Disclaimer: Robotech pertenece a su creador, Carl Macek, aunque el dueño de derechos actualmente es Warner Bros.
Beta Reader: MNatalia
Under The Shadow
Capítulo 4: Boreads
Hacía unas horas desde que el personal de enfermería se había llevado a Jamie para una revisión y Elyn aún no recibía un informe acerca del estado de salud de su primer oficial. La actividad en las bahías de carga no se había detenido en ningún momento, ya que debían distribuir sus provisiones de tal forma que la misión no se viera comprometida.
En el puente, la preocupación por Jamie era evidente. Eran un pequeño grupo que no había trabajado mucho tiempo juntos, pero las situaciones vividas los habían hecho muy cercanos. Para Elyn aquella parte de la tripulación era especial.
Frente a ella apareció el afable rostro del oficial encargado de provisiones.
—Señor —saludó.
—Informe de situación —solicitó Elyn.
—Las provisiones están clasificadas, señora. Según las estimaciones, la clonación no sería necesaria hasta dentro de unas semanas.
—Bien...
Su respuesta fue cortada por una segunda línea de comunicación, en la cual se apreciaba el rostro de Jean Grant. Había sido clara con su oficial de comunicaciones al decirle que en cuanto se comunicaran desde la Enfermería debía conectarla.
—¿Bare, estás seguro de que no necesitas más personal? —preguntó Elyn para finalizar la conversación con el oficial en las bahías.
—Muchas gracias, Capitán, pero hasta el momento no es necesario. Con su permiso, señora —Bare finalizó la comunicación con un saludo militar.
Al segundo después, Elyn dirigió su mirada a Jean, quien esperaba pacientemente por su atención.
—¿Noticias, Jean?
—Sí, Capitán —la doctora sonrió—. La teniente Carter solo necesita descansar, su desmayo fue producto del estrés sufrido, además de la falta de sueño por algunos días, según ella misma me ha informado.
—¿Está despierta?
—Sí, aunque ha vuelto a dormir. Recomiendo unos días de descanso, para evitar futuros accidentes.
El rostro de Elyn se contrajo de preocupación. No era el momento más adecuado para darle unos días libres a su primer oficial, pero debía evitar futuros problemas. Era preferible un pequeño descanso ahora, a una larga ausencia más tarde.
—¿Cuantos días, Jean? —preguntó.
—Un descanso de una semana sería ideal, pero el puente no puede perder a su oficial más valioso por tanto tiempo. La indicación será por exactamente tres días y nada menos que eso —Jean volvió a sonreír—. Eso es todo, Capitán.
—Gracias, Jean —la comunicación finalizó. Elyn se dirigió a su oficial de comunicaciones—. Chris, abre una línea con los oficiales del Icarus —en su monitor apareció el rostro de la primera oficial del Icarus, quien hasta el momento, junto con los demás oficiales del puente, había estado asignada a labores de comunicación—. Teniente, ha sido reasignada como la primera oficial temporal del Boreads. Preséntese inmediatamente en el puente.
—Sí, señora —fue la respuesta de la teniente antes de que su rostro desapareciera del monitor.
—¿Boreads, señora? —preguntó Susan, la oficial del radar.
—Es el nombre de la fortaleza cuando está unida, Susan. Vamos a tener que acostumbrarnos.
Mientras en la Tierra, el General Reinhardt intentaba sin éxito volver a establecer comunicaciones con el Boreads.
—Señor, en los escáneres no se evidencia ninguna anomalía en los sistemas de comunicación. Y los análisis de la grabación han resultado negativos en interferencias —informó Sparks al General.
Gunther Reinhardt sonrió para sorpresa de quienes se encontraban en la Sala de Control. Él no conocía a la Capitán Hunter, pero el parecido con sus padres era innegable, y considerándolo de forma realista, Elyn parecía ser de aquellas personas que manejaban las situaciones de forma que beneficiara a su objetivo. Reinhardt borró la sonrisa de su rostro, deseando equivocarse en su juicio, por el bien de la misión y de toda la fuerza Robotech.
