Capítulo 4
A ÚLTIMA hora de la tarde, cuando Bella volvió de su última clase, el vehículo de Edward estaba en el vado de la casa.
Aquella mañana, antes de marcharse al hospital, había dejado una llave y una nota para Edward encima de la mesa de la cocina. La nota decía que desayunara lo que quisiera y que podía volver tranquilamente a la casa cuando terminara su reunión con Kate.
Acababa de llegar a la puerta de la casa cuando Edward le abrió la puerta, sonriente. Al ver que llevaba varias bolsas con comida, la ayudó con ellas y las llevó a la cocina.
—¿Hay algo más? —preguntó él.
Edawrd llevaba vaqueros y una camiseta. En el brazo izquierdo tenía un tatuaje, que parecía un alambre de espino. Bella pensó que había algo muy juvenil en su apariencia. Pero también se dijo que estaba sencillamente impresionante.
—Sí, hay un par de bolsas más —dijo ella—, pero ya voy yo a buscarlas.
Hizo ademán de salir de la casa, pero él se adelantó y se dirigió al coche a buscarlas. Bella pensó que era un detalle encantador por su parte y se dispuso a guardar las cosas que había comprado. Aún estaba en la cocina cuando él regresó; sin embargo, no pudo darle las gracias porque estaba hablando por su teléfono móvil.
—Sí, lo sé y lo entiendo —estaba diciendo en ese momento—. No, no creo que sea una locura, pero... Mira, estoy en ello e iré a su casa esta noche. Tengo entendido que va a dar una especie de fiesta y...
Bella no sabía con quién estaba hablando, pero algo le dijo que se trataba de su amiga Tanya. De todas formas, la conversación telefónica no impidió que él la ayudara guardando la leche, el yogur y las verduras en el frigorífico.
—No, sólo he hablado con ella quince minutos. Dice que ese tipo es un bocazas y que en realidad no supone ninguna amenaza, pero son sus palabras, no las mías. Yo todavía no he tenido ocasión de conocerlo —siguió diciendo Edward—. Ha mencionado que la semana pasada volvió a su casa y lo encontró en el garaje. Al parecer, sólo pudo hacerlo por el procedimiento de entrar en el edificio cuando ella salió por la mañana y esperarla todo el día dentro.
Edward permaneció en silencio unos segundos, escuchando a su interlocutor, y luego añadió:
—Sí, es cierto, desde luego que es para asustarse. Pero a pesar de eso, me ha dicho que le pidió que se marchara y que él se marchó de inmediato sin causar ningún problema. Además, tu hermana es lista: estaba dentro de su coche cuando lo encontró, y no salió de él hasta que el tipo desapareció.
Edward se sentó en una silla, junto a la mesa de la cocina.
—Sí, sí, por supuesto... Iré esta noche, echaré un vistazo a su sistema de seguridad y volveré a hablar con ella. Te llamaré en cuanto pueda, ¿de acuerdo? En cuanto a James... No, no he sabido nada de él. ¿Y tú?
Edward rió entonces y añadió:
—De acuerdo, te llamaré en cuanto pueda. Acto seguido, cortó la comunicación.
—Discúlpame, Bella. Es una llamada que no podía esperar... Dios mío, daría cualquier cosa por poder fumar un cigarrillo.
Las sospechas de Bella habían llegado a tal extremo que decidió atreverse a preguntar directamente.
—¿Te estás acostando con ella, Edward? Edward la miró con algo parecido a un gesto de culpabilidad.
—¿Con quién? ¿Con Kate? Por supuesto que no.
Aunque Edward había respondido con total naturalidad, Bella supo que se estaba haciendo el loco. Lo cual demostraba, sin lugar a dudas, que efectivamente se estaba acostando con Tanya.
La confirmación, en todo caso, no tardó en llegar. Ella se mantuvo en silencio durante unos segundos y él siguió hablando.
—Está bien, te lo diré. No me he acostado con Tanya. Todavía no hemos llegado a eso y no llegaremos nunca. No sería capaz de hacerle algo así a mi amigo James.
Por el tono de sus palabras, Bella tuvo la impresión de que estaba enamorado de aquella mujer y lo sintió mucho por él.
—¿No se te ha ocurrido pensar que tal vez se está aprovechando de ti? Te ha pedido que vengas a Los Ángeles para ayudar a su hermana cuando debería haber contratado los servicios de un detective privado o...
—De todas formas, tenía que tomarme unas vacaciones. En realidad no ha sido una decisión propia, sino una orden de mis superiores. Y créeme: venir a Los Ángeles es mejor que quedarme en San Diego de brazos cruzados. Estar allí no es nada fácil, sobre todo cuando James se encuentra fuera del país. Tanya está tan cerca...
