Disclaimer: Todo lo que reconozcan como propiedad de Stephenie Meyer, lo es. La trama de esta historia es lo único que me pertenece.
Capítulo 4
- Salgamos, hay una fiesta en casa de Tyler – dijo Edward sonriendo ampliamente en cuanto salí de mi habitación en su casa.
- No – dije sin mirarlo, caminando por el pasillo - Tengo que cuidar de Emmett.
- No tienes que hacerlo, mamá lo hará – dijo persiguiéndome por el pasillo – Tú y yo deberíamos aprovechar este tiempo a solas, ¿no lo crees?
- No, no lo creo – dije bajando las escaleras – Mi hermano está muy enfermo y no saldré a divertirme siendo consciente de que él está en una situación nada divertida.
- Eso es lo que sucede cuando te paseas por ahí desnudo – dijo alzando la voz, haría un berrinche en cualquier momento.
Después de la aterradora venganza de Esme por su jarrón, Emmett no quiso saber de ropa por dos semanas. Andaba creando severos traumas psicológicos paseándose literalmente desnudo por todos lados, siquiera una simple bata quería ponerse encima. Nada. Estaba gravemente afectado.
Al principio fue gracioso a morir, me reí tanto que vomité sobre la mesita de café de Reneé. Al pasar los días pasó a ser asqueroso, ¡era mi hermano en pelotas por todos lados! pero luego del quinto día se volvió normal, solo me aseguraba de no mirar a otro lado que no fuera a sus ojos y estuve bien lo que restó del tiempo.
El problema fue que por andar descubierto tanto tiempo y todo el tiempo (no quería siquiera cobijarse para dormir), se enfermó. Ahora tiene la gripe y está agonizando, eso bastó para que quisiera ponerse ropa y sobre todo cobijarse otra vez (¡Gracias a Dios!). La sorpresa es que Esme no siente remordimiento ni culpa alguna por la situación, está cuidando de él en rol mamá mode-on y no porque sienta que es su culpa, está comportándose como si nada hubiera pasado, como si lo hubiese olvidado por completo.
Suspiré cansada y me volteé hacia él en medio de la sala de estar – ¡No, Edward! ¡No iré contigo a ningún maldito lado!
Se escuchó la voz de Esme desde la cocina - ¿Quien está maldiciendo en mi casa?
- ¿Podrías decirle a tu hijo que tenga un poco de consideración por su mejor amigo? ¡Quiere salir de fiesta! – dije caminando hacia la cocina. Esme volteó hacia mí con una sonrisa, un caldo de pollo hervía en la estufa.
- ¿Qué tiene de malo salir de fiesta? No soy el que está enfermo – dijo Edward sentándose en una silla del comedor – Hoy es sábado en la noche, y no me perderé una buena fiesta por el idiota de Emmett.
Esme alzó sus alineadas cejas y yo mordí mi labio inferior con los ojos cerrados.
Me volteé hacia él - ¿Vez por qué me caga tu personalidad? ¡Eres un maldito egoísta! – dije casi gritando, Esme se volteó hacia el caldo – ¿Recuerdas la última vez que te enfermaste? Era el cumpleaños de Emmett e íbamos a celebrarlo en la playa, en CALIFORNIA, con los chicos del instituto, pero como te enfermaste. Emmett dejó a todos plantados porque no quería celebrar su cumpleaños sin ti – lo señalaba furiosa mientras gritaba - ¿Recuerdas que cuando tenías nueve años te dio sarampión y no podías ver a nadie? le dijiste a Emmett por teléfono que estabas aburrido y él se contagió sin importarle nada solo para hacerte compañía y recibió una paliza de Reneé por eso, ¡¿te suena?! ¿Quién faltó al instituto tres días por quedarse a dormir en un incómodo sofá de hospital porque te rompiste un brazo y una pierna por caer como idiota desde la ventana de tu habitación tratando de burlar el toque de queda? ¡Dime! ¿Quieres que pasemos toda la noche recordando todas las muestras de amistad y lealtad que Emmett ha tenido hacia ti? Por primera vez en su vida Emmett enferma sin que tú seas la causa ¿y tú no puedes perderte UN día de fiesta? ¡Que te jodan, Edward!
Caminé lejos de allí. A veces olvido lo idiota que es -y esa es la razón por la que lo odio-, pero Edward siempre se encarga de recordármelo…
Entré a la habitación furiosa y me fui directo a la cama de Emmett para tenderme junto a él, estaba demasiado caliente. Quemaba.
- ¡Wow! qué caliente estás, Emmett – dije alejándome un poco de él.
Tenía los ojos cerrados, pero no dormía – Ya lo sabía… las chicas me lo hacen saber todo el tiempo – su voz era suave y ronca.
Me reí – Ellas te mienten.
- Largo de aquí enana, o te llenaré de mocos y te contagiarás – me empujaba fuera de la cama con su gran hombro.
