NdA: Gracias por los reviews. No sé si los he contestado todos, pero juro que tenía esa intención (no hay forma de saberlo, esto no deja constancia). Si alguno se me ha pasado, mis disculpas. Gracias también a los que me comentaron que ponía mal lo de los guiones en los diálogos. Es un tema que se me resiste pero he editado los capítulos anteriores y lo he cambiado desde el principio. Aún así, seguramente algún fallo volverá a encontrarse, me cuesta adaptarme al nuevo sistema.

En este cap. no he podido evitar ponerme un poco profunda, lo lamento. A veces me sale sólo. Intentaré que no ocurra a menudo.

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Baile de máscaras

—Remus, tienes que ayudarme.

—Buenos días a ti también, Lily.

Lily es una chica preciosa. Incluso cuando frunce el ceño, refunfuña y se aparta un mechón de pelo rojo de la cara con gesto irritado. A veces logra resultar un poco amenazante cuando se enfada. Tiene fama de chica dura y sabe cómo hacer que la respeten cuando no está de humor. Todos menos Remus, que la quiere y la conoce demasiado como para dejarse engañar por esa fachada. La razón de por qué disfruta chinchándola es un misterio incluso para él. Quizás sea su naturaleza malvada. O tal vez es que le gusta verla enfurruñada. De igual modo, es inexplicable.

—Buenos días, ya. Preciosos —ironiza, tomando asiento a su lado, desplegando toda su colección de libros de Pociones sobre la mesa—. Tú no has tenido que lidiar con esos pequeños monstruos. Para ser Prefecto, eres demasiado permisivo, Remus. Siempre me haces quedar como la mala.

—Es ley de vida, Lily. Alguien tiene que hacer de malo y el papel no me queda. Si lo intentara, fracasaría lamentablemente. No sé hacerme obedecer, sino fíjate en mi labor con James y Sirius. A ti los niños te respetan.

—¡Y a ti te idolatran! Qué gran justicia. —Más que enfadada, Lily parece entre fastidiada y dolida—. El día que repartimos papeles yo debía de estar muy distraída.

—O huyendo de James.

La sonrisa le sale leve y ajena a su voluntad. Despliega un pergamino interminable y suspira. No parece que vaya a poder concentrarse fácilmente en los dos metros de trabajo que tienen que hacer para Slughorn, y eso que Pociones siempre ha sido su materia preferida.

—Si fueras un poco más estricto con ellos, no toda la responsabilidad recaería sobre mí —le reprocha—. Son unos cochinos, no quieras saber cómo estaba la Sala Común cuando entré esta mañana. Si McGonagall aparece, la culpa será nuestra por no controlarles.

—Llámame tonto, pero no veo qué pinto yo en toda la historia. No les dije que ensuciaran.

Lo hace a propósito y Lily le fulmina con esa mirada de "no te pases de listo conmigo". Pero al cabo de un rato de silencio, quebrado únicamente por el rasgar de plumas, la chica levanta la cabeza. Parece más tranquila.

—Me rehuyen. Es entrar en la Sala Común y oigo un "que viene Evans" y para cuando me doy cuenta, los muy cobardes se han esfumado. —Remus tiene que reír porque algo de cierto hay en eso. Lily le ignora—. Pero a ti te saludan, te llaman por tu nombre, te cuentan sus batallitas y… No es justo.

Así que es eso. Remus se siente ligeramente sorprendido. No es que la explicación de Lily sea errónea, pero siempre había creído que ese era el papel que le gustaba desempeñar, que así se sentía más cómoda.

Remus cree que nunca se llega a conocer a las personas. Porque todos llevan una fachada delante, más o menos cercana a la realidad. Ser siempre sincero, ir con el corazón por delante, no fingir ni pretender nada… es terriblemente peligroso. Es jugarse todo a una carta, abrir la puerta del alma y esperar los golpes sin hacer nada para prevenirlo. Sin tener un lugar en el que refugiarse cuando el mundo empieza a parecer un sitio hostil.

Todos tienen un lugar así. Un papel que han elegido, una apariencia que les protege de ser demasiado vulnerables. Remus la tiene, James y Sirius la tienen, incluso Peter la tiene. Cada uno escoge su rol dentro de ese juego que es la vida. Unos se esconden detrás de las bromas, fingen que nada importa. Otros se esfuerzan en permanecer impasibles ante todo lo que les rodea. Pero siempre es fachada, porque la vida sí importa. Importa tanto que da miedo.

Remus Lupin ama y odia su propia fachada. La ama por hacerle sentir seguro. La odia por impedirle mostrarse tal como es. Pero no es capaz de desprenderse de ella y sabe que aunque lo fuera, tampoco se atrevería. Es una forma de cobardía, lo sabe. Y lo acepta.

Por supuesto, también Lily tiene su propia fachada, su rol. Su apariencia. Y por lo que acaba de comprender Remus, también ella la odia algunas veces.

—Es un juego, Lily —dice con suavidad—. Los niños te aprecian, pero necesitan jugar a que un ogro les persigue. Es divertido. Y resulta mucho más seguro cuando el ogro no es tal.

Siempre han conectado. Desde primer año. Desde que se conocieron. Hay algo mágico y cálido en su relación. No suelen hablar de ello desde El Experimento, pero está ahí. Ambos lo saben y lo guardan como un tesoro preciado. Esa amistad más allá de las palabras y las confesiones.

Lily sonríe y es una sonrisa mágica.

—Remus, eres mi hombre ideal.

La risa es suave. Ligera. Y alivia cualquier tensión. Así ha sido siempre todo entre ellos. Liviano, sencillo y agradable, como un día de primavera.

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NdA: Mi Pc se muere. No sé cuánto tiempo le queda. Si me desaparezco (y espero que no), es que pasó a mejor vida.

Como siempre, cualquier comentario, opinión o crítica serán bienvenidos. Sed buena gente como lo soy yo actualizando, dejad constancia de que estáis ahí y nos llevaremos bien. ;)