Bella se sentó a su lado.
—Lo siento, Edward...
—Sí, bueno...
—¿Dijiste que es psiquiatra?
—Psicóloga —puntualizó.
—¿Y sabe que estás enamorado de ella?
Bella suponía que la respuesta sería positiva. No resultaba creíble que una psicóloga profesional pudiera mirar a Edward a la cara y no darse cuenta de lo que sentía por ella.
—No. Es decir, sabe que siento algo por ella, pero... también sabe que no haré nada al respecto. Sencillamente, no puede ser.
Bella no conocía bien lo sucedido y por tanto no podía hacerse una idea más aproximada del asunto. Pero algo le dijo que Tanya no se estaba portando bien con Edward. Sospechaba que en realidad lo estaba utilizando para divertirse un poco, en ausencia de su marido, aunque sabía perfectamente lo que Edward sentía por ella.
—Pero ¿sabes qué es lo que de verdad me inquieta? Kate me ha dicho algo en lo que no puedo dejar de pensar...
Edward se detuvo un momento y añadió:
—Oh, perdóname. Supongo que este asunto no te interesa demasiado.
Bella suspiró.
—¿Has notado que tenga prisa por marcharme a alguna parte?
Edward la miró con intensidad y ella pensó que toda la situación estaba resultando de lo más sorprendente. Allí estaba, sentada junto a Edward Cullen, un hombre al que muy pocas personas tenían ocasión de ver. Y no sólo estaban hablando, sino que se estaba sincerando de un modo inimaginable. Ahora sabía que Edward escondía sus sentimientos tras la risa y la ira.
—Hace años que estoy atrapado entre Tanya y James. Y debo añadir que mi querido amigo nunca ha entendido bien el significado de la palabra «fidelidad», no sé si me entiendes...
—Te entiendo perfectamente.
—Lleva mucho tiempo acostándose con otras mujeres. Lo sé porque me lo ha contado, y al hacerlo, me ha colocado en una posición insostenible. ¿Qué debo hacer? ¿Decírselo a Tanya? Ya conocía a James antes de conocerla a ella y por tanto me he mantenido en silencio, pero ese asunto me está volviendo loco. Además, siempre he pensado que si se lo digo parecerá que lo hago por motivos egoístas. Pero hoy ha pasado algo que...
Edward se detuvo un momento y comenzó a jugar con el salero y el pimentero que estaban sobre la mesa.
—Hoy he estado hablando con Kate sobre el tipo que al parecer la amenaza, y me ha dicho que Tanya exagera, que se preocupa demasiado con las cosas porque vive con un marido que la traiciona constantemente —declaró—. Le he preguntado cómo se había enterado de lo de James y me ha contestado que Tanya se lo contó. Es increíble... Llevo años preocupado por ese asunto y ahora resulta que Tanya lo sabe.
—Mi ex marido era como tu amigo —intervino ella—. Lo volvían loco las faldas y no podía evitarlo. Y te puedo asegurar que con el tiempo se aprende a reconocer los signos.
—Sea como sea, hace unos minutos, cuando he estado hablando con Tanya, he sentido el deseo de preguntarle por qué sigue viviendo con James si sabe que se acuesta con otras. Pero, por supuesto, no puedo preguntarle algo así de forma directa.
—Tal vez tenga esperanzas de que cambie —comentó Bella—. Pero en tal caso se estará engañando. Ese tipo de personas no cambian nunca, pase lo que pase.
Bella comenzaba a comprender la situación de Edward. Tanya debía de saber que él podía ser suyo en cuanto ella quisiera, con sólo chascar los dedos. Después, sólo tendría que divorciarse de su marido y conseguiría un hombre magnífico, un hombre como Edward que la querría con todo su corazón y que nunca le sería infiel. Pero, desgraciadamente, Edward se sentía atrapado porque no quería traicionar, a su vez, a James.
Al pensar en ello, sintió envidia de Tanya.
—Ahora ya sabes más de mí de lo que probablemente querías saber —comentó Edward con ironía—. Pero al menos he conseguido estar tres días sin fumar.
Edward se levantó con intención de dirigirse al salón, pero ella se levantó a su vez y se interpuso en su camino.
—No, no vas a ir a comprar tabaco. Dijiste que lo quieres dejar y te ayudaré. Hasta estoy dispuesta a regalarte unos parches de nicotina y ponértelos yo misma.
Edward sonrió.
—Eso sería divertido...
—No tanto como crees. Me comprometo a ponértelos en un brazo, pero a nada más. Soy enfermera, así que sé bastante de esas cosas...
Mientras hablaban, Edward no había dejado de avanzar y ella no había dejado de retroceder. Pero por fin, Bella se encontró atrapada entre él y la puerta de la casa.