Negué con la cabeza mientras me acurrucaba a su costado – Soy inmune a los resfriados, ya sabes. Y sobre tus mocos… no te atrevas a echarme ninguno o me importará madres que estés enfermo, te patearé el trasero.
La ronca carcajada que soltó Emmett terminó siendo un ataque de tos. Me levante de la cama para darle algo de agua y, además, estaba tosiendo sobre mí. Le pasé el vaso con agua y después de que tomara unos cuantos sorbos, su tos cesó.
Unos minutos después de que amenazara de muerte a Emmett por toserme encima, Edward entró a la habitación en silencio y se sentó al borde de mi cama - ¿…Como vas? – preguntó a Emmett.
- Me siento como la mierda, hermano – respondió sonriendo.
Edward sonrió por la respuesta de Emmett antes de darme una mirada de disculpa – Estaba planeando irme a la fiesta de Tyler con Bella, pero me dio un sermón, tal vez escuchaste – Emmett asintió con burla – Así que ya no iré a ningún lado… solo me quedaré aquí a ver tu aburrida cara mientras me lamento por no haber ido a una buena fiesta… ¿qué te parece?
Emmett alzó su puño hacia Edward y este chocó su puño con el de él mientras ambos sonreían. Rodé los ojos – Qué maneras las tuyas de disculparte… creí que esa acción implicaba decir la palabra "lo siento".
Edward se encogió de hombros - Así soy… además, tú ni siquiera te disculpas cuando haces algo mal - me miró con reproche – Siempre me culpas de todo.
Me encogí de hombros también - Siempre tienes la culpa de todo.
Esme entró a la habitación con una bandeja, en ella había un caldo de pollo, un frasco de antibióticos y el teléfono residencial. Se acercó a Emmett – ¿Cómo estás, bebé?
- Caliente – dijo Emmett en un miserable intento de seducción. Edward y yo soltamos risitas.
- Muy gracioso – dijo Esme tratando de no sonreír mientras ponía la bandeja sobre el buró de Emmett – Toma – le pasó el teléfono – Es Reneé. Luego de terminar con la llamada quiero que te tomes este delicioso caldo de pollo y tomes tu medicina, ¿está bien?
El chico caliente hizo saludo militar hacia Esme antes de llevarse el teléfono al oído – Hola, mamá.
Podía escuchar los gritos de Reneé desde aquí, ella siempre sobreactúa. En los 45 minutos que Emmett duró hablando con ella, Edward y yo jugamos dos partidas de póker. Paramos cuando exigió que me quitara los pantalones por haber ganado en la segunda partida, mi pie derecho término pegado a su nariz.
Mientras Edward soltaba maldiciones hacia mí por su golpeada nariz, Emmett me pasó el teléfono – ¡Hey! ¿Qué tal Reneé?
- ¡Hola, mi Bella! ¿Adivina qué? – dijo con entusiasmo.
Sonreí, mamá y su intensa personalidad… - ¿Qué?
- Phill y yo hemos decidido darnos un descanso, ¡te veré en dos días!
- ¿Vendrás en dos días? – dije fingiendo pesadez – Oh, golpéenme…
De repente ya no me encontraba sobre la cama, mi cara estaba estampada en el suelo – Cuando quieras, nena – dijo Edward con las carcajadas de Emmett en el fondo.
Despegué mi cara del suelo – ¿Que diab…? ¡Edward! – el me pateó fuera de la cama… ¡me pateó!
Furiosa, tomé el frasco de antibióticos de Emmett y se lo tiré a Edward dándole en el ojo izquierdo, ¡Yay! – ¡Oww! ¡Me diste en el ojo!
- ¡Y una mierda! ¡Me tiraste de la maldita cama! ¡¿Querías que te lo agradeciera?! ¡Mi cara se estrelló en suelo, Edward!
Edward me enseñó su dedo medio antes de salir pitando de la habitación, Emmett no paraba de reír. Me llevé el teléfono al oído nuevamente mientras frotaba mi mejilla – ¿Reneé?
- ¡Isabella! ¡Quiero saber qué jodidos le ha pasado a la adorable niña que di a luz! – gritó mamá en mi oído – ¡Eres una señorita de 16 años, no un maldito camionero!
Y ahí estaba Reneé, reprendiéndome por maldecir mientras ella maldecía en el proceso… esa, señoras y señores, es mi mamá.
- ¡Edward me tiró de la cama! Él siempre saca lo peor de mí – me defendí, ¡fue su culpa! Y Oh… estaba harta de las carcajadas de Emmett – ¡Emmett, joder! ¿Podrías parar?
- ¡Bella! – sufriré de sordera al terminar la llamada.
- Lo siento, mamá… - dije en un susurro.
- Te veré en dos días – dijo groseramente y cerró la llamada.
Hi!
Espero que les haya gustado, nos leemos en el próximo.
Bye!