—La comunicación con la nave es prioridad, necesito que encuentren una forma de comunicarse con ellos —ordenó.
Esperaba que en el momento en que la capitana se dejará llevar por sus emociones, Vince estuviera allí para apoyarla.
Después de volver desde la Estaciòn a la nave, Dana fue hasta el comedor de oficiales, ya que era el momento de prestarle atención a los constantes sonidos de su estómago. Sin comentar nada, se alejo caminando por las sombras para no encontrarse con ninguno de sus subalternos.
Se ubicó en una solitaria mesa en el fondo de la sala y comió con rapidez, sin la intención de tentar la suerte que hasta ahora había tenido. Angelo le comenzaba a agobiar con su sobreprotección. Según él esa era la forma de cuidarle la espalda a un colega, pero ella no estaba de acuerdo. Aunque después de tantos años ya debía estar acostumbrada.
Otra de las razones por las que intentaba pasar desapercibida era porque no deseaba encontrarse con su hermana, Maia. Se levantó y sintiéndose un poco alegre pensó que con suerte llegaría hasta su camarote sin encontrarse con algún conocido.
Pero parecía ser que ese día no debía hacer apuestas, cuando estaba a punto de salir, la puerta del comedor se abrió mostrando el sonriente rostro de Maia junto a uno de los pilotos de su escuadrón, Rush.
El rostro de las hermanas reflejo desconcierto frente a esa situación sorpresiva. Aunque Dana podía asegurar que Maia le decía con la mirada que debían hablar, rápidamente aceleró el paso y sin saludar se retiró del comedor.
Maia observó la partida de su hermana con tristeza. Existía una conexión entre ellas que Dana negaba con toda su voluntad. Debía darle tiempo y esperar a que ella se acercará por su propia voluntad, cuando su corazón se lo permitiera.
Ariel volvió a la nave con una sensación inquietante. Su conexión con la Regis aún era poderosa y aquella preocupación provenía de ella. Temía por el futuro de su pueblo, igual que por el de la humanidad. Las sombras acechaban desde cerca con la intención de destruir todo a su paso. El peligro era constante, algo a lo que ninguna de las dos razas estaba acostumbrada, a pesar de todo el tiempo que habían estado en guerra.
Al llegar al lado de su hermana vio reflejados los mismos pensamientos. No necesitaban de palabras para saber que su pueblo necesitaba ayuda desesperada. Pero ellas en ese momento debían cumplir otra función junto a los humanos.
Ariel colocó la palma de su mano sobre el vientre de Sera.
—Es muy fuerte —dijo sonriendo al sentir la patada del bebé.
Cerrando un ojo por la pequeña molestia, Sera le contestó.
—Es normal, aunque a veces desearía que controlara un poco su temperamento.
—Es muy pequeña para eso, solo sé que está feliz en este momento.
—También lo siente —dijo Sera.
Ariel miró sorprendida a su hermana.
—¿Madre la ha reconocido? —recibió un asentimiento como respuesta.
—También fue una sorpresa para mi. Es una mestiza, nunca imaginé que nuestra madre pudiera aceptarla.
—Pero lo hizo y ahora es una de nosotros —Ariel miró con esperanza el futuro—. Quizá este es el nuevo comienzo que nos lleve a la victoria.
Compartían la esperanza de que el orgullo de su madre hubiese disminuido después de su partida.
—Teniente Jessica Leeds, presentándose al puente —la voz de la anterior primer oficial del Icarus interrumpió la actividad dentro del puente del Boreads.
—Descanse, teniente —después del saludo correspondiente, Elyn le instruyó acerca de sus funciones—. Debido a su anterior experiencia ha sido designada temporalmente para sustituir a la Teniente Carter. Sus funciones comienzan desde ahora.
—Sí, señora.
Vio levantarse a su oficial de comunicaciones y recordó que en la siguiente hora terminaban los turnos de todos los oficiales del puente. Era algo bueno que pudiesen retirarse, necesitaban descansar después de la batalla y la posterior recuperación.
