ir conmigo.
—No creo que funcione.
—No. —Estábamos cogidos de las manos y empezamos a reírnos nerviosos—. Pero podíamos intentarlo.
Mimi torció la boca medio segundo.
—Quizás vaya a pasar el Fin de Año en Hawaii, preguntaré a mis padres si hay sitio para uno más.
—Y podemos escribirnos o llamarnos, hoy en día ha cambiado mucho la comunicación.
—Supongo que sí.
Noté algo de tristeza en su voz. Eso le habíamos dicho cuando dejó Japón y, poco a poco, nos fuimos distanciando.
—Te escribiré sobre nuestro viaje, te lo prometo.
Pienso que Mimi no me llegó a creer del todo, ni siquiera fue capaz de mantenerme la mirada al despedirse. Quizás le influían sus experiencias.
.***.
Busqué mi asiento y me acomodé, mucho más relajado que en la ida. Abrí mi nuevo cuaderno, con la intención de poder enviarle pronto a Mimi nuestro diario de viaje.
Al principio, solo recordaba que había sido feliz.
Todavía pensaba con cuidado como empezar mi historia. Me empecé a reír, eufórico, porque el Takeru del diario permanecería para siempre en Nueva York sintiéndose tan vivo, eso es lo bueno de reflejar tu vida en letras. Al principio fue una sonrisa discreta que se convirtió en una sonora carcajada mientras la mujer que tenía al lado se pegaba lo más posible a su asiento.
A las tres horas de vuelo me empecé a arrepentir.
(4) Serena, una de las niñas bien o pijas de Gossip Girl.
(5) Autor conocido por sus cuentos breves, en especial el del dinosaurio de tan solo 7 palabras.
(6) Moon River es la canción de la película.
¿Fin? Creo que sí, mi intención era narrar únicamente esa semana y lograr un texto entretenido, ligero y romántico… algo que dieran ganas de enamorarse y a pesar de que me parece algo brusco como deciden liarse, pienso que en esta ocasión cumplí (si no lo hubiera hecho así quedaría demasiado soso). Ahh qué bien cuando pasa eso. Nota mental: Si tienes una idea, escríbela, pero hazlo seguido, que luego se congela. Y escucha Frank Sinatra, uno nunca lo hace demasiadas veces. De verdad, sin el buen rollo de esa canción este fic no pasaría de un párrafo.
A propósito del título, surgió en el último momento. Apoyado por la idea de Días sin escribir, con toda la carga que tenía al principio. Quizás no pega mucho con la historia, pero no se me ocurrió ninguno mejor.
Otra cosa, sé que metí muchas referencias… agg en este fic he sido muy caprichosa.
Y sé que no avisé que este iba a ser el último capítulo, no lo sabía, esperaba dividirlo en dos pero creo que funciona bien como bloque.
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