—Me muero por fumar un cigarrillo —dijo él.
—¿Y qué? A fin de cuentas, hay otras muchas cosas en el mundo que no puedes tener. Aguanta un poco, Cullen...
En ese momento, alguien abrió la puerta. Y como estaba apoyada en ella, salió disparada hacia delante y de repente se encontró entre los brazos de Edward.
A pesar de no ser tan alto, Edward era un hombre extremadamente sólido y tan fuerte que no se movió ni un milímetro con su impacto. Pero ahora estaban tan juntos que Bella se dijo que no podría acercarse más a él aunque lo intentara. Salvo, naturalmente, estando desnudos.
Por fin, reaccionó y vio que Jasper los estaba observando con perplejidad.
—Oh, lo siento —se disculpó el joven. Jasper quiso volver a cerrar la puerta para marcharse.
—No, espera... —dijo su madre, con cierta desesperación—. Sólo intentaba impedir que Edward salga a comprar cigarrillos.
Andy rió.
—Pues has encontrado una forma ciertamente eficaz de conseguirlo. Edward también rió.
—Ojalá estuvieras en lo cierto —dijo el hombre—. Sin embargo, la realidad es bien distinta. Tu madre estaba apoyada en la puerta cuando has abierto y ha salido disparada hacia mí.
—Vaya, lo siento mucho...
Jasper no parecía sentirlo en absoluto. De hecho, los miraba como si la situación le resultara encantadora.
—¿Vas a quedarte aquí esta noche? —preguntó entonces el chico—. Me gustaría que te quedaras, porque pensé que tal vez podríamos jugar un rato al baloncesto o algo así.
Bella sabía lo que eso significaba. Jugar un rato implicaba charlar un rato, y se dijo que le vendría bien a Jasper. A fin de cuentas ella no era un hombre y no podía sustituir al padre que no había tenido.
—Quédate, por favor —dijo Bella.
—La verdad es que hablé con mi banco y me dijeron que enviarían otra tarjeta de crédito. Pero no estará en Los Ángeles hasta mañana, así que había pensado que...
—Magnífico —interrumpió Bella—. Además, puedes quedarte todo el tiempo que quieras y ahorrarte el gasto de un hotel si no te importa dormir en el sofá y ayudarme de vez en cuando con la comida.
Bella se volvió hacia su hijo y añadió:
—¿Todo va bien? ¿Has visto a Alice?
—No, se ha marchado —respondió, dolido—. Llevaba seis meses diciéndome que quería tomarse las cosas con calma. Y lo que realmente sucedía es que estaba encaprichada de Gary.
Ni Bella ni Edward supieron qué decir, así que no dijeron nada.
—¿Qué hay para cenar? —preguntó Jasper.
Su madre pensó que era obvio que no quería hablar de su ex novia. Por lo menos, no con ella. Pero cabía la posibilidad de que quisiera hacerlo con Edward Cullen.
—Dímelo tú —respondió su madre—. Si no recuerdo mal, te tocaba cocinar a ti.
—Oh, vaya...
Jasper se dirigió a la cocina y abrió el frigorífico. Sólo entonces, añadió:
—Creo que cenaremos pasta.
—Menuda sorpresa. ¿Otra vez? —preguntó su madre con ironía—. Esta tarde he comprado un pollo, así que podríamos asarlo y...
—¿No preferiríais que saliéramos a cenar? —preguntó Edward—. Esta noche me han invitado a una fiesta y sé que habrá bufé. Lo malo es que tendríais que vestiros para la ocasión... Por mi parte no tengo más remedio que ir. Le prometí a Kate que echaría un vistazo a su sistema de seguridad.
—¿Kate? —preguntó Jasper con curiosidad.
—Sí, Kate Denali —respondió Edward—. ¿Quieres venir a una fiesta en su casa esta noche? Jasper rió con verdadero entusiasmo.
_Claro, cómo no... Es la mujer más bella del país... ¿La conoces?
—Sí. La hermanastra de Tanya es una buena amiga mía.
—¿No tienes que estudiar? —preguntó Bella a su hijo.
—¿Y tú, no tenías que arreglar la casa? —preguntó Jasper a su vez.
—Por supuesto que sí. Y yo arreglaré la casa antes de salir si tú estudias un poco.
_En realidad no tengo nada que hacer. El equipo de béisbol se marcha a Phoenix mañana, ¿recuerdas?
—De todas formas, estudia un rato. Jasper sonrió y Edward dijo:
—Al parecer, eso es un «sí».
Oh ya se esta descubriendo muchas cosas y espero que Edward se de cuenta de otras Mañana publico otro capitulo, saludos y déjenme sus reviwes