—Permiso para retirarme, señora. Mi turno ha finalizado —Chris parecía algo intranquilo, casi como si tuviera ganas de salir corriendo de su puesto de trabajo. Elyn sonrió aceptando su solicitud.
—...Y, ¿Chris? Enviale mis saludos a Jamie, por favor —con solo un rápido asentimiento su oficial de comunicaciones se retiró del puente. Las risas en el puente no se hicieron esperar, todos sabían a qué se refería Elyn. Después de burlarse un poco a costa de sus oficiales, el rostro de la capitana indicó a quienes se encontraban en el puente que debían volver al trabajo.
Los pasos de Dana se escuchaban suavemente al avanzar por el pasillo que la llevaría hasta su habitación, tomaría un merecido descanso. Las emociones se arremolinaban a su alrededor después del encuentro con Maia; desde que habían salido desde Tirol a la Tierra se había mentalizado para encontrarse con su hermana, pero aún así no era algo que planificaba con demasiada alegría.
No odiaba a su hermana. La pregunta había flotado hasta una de sus conversaciones con Angelo, pero era algo que había dejado muy claro. No entendía la razón de la pregunta; puede que durante un tiempo le haya guardado cierto tipo de resentimiento por distintas razones, pero era una adulta y lo había superado. En ocasiones se preguntaba si todos seguían creyendo que era una adolescente con demasiadas responsabilidades. Cuando por fin volvió a la realidad al acercarse a su camarote, se dio cuenta de quien la esperaba.
Angelo Dante parecía un león enjaulado paseándose frente a la entrada a su camarote. Se conocían desde hacía mucho tiempo y pocas veces le había visto en ese estado, casi siempre por algo que le abrumaba hasta tal punto que debía exteriorizar sus preocupaciones.
—Parece que tuvieras el mundo sobre tus hombros, Dante —Dana se acercó golpeándolo en el hombro. Percatandose de su presencia, Angelo reaccionó.
—Te sorprenderias —respondió él en voz baja. La rubia abrió la puerta a su habitación permitiéndole a su amigo y colega pasar detrás de ella.
—¿Un trago? —le preguntó, a lo cual Angelo asintió. Dana le entregó un vaso lleno de licor mientras el levantaba una ceja. Ella se encogió de hombros—. Pareces necesitarlo mucho —sin siquiera meditarlo un momento, Angelo se sentó sobre el sofá de la sala de Dana, quien se sentó junto a él poniendo una mano sobre su rodilla llamando su atención
— ¿Qué sucede? —preguntó con una mirada en la que Angelo pudo identificar preocupación.
Angelo miró la sala de su oficial superior. Ella tenía todas las comodidades que un oficial de su rango podía disfrutar, las mismas que él podría tener si hubiese aceptado todas esas asignaciones que le habían ofrecido. No se arrepentía de aquello que había rechazado por estar cerca de ella, pero hubo una frase que le llevó hasta donde se encontraba ahora. Sus labios se separaron para hablar, pero las palabras nunca salieron de su boca. La voz de la primer oficial de la nave le interrumpió.
—A todos los líderes de escuadrón, se solicita su presencia en la Sala de Conferencias B. Repito, a todos los líderes de...
La mirada de disculpa fue más que suficiente. Angelo sonrió, colocando en su rostro la mejor imitación de una mirada tranquila.
—No te preocupes por mi. Ve.
Angelo apenas alcanzó a escuchar a Dana salir gritando que dejará cerrado cuando se fuera. Dejó el vaso lleno de licor sobre la mesita que adornaba la sala y se recostó completamente en el sofa. Las palabras de Max Sterling resonando en su mente.
—Debes decírselo. Estuve mucho tiempo lejos de ella, pero la conozco, y sé que si no lo haces ahora la perderas para siempre —el rostro del padre de Dana se mostraba serio, pero a la vez se apreciaba una preocupación paternal en él—. La perderás sin siquiera haberla tenido.
Pero ella no estaba preparada para lo que él quería decirle. Con un suspiro, Angelo se preguntó si alguna vez lo estaría